{"id":11802,"date":"2015-12-01T13:38:45","date_gmt":"2015-12-01T16:38:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11802"},"modified":"2015-12-01T15:37:38","modified_gmt":"2015-12-01T18:37:38","slug":"el-concilio-vaticano-ii-y-la-fe-en-lo-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11802","title":{"rendered":"El Concilio Vaticano II y la fe en lo humano"},"content":{"rendered":"<p><strong>A 50 a\u00f1os de la conclusi\u00f3n del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, el autor rescata los principales aportes que dieron lugar a un nuevo paradigma antropol\u00f3gico.<\/strong><\/p>\n<p>El \u00faltimo cap\u00edtulo de<em> Laudato si<\/em> se\u00f1ala que \u201cla humanidad posmoderna no encontr\u00f3 una nueva comprensi\u00f3n de s\u00ed misma que pueda orientarla\u201d, y propone \u201cdifundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relaci\u00f3n con la naturaleza\u201d. Estas palabras del papa Francisco en su \u00faltima enc\u00edclica pueden ofrecer una perspectiva adecuada para evocar la actualidad del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, ese \u201cnuevo Pentecost\u00e9s\u201d que transform\u00f3 la vida de la Iglesia cat\u00f3lica, y de cuya clausura se cumplen cincuenta a\u00f1os. Las l\u00edneas que siguen son expresi\u00f3n de un pensamiento que busca compartir con el lector un modo de entender el posible aporte de ese magno acontecimiento eclesial en la gestaci\u00f3n de un \u201cnuevo paradigma\u201d antropol\u00f3gico.<br \/>\nSintetizando mucho, tal vez excesivamente, resulta claro \u2013como se\u00f1ala Maurice Bellet, fil\u00f3sofo, te\u00f3logo y psicoanalista franc\u00e9s, a quien debo lo esencial de las ideas que presento\u2013 que la \u00e9poca del Concilio Vaticano II, antes y despu\u00e9s de \u00e9l, fue un tiempo de b\u00fasqueda, de efervescencia, de iniciativas, de riesgos. Se entraba en una \u00e9poca eclesialmente novedosa, de una gran reconciliaci\u00f3n con la modernidad, con lo que ella hab\u00eda engendrado de bueno y necesario. Para muchos cat\u00f3licos fue el comienzo de algo nuevo: salir hacia el mundo, poner fin a un cierto pesimismo cristiano, valorar cuanto en la sociedad civil parec\u00eda sintonizar con el Evangelio, especialmente la fe en la humanidad y la esperanza en alcanzar una fraternidad universal. Fueron momentos de optimismo y de apertura, en que los cristianos y la Iglesia abandonaron la hostilidad y las condenas hacia \u201clos de afuera\u201d, los no creyentes. Momento de los movimientos, en los que se busc\u00f3 impregnar con el Evangelio toda la vida. Momento de misi\u00f3n, en que los cristianos descubrieron hasta qu\u00e9 punto el mundo se hab\u00eda alejado del cristianismo.<br \/>\nSe le dio prioridad a la presencia en la sociedad por sobre la proclamaci\u00f3n de la doctrina. De all\u00ed que esa presencia fuese muchas veces silenciosa en palabras, pero elocuente en el testimonio de esa disposici\u00f3n fraterna universal en la que radicaba lo esencial de la fe en la humanidad. Ese silencio llev\u00f3 a preferir no hablar m\u00e1s de Dios como objeto de un saber. Se experiment\u00f3 e interpret\u00f3 el silencio de Dios como invitaci\u00f3n a actuar y a pensar por nosotros mismos. Por otra parte, los cristianos buscaron estar presentes en el mundo, y all\u00ed, ser activos y locuaces, abrazando las causas justas, usando el lenguaje en el que ellas se expresaban, participando en sus luchas, comprometi\u00e9ndose all\u00ed donde se combat\u00eda por una sociedad m\u00e1s justa. La ciencia no fue vista como una amenaza para la fe, sino, por el contrario, el lugar en el que ella pod\u00eda encontrar una nueva expresi\u00f3n.<br \/>\nEsta atm\u00f3sfera de renovaci\u00f3n y creatividad, con sus luces y sombras, se prolong\u00f3 varios a\u00f1os. Pero luego se produjo un cambio. No en todos, y al principio fue invisible. Apareci\u00f3, ante todo, en las generaciones siguientes a las que hab\u00edan vivido la \u00e9poca del Vaticano II. Ejemplo paradigm\u00e1tico: el de padres y madres que hab\u00edan sido militantes cristianos, pero cuyos hijos \u201chab\u00edan perdido la fe\u201d. El silencio testimonial al que hemos aludido pareci\u00f3 perder su referencia trascendente. Los templos se vaciaban, y no s\u00f3lo en Europa. \u00bfEstaba desapareciendo la fe en Dios? Algunos as\u00ed lo pensaron, y se\u00f1alaron al Concilio como el gran responsable de esa situaci\u00f3n. Se produjo entonces una reacci\u00f3n protagonizada por muchos creyentes y por algunos miembros de la jerarqu\u00eda, una reacci\u00f3n que pod\u00eda tomar \u2013y de hecho tom\u00f3\u2013 la forma de un conservadurismo y de un integrismo que se contrapusieron frontalmente al impulso renovador del Vaticano II. La religi\u00f3n pareci\u00f3 volver a encontrar su lugar, el de la doctrina, la moral y el culto. Se privilegi\u00f3 la seguridad por sobre la b\u00fasqueda y la renovaci\u00f3n.<br \/>\nPero la reacci\u00f3n adopt\u00f3 tambi\u00e9n otro estilo. \u00bfEn qu\u00e9 consisti\u00f3? En que, sin condenar ni abandonar el gran movimiento de emancipaci\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n con el mundo moderno, se pens\u00f3 que hab\u00eda que reorientarlo. No era necesario abandonar la fe en lo humano, ese terreno com\u00fan que los cristianos compart\u00edan con los hombres de buena voluntad. Pero se busc\u00f3 completar esa fe, corregirla, contrapesarla, con la fe en Dios, la \u00fanica que pod\u00eda fundamentar la fe en el hombre, precisar su sentido, se\u00f1alar sus exigencias. En s\u00edntesis, y para decirlo con palabras de Bellet, \u201chab\u00eda que agregar a Dios\u201d.<br \/>\nEsta actitud tuvo el m\u00e9rito de rescatar el Concilio. Ahora bien, cuando la analizamos en profundidad, descubrimos que no resolvi\u00f3 realmente el conflicto de los tiempos modernos: la rivalidad entre Dios y el hombre, el divorcio entre fe y raz\u00f3n, entre Iglesia y mundo. Y no lo resolvi\u00f3 porque el Dios \u201cagregado\u201d a la fe en el hombre es un Dios ya supuesto por anticipado, un Dios que, por lo tanto, no tendr\u00eda necesidad de aparecer, de manifestarse. Pero si Dios no acontece ni aparece en el hombre, en la vida, entonces ese Dios \u2013aunque se lo agregue\u2013 est\u00e1 separado, ausente, lejano, y se diluye finalmente en una idea, por m\u00e1s bella que \u00e9sta sea. Para superar esta situaci\u00f3n se abre una v\u00eda, a saber, la de encontrar viviente a Dios \u2013sin que sepamos exactamente de qu\u00e9 se trata eso\u2013 all\u00ed donde florece la vida humana verdadera, en la relaci\u00f3n fraterna que, habi\u00e9ndose despojado de toda violencia, de todo gusto a muerte, se ha hecho \u2013ha sido hecha\u2013 puro amor, don, ternura. \u201cNadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros\u201d (1\u00aa carta de Juan 5,12). Es en esa relaci\u00f3n donde nace lo humano de lo humano, lo humano m\u00e1s que humano, y es all\u00ed donde nace y se manifiesta Dios. Y si se manifiesta, no hay que agregarlo.<br \/>\nLo que el contexto actual tiene de in\u00e9dito, visto con la mirada de la fe, podr\u00eda formularse as\u00ed: todo pasa en el hombre, no hay nada que agregar; pero hay que mantener la distancia, porque el ser humano no es Dios, sino su morada, la morada de la Fuente inasible e inagotable de todo lo que es, y que desborda infinitamente todo lo que el hombre sabe y posee. Gracias al Vaticano II, y cuando ya ha pasado mucha agua bajo el puente, podemos pensar y decir estas cosas, sin el riesgo de un reduccionismo antropoc\u00e9ntrico del Absoluto. Hoy la fe cristiana puede comprender mejor, gracias a lo que nos ha ense\u00f1ado el Concilio, que Dios, cuyo Nombre es Amor, nunca quiso ser Dios sin nosotros los humanos. Es por eso que la fe en Dios \u2013en ese Dios Amor que se manifiesta en el \u201cnosotros\u201d humano\u2013 y la fe en el hombre \u2013en ese hombre que, amando, supera infinitamente al hombre\u2013 son m\u00e1s que inseparables, cristianamente hablando. Superados los viejos conflictos de la modernidad, tal vez sea en esta alianza doblemente cr\u00edtica \u2013de idolatr\u00edas y de antropolatr\u00edas\u2013 donde despunte el nuevo paradigma antropol\u00f3gico que la humanidad posmoderna busca a tientas.<\/p>\n<p><em>El autor es Decano de la Facultad de Teolog\u00eda de la UCA.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 50 a\u00f1os de la conclusi\u00f3n del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, el autor rescata los principales aportes que dieron lugar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[392],"class_list":["post-11802","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-concilio-vaticano-ii"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-34m","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11802","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11802"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11802\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11803,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11802\/revisions\/11803"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11802"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11802"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11802"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}