{"id":11691,"date":"2015-11-02T13:00:19","date_gmt":"2015-11-02T16:00:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11691"},"modified":"2015-11-02T14:38:27","modified_gmt":"2015-11-02T17:38:27","slug":"dorothy-day-una-mujer-citada-por-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11691","title":{"rendered":"Dorothy Day, una mujer citada por Francisco"},"content":{"rendered":"<p><strong>Un perfil de la activista norteamericana que fue militante de izquierda y, luego de su conversi\u00f3n al catolicismo, sin renunciar a sus ideas, cre\u00f3 un diario cristiano y se dedic\u00f3 a servir a los pobres.<\/strong><\/p>\n<p>En su discurso ante el Congreso estadounidense, el papa Francisco cit\u00f3 a cuatro ciudadanos de ese pa\u00eds como ejemplos de conducta \u00e9tica y espiritual. Entre ellos, adem\u00e1s de tres hombres (Abraham Lincoln, Martin L. King y Thomas Merton), una mujer: Dorothy Day. Alguien que hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n de Benedicto XVI en su \u00faltima alocuci\u00f3n antes de la renuncia.<br \/>\nDorothy naci\u00f3 en Nueva York en 1897. Trascurri\u00f3 la mayor parte de su infancia y juventud en Chicago y estudi\u00f3 en la Universidad de Illinois antes de regresar a Nueva York en 1916. Al mudarse, encontr\u00f3 trabajo como periodista del diario The Call, el \u00fanico \u00f3rgano socialista de la ciudad. Despu\u00e9s colabor\u00f3 con la revista The Masses, opuesta a la intervenci\u00f3n de los Estados Unidos en la guerra que acontec\u00eda en Europa en 1917. En noviembre de ese a\u00f1o, Dorothy Day fue una de las cuarenta mujeres que protestaron frente a la Casa Blanca por la exclusi\u00f3n femenina del voto. Una vez detenidas, fueron tratadas con brutalidad y finalmente liberadas por orden presidencial.<\/p>\n<p>Siempre en Nueva York, Day llev\u00f3 una vida muy agitada y bohemia. Tuvo relaci\u00f3n con un periodista, Lionel Moise, qued\u00f3 embarazada y decidi\u00f3 abortar. Fue una experiencia muy dolorosa que la llev\u00f3 a afirmar que nunca m\u00e1s renunciar\u00eda a un hijo.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante encontr\u00f3 a un hombre con el que vivir\u00eda en una mayor estabilidad emocional y afectiva. Se llamaba Forster Batterham y era bot\u00e1nico. Con \u00e9l contrajo una uni\u00f3n civil estable. Se establecieron en Staten Island, en la rivera del mar. Aprendi\u00f3 con \u00e9l a amar la naturaleza y tuvieron una hija. Su conversi\u00f3n al catolicismo fue posterior a ese nacimiento. Luego del bautismo, sufri\u00f3 la ruptura de la relaci\u00f3n porque \u00e9l no acept\u00f3 esa opci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s conoci\u00f3 a Peter Maurin, disc\u00edpulo de Emmanuel Mounier, gran compa\u00f1ero de su vida espiritual y su trabajo apost\u00f3lico. En \u00e9l encontr\u00f3 a un cristiano y un reformador con quien comparti\u00f3 una comuni\u00f3n de intelecto y sentimiento. En 1933 ambos iniciaron el movimiento Catholic Worker, que public\u00f3 un diario influyente y fund\u00f3 una serie de casas de acogida para atender a personas sin techo. Mientras tanto, en los Estados Unidos se agravaban las consecuencias de la Gran Depresi\u00f3n posterior al crack de la Bolsa de Nueva York en 1929. Los centros de atenci\u00f3n fueron una inmensa ayuda en ese contexto. Se trataba de albergues que consegu\u00edan aunar una actitud progresista en la defensa de los derechos humanos, sociales y econ\u00f3micos, con un sentido ortodoxo y tradicional de la moral y la piedad cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, su devoci\u00f3n y la obediencia a la Iglesia segu\u00edan siendo cr\u00edticas. Por ejemplo, con su condena p\u00fablica al l\u00edder espa\u00f1ol Francisco Franco durante la Guerra Civil Espa\u00f1ola, lo que le vali\u00f3 la oposici\u00f3n de muchos cat\u00f3licos norteamericanos, cl\u00e9rigos o laicos. Se vio obligada a cambiar el nombre de su publicaci\u00f3n, \u201cporque la palabra \u2018cat\u00f3lico\u2019 implicaba una conexi\u00f3n eclesial oficial cuando no era su caso\u201d.1<\/p>\n<p>Sus principales luchas fueron por la justicia y la paz. Por ellas vivi\u00f3 y muri\u00f3. Su peregrinaci\u00f3n en la tierra termin\u00f3 en Maryhouse, Nueva York, el 29 de noviembre de 1980, en medio de los pobres.<\/p>\n<p>Se trat\u00f3 de una mujer que am\u00f3 y fue amada, que supo ganar seguidores. Trabaj\u00f3 y entreg\u00f3 su vida con esfuerzo y valor. Estuvo siempre con todas sus potencialidades alertas y vigilantes. Fue alguien que se dej\u00f3 afectar en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed misma por el mundo que la rodeaba, por el resto de las personas, y que, por consiguiente, se constituy\u00f3 en un canal abierto y profundo para la acci\u00f3n de Dios, a quien quiso entregar su vida. Varios aspectos de su sensibilidad llaman especialmente la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Sensibilidad corporal<\/strong><br \/>\nDorothy Day fue siempre una mujer marcadamente femenina y consciente de su propio cuerpo. Desde su juventud m\u00e1s de una vez se apasion\u00f3, gustaba del encuentro con las personas del otro sexo, apreciaba el cari\u00f1o, sab\u00eda querer y ser querida. El fracaso de su relaci\u00f3n con Lionel Moise, que la llev\u00f3 a decidir un aborto, le dej\u00f3 una marcada sensibilidad de su voluntad humana y espiritual. Con ella puede experimentarse palpablemente la afirmaci\u00f3n de san Pablo: \u201cDonde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u201d (Romanos 5,20).<\/p>\n<p>Su relaci\u00f3n amorosa con Batterham la llev\u00f3 a vivir un momento particularmente bello y positivo en su vida. Ten\u00edan una sinton\u00eda poco com\u00fan: \u201cNos encontr\u00e1bamos juntos, camin\u00e1bamos todos los d\u00edas algunos kil\u00f3metros, nos reun\u00edamos y estudi\u00e1bamos, y todo un mundo se abr\u00eda para m\u00ed, poco a poco. No habl\u00e1bamos mucho, pero viv\u00edamos juntos en el sentido m\u00e1s pleno de esta expresi\u00f3n\u201d2.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n marc\u00f3 definitivamente un giro copernicano en la vida de Dorothy, en el sentido de que se volvi\u00f3 ap\u00f3stol de los m\u00e1s pobres y voz de los que no tienen voz, palad\u00edn de paz y de justicia gracias a su extrema sensibilidad femenina. Pero la experiencia m\u00e1s decididamente gratificante de su vida corporal fue la maternidad. Como consecuencia del aborto, y como secuela de su relaci\u00f3n con Batterham, debi\u00f3 someterse a una intervenci\u00f3n quir\u00fargica del \u00fatero para que una futura concepci\u00f3n no fuera imposible. Hab\u00eda pensado que el aborto la dejar\u00eda est\u00e9ril. \u201cDurante largo tiempo pens\u00e9 que no podr\u00eda tener otro beb\u00e9 pero mi deseo segu\u00eda creciendo\u201d, conf\u00eda en su autobiograf\u00eda.<\/p>\n<p>De la uni\u00f3n con Forster, Dorothy qued\u00f3 embarazada y lo consider\u00f3 casi un milagro. En julio de 1927 conoci\u00f3 la mayor felicidad de su vida con el nacimiento de Tamar Teresa. Fue tambi\u00e9n un llamado a poner a Dios en el centro de su vida: \u201cNinguna criatura humana pod\u00eda recibir o contener tan inmenso caudal de amor y alegr\u00eda como yo sent\u00eda despu\u00e9s del nacimiento de mi hija. Con ella lleg\u00f3 la necesidad de rezar, de adorar\u201d. \u201cYo deseaba morir para vivir, despojarme del \u2018hombre viejo\u2019 para revestirme de Cristo. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda Forster no entenderme?\u201d, escribi\u00f3.<\/p>\n<p>El llamado de Dios prevalece y Dorothy no encuentra m\u00e1s que una inmensa gratitud que le ensancha el coraz\u00f3n y quiere bautizar a Teresa en la Iglesia cat\u00f3lica. \u201cYo no quer\u00eda que mi hija se debatiese y tropezara en la vida como a m\u00ed me hab\u00eda sucedido tantas veces. Quer\u00eda creer y quer\u00eda que mi hija creyese, y si pertenecer a la Iglesia le iba a dar una gracia tan inestimable como la fe en Dios y la amorosa compa\u00f1\u00eda de los santos, entonces lo que hab\u00eda que hacer era bautizarla como cat\u00f3lica\u201d. Su decisi\u00f3n de bautizarla y de abrazar la fe cat\u00f3lica comport\u00f3 un enorme costo para Dorothy: el final de la relaci\u00f3n con el hombre que amaba y la p\u00e9rdida de varios amigos y compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Las descripciones que hace de sus contactos amorosos con Forster hablan de la verdad y profundidad del amor que sent\u00eda por \u00e9l: \u201cEn las noches de oto\u00f1o le\u00edamos mucho. A veces, si hab\u00eda marea baja y la luna estaba en lo alto, \u00e9l sal\u00eda a buscar cebo. Se quedaba pescando en el malec\u00f3n hasta tarde y llegaba oliendo a algas marinas y a sal; tras meterse en la cama, aterido de fr\u00edo por el desapacible aire de noviembre, me estrechaba silenciosamente en sus brazos. Yo lo quer\u00eda de todas las maneras, como esposa, e incluso como madre. Lo quer\u00eda por todo lo que sab\u00eda, y lo compadec\u00eda por todo lo que no sab\u00eda. Lo quer\u00eda por todo lo que ten\u00eda que sacar de los bolsillos de sus sweaters y por la arena y las conchillas que tra\u00eda a casa con las pesca. Yo amaba su cuerpo flaco y fr\u00edo, cuando se met\u00eda en la cama oliendo a mar, y amaba tambi\u00e9n su integridad y su obstinado orgullo\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, despu\u00e9s de separados, Dorothy le escribe cartas como testimonio del amor que siempre sinti\u00f3 por \u00e9l y de la vocaci\u00f3n cat\u00f3lica que desencaden\u00f3 el nacimiento de la hija, cuando tuvo que elegir entre Dios y el hombre que amaba y entendi\u00f3 que deb\u00eda escoger a Dios.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo ambos quedar\u00e1n relacionados gracias a Tamar. M\u00e1s tarde la visitar\u00e1 en el hospital. En los a\u00f1os finales de Dorothy, \u00e9l la llamaba por tel\u00e9fono a diario. Estuvo presente en su funeral, en 1980, y m\u00e1s tarde en una misa celebrada en la catedral de St. Patrick.<\/p>\n<p>Ella era portadora de un cuerpo femenino, habitado por deseos, acostumbrado a estremecerse de placer por el efecto de las caricias del hombre amado; un cuerpo que gener\u00f3 y nutri\u00f3 a la hija de ambos, que ser\u00eda la luz de su vida; un cuerpo que ahora deb\u00eda enfrentar el peso de su maternidad en una sociedad discriminatoria para con la mujer y en una Iglesia marcada por el machismo. Al mismo tiempo, ser\u00e1 ese cuerpo tambi\u00e9n el que vibrar\u00e1 de compasi\u00f3n y de solidaridad con todos los hombres y mujeres pobres e infelices que cruzar\u00e1 en su camino y la llevar\u00e1n a experimentar como propios los dolores del mundo y de la humanidad.<\/p>\n<p><strong>Sensibilidad est\u00e9tica<\/strong><br \/>\nEn los a\u00f1os de juventud, cuando Dorothy viv\u00eda en Chicago, ya se advert\u00edan rasgos contemplativos en su personalidad. Por ejemplo, como se\u00f1ala Jim Forest, uno de sus bi\u00f3grafos, \u201cten\u00eda el don de encontrar la belleza en medio de la desolaci\u00f3n urbana. Calles mon\u00f3tonas eran transformadas por los olores vivos de las plantas de geranio y de tomate, albahaca, aceite de oliva, torrefacci\u00f3n de caf\u00e9, pan y tortas de las panader\u00edas. \u2018Aqu\u00ed, dec\u00eda ella, hay suficiente belleza para satisfacerme\u2019\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en los a\u00f1os compartidos con Forster Batterham en State Island, esa sensibilidad est\u00e9tica se fue abriendo a los misterios y las revelaciones de la naturaleza. Tal como ella misma confiesa, extremadamente urbana en sus gustos y tendencias, Day fue aprendiendo, guiada por la mano de su amado, a descubrir la belleza existente lejos de las grandes ciudades, al rayo del sol y cerca del mar, en las plantas y los animales, en las conchillas y los moluscos de los que el paisaje era pr\u00f3digo.<\/p>\n<p>Dorothy fue tambi\u00e9n, desde su m\u00e1s tierna infancia, una apasionada por el arte vital de la literatura. Las lecturas de su ni\u00f1ez y juventud influyeron mucho en su vida despu\u00e9s de la conversi\u00f3n. Lectora de grandes autores europeos como los rusos Fiodor Dostoievki y Leon Tolstoi, los franceses Georges Bernanos, Francois Mauriac, y el no tan conocido Huysmans, el ingl\u00e9s Charles Dickens, los norteamericanos Upton Sinclair y Jack London, entre otros, \u00e9stos fueron marcando su imaginaci\u00f3n y su sensibilidad est\u00e9tica.<\/p>\n<p>El no poder vivir sin asimilar sus lecturas la ayud\u00f3 a configurar lo que ser\u00eda su m\u00edstica y su particular teolog\u00eda, su visi\u00f3n del mundo a trav\u00e9s del Evangelio. La manera que ten\u00eda de cotejar incluso sus lecturas literarias con las b\u00edblicas o con los relatos de los grandes m\u00edsticos muestra una sensibilidad refinada para la cr\u00edtica literaria, que sirve adem\u00e1s como pedagog\u00eda para entender c\u00f3mo fue madurando cada vez m\u00e1s radicalmente su opci\u00f3n de amor y servicio a los pobres.<\/p>\n<p>Por orientaci\u00f3n de Peter Maurin, Dorothy realiz\u00f3 nuevas lecturas, donde el pensamiento social de la Iglesia ten\u00eda presencia obligatoria. Tom\u00e1s de Aquino, Jacques Maritain, Hilaire Belloc, G.K. Chesterton, Eric Gill, Vincent McNabb, entre otros, se volver\u00e1n lecturas habituales. Cultivada al principio por la visi\u00f3n de Maurin y realizando despu\u00e9s su propia s\u00edntesis cognitiva, Day fue descubriendo su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Sensibilidad social<\/strong><br \/>\nDorothy Day siempre tuvo una sensibilidad profundamente marcada por la injusticia econ\u00f3mica y social que percib\u00eda a su alrededor. Esa herida la llevar\u00e1 a una respuesta que no ser\u00e1 racional o intelectual, como le sucedi\u00f3 a muchos otros pensadores de su \u00e9poca, sino que se traducir\u00e1 en una proximidad amorosa y apasionada por quienes est\u00e1n afectados por ese estado de cosas, y con los que ella se identifica en forma creciente, en la medida en que se encamina hacia Dios.<\/p>\n<p>Mientras vivi\u00f3 en Chicago, durante su adolescencia, comenz\u00f3 con lecturas que afirmaron su conciencia social y el sentido de la justicia. La novela de Upton Sinclair La jungla fue inspiradora para ella. Realizaba largas caminatas por los barrios pobres de la ciudad. Era el comienzo de una atracci\u00f3n por lo que muchas personas evitan: el deseo de estar cerca de los pobres: \u201cYo caminaba kil\u00f3metros, explorando interminables calles grises, fascinantes en su sombr\u00eda igualdad, yendo taberna tras taberna, donde imaginaba cenas como en las fiestas de polacos en la historia de Sinclair\u201d.<\/p>\n<p>Ya a los 15 a\u00f1os observaba el mundo con los ojos muy abiertos y un coraz\u00f3n vulnerable que muchos podr\u00edamos envidiarle. Reflexionando sobre la vida de las personas de aquellos barrios oprimidos, v\u00edctimas de la injusticia y de la pobreza, se daba una suerte de premonici\u00f3n de su futura vocaci\u00f3n y no quer\u00eda perder la relaci\u00f3n con esas personas, con sus intereses. Finalmente se comprometi\u00f3 a luchar por un orden social justo y se inscribi\u00f3 en el Partido Socialista.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, ese sentimiento de identificaci\u00f3n, esa sensibilidad y ese deseo de proximidad con los pobres fue creciendo en la medida en que crec\u00eda su m\u00edstica y su vocaci\u00f3n cristiana. De adulta, referir\u00e1 su experiencia en la c\u00e1rcel. En efecto, el jesuita Daniel Izuzquiza escribe que el haber estado en prisi\u00f3n, en 1917, tuvo un profundo efecto en su vida. Experiment\u00f3 un doble proceso de conversi\u00f3n personal: por un lado, \u201cperd\u00ed todo el sentimiento de mi propia identidad\u201d, pero al mismo tiempo se sinti\u00f3 fuertemente identificada con los otros presos: \u201cYo era aquella madre a cuyo hijo hab\u00edan violado y asesinado\u201d. Pierde su identidad previa y la recupera, renovada, en la identificaci\u00f3n con las compa\u00f1eras detenidas. Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde fue encarcelada de nuevo, esta vez en Chicago. Y a este respecto escribi\u00f3: \u201cCompart\u00eda, como nunca lo hab\u00eda hecho antes, la vida de los m\u00e1s pobres de los pobres, los culpables, los despose\u00eddos\u201d. Y arrestada en 1956 durante una acci\u00f3n no-violenta, escribe: \u201cPercib\u00ed una sensaci\u00f3n de intensa cercan\u00eda de Dios. Un gran sentido de su amor, un amor por sus criaturas&#8230;\u201d. Este proceso de encarnaci\u00f3n que experiment\u00f3 Dorothy en la c\u00e1rcel tambi\u00e9n se refleja, a\u00f1os m\u00e1s tarde, en el siguiente texto: \u201cEn la celda donde est\u00e1bamos detenidas, hab\u00eda seis mujeres esperando juicio por homicidio. Pero all\u00ed, mezclada con ellas, entre puertas abiertas y pasillos libres, \u00e9ramos hermanas. Vimos en nosotras mismas nuestra propia capacidad para el pecado, la violencia o el odio\u201d.<\/p>\n<p>La sensibilidad de Dorothy tiene aspectos extremadamente actuales que hablan del nivel de conciencia frente a su tiempo. Sin presentar jam\u00e1s una tendencia asistencialista o alienante en su amor por los pobres, para ella siempre queda claro que estar junto a ellos significa luchar incesantemente contra la pobreza. No era suficiente asistir a las v\u00edctimas de las injusticias sociales, sino que era necesario al mismo tiempo trabajar para destruir las causas del desorden social.<\/p>\n<p>Constatando que hab\u00eda guarder\u00edas a disposici\u00f3n de las trabajadoras donde pod\u00edan dejar a sus hijos, se preguntaba por qu\u00e9 los padres no ganaban lo suficiente como para que ellas pudieran cuidar a los peque\u00f1os en la familia. La respuesta que encuentra es claramente evang\u00e9lica: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los santos para transformar el orden social? No para ser s\u00f3lo ministros religiosos de los esclavos, sino para acabar con la esclavitud\u201d.<\/p>\n<p>La justicia y la transformaci\u00f3n de las estructuras sociales eran consideradas ajenas por la Iglesia en su \u00e9poca juvenil, m\u00e1s atenta a una salvaci\u00f3n individual independiente que a las responsabilidades para la organizaci\u00f3n del mundo. Pero no bastaba luchar contra los efectos de la pobreza. Este mal deb\u00eda ser extirpado. Debe transformarse la sociedad desde su ra\u00edz. Estas reflexiones muestran que Dorothy Day, en la vivencia de su fe, recibe de Dios inspiraci\u00f3n y conocimiento como para ser considerada entre las cat\u00f3licas m\u00e1s avanzadas de su tiempo.<br \/>\nLas reflexiones que se multiplican a trav\u00e9s de sus escritos la presentan como pionera de los movimientos que surgir\u00edan posteriormente en la Iglesia. La conciencia del pecado social y de la necesidad de soluciones estructurales en lugar de simples paliativos fragmentarios est\u00e1n presentes, por ejemplo, en la Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, que prendi\u00f3 con gran fuerza en Latinoam\u00e9rica en los a\u00f1os &#8217;70. M\u00e1s all\u00e1 de la cr\u00edtica aguda, con elementos marxistas, Dorothy siempre tuvo un profundo sentido de la gracia de Dios y de la gratuidad de su amor como origen de todo bien. Su sensibilidad social era inseparable de la espiritual.<\/p>\n<p><strong>Sensibilidad espiritual<\/strong><br \/>\nIncluso antes de su conversi\u00f3n y de su ingreso en la Iglesia cat\u00f3lica, no puede decirse que Dorothy no tuviera ya una profunda sensibilidad espiritual. Son conmovedores sus relatos de c\u00f3mo siente el impulso interior de alabar a Dios, afirmando que la alabanza es el acto m\u00e1s profundo y bello que un ser humano puede realizar.<\/p>\n<p>Pensaba que la \u00fanica verdadera revoluci\u00f3n nacer\u00eda de un coraz\u00f3n convertido por la gracia. En Catholic Worker llev\u00f3 una vida de fidelidad a la revelaci\u00f3n consignada en las Escrituras, practicando la pobreza de manera voluntaria y radical, dedicada a las obras de misericordia y a la lucha por la justicia y la paz. El pacifismo es una de las caracter\u00edsticas de su militancia. Escribi\u00f3 importantes textos denunciando la guerra en todas sus formas y en contra de toda violencia, que est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la ra\u00edz evang\u00e9lica. Fue militante y activista, pero siempre buscando su fuente en el Evangelio de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En su etapa de madurez realiz\u00f3 muchos retiros espirituales y recalc\u00f3 siempre la importancia de la oraci\u00f3n diaria y de la vida sacramental para un crecimiento consistente de la vida cristiana. Apasionada por el proyecto del Reino de Dios, anunciado y propuesto por Jes\u00fas de Nazaret, Dorothy fue consciente desde el inicio de su conversi\u00f3n, de manera cada vez m\u00e1s profunda, de vivir la justicia y la paz antes que nada en su coraz\u00f3n para intentar comunicarlas a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Su libro From Union Square to Rome est\u00e1 dirigido a sus hermanos y hermanas comunistas de credo y de praxis, que quedaron perplejos por su conversi\u00f3n. Ella, sin embargo, continu\u00f3 sinti\u00e9ndose muy cercana a ellos y defendiendo la primac\u00eda de lo espiritual sobre lo material. \u201cTodos hemos conocido la larga soledad \u2013escrib\u00eda\u2013 y todos hemos aprendido que la \u00fanica soluci\u00f3n es el amor, y que el amor llega con la comunidad\u201d, porque as\u00ed \u201cnuestra fe es m\u00e1s fuerte que la muerte, nuestra filosof\u00eda es m\u00e1s firme que la carne, y la propagaci\u00f3n del Reino de Dios sobre la tierra es m\u00e1s sublime y m\u00e1s convincente\u201d.<\/p>\n<p><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier<\/em><\/p>\n<p><em>1. Coles, Robert; Dorothy Day: a radical devotion; Cambridge; 1987.<\/em><br \/>\n<em> 2. Day, Dorothy; La larga soledad.~~~~~<\/em><\/p>\n<div id=\"attachment_11694\" style=\"width: 840px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/gettyimages-1092065091.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-11694\" class=\"size-full wp-image-11694\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/gettyimages-1092065091.jpg\" alt=\"\" width=\"830\" height=\"553\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/gettyimages-1092065091.jpg 830w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/gettyimages-1092065091-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 830px) 100vw, 830px\" \/><\/a><\/p>\n<p id=\"caption-attachment-11694\" class=\"wp-caption-text\">Foto: Judd Mehlman\/NY Daily News via Getty Images<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un perfil de la activista norteamericana que fue militante de izquierda y, luego de su conversi\u00f3n al catolicismo, sin renunciar a sus ideas, cre\u00f3 un&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[945,8],"tags":[],"class_list":["post-11691","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fe-2","category-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-32z","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11691","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11691"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11691\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11695,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11691\/revisions\/11695"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11691"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11691"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11691"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}