{"id":11528,"date":"2015-10-02T15:25:32","date_gmt":"2015-10-02T18:25:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11528"},"modified":"2015-10-16T11:35:33","modified_gmt":"2015-10-16T14:35:33","slug":"el-tiempo-de-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11528","title":{"rendered":"El tiempo de la misericordia"},"content":{"rendered":"<p><strong>Con ocasi\u00f3n de un jubileo extraordinario, el papa Francisco volvi\u00f3 sobre el tema de la misericordia e hizo referencia al perd\u00f3n frente al drama del aborto y dispuso la simplificaci\u00f3n de los procesos de nulidad matrimonial.<\/strong><\/p>\n<p>El 13 de marzo pasado, a dos a\u00f1os del comienzo de su pontificado, en la homil\u00eda de una liturgia penitencial en la Plaza San Pedro, el papa Francisco anunci\u00f3 el \u201cA\u00f1o Santo de la Misericordia\u201d, un jubileo extraordinario que se iniciar\u00e1 con la Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n, el 8 de diciembre de este a\u00f1o, y concluir\u00e1 el 20 de noviembre de 2016, con la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. La ocasi\u00f3n ser\u00e1 la celebraci\u00f3n del 50\u00ba aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.<br \/>\nLa idea de dedicar un a\u00f1o santo al tema de la misericordia no puede sorprender. Desde su primer <em>Angelus<\/em> hasta el \u00faltimo mensaje de Cuaresma, Francisco ha dejado en claro con sugestiva insistencia que la misericordia ocupa el lugar central en su visi\u00f3n de Dios, de la Iglesia y de la evangelizaci\u00f3n. Incluso, a su juicio, ella expresa el sentido providencial del actual momento hist\u00f3rico, como expres\u00f3 a los periodistas en su vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud en R\u00edo de Janeiro, al definir nuestro tiempo como un \u201c<em>kair\u00f3s<\/em> de misericordia\u201d.<br \/>\nEste \u00e9nfasis no constituye una novedad absoluta. En la segunda mitad del siglo XX, la centralidad de la misericordia, tan clara en la Sagrada Escritura, ha hallado eco, de diferentes modos, en la ense\u00f1anza de los pont\u00edfices. Juan XXIII lo puso de manifiesto en la adopci\u00f3n de un nuevo estilo pastoral para el magisterio que, como explicara en el discurso de apertura del Concilio Vaticano II, est\u00e1 hoy menos inclinado a condenar que a recurrir a la medicina de la misericordia. A\u00f1os m\u00e1s tarde, esta tendencia se explicitar\u00eda y profundizar\u00eda en una serie de documentos pontificios: Juan Pablo II dedica a este tema su segunda enc\u00edclica, <em>Dives in misericordia<\/em>, y Benedicto XVI lo desarrolla ulteriormente en dos de sus enc\u00edclicas, <em>Deus caritas est<\/em> y <em>Caritas in veritate<\/em>.<br \/>\nEl papa Francisco se ubica, entonces, en la continuidad de este proceso. Pero, \u00bfc\u00f3mo explicar la sensaci\u00f3n de novedad que vivimos actualmente? Quiz\u00e1s la respuesta resida en el hecho de que, con Juan Pablo II y Benedicto XVI, la reflexi\u00f3n sobre la misericordia estuvo acompa\u00f1ada de un esfuerzo sistem\u00e1tico por confirmar la doctrina y la disciplina vigentes, a fin de no dejar margen para dudas o cuestionamientos. La insistencia en la verdad (el \u201cesplendor de la verdad\u201d, la caridad \u201cen la verdad\u201d) operaba como una salvaguarda frente a la posibilidad de que el discurso sobre la misericordia alentara tendencias disruptivas.<br \/>\nEn los mensajes de Francisco, el foco de la atenci\u00f3n se desplaza decididamente hacia el lado de la misericordia, mientras que la referencia a la verdad se da por supuesta, sin un \u00e9nfasis particular. Un nuevo estilo, menos inclinado a controlar las posibles consecuencias de este movimiento, est\u00e1 generando en la Iglesia y en el mundo la expectativa de novedades, que causan esperanza en algunos y preocupaci\u00f3n en otros.<br \/>\nEn estos \u00faltimos d\u00edas, una noticia desconcert\u00f3 a muchos fieles. En una carta dirigida a monse\u00f1or Rino Fisichella, Presidente del Consejo pontificio para la promoci\u00f3n de la nueva evangelizaci\u00f3n[1] , el Papa anunci\u00f3 una decisi\u00f3n referida a la situaci\u00f3n de las personas que han incurrido en el aborto:<br \/>\n\u201cEl perd\u00f3n de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con coraz\u00f3n sincero se acerca al Sacramento de la Confesi\u00f3n para obtener la reconciliaci\u00f3n con el Padre. Tambi\u00e9n por este motivo he decidido conceder a todos los sacerdotes para el A\u00f1o jubilar, no obstante cualquier cuesti\u00f3n contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de coraz\u00f3n piden por ello perd\u00f3n\u201d.<br \/>\nEstas expresiones causaron una perplejidad comprensible pero injustificada. La Iglesia siempre ha perdonado el aborto, cuando la persona est\u00e1 sinceramente arrepentida. Y si bien los confesores requieren para ello de una autorizaci\u00f3n de su obispo, ordinariamente cuentan con ella.<br \/>\nLamentablemente, esta cuesti\u00f3n ha ocultado algo m\u00e1s importante. Francisco en su carta habla de una preocupante \u201cmodificaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con la vida\u201d, que lleva a algunos a incurrir en el \u201cgrav\u00edsimo mal\u201d del aborto con una conciencia superficial. Sin embargo, no es el caso de todas las personas culpables de este acto:<br \/>\n\u201cMuchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisi\u00f3n. S\u00e9 que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su coraz\u00f3n una cicatriz por esa elecci\u00f3n sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, s\u00f3lo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza\u201d.<br \/>\nPersonalmente no recuerdo otro texto pontificio que hable en estos t\u00e9rminos, es decir, que se atreva a ponerse en el lugar de la persona que peca, y sin dejar de afirmar la injusticia de su acto, busque comprender el sufrimiento y la lucha de su coraz\u00f3n. He aqu\u00ed una ense\u00f1anza de primer orden tanto para el confesor, como para toda la comunidad cristiana.<br \/>\nEn lo que respecta a las nulidades matrimoniales, el Papa promulg\u00f3 el \u201cmotu proprio\u201d <em>Mitis Iudex Dominus Iesus<\/em> (El Se\u00f1or Jes\u00fas, juez manso), junto con otro de similar tenor adaptado al derecho de las Iglesias orientales. En dicho documento se modifican algunos aspectos del procedimiento can\u00f3nico. Fundamentalmente, se elimina la apelaci\u00f3n autom\u00e1tica que se generaba luego de tomada la decisi\u00f3n de nulidad; y se asigna a los obispos la potestad de decidir directamente cuando los casos de nulidad son \u201cparticularmente evidentes\u201d. Tambi\u00e9n se pide que, en cuanto sea posible, se garantice la gratuidad del proceso.<br \/>\nSi bien la reforma puede ser opinable en puntos particulares, la misma busca garantizar que el proceso de nulidad sea \u201cm\u00e1s r\u00e1pido y accesible para los fieles\u201d. El Papa es consciente de ciertos \u201criesgos\u201d inevitables, pero recuerda que el fin de todas las instituciones de la Iglesia es procurar el bien de los fieles: \u201cLa caridad y la misericordia exigen que la misma Iglesia se haga cercana a los hijos que se consideran separados\u201d.<br \/>\nLos cambios introducidos en virtud del principio de la misericordia en el \u00e1mbito pastoral o jur\u00eddico, \u00bfpodr\u00edan tener en algunos casos repercusiones doctrinales? Esta perspectiva no deber\u00eda suscitar temor. El recuerdo del Concilio Vaticano II, en este sentido, es muy sugestivo: uno de sus principales logros fue, precisamente, el de aceptar la idea de que la doctrina tambi\u00e9n debe desarrollarse y evolucionar. El progreso doctrinal es posible y necesario.<br \/>\nEl pr\u00f3ximo 8 de diciembre se abrir\u00e1 la Puerta Santa de San Pedro. Ella representa visiblemente a la Iglesia en su gesto de abrirse al mundo para acoger a todos, un gesto cuyas consecuencias no se pueden prever ni limitar de antemano. Cuando se clausure el A\u00f1o Santo, aquella puerta, la material, se cerrar\u00e1. Pero la otra, la de la misericordia de Dios, una vez que se abre ya no se puede cerrar.<\/p>\n<p>[1] 1 de septiembre de 2015.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con ocasi\u00f3n de un jubileo extraordinario, el papa Francisco volvi\u00f3 sobre el tema de la misericordia e hizo referencia al perd\u00f3n frente al drama del&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945,8],"tags":[14],"class_list":["post-11528","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","category-iglesia","tag-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-2ZW","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11528","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11528"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11528\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11643,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11528\/revisions\/11643"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11528"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11528"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11528"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}