{"id":11434,"date":"2015-09-02T13:58:14","date_gmt":"2015-09-02T16:58:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11434"},"modified":"2015-09-02T13:58:14","modified_gmt":"2015-09-02T16:58:14","slug":"trabajo-pobreza-y-eficacia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11434","title":{"rendered":"Trabajo, pobreza y eficacia"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>En julio pasado falleci\u00f3 en Italia el sacerdote Arturo Paoli, a los 102\u00a0a\u00f1os. En Fort\u00edn Olmos, di\u00f3cesis de Reconquista, Santa Fe, desarroll\u00f3 una gran tarea pastoral. Desde estas p\u00e1ginas lo recordamos con p\u00e1rrafos de un art\u00edculo suyo que se public\u00f3 en CRITERIO\u00a0del 11 de febrero de 1965.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cTodo es de ustedes, ustedes son de Cristo, Cristo es de Dios\u201d (I Corintios, 3, 21-23).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-48.bmp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-11435\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-48.bmp\" alt=\"Nueva imagen (48)\" width=\"219\" height=\"276\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-48.bmp 347w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/Nueva-imagen-48-238x300.bmp 238w\" sizes=\"auto, (max-width: 219px) 100vw, 219px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>El hombre art\u00edfice<\/strong><\/p>\n<p>El hombre ha llegado a una etapa de la historia en la que su \u201cobrar\u201d ha alcanzado proporciones tan enormes y su potencialidad se ha enriquecido en tal medida, y al mismo tiempo son tantas las implicaciones pol\u00edticas que lo atormentan, que el momento del cuidado de las cosas parece desequilibrarse. La producci\u00f3n y la distribuci\u00f3n, los dos tiempos del ritmo del trabajo, pesan tanto que arrastran al hombre hacia la alienaci\u00f3n. Lo que equivale a decir que parecer\u00eda que la evoluci\u00f3n del mundo, imposible sin actividad humana, es un fen\u00f3meno ajeno al crecimiento del hombre y casi su opuesto.<br \/>\nA los cristianos nos gu\u00eda en la espera el Evangelio; pero este tramo de la historia se nos presenta verdaderamente angosto y doloroso. Al que pierde el alma en cambio de estructuras nuevas, el Salvador le recuerda que no \u201cvale ganar el mundo entero, si se malogra el alma\u201d (Mateo 16, 26), y reprende sin remisi\u00f3n y con dureza a quien no quiere cambiar por miedo o por inter\u00e9s personal: \u201cEl que quiere salvar su vida, la perder\u00e1\u201d (Mateo 16, 25). Es evidente que no pueden salvarse al mismo tiempo el hombre y las estructuras que lo alienaron. Cualquier mensaje espiritual que se dirija al hombre en el estado de alienaci\u00f3n en que se encuentra est\u00e1 fatalmente condenado a parecer abstracto y a semejar una nueva forma de alienaci\u00f3n.<br \/>\nEl slogan religi\u00f3n-opio contiene mucho m\u00e1s verdad de lo que pudimos suponer en medio de la indignaci\u00f3n provocada por la ofensa.<\/p>\n<p><strong>El hombre pol\u00edtico<\/strong><br \/>\nEl hombre no puede gozar de la propiedad de las cosas si no tiene conciencia de su car\u00e1cter de \u201corganizador\u201d. Por las mismas razones que el trabajador, es tambi\u00e9n pol\u00edtico. El trabajo lo impulsa a encontrar estructuras pol\u00edticas que le permitan satisfacer su fundamental exigencia de art\u00edfice, es decir, de \u201ccreador de formas\u201d, de \u201chacedor de artificios\u201d, como dice Mounier, y, contempor\u00e1neamente, al crecer su actividad de \u201chacedor de formas\u201d en el tiempo, condiciona las estructuras sociales y pol\u00edticas. El trabajo lo convierte en propietario de las cosas y le confiere el derecho a participar en la posesi\u00f3n de los bienes de la tierra y a trav\u00e9s del trabajo descubre la comunidad.<\/p>\n<p><strong>La meta de la justicia<\/strong><br \/>\nSi el trabajo aliena al hombre, otro tanto hace la organizaci\u00f3n pol\u00edtica, y es por eso que el hombre est\u00e1 perdido bajo los dos aspectos esenciales del \u201chacer\u201d y el \u201ccustodiar\u201d. El trabajo lo desnaturaliza y lo aleja del conocimiento de s\u00ed mismo. La organizaci\u00f3n pol\u00edtica resulta impotente para defenderlo. El tema se extiende.<br \/>\nLo que el hombre busca por medio del cambio de las estructuras pol\u00edticas es la unidad en la pluralidad: salvarse a s\u00ed mismo consciente de ser miembro de una comunidad integrada por muchos. Ingresa al mundo del \u201chacer\u201d como due\u00f1o, como quien domina las cosas inferiores a \u00e9l; pero en el mundo de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica, convertido en piedra viva, debe formar el edificio junto con los otros. \u201cTodo esto es de ustedes\u201d, pero a condici\u00f3n de luchar, de ganar lo que corresponde con \u201cel sudor de la frente\u201d, tanto en el trabajo como en la organizaci\u00f3n pol\u00edtica, pues en \u00e9sta \u00faltima se defiende el t\u00edtulo conquistado con el trabajo. \u201cTodo es de ustedes\u201d. S\u00ed, pero \u00bflos papeles est\u00e1n en regla? \u00bfCu\u00e1les son los t\u00edtulos de propiedad? Si se quiere, se puede entrar por muchas puertas y adue\u00f1arse por diferentes m\u00e9todos, y hasta por la violencia, pero los desequilibrios sociales denuncian r\u00e1pidamente la usurpaci\u00f3n. Se entra s\u00f3lo por \u201chacer\u201d y \u201ccustodiar\u201d; todos los otros t\u00edtulos son falsos. El trabajo inicia el tema de la justicia y la obliga a ser concreta, a colmarse de sentido.<\/p>\n<p><strong>El esp\u00edritu prof\u00e9tico<\/strong><\/p>\n<p>Para alcanzar la hondura que permite conocer la ley hist\u00f3rica que act\u00faa en profundidad y en extensi\u00f3n, para descubrir el derecho de todos, no olvidar a nadie, reducir lo m\u00faltiple a la unidad y extender los derechos de cada uno hasta sus \u00faltimas consecuencias (Mateo 25, 40 \u2013 Juan 23, 23), s\u00f3lo existe el esp\u00edritu de profec\u00eda. S\u00f3lo cuando se ha llegado a esa profundidad, desde donde es posible mirar con ojos contemplativos la ley de la historia, pueden juzgarse las estructuras que concretamente asume la condici\u00f3n humana.<br \/>\nEl problema de la relaci\u00f3n del hombre con las cosas no es un problema de dosificaci\u00f3n o de templanza, como se lo presenta cuando se lo circunscribe a la categor\u00eda de moralidad; es ante todo un problema de sabidur\u00eda. \u201cLa verdad los har\u00e1 libres\u201d (Juan 8, 32). Libres con la libertad que permite estar en el mundo sin ser pose\u00eddos, ni arrebatados, ni alienados por \u00e9l. Cada hombre, de acuerdo con su situaci\u00f3n, dentro de peque\u00f1o fragmento de realidad a su alcance, debe hallar la verdad; es decir, debe encontrar el verdadero nombre de las cosas y el sentido de la historia.<br \/>\nLos que tienen responsabilidades de mando suelen obedecer a juicios exteriores y ajenos, aceptan preconceptos librescos y, al carecer de mirada contemplativa, embrollan la historia y pierden el rumbo a pesar de que con gran aplomo pretendan que lo saben todo y que est\u00e1n muy seguros de lo que hacen. La pobreza de intuici\u00f3n pastoral de los hombres de Iglesia, la escasez de intuici\u00f3n pol\u00edtica de los hombres de gobierno o la careza de un conocimiento verdaderamente profundo del hombre en quienes se ocupan de organizaciones humanas, suelen cubrirse con t\u00e9cnicas y estructuras complicadas, cuyos signos exteriores de eficacia disimulan una verdad muy diferente. La abdicaci\u00f3n de la verdadera vida interior tiene como consecuencia un inmediato extrav\u00edo. El no contemplativo, pierde el rumbo. A determinado nivel de responsabilidad, deber\u00eda corresponder un adecuado nivel de capacidad contemplativa. \u201cSi un ciego gu\u00eda a otro, los dos caer\u00e1n en un pozo\u201d (Mateo 15,15). Es cierto que no todos est\u00e1n obligados a ver con tanta claridad y profundidad, ni con tan amplias perspectivas. La gran mayor\u00eda puede vivir de acuerdo a una peque\u00f1a sabidur\u00eda com\u00fan que le permite evitar grandes errores. El esp\u00edritu contemplativo no es un lujo, ni un privilegio aristocr\u00e1tico de quienes se abren camino por medio de la cultura; pero desde luego que lo conquistan muy pocos.<\/p>\n<p><strong>Contemplaci\u00f3n y pobreza<\/strong><\/p>\n<p>El peor servicio que se puede hacer a un pobre es quitarle la \u201cbeatitud\u201d de la pobreza. Nuestra estructura social y la organizaci\u00f3n de la vida de hoy est\u00e1n hechas para los ricos. Aplastan al pobre con la injusta distribuci\u00f3n de los bienes, y sobre todo, y todav\u00eda m\u00e1s profundamente, lo destruyen por el contagio de la concupiscencia. Los ricos viven drogados; ven las cosas fuera de foco, y ese estado de alienaci\u00f3n en el que se mueven los hace vulnerables a cualquier tipo de propaganda. Al pobre no le queda otra posibilidad, debe vivir dentro de las mismas estructuras. Aqu\u00ed, donde yo vivo, en medio de los pobres, la radio recomienda numerosos productos, anuncia curas milagrosas y enumera lugares para divertirse que no son m\u00e1s que bosques m\u00e1gicos y laberintos inventados para que algunas personas, a fuerza moverse y cambiar, sigan d\u00e1ndose cuenta de que viven. Mis amigos est\u00e1n al margen de esos lugares. No tienen plata para pagar la entrada y ni siquiera saben d\u00f3nde puede estar. Pero van con el deseo; aprenden a fugarse de la realidad en la forma que Cristo consideraba m\u00e1s peligrosa. No sue\u00f1an como ni\u00f1os, porque tienen verdaderos deseos que se dirigen hacia cosas lejanas pero posibles. Por eso las bienaventuranzas tienen ra\u00edces en el esp\u00edritu y no en los objetos; dependen de la actitud que el hombre toma ante las cosas. Por ese motivo el esp\u00edritu de contemplaci\u00f3n resulta en la pr\u00e1ctica poco frecuente en todos los niveles. Sin embargo es insustituible. S\u00f3lo la mirada pura, conquistada por medio de la pobreza de esp\u00edritu, puede volver a colocar las cosas en su sitio.<\/p>\n<p><strong>\u201cTodo es de ustedes\u201d<\/strong><\/p>\n<p>\u201cTodo es de ustedes\u201d. Estamos frente a una de las relaciones m\u00e1s simples, m\u00e1s universales. Es casi instintiva. Todo lo que ves, todo lo que usas, todo lo que puedes alcanzar, es tuyo. Es tuyo porque eres hombre. S\u00f3lo el hombre puede poseer; pero para poseer debe comprender, pues de lo contrario su poseer se transforma en alienar. El hombre que as\u00ed posee, toma las cosas y al dejarlas, salen de sus manos alteradas, cargadas con el sufrimiento, y los gemidos que el mismo hombre ha dejado en ellas. Si no se sabe que las cosas son bellas, son bienes, son valores, \u00bfes posible conservarlas? Y si no se las conserva, resguard\u00e1ndolas por medio de estructuras inspiradas por la justicia y el amor, \u00bfpueden continuar siendo bienes? \u201cTodo es de ustedes, ustedes son de Cristo, Cristo es de Dios\u201d: Los bienes que tengo delante de m\u00ed y que son m\u00edos, son bienes, no son sombras, ni apariencias, porque han sido pensados y creados por Aqu\u00e9l que es, y est\u00e1n ordenados y salvados de la alienaci\u00f3n definitiva porque est\u00e1n en Cristo, porque \u201ctodas las cosas subsisten en \u00c9l\u201d (Colosenses I, 17), atra\u00eddas como por un centro en torno a la que giran por obra de una ley inexorable, orientadas hacia \u00c9l por la fuerza de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En julio pasado falleci\u00f3 en Italia el sacerdote Arturo Paoli, a los 102\u00a0a\u00f1os. 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