{"id":11729,"date":"2015-11-02T19:47:33","date_gmt":"2015-11-02T22:47:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11729"},"modified":"2015-11-02T19:47:33","modified_gmt":"2015-11-02T22:47:33","slug":"singulares-asimetrias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11729","title":{"rendered":"Singulares asimetr\u00edas"},"content":{"rendered":"<p><strong>Rusalka, \u00f3pera de Antonin Dvorak, subi\u00f3 a escena en el teatro Avenida con notables voces y una r\u00e9gie para el olvido. Situaci\u00f3n inversa a la experimentada con la puesta de Don Carlo en el Teatro Col\u00f3n, donde la brillante labor del regisseur hizo olvidar a un elenco que no se distingui\u00f3 por su desempe\u00f1o vocal.<\/strong><\/p>\n<p>Por diferentes razones eran dos obras muy esperadas, testimoniado por ambos teatros con asistencia completa desde la platea al para\u00edso. Don Carlo pertenece a la madurez de su autor y es una de las cumbres de la \u00f3pera verdiana. Rusalka, inserta en la mitolog\u00eda eslava, tambi\u00e9n se inscribe en los a\u00f1os finales de su compositor, ya convertido en figura plena de honores en su patria natal. Ambas fueron presentadas dentro de la programaci\u00f3n de cada teatro como uno de los acontecimientos de la temporada. Empero, algo qued\u00f3 a mitad de camino.<br \/>\nEl caso de Rusalka quiz\u00e1s sea el m\u00e1s dram\u00e1tico porque fue absolutamente tergiversada en su puesta. Algunas anotaciones previas: la labor que realiza Buenos Aires L\u00edrica merece aplaudirse por lo que significa su apuesta en tiempos adversos para la alta cultura. Su repertorio es cuidado, tal como la selecci\u00f3n de los artistas, y en particular el programa de mano (que incluso supera en calidad y contenidos al que ofrece en esta temporada nuestro primer coliseo). Dicho esto, asistimos con entusiasmo a una conferencia previa que los involucrados \u2013y organizaciones vinculadas con la cultura eslava\u2013 brindaron en el Jockey Club. Hasta all\u00ed todo era entusiasmo, y se remarc\u00f3 esa noche la pertenencia de la entonces Bohemia al a\u00fan poderoso Imperio Austroh\u00fangaro. Parec\u00eda s\u00f3lo un detalle de la historia.<\/p>\n<p>Al abrirse el tel\u00f3n del Avenida en la segunda funci\u00f3n, el mundo fe\u00e9rico hab\u00eda abandonado al espectador por completo. En lugar del bosque, el lago y las ninfas, la acci\u00f3n presentaba un prost\u00edbulo, una tina y diversas meretrices que recib\u00edan y desped\u00edan a los clientes de sus servicios. Rusalka canta su desdicha de amor por el apuesto pr\u00edncipe pero, claro, cuando consigue convertirse en \u201chumana\u201d (\u00bfantes no lo era?) es porque implora a la bruja Je\u017eibaba, que tampoco es una bruja \u2013al menos en el sentido \u201cencantado\u201d del t\u00e9rmino\u2013 sino la d\u00e9spota madama del lupanar. Quiz\u00e1s lo m\u00e1s hilarante o irritante haya sido cuando \u2013en uno de los pasajes m\u00e1s bellos de la \u00f3pera\u2013 Rusalka canta el \u201cHimno a la Luna\u201d, y el astro es reemplazado por una l\u00e1mpara redonda con detalles a tono con una escenograf\u00eda Art-Noveau. Tal cambio de coordenadas trastoca la naturaleza del segundo acto, donde el palacio del Pr\u00edncipe no luce con la correspondiente magnificencia y se limita a cuidar las formas para devolver la acci\u00f3n en el tercero nuevamente a la casa de citas.<\/p>\n<p>Si en la historia original Rusalka es una Princesa extranjera y el Pr\u00edncipe (la obra original no menciona de d\u00f3nde), puede intuirse austroh\u00fangaro (por los colores rojo y blanco y por el Modernismo del prost\u00edbulo, corriente que tuvo su apogeo en los a\u00f1os del estreno de la obra en Praga), \u00bfpodr\u00eda sindicarse que las prostitutas son checas ante la dominaci\u00f3n austr\u00edaca? Ser\u00eda aventurado afirmarlo pero lo que s\u00ed es seguro es que, por desgracia, la nueva contextualizaci\u00f3n resignifica la historia transform\u00e1ndola del romanticismo sensual a la pulsi\u00f3n sexual. Pero no todo fue un desaliento: la direcci\u00f3n musical de Carlos Vieu fue inteligente, otorg\u00e1ndole a la ejecuci\u00f3n de la partitura el brillo y la gracia del cuento encantado que permiti\u00f3 que la obra, con sus leitmotiv y lied, adquiriera la imaginer\u00eda robada visualmente. En tanto, Eric Herrero, Homero P\u00e9rez-Miranda y Elisabeth Canis cumplieron con correcci\u00f3n sus roles; y las sopranos Marina Silva, y en particular la Rusalka de Daniela Tabernig, fueron deslumbrantes. La labor de esta \u00faltima por momentos acarici\u00f3 la memorable visita al personaje que hizo Ren\u00e9e Fleming. As\u00ed las cosas, Rusalka fue una plena labor musical para escuchar con los ojos cerrados.<\/p>\n<p>Por el contrario, donde hubo que tenerlos bien abiertos fue en el Col\u00f3n ante la destacada puesta de Eugenio Zanetti para Don Carlo de Verdi. Por lo pronto, todo aquel mundo acu\u00e1tico ausente en Rusalka se hizo presente en los cambios de escena de esta larga \u00f3pera y nos recuerda una sentencia de Bachelard cuando escribe: \u201cTodo lo que el ser humano desea puede reducirse a la figura del agua\u201d. Hondo drama de amor y deseo durante el reinado de Felipe II de Espa\u00f1a hacia 1560, para Giuseppe Verdi signific\u00f3 la tercera labor a pedido de la \u00d3pera de Par\u00eds, luego de Gerusalemme e I Vespri siciliani. La versi\u00f3n original estrenada en1867 constaba de cinco actos y se consustanciaba con la suntuosidad del drama l\u00edrico franc\u00e9s. La presentada en el Col\u00f3n se corresponde con la nueva versi\u00f3n del libreto en cuatro actos, labor de Angelo Zanardini, si bien el propio Verdi le otorg\u00f3 otras modificaciones luego de su estreno en la Scala en 1884. Anota el experto Pierre Milza en su libro Verdi y su tiempo: \u201cAplaudieron a los int\u00e9rpretes y a la orquesta, ovacionaron con cortes\u00eda al compositor, pero no hubo explosiones de entusiasmo. De todos modos, Don Carlo, se mantuvo en cartel durante varios meses\u201d, y a\u00f1ade: \u201cDon Carlo desconcert\u00f3 al p\u00fablico parisino porque era dif\u00edcil de clasificar. No era ni una \u2018gran \u00f3pera\u2019 tradicional, ni una \u2018opera l\u00edrica\u2019 al estilo Gounod, pero tampoco era una cl\u00e1sica \u2018\u00f3pera a la italiana\u2019, ni un drama musical de inspiraci\u00f3n wagneriana como sosten\u00edan algunos cr\u00edticos\u201d.<\/p>\n<p>Ampulosa como su orquestaci\u00f3n fue la puesta de Zanetti, que ubic\u00f3 la acci\u00f3n dentro de un majestuoso palacio cuyas columnas se encuentran horadadas en la base, se\u00f1al de la progresiva decadencia del Imperio. El regisseur elige una escenograf\u00eda que privilegia los dorados, proyecciones e incluso retoques digitales como el que efect\u00faa al c\u00e9lebre Jard\u00edn de las delicias de El Bosco, permitiendo que algunos de sus personajes caminen dentro de la pintura que representa el falso para\u00edso al que ha llegado la humanidad. No casualmente esa pintura fue una de las favoritas de Felipe II, y el hincapi\u00e9 puesto en su presencia en Don Carlo permite reconocer en buena medida la tensi\u00f3n psicol\u00f3gica del rey, que de tal modo tiene mayor presencia a lo largo de la \u00f3pera. Conocedor como nadie de la direcci\u00f3n de arte en el cine, un singular juego de sombras frente a la obra de El Bosco, con un vestuario tan detallista como impactante, recuerda particularmente a La conspiraci\u00f3n de los Boyardos, de Sergei Eisenstein: \u201cPor d\u00edas y d\u00edas hab\u00edamos luchado con ciertos trajes cort\u00e1ndolos y drape\u00e1ndolos para que tomasen aquel ritmo que hab\u00eda so\u00f1ado cuando, cerrando por un instante los ojos con aquel brocado entre las manos, he visto una procesi\u00f3n de Boyardos moverse lenta y pesadamente vestidos hacia la c\u00e1mara del zar moribundo\u2026 He estudiado atentamente cada movimiento de los personajes, de los m\u00e1s violentos a los m\u00e1s imperceptibles. He analizado cierta posici\u00f3n caracter\u00edstica de los dedos, en las pinturas del Greco\u201d.<\/p>\n<p>Seguramente se recordar\u00e1 durante a\u00f1os esta puesta, que se sit\u00faa junto a la que genios del cine desarrollaron en escena, como la de Franco Zefirelli (Scala, 1992), o Luchino Visconti (Covent Garden, 1985; Sevilla 1998), y que por fortuna perduran gracias al registro en video.<\/p>\n<p>Si de asimetr\u00edas se trata, aqu\u00ed las voces fueron menores. Jos\u00e9 Bros, Alexander Vinogradov y Tamar Iveri oscilaban entre la t\u00e9cnica vocal y el dramatismo que requiere tama\u00f1a obra. Fabi\u00e1n Veloz, como Rodrigo, pudo sacar buen partido del necesario equilibrio. Mejor fortuna tuvieron Beatrice Uria Monzon, Alexei Tanovitski y \u2013muy especialmente\u2013 el monje de Lucas Debevec Mayer. La direcci\u00f3n musical de Ira Levin fue trascendente. Pero pocas veces, tal como presenta esta larga rese\u00f1a, la labor del regisseur ha despertado tan grandes pasiones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rusalka, \u00f3pera de Antonin Dvorak, subi\u00f3 a escena en el teatro Avenida con notables voces y una r\u00e9gie para el olvido. 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