{"id":11598,"date":"2015-10-03T11:20:59","date_gmt":"2015-10-03T14:20:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11598"},"modified":"2015-10-05T12:35:56","modified_gmt":"2015-10-05T15:35:56","slug":"la-fatal-cultura-verticalista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11598","title":{"rendered":"La fatal cultura verticalista"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>\u201cLas seguridades que se basan en la voluntad discrecional de otros son enga\u00f1osas\u201d<\/strong><\/em><br \/>\n<em><strong> Francesco Guicciardini<\/strong><\/em><\/p>\n<p>En un retrato memorable de la figura de Luis Napole\u00f3n Bonaparte, Tocqueville describi\u00f3 de qu\u00e9 modo la confianza que el futuro Napole\u00f3n III depositaba en su propia persona lo impulsaba a considerarse como un \u00abinstrumento del destino\u00bb y \u00abel hombre necesario\u00bb. Sus suspicacias hacia el talento ajeno eran consecuencia de ese orgullo ilimitado que, al mismo tiempo, si lo inclinaba gustosamente ante la naci\u00f3n, lo sublevaba contra la sola idea de \u201csufrir la influencia de un parlamento\u201d. \u00abEl m\u00e9rito le molestaba, a poco independiente que fuese. Necesitaba creyentes en su estrella y vulgares adoradores de su fortuna.\u00bb<br \/>\nLa descripci\u00f3n resulta reveladora de una forma de concebir y ejercer el poder que caracteriza a los cesarismos de toda laya, vale decir, a aquellos gobiernos que, bajo el ropaje de la legalidad constitucional y en nombre de la democracia, disfrazan la conducci\u00f3n unitaria y libre de trabas de quien se presenta como portavoz exclusivo o aun sustituto de la voluntad soberana del pueblo, entendido como un todo homog\u00e9neo. Se trata, para citar de nuevo a Tocqueville, del poder visto como \u00ab\u00fanico, simple, providencial y creador\u00bb. De ah\u00ed el desprecio por la labor y los tiempos legislativos, salvo que sirvan para refrendar las decisiones del Ejecutivo. De ah\u00ed tambi\u00e9n la confusi\u00f3n entre Estado y gobierno, resabio del viejo patriomonialismo, cuyo costo para las libertades y los bolsillos de los ciudadanos son de sobra conocidos.<br \/>\nPor su componente acentuadamente verticalista, esta concepci\u00f3n de la autoridad (que desde luego no es privativa del mundo pol\u00edtico) lleva a equiparar el respeto a la sumisi\u00f3n y la independencia de criterio a la intriga, lo cual explica el recurso a servidores \u00abincondicionales\u00bb y a los aduladores que nunca faltan. Tal es la clase de lealtad que reclaman para s\u00ed quienes, seguros de su propia suficiencia, no imaginan siquiera que se les contradiga, como los reyes del derecho divino. Es que una personalidad hace juego con lo dicho: la de un alma ambiciosa de poder y de una grandeza sin proporciones. Por eso se ha puesto de moda hablar de \u00abdesmesura\u00bb, t\u00e9rmino que el neur\u00f3logo y ex ministro ingl\u00e9s David Owen contribuy\u00f3 a difundir en su ra\u00edz griega (hybris) y en alusi\u00f3n, precisamente, a ese desorden de la personalidad que se manifiesta en el egocentrismo, la prepotencia, el af\u00e1n reconocimiento y una irrefrenable tendencia a tergiversar la realidad como rasgos distintivos de algunos l\u00edderes pol\u00edticos que, eventualmente, pueden exacerbarse cuando el nivel de aceptaci\u00f3n decrece o la fortuna les vuelve la espalda. Un desorden, por cierto, que no tiene por qu\u00e9 resultar contagioso y del cual las democracias (me refiero a aquellas donde las constituciones no son utilizadas como instrumentos para fines propios) conocen recetas para defenderse, empezando por la que prescribe que es despersonalizando el poder como se evita que \u00e9ste se vuelva opresivo.<br \/>\nSin embargo, la teor\u00eda y la experiencia hist\u00f3rica se dan cita para demostrar que el modus operandi de los gobernantes suele tener su correlato en la vida de los ciudadanos, en la medida en que alienta o desalienta la propagaci\u00f3n de determinadas conductas. En otras palabras, el proceder de un r\u00e9gimen impacta en la cultura pol\u00edtica de un pa\u00eds de la cual a su vez se realimenta. Adem\u00e1s, si la dominaci\u00f3n es, como ense\u00f1aba Weber, \u00abla probabilidad de encontrar obediencia\u00bb ya sea por convicci\u00f3n, sentido del deber, temor, h\u00e1bito o mera utilidad, la existencia de un m\u00ednimo de \u00abvoluntad de obediencia\u00bb resulta esencial en toda relaci\u00f3n de autoridad. Por consiguiente, es posible pensar que en la continuidad de un estilo verticalista y discrecional de gobierno se ver\u00eda de alg\u00fan modo expresada una sociedad que, al admitirlo, tambi\u00e9n lo sanciona volvi\u00e9ndolo cotidiano. Podr\u00eda hablarse entonces de una relaci\u00f3n circular creada entre el gobernante, por un lado, que se arroga la pretensi\u00f3n de conocer mejor que los ciudadanos cu\u00e1les son sus verdaderos intereses, y, por otro lado, estos mismos ciudadanos \u201cl\u00edder-dependientes\u201d que resignan con gusto (o por necesidad) su independencia para vivir conforme a valores y directivas que les son impuestos desde arriba por quien dice representarlos.<br \/>\nEl verticalismo reniega, por definici\u00f3n, de la decisi\u00f3n colegiada y cierra las puertas al disenso a su alrededor o a todo tipo de instancia intermedia que interponga un saludable control a sus determinaciones. Atropella, prefiere la disciplina y el alineamiento, y es impermeable a la cr\u00edtica. Rechaza la conversaci\u00f3n que, como record\u00f3 Alejandro Katz (La Naci\u00f3n, 26\/06\/2015), es esencial a la convivencia civilizada y, en particular, a la convivencia pol\u00edtica. Argumenta pero no conversa porque, en el fondo, no reconoce interlocutores. Monopoliza la palabra e instala a la postre una manera de decir y de obrar que amenaza con extenderse modelando un atributo colectivo, un pernicioso signo de identidad.<br \/>\n\u00bfPodr\u00e1 el pr\u00f3ximo gobierno generar un cambio a este respecto? \u00bfLo demandar\u00e1 nuestra sociedad? \u00bfPodremos dar empuje entre todos a una mayor institucionalidad (tantas veces proclamada en vano) que nos permita ir abandonando ese enquistado verticalismo que nos condena a una pol\u00edtica anacr\u00f3nica y mezquina? Me resisto a pensar que sea tarde para intentarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLas seguridades que se basan en la voluntad discrecional de otros son enga\u00f1osas\u201d Francesco Guicciardini En un retrato memorable de la figura de Luis Napole\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[986],"tags":[211],"class_list":["post-11598","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica","tag-politica"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-314","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11598","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11598"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11598\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11599,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11598\/revisions\/11599"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11598"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11598"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11598"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}