{"id":11508,"date":"2015-10-02T13:41:28","date_gmt":"2015-10-02T16:41:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11508"},"modified":"2015-10-02T13:41:28","modified_gmt":"2015-10-02T16:41:28","slug":"sobre-la-realidad-y-el-dialogo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11508","title":{"rendered":"Sobre la realidad y el di\u00e1logo"},"content":{"rendered":"<p>De un di\u00e1logo social o pol\u00edtico se espera habitualmente que lleve a la paz o la consolide, que d\u00e9 lugar a la justicia o la fortalezca, que cree la reconciliaci\u00f3n o genere al menos las condiciones para que se produzca. Sin embargo, debe darse una s\u00f3lida conexi\u00f3n de los interlocutores con la realidad. Porque no puede haber di\u00e1logo sin ciertos consensos b\u00e1sicos sobre las cuestiones a tratar. As\u00ed como para dar con la terapia apropiada para un paciente los m\u00e9dicos tienen que acordar primero un diagn\u00f3stico, si se quiere un di\u00e1logo conducente se necesita antes coincidir en las definiciones fundamentales del contexto, con la mayor objetividad posible.<br \/>\nEl Evangelio habla de los signos de los tiempos, que puede interpretarse como una manera de referirse a la realidad. Dice que sabemos leer las se\u00f1ales de la meteorolog\u00eda pero no sucede lo mismo respecto de los signos de los tiempos. En otras palabras, recrimina que con frecuencia no estamos abiertos a la realidad. Reprocha la ignorancia, que puede ser culposa. En efecto, la lectura de lo que sucede suele estar viciada por la falsa seguridad que ofrecen los prejuicios, las ideolog\u00edas, la comodidad que brinda la pereza intelectual o sencillamente los intereses propios, cuando no el enga\u00f1o. \u00bfC\u00f3mo pueden leerse los signos de los tiempos si lo que se quiere es ver solamente los signos de la conveniencia circunstancial, o los que dicta la ideolog\u00eda a la que se adhiere consciente o inconscientemente?<br \/>\nAl finalizar el siglo XX algunos estaban convencidos de que se hab\u00eda llegado al fin de las ideolog\u00edas. Pero se trataba de una visi\u00f3n sesgada a partir de determinadas corrientes de pensamiento sobrevivientes de la puja durante la Guerra Fr\u00eda. Hoy en d\u00eda es f\u00e1cil percibir que, m\u00e1s all\u00e1 de tal o cual ideolog\u00eda, lo que subsiste es una actitud ideol\u00f3gica, una condici\u00f3n prejuiciada, cerrada, que parte de una pretendida verdad preconcebida e inmutable, incapaz de amoldarse a la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica y cultural.<br \/>\nLeer la realidad desde la ideolog\u00eda ha llevado hist\u00f3ricamente a una pol\u00edtica efectista, al pared\u00f3n o las desapariciones, a la destrucci\u00f3n del patrimonio hist\u00f3rico, a los piquetes violentos y los escraches, a las innumerables maneras de violar los derechos de las personas, al ninguneo de las instituciones, a la ocupaci\u00f3n de cargos p\u00fablicos sin la debida y probada idoneidad. En cambio, la actitud de quien busca interpretar los signos de los tiempos es diferente: no s\u00f3lo est\u00e1 abierta a la verdad en forma pasiva o receptiva sino que adem\u00e1s se esfuerza por buscarla activa y din\u00e1micamente, haciendo uso de todos los recursos y el rigor de que se dispone.<br \/>\nEl cristiano no deber\u00eda temerle a la verdad sino estar dispuesto a dejarse modelar por ella. Es quiz\u00e1s el primer requisito para dar lugar al di\u00e1logo entre las personas, sea que \u00e9stas lo concreten a t\u00edtulo individual o como representantes de instituciones o pa\u00edses. Dialogar no es s\u00f3lo decirse cosas o superponer discursos aumentando el volumen hasta silenciar al otro, como suele verse en algunos pretendidos debates. El di\u00e1logo supone el silencio para la rec\u00edproca escucha atenta, paciente y respetuosa. Debe partir de una actitud de humildad, de una apertura generosa del \u00e1nimo, de la agudeza de la inteligencia y la sumisi\u00f3n de la voluntad al servicio de la verdad.<br \/>\nEl papa Francisco invita insistentemente a salir del propio centro de referencia hacia la periferia, al centro del otro, el interlocutor, desde donde poder tener una visi\u00f3n que complemente la que originalmente uno ten\u00eda y que puede llegar incluso a superarla. Abiertos a las propuestas a partir de la visi\u00f3n en la que creemos o en la de los interlocutores, si ellas surgen del di\u00e1logo.<br \/>\nA la hora de leer los signos de los tiempos, en la constante evoluci\u00f3n de la convivencia humana en sus dimensiones social, pol\u00edtica, econ\u00f3mica, cultural e internacional, no existe un monopolio del conocimiento. Por otra parte, el di\u00e1logo es particularmente necesario para quienes por distintos motivos est\u00e1n llamados a ejercer funciones de liderazgo. Y sobre todo en \u00e9pocas de graves decisiones.<br \/>\nEl di\u00e1logo puede ser r\u00edspido, dif\u00edcil, agitado, puede generar enojo y hasta ira. Pero nada de eso se confunde con el desinter\u00e9s o el odio, que paralizan la posibilidad de coincidir en proyecciones, programas, acciones y pol\u00edticas. Hay que asumir los conflictos, no es posible ignorarlos, pero debe hacerse con una actitud de misericordia, dice Francisco.<br \/>\nEn la Argentina estamos en tiempo electoral. Una vez m\u00e1s se comprueba que nos falta mucho camino por recorrer en pos de una cultura de di\u00e1logo constructivo. Hay, sobre todo, demasiada pasi\u00f3n y mon\u00f3logos yuxtapuestos. Queda demostrado en la imposibilidad de concretar debates neutrales de candidatos, la ausencia de reuniones de gabinete y de conferencias de prensa, el escaso trabajo deliberativo en las comisiones legislativas del Congreso nacional, la falta de estad\u00edsticas serias y confiables respecto a temas tan graves como la pobreza, la desocupaci\u00f3n, la deserci\u00f3n escolar y el crecimiento exponencial de la droga. Los obispos recomiendan que se eval\u00fae a los candidatos, entre otras cosas, por la voluntad y capacidad de di\u00e1logo: \u201cDialogar y escuchar al otro no es signo de debilidad, sino de grandeza. Es importante reconocer que los otros tambi\u00e9n tienen algo que decir y aportar, y estar dispuestos a trabajar juntos por el bien com\u00fan\u201d (comunicado de la CEA del 18 de marzo de 2015).<br \/>\nPara alcanzar el nivel de di\u00e1logo que se necesita de manera urgente y llegar a la reconciliaci\u00f3n y la paz, as\u00ed como para avanzar en las asignaturas pendientes, un recurso importante es la pregunta, que nace de un vac\u00edo que invita a ser llenado por el otro, por el interlocutor. La pregunta supone que el otro tambi\u00e9n puede ser de ayuda en la b\u00fasqueda de soluciones.<br \/>\nLa experiencia indica que entre los argentinos hay quienes tienen muchas respuestas para preguntas que no se han hecho nunca. Respuestas prefabricadas. Pensadas para promover los propios intereses y lejos de las verdaderas necesidades de la gente.<br \/>\nEscudri\u00f1emos los signos de nuestro tiempo, pregunt\u00e9monos por la realidad y escuch\u00e9monos los unos a los otros; identifiquemos nuestras necesidades y heridas. Podremos encontrarnos con la sorpresa de que el otro tiene una herida m\u00e1s grande que la nuestra y que, dialogando, es posible hallar alguna manera de resta\u00f1arla juntos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De un di\u00e1logo social o pol\u00edtico se espera habitualmente que lleve a la paz o la consolide, que d\u00e9 lugar a la justicia o la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[7,965],"tags":[964],"class_list":["post-11508","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editoriales","category-opinion-2","tag-editoriales"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2ZC","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11508","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11508"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11508\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11511,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11508\/revisions\/11511"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11508"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11508"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11508"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}