{"id":11547,"date":"2015-10-02T16:00:54","date_gmt":"2015-10-02T19:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11547"},"modified":"2015-10-02T16:00:54","modified_gmt":"2015-10-02T19:00:54","slug":"padres-3d","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11547","title":{"rendered":"Padres \u201c3D\u201d"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Distintas maneras de entender y ejercer la dif\u00edcil tarea de ser padres en los tiempos actuales.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Si hay un \u00e1mbito en que la posmodernidad sigue manteniendo su vigencia, \u00e9ste es el de la paternidad. No es casual. La generaci\u00f3n de padres de entre 35 y 55 a\u00f1os mam\u00f3 los ideales posmodernos en su momento de mayor auge y pureza.<\/p>\n<p>La herencia posmoderna aflora de muchas maneras en esta generaci\u00f3n. Pero hay una que resulta especialmente curiosa y parad\u00f3jica. Vivimos en la cultura de las pantallas 3D y ya nos iniciamos en el universo del 4D. Sin embargo, nos rodea una generaci\u00f3n de padres 2D, de padres \u201cbidimensionales\u201d. Se trata de hombres y mujeres que se proyectan con naturalidad en las dos variables centrales de nuestra vida cotidiana: el tiempo y el espacio. Pero encuentran dificultades a la hora de realizar esta proyecci\u00f3n simult\u00e1neamente en planos diversos. Estos padres dimensionan los acontecimientos echando mano de un modelo un\u00edvoco, de pocas variables, y en el que las relaciones causales son lineales y atienden fundamentalmente al corto plazo. Padecen, en consecuencia, de cierta miop\u00eda no advertida que simplifica de alg\u00fan modo su ejercicio paternal.<\/p>\n<p>Los padres 2D carecen del h\u00e1bito del \u201cdoble click\u201d: no logran acceder al hipertexto que nos vincula con los niveles m\u00e1s profundos de las circunstancias de nuestra rutina habitual. La incapacidad de \u201cdoble click\u201d se revela en sus efectos principales. A un padre sin \u201cdoble click\u201d le preocupa b\u00e1sicamente que sus hijos est\u00e9n bien y estar bien con ellos. Sabe que determinadas conductas generan consecuencias nocivas y busca evitarlas. Pero su capacidad de lectura del largo plazo se encuentra acotada por el \u201cpresentismo\u201d imperante. Puede imaginar consecuencias lejanas, pero se orienta al ritmo de una intuici\u00f3n m\u00e1s parecida a la adivinaci\u00f3n que a la mirada atenta y reflexiva. Siguiendo los mandatos del \u201cemotivismo\u201d, procura acompa\u00f1ar a sus hijos desde la afectividad cercana antes que desde el fr\u00edo mandato clarividente. Los principios y normativas est\u00e1n al servicio del equilibrio afectivo y del bienestar general, y no a la inversa. La generaci\u00f3n 2D no se orienta por teor\u00edas y construcciones reflexivas complejas, prefiere las indicaciones y consejos simples, transmitidos de boca en boca como recetarios de cocina. Se asusta con facilidad ante circunstancias alarmantes, y suele ir modelando sus criterios al ritmo de estos miedos ocasionales, por naturaleza err\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Estos rasgos pueden plasmarse en m\u00faltiples ejemplos. Tomemos el caso de una madre 2D interesada en acompa\u00f1ar a su hijo en la rutina escolar. La veremos involucrarse activamente y con frecuencia en la resoluci\u00f3n de las tareas encomendadas, incluso en aquellas que perfectamente podr\u00eda resolver su hijo sin ayuda. Acaso su compromiso llegue a tal punto que la veamos padecer solidariamente las eventuales frustraciones escolares de su hijo. Observemos al padre 2D que, temeroso de los golpes que amenazan a su cr\u00edo deambulador, lo acompa\u00f1a paso a paso en cada uno de sus arrebatos exploratorios, evitando toda magulladura que pudiera generarle dolor. Analicemos tambi\u00e9n el caso del grupo de padres 2D que organiza para sus hijos una fiesta de egresados \u201ccontrolada\u201d en la que circulan bebidas alcoh\u00f3licas en medidas predeterminadas seg\u00fan c\u00e1nones autorizados; o de aquellos otros padres o madres 2D que no dudan en regalar un celular de \u00faltima generaci\u00f3n a ni\u00f1os y ni\u00f1as de nueve a\u00f1os para garantizar la posibilidad de comunicaci\u00f3n a toda hora, invirtiendo tal vez recursos que exceden sus capacidades financieras inmediatas.<\/p>\n<p>En todos estos ejemplos, a los que podr\u00edamos sumar muchos m\u00e1s, se advierte un ejercicio comprometido de la paternidad. No hay negligencia ni inadvertencia. Por el contrario, hay un esfuerzo anticipatorio que busca acompa\u00f1ar cercanamente y evitar en los hijos las consecuencias que presumiblemente afectar\u00e1n su desarrollo sano y pleno. El problema de este estilo de paternidad no reside en la ausencia. La nuestra no es una generaci\u00f3n de padres ausentes. El problema reside, por el contrario, en la dificultad para tomar una distancia que no implique ausencia. En otras palabras, para lograr aquel modo de presencia propio de quien es padre, y no amigo, fiscal o proveedor incondicional. El desarrollo de una distancia emp\u00e1tica permite al mismo tiempo comprender la problem\u00e1tica de nuestros hijos, sintonizar con ellos sin con-fundirnos y, mantener la mirada adulta que necesitan para redimensionar lo que les ocurre. Todo esto viene implicado en el ejercicio la paternidad 3D, aquella que ha adquirido dominio del arte del \u201cdoble click\u201d.<\/p>\n<p>Los padres 3D tienen la capacidad de trascender la esfera de la inmediatez y la causalidad lineal. Prev\u00e9n consecuencias simult\u00e1neas en distintos planos, y comprenden que, a veces, la mejor soluci\u00f3n en un nivel se vuelve desaconsejable cuando es analizada desde una perspectiva m\u00e1s amplia. Sienten temor, y prestan atenci\u00f3n a sus temores, pero no obran por temor. Cuidan, pero entienden que el exceso de cuidado tambi\u00e9n puede generar descuidos. Saben, por ejemplo, que la abnegaci\u00f3n que inspira la mayor parte de las ayudas paternas o maternas puede convertirse en un subsidio a la maduraci\u00f3n si no est\u00e1 bien dirigida. Sufren cuando ven que un hijo o una hija quedan excluidos, pero tambi\u00e9n conf\u00edan en su capacidad para desarrollar y defender puntos de vista personales, incluso a costa de \u201cir contra la corriente\u201d. Disfrutan cuando sus hijos se divierten, pero no se dejan deslumbrar por los estereotipos comerciales auto-impuestos (en ocasiones, incentivados por sus mismos padres). Promueven la creatividad y el sentido cr\u00edtico, echando mano del \u201cno\u201d tanto como del \u201cs\u00ed\u201d sin sucumbir ante la culpa. Ejercitan con poca censura su derecho a la sana obstinaci\u00f3n. Quieren que sus hijos utilicen las novedades tecnol\u00f3gicas, pero intentan formar en la consciencia el valor del dinero y del esfuerzo que supone su adquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta capacidad de ver m\u00e1s all\u00e1 haciendo \u201cdoble click\u201d sobre las situaciones habituales nos permite navegar los distintos planos de la paternidad. Si la paternidad 2D nos interroga habitualmente para saber si nuestros hijos est\u00e1n bien, la 3D intenta considerar tambi\u00e9n otra pregunta radical: \u00bfEn qu\u00e9 tipo de persona quiero que se convierta mi hijo\/a? Si accedemos a este plano, ya no basta con lanzar la pregunta ret\u00f3rica \u201c\u00bfqu\u00e9 mal puede hacerle?\u201d para justificar y autorizar una determinada pr\u00e1ctica. Para quien lleva puestos los anteojos 3D de la paternidad, hasta una simple invitaci\u00f3n a un pijama party puede ser ocasi\u00f3n de replanteos. A veces, un pijama party es m\u00e1s que eso: es el primer pelda\u00f1o de una escalera de ritos predeterminados y aparentemente incuestionables que merecen ser analizados con ojos y pensamiento adultos.<br \/>\nEs una verdad universalmente aceptada que no nacemos sabiendo ser padres. A ser padre se aprende y no es tarea sencilla. Implica un desaf\u00edo no exento de peligros. La reducci\u00f3n a la bidimensionalidad es uno de ellos. Tal vez sea hoy el m\u00e1s frecuente, pero no es el \u00fanico. Tambi\u00e9n el ejercicio de la paternidad 3D est\u00e1 expuesto a tentaciones. La primera de ellas, y la m\u00e1s evidente, reside en la soberbia que surge de sentirse un iluminado, poseedor de una visi\u00f3n privilegiada y m\u00e1s aguda que la del resto de los padres. Esta tentaci\u00f3n expone a la paternidad a una perversi\u00f3n m\u00e1s profunda, incluso autodestructiva: pues si un padre o una madre pierden de vista las demandas y necesidades de la dimensi\u00f3n 2D y centran su atenci\u00f3n, satisfechos y complacidos, en las necesidades formativas del largo plazo, ver\u00e1n florecer un nuevo tipo de paternidad bidimensional, m\u00e1s perjudicial incluso que el que surge de la mirada atenta al corto plazo.<\/p>\n<p>En este sentido, la paternidad 3D no ha de ser contestataria por naturaleza. Si bien nos previene de obedecer ciegamente los mandatos imperantes, tampoco reniega de ellos, ya que les reconoce su relativo sentido y legitimidad. Superar la paternidad bidimensional implica el mayor de los desaf\u00edos: la b\u00fasqueda de un equilibrio que se aprende sin recetas ni manuales, pero con una disposici\u00f3n a ejercitar habitualmente el \u201cdoble click\u201d sobre lo aparentemente simple, para descubrir en ello la hondura y riqueza que da sentido a nuestra paternidad.<\/p>\n<p><em>El autor es doctor en Filosof\u00eda y especialista en gesti\u00f3n educativa.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Distintas maneras de entender y ejercer la dif\u00edcil tarea de ser padres en los tiempos actuales. 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