{"id":11779,"date":"2015-12-01T12:47:07","date_gmt":"2015-12-01T15:47:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11779"},"modified":"2015-12-01T15:22:27","modified_gmt":"2015-12-01T18:22:27","slug":"una-escena-para-pensar-la-reconciliacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11779","title":{"rendered":"Una escena para pensar la reconciliaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>En referencia a los a\u00f1os \u201970, la reconocida soci\u00f3loga entiende que hablar de reconciliaci\u00f3n supone el reconocimiento en voz alta de las acciones propias de todos los actores, contribuyendo a restituir la verdad ya sumiendo con honestidad actos del pasado que hoy producen arrepentimiento<\/strong><em>.<\/em><\/p>\n<p>La revista <em>Criterio<\/em> ha tenido la generosidad de solicitarme una nota prosiguiendo el debate propuesto en sus p\u00e1ginas en el n\u00famero de octubre 2015, que gira alrededor del pasado reciente, y de la posibilidad de di\u00e1logo, y tambi\u00e9n de verdad, de reconciliaci\u00f3n y de perd\u00f3n. Imagino que su solicitud puede no ser ajena al hecho de que, hace ya unos a\u00f1os, yo escribiera \u2013con af\u00e1n de provocar el pensamiento sobre todo en quienes, como yo, se situaban incondicionalmente en oposici\u00f3n a la brutal Dictadura militar 1976\/1983\u2013 que el tab\u00fa que entre nosotros rodeaba a los t\u00e9rminos de arrepentimiento, reconciliaci\u00f3n o perd\u00f3n en la reflexi\u00f3n sobre el modo de lidiar con aquel pasado traum\u00e1tico posiblemente ocultara, bajo argumentos atendibles, razones menos defendibles y que hac\u00edan a la renuencia a conmover antiguas certezas respecto de lo bien fundado de nuestras propias acciones y convicciones de entonces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En esta ocasi\u00f3n, no puedo dejar de proponer una reflexi\u00f3n similar, pero de sentido invertido: \u00bfqu\u00e9 podemos escuchar en el llamado a la reconciliaci\u00f3n, al di\u00e1logo, al perd\u00f3n, por parte de quienes no se sit\u00faan ni en el campo de los opositores a la Dictadura, ni en el campo de sus v\u00edctimas, que reclaman equidistancia frente a unos y otros cuando no se ubican m\u00e1s claramente en el campo de quienes apoyaron o sirvieron a aquel r\u00e9gimen? \u00bfQu\u00e9 supuestos podemos develar, en ese llamado?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para introducir esas preguntas querr\u00eda proponer, previamente, una descripci\u00f3n cruda de la situaci\u00f3n sobre la que se llama a dialogar, tal como yo la comprendo: no concuerdo ni con que haya habido dos demonios, ni con que haya habido m\u00faltiples demonios, ni tampoco con que el demonio haya sido uno solo, a saber la violencia. Entiendo que el terror impuesto desde el Estado por las Fuerzas Armadas el 24 de marzo de 1976 es inconmensurable con cualquiera de esas descripciones. Antes de marzo del \u201876hubo, ciertamente, actores violentos, que so\u00f1aban con imponer su idea del orden adecuado del mundo por la violencia; hubo, ciertamente, acciones que hoy me resultan atroces e injustificables, tanto desde las fuerzas insurreccionales como desde las estatales y paraestatales. Todo ello puede ayudar a comprender el advenimiento del Terror estatal, pero ese terror no es su simple consecuencia ni continuaci\u00f3n. La instalaci\u00f3n de centenares de campos de concentraci\u00f3n clandestinos y la reducci\u00f3n de sus prisioneros a la inhumanidad, la sistematizaci\u00f3n de la tortura \u2013y por si fuera necesario, agrego: incluso sobre mujeres embarazadas\u2013, las desapariciones (que su n\u00famero sea de diez mil, veinte mil o treinta mil, no cambia en nada la magnitud del horror), el arrojar personas vivas al mar desde aviones, la apropiaci\u00f3n de ni\u00f1os nacidos en cautiverio, las violaciones, nada de ello puede explicarse por lo anterior, e insisto, no guarda ninguna proporci\u00f3n argumentable ni con la violencia ejercida por las organizaciones guerrilleras, ni con el caos pol\u00edtico del a\u00f1o 1975, ni tampoco con el sentimiento de vulnerabilidad que sin duda percib\u00edan los integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad cuando accedieron al poder en 1976. Todo lo anterior est\u00e1 suficientemente probado y documentado, y considero que es tan innecesario abrir un debate al respecto como abrir un debate respecto de si existieron hornos crematorios en Auschwitz. Creo que es necesario advertir que las formas que tom\u00f3 el Terror estatal bajo la Dictadura militar 1976-83 supone un quiebre moral, civilizatorio, incluso para los c\u00e1nones de una \u00e9poca signada por la violencia pol\u00edtica como lo fue la primera mitad de los a\u00f1os setenta en la Argentina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El reconocimiento de esta situaci\u00f3n es, a mis ojos, un punto de partida de acuerdo sin el cual ning\u00fan di\u00e1logo verdadero resulta posible. Porque sin ello, simplemente estaremos proponiendo un escenario de simetr\u00eda all\u00ed donde no la hubo. Y si decimos que no hubo simetr\u00eda no es porque queramos defender la idea de que los valores de unos fueran preferibles a los de otros, ni que la violencia de unos fuera m\u00e1s justificable que la de otros o que las v\u00edctimas de un campo merecieran mayor reconocimiento o mayor justicia que las del otro. Decimos que no hubo simetr\u00eda porque reducir aquello que sucedi\u00f3 a una escena de guerra o de violencia generalizada \u2013que podr\u00edamos no obstante admitir que tambi\u00e9n la hubo, como lo proponen muchas de las escenas de reconciliaci\u00f3n\u2013, supone negar que el pasado con el que debemos reconciliarnos no es tanto, o no es s\u00f3lo, aquel que puede describirse bajo aquella imagen, sino que es sobre todo aquel que se escribi\u00f3 bajo la forma de un r\u00e9gimen de Terror organizado que no admite simetr\u00eda alguna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quien lea el pr\u00f3logo del Arzobispo Desmond Tutu al informe de la Comisi\u00f3n de Verdad y Reconciliaci\u00f3n en Sud\u00e1frica no puede sino quedar maravillado por la delicadeza con la que dicho texto establece, a la vez, culpabilidades repartidas entre los actores estatales o paraestatales del sistema de apartheid por un lado y los actores anti-apartheid por el otro, mientras afirma al mismo tiempo con pr\u00edstina claridad que ello no establece, no obstante, una situaci\u00f3n sim\u00e9trica: el apartheid, escribe Tutu, es un crimen contra la humanidad. Si, como creo, podemos extraer m\u00e1s de una lecci\u00f3n de ese proceso memorable, aquella no es una lecci\u00f3n menor: que determinemos responsabilidades en los distintos actores no equivale a establecer una simetr\u00eda. Hubo, en la Argentina, el ejercicio irresponsable y criminal de la violencia pol\u00edtica; hubo en la Argentina el desaf\u00edo a la ley. Y hubo, en la Argentina, el despliegue del Terror criminal desde el Estado que constituye, en la instituci\u00f3n de un sistema estatalmente organizado de desaparici\u00f3n, de deshumanizaci\u00f3n y de tortura, un crimen contra la humanidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo, entonces, establecer un di\u00e1logo, c\u00f3mo propender a un escenario de reconciliaci\u00f3n y de perd\u00f3n? Para que ello sea posible, entiendo que debemos acordar, como en Sud\u00e1frica lo promovi\u00f3 aquel texto inaugural, cu\u00e1l es el pasado que convoca a ese eventual encuentro. Ello supone, a mi modo de ver, en primer lugar, que quienes tomaron parte en la acci\u00f3n de las Fuerzas Armadas y de seguridad, o quienes la apoyaron \u2013m\u00e1s all\u00e1 de su participaci\u00f3n personal en la tortura, la desaparici\u00f3n o el asesinato, y m\u00e1s all\u00e1 tambi\u00e9n de su eventual convicci\u00f3n de lo bien fundado de poner fin al accionar de la guerrilla\u2013 est\u00e9n dispuestos a dejar de escudarse en el discurso de una guerra de simetr\u00edas, para mirar hacia adentro de ellos mismos, de sus acciones y las de quienes los rodeaban, para enunciar en voz alta, tal vez por primera vez, su saber acerca de\u00a0 la\u00a0 criminalidad y la brutalidad, sin precedentes ni simetr\u00edas, del r\u00e9gimen al que sirvieron.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se trata en efecto, seg\u00fan creo, de enunciar en voz alta. Porque la pregunta sin cuya respuesta considero imposible que pueda establecerse escena de reconciliaci\u00f3n alguna, es la de saber por qu\u00e9, si existen y existieron, entre los antiguos participantes de las fuerzas insurreccionales o entre sus simpatizantes de entonces, numerosas voces que se alzaron para poner en cuesti\u00f3n su propias creencias, su propio pasado, \u00bfpor qu\u00e9 entonces existieron tan escasos testimonios de actores del Terror estatal, que hayan relatado, en primera persona, aquello que hicieron o presenciaron? \u00bfPor qu\u00e9 no ha habido, por parte de integrantes de las Fuerzas armadas de entonces o de quienes los apoyaron, ninguna iniciativa para intentar reconstituir la verdad, ofreciendo datos fehacientes para el conocimiento del destino de los secuestrados, para la aparici\u00f3n de sus cuerpos, para la restituci\u00f3n de los ni\u00f1os? \u00bfPor qu\u00e9 esos actores prefirieron callar, antes que contribuir a la verdad, al reconocimiento del horror del que, m\u00e1s voluntariamente o menos, fueron part\u00edcipes?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es cierto, y lo he escrito en otros lados: hoy, tal como se ha desplegado, la escena de los juicios de lesa humanidad no parece facilitar esta posibilidad, ya que supone la complicaci\u00f3n de la situaci\u00f3n procesal para quien hable, o para aquellos involucrados en su relato. Pero \u00bfhablar\u00edan acaso si tuvieran la certeza de que ello no complicar\u00eda, o incluso favorecer\u00eda, su situaci\u00f3n procesal? Porque es cierto tambi\u00e9n que fueron muy pocos, poqu\u00edsimos, quienes hablaron cuando se cre\u00eda definitivamente cerrada la posibilidad de su punici\u00f3n. Y que no hablan tampoco quienes, hoy condenados, parecer\u00edan no perder nada si lo hicieran. Es posible que no sea sencillo admitir, en voz alta, que se ha cometido un Mal inconfesable. Pero si a fin de cuentas el motivo de su silencio no obedeciera ni al deseo de ocultarse a ellos mismos el grado de barbarie al que accedieron, ni tampoco a cuestiones procesales, sino a que antepondr\u00edan el esp\u00edritu de cuerpo de la instituci\u00f3n a la que sirvieron; si valoraran m\u00e1s su lealtad a quienes ordenaron acciones criminales sin precedentes, que la contribuci\u00f3n de su palabra a la verdad y la reconciliaci\u00f3n, entonces, sobre ese silencio sin arrepentimiento, no creo posible construir escena alguna de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como se\u00f1al\u00e9 al comienzo: as\u00ed como creo necesario interrogar las razones esgrimidas por quienes, desde el campo de la oposici\u00f3n frontal a la dictadura, niegan la posibilidad de admitir los t\u00e9rminos de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n, creo necesario interrogar tambi\u00e9n las de quienes, desde el campo de sus servidores de entonces, hoy claman por una reconciliaci\u00f3n. Tal como puedo imaginarla, una escena de reconciliaci\u00f3n no supone el abrazo de la v\u00edctima y el victimario, ni el viril sacud\u00f3n de manos de antiguos enemigos. Supone el reconocimiento en voz alta, por parte de los distintos actores, de sus acciones; supone contribuir a restituir la verdad, all\u00ed donde su ausencia prolonga las consecuencias de esas acciones hasta el presente; supone la honestidad de asumir, en primera persona, actos de los que uno hoy se averg\u00fcenza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por fin, es l\u00edcito preguntar, \u00bfse puede, se debe, perdonar <em>todo<\/em>, incluso lo peor? Reconciliarse, \u00bfsignifica acaso perdonar? Pensando desde fuera del campo jur\u00eddico y del campo religioso, que escapan a mi competencia, me arriesgo a avanzar: es posible que haya hechos que no puedan ni deban perdonarse; pero tal vez sea posible perdonar a quienes, habi\u00e9ndolos cometido, querr\u00edan contribuir a deshacerlos si pudieran. As\u00ed, tal vez se pueda perdonar a quien, arrepinti\u00e9ndose, intenta poner fin a las consecuencias de lo hecho, y que, en ese arrepentimiento, ya no es m\u00e1s aquel que fue entonces. De ese modo, con quienes ya no son quienes fueron, o entre quienes ya no somos quienes fuimos, tal vez sea posible comenzar a utilizar la palabra reconciliaci\u00f3n; reconciliarse ser\u00eda, as\u00ed, sobre la asunci\u00f3n de esa ruptura radical con el pasado, ser capaces de erigir una escena com\u00fan del <em>Nunca m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La autora es Licenciada en Sociolog\u00eda por la Universidad de Par\u00eds VIII y doctora en Ciencias Sociales por la UBA, donde dicta Teor\u00eda Pol\u00edtica, e investigadora del Conicet.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En referencia a los a\u00f1os \u201970, la reconocida soci\u00f3loga entiende que hablar de reconciliaci\u00f3n supone el reconocimiento en voz alta de las acciones propias de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[944],"tags":[211],"class_list":["post-11779","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad-2","tag-politica"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-33Z","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11779","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11779"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11779\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11780,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11779\/revisions\/11780"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11779"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11779"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11779"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}