{"id":11933,"date":"2016-01-06T18:24:18","date_gmt":"2016-01-06T21:24:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11933"},"modified":"2016-03-01T14:43:03","modified_gmt":"2016-03-01T17:43:03","slug":"paul-ricoeur-en-busca-del-ser","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=11933","title":{"rendered":"Paul Ricoeur, en busca del ser"},"content":{"rendered":"<p><em>Una hermen\u00e9utica del s\u00ed por el desv\u00edo de los signos de la cultura.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La filosof\u00eda del siglo XX naci\u00f3 de la dilaceraci\u00f3n del sujeto moderno, gran art\u00edfice del pensamiento en los siglos anteriores. El horizonte del esclarecimiento venido de la raz\u00f3n se fue perdiendo con las desilusiones que marcaron al hombre contempor\u00e1neo: desde sus neurosis e inconsistencias singulares, injusticias sociales y exploraci\u00f3n del trrabajo, a las formas m\u00e1s temibles de poder. La muerte de millones de inocentes es un mal inexplicable, casi indecible. Algo que pone en jaque cualquier pretensi\u00f3n de soberan\u00eda de la conciencia del sujeto, dado que esta escena de horror se dio en nombre de la ciencia, de la raz\u00f3n, de una pretendida evoluci\u00f3n. La filosof\u00eda del siglo XX no podr\u00eda dejar de interpelarse: la eclosi\u00f3n de reg\u00edmenes totalitarios, las dos guerras mundiales y la consecuente declinaci\u00f3n de las utop\u00edas marxistas marcaron un nuevo viraje en el pensamiento.<br \/>\nEn este contexto se desenvuelve el trabajo de Paul Ricoeur, fil\u00f3sofo franc\u00e9s nacido en Valence en 1913 y muerto en 2005, a los 92 a\u00f1os. Considerado por muchos como uno de los exponentes de la filosof\u00eda contempor\u00e1nea, nombre singular del pensamiento franc\u00e9s y un baluarte de la hermen\u00e9utica, este pensador, comprometido con su tiempo y los problemas atinentes a \u00e9l, vivi\u00f3 en su historia personal una suerte de sufrimiento que podr\u00e1, m\u00e1s tarde, vislumbrarse en un panorama m\u00e1s general. Hijo de una familia de protestantes, qued\u00f3 hu\u00e9rfano desde ni\u00f1o al morir su madre poco despu\u00e9s de su nacimiento y su padre en la batalla de Marne, en 1915. Tal vez esto explique, un poco, la sensibilidad que despunta en sus textos por el sufrimiento humano, por el dolor y por el mal que aflige al hombre.<br \/>\nAdem\u00e1s de su vasta obra, con decenas de libros y centenares de art\u00edculos, Ricoeur fue un gran profesor, como acostumbraba designarse. Ello nos da una pista del sentido de la elocuencia y del rigor que marcan sus textos, de no f\u00e1cil lectura.<br \/>\nLa filosof\u00eda de Ricoeur dialoga con un n\u00famero grande de autores y corrientes de pensamiento, desde la filosof\u00eda cl\u00e1sica hasta sus contempor\u00e1neos, pasando por la hermen\u00e9utica de Agust\u00edn, Schleiermacher, Dilthey, Heidegger, Gadamer, la fenomenolog\u00eda de Husserl, la filosofia reflexiva de Descartes, Kant y Jean Narbert, el existencialismo de Gabriel Marcel, la filosof\u00eda anal\u00edtica norteamericana, para permanecer entre los m\u00e1s conocidos, adem\u00e1s de atravesar disciplinas externas al canon filos\u00f3fico como el psicoan\u00e1lisis, la sociolog\u00eda, la antropolog\u00eda y la literatura.<br \/>\nEsta vastidad puede causar la impresi\u00f3n de una obra dispersa, sin un norte com\u00fan entre sus varios textos, adem\u00e1s de las innumerables referencias que pueden imputar a Ricoeur una ausencia de pensamiento singular, conden\u00e1ndolo a un simple comentador erudito. Me parece m\u00e1s acertado, por lo pronto, pensar con Grondin, Dosse y tantos otros comentadores de la obra de Ricoeur, que un hilo claro atraviesa todo su pensamiento. Se trata de un problema espec\u00edfico y dilucidado: el intento de una hermen\u00e9utica del s\u00ed por el desv\u00edo necesario de los signos de la cultura .<br \/>\nEl desmantelamiento de esta autotransparencia del sujeto que la conciencia hist\u00f3rica permiti\u00f3, llev\u00f3 al pensamiento de Ricoeur las expresiones del ser que se manifiestan en el lenguaje. Su hermen\u00e9utica fue, en un primer momento, el movimiento de interpretaci\u00f3n que se dej\u00f3 trabajar por un conjunto de s\u00edmbolos presentes en las tradiciones helen\u00edstica y sem\u00edtica, y que le permitieron reflexionar sobre la experiencia del mal, inaccesible a la raz\u00f3n de un lenguaje pretendidamente un\u00edvoco, pero evocadora del pensamiento. Es de Ricoeur, ya en sus primeros textos de inserci\u00f3n de la hermen\u00e9utica en su filosof\u00eda, el aforisma representativo de su obra: le symbole donne \u00e0 penser .<br \/>\nLa filosof\u00eda de Ricoeur se dej\u00f3 interpelar por las disciplinas interpretativas que plantearon la reducci\u00f3n del sentido: el psicoan\u00e1lisis, el estructuralismo y el marxismo. Los \u201cmaestros de la sospecha\u201d, como \u00e9l y Foucault los llamaron: Nietzsche, Freud y Marx fueron considerados por Ricoeur como indispensables para que una hermen\u00e9utica cr\u00edtica pudiese considerar los innumerables condicionalmientos que alejan la conciencia de una autorreflexi\u00f3n transparente. Mientras tanto, Ricoeur no se limit\u00f3 a esa reducci\u00f3n, sino que reivindic\u00f3 una hermen\u00e9utica amplificadora y restauradora del sentido. De hecho, como bien expresa en una conocida frase: \u201cNo es el pesar de las Atl\u00e1ntidas perdidas lo que nos anima, m\u00e1s all\u00e1 del desierto de la cr\u00edtica, queremos ser nuevamente interpelados\u201d. Ricoeur sali\u00f3 en busca del ser, con honestidad intelectual, reconocido rigor y erudici\u00f3n; no abandon\u00f3 esta instancia de la reflexi\u00f3n considerada por \u00e9l esencial, horizonte de su filosof\u00eda.<br \/>\nDesarrolla la noci\u00f3n intrigante de Identidad Narrativa, vinculada a una nueva percepci\u00f3n del tiempo. Pasando por Arist\u00f3teles, Agust\u00edn y por la Filosof\u00eda de la Historia, concluye que la percepci\u00f3n del hombre en su limitaci\u00f3n le permite narrar su experiencia de ser. La dificultad l\u00f3gica insuperable (ya prevista en la experiencia del mal) de explicar lo que viene a ser la esencia del tiempo, de traducir en palabras su naturaleza, lo lleva al desv\u00edo necesario de la reflexi\u00f3n para el car\u00e1cter narrativo de la experiencia del tiempo. Lo que reinvindica Ricoeur en la tradici\u00f3n filos\u00f3fica es que interrogarse sobre el tiempo es, en un cierto sentido, interrogarse sobre el yo narrador. En Ricoeur se fundamenta la narraci\u00f3n como una construcci\u00f3n que remite a una noci\u00f3n de verdad no ya como exactitud de la descripci\u00f3n, sino s\u00ed, mucho m\u00e1s, como elaboraci\u00f3n de sentido, ya sea que se lo invente en la libertad de la imaginaci\u00f3n, o se lo descubra en la ordenaci\u00f3n de lo real.<br \/>\nLa imaginaci\u00f3n narrativa conlleva una doble alteridad: la del yo narrador y la del ser al que el narrador se dirige en su propia estructura sint\u00e1ctica en donde el pronombre yo implica un pronombre t\u00fa. El discurso vislumbra un ser-en-el-mundo que el escritor comparte con su interlocutor, lo que permite a la imaginaci\u00f3n creadora habitar el mundo de distintas maneras, cada vez m\u00e1s amplias, consciente de s\u00ed mismo, consciente del otro, en la b\u00fasqueda com\u00fan de la libertad, por una vida buena con los otros, para los otros, en medio de instituciones justas.<br \/>\nEs casi una osad\u00eda querer presentar a Ricoeur en un peque\u00f1o art\u00edculo, tal es la amplitud de su obra y de su pensamiento. Su vida, que se extendi\u00f3 a lo largo de casi todo el siglo XX, fue marcada por una reflexi\u00f3n continua y por un rigor inigualable que lo coloca entre los grandes nombres de la filosof\u00eda. La discusi\u00f3n de innumerables corrientes filos\u00f3ficas y de las ciencias humanas nos indica un esp\u00edritu en continua b\u00fasqueda de conocimiento, de un conocimiento que se deje interpelar por problemas reales, que ata\u00f1en al hombre contempor\u00e1neo.<br \/>\nLa conciencia del ser que se va construyendo a lo largo del tiempo, en la narraci\u00f3n de s\u00ed mismo, s\u00f3lo puede encontrarse en su plenitud al final de una vida. Tambi\u00e9n sobre este final reflexion\u00f3 Ricoeur en sus escritos Vivant jusq\u2019\u00e0 la mort, en donde repite a Baudelaire \u00a1Oh! Muerte, viejo capit\u00e1n, ya es tiempo! \u00a1Levemos anclas! [&#8230;]nuestro coraz\u00f3n, t\u00fa lo conoces, est\u00e1 lleno de luz!.<br \/>\nEsta b\u00fasqueda del ser que se da en medio del declinar de la autonom\u00eda del cogito es reinvidicada por Ricoeur en paralelo a la m\u00e1xima evang\u00e9lica del grano de trigo que si no cae en la tierra y muere no puede dar fruto. Es preciso encontrarse delante de la incomodidad de una raz\u00f3n dilacerada para reencontrar nuevamente el ser.<\/p>\n<p><em>\u201cLa ontolog\u00eda propuesta aqu\u00ed no es en absoluto separable de la interpretaci\u00f3n; ella queda dentro del c\u00edrculo que forman en conjunto el trabajo de la interpretaci\u00f3n y el ser interpretado; no es entonces en absoluto una ontolog\u00eda triunfante; no es tampoco una ciencia, porque no podr\u00eda escapar enteramente a la guerra intestina que libran entre ellas las hermen\u00e9uticas.\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Paul Ricoeur, El conflicto de las interpretaciones: Ensayos de hermen\u00e9utica.<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cEs preciso, quiz\u00e1s, haber experimentado la decepci\u00f3n que se asocia a la idea de una filosof\u00eda sin supuestos para acceder a la problem\u00e1tica que vamos a evocar. Al contrario de las filosof\u00edas del punto de partida, una meditaci\u00f3n sobre los s\u00edmbolos parte plenamente del lenguaje y del sentido que est\u00e1 siempre ah\u00ed: parte del medio del lenguaje que ya ha tenido lugar y en el que todo se ha dicho ya de alguna manera; quiere ser el pensamiento, no sin presuposiciones, sino en y con todos sus presupuestos. Para esta meditaci\u00f3n, la primera tarea no es la de comenzar, sino que es, en medio de la palabra, recordarse\u201d.<\/em><br \/>\n<strong>Paul Ricoeur, El conflicto de las interpretaciones: Ensayos de hermen\u00e9utica.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Geison Loschi es fil\u00f3sofo y vive en Montevideo.<\/em><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n de Alejandro Poirier<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una hermen\u00e9utica del s\u00ed por el desv\u00edo de los signos de la cultura. &nbsp; La filosof\u00eda del siglo XX naci\u00f3 de la dilaceraci\u00f3n del sujeto&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,1456],"tags":[355,1434,1433,1432,1430,1431],"class_list":["post-11933","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-filosofia","tag-filosofia","tag-hermeneutica","tag-interpetacion","tag-ontologia","tag-paul-ricoeur","tag-pensamiento"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-36t","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11933","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11933"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11933\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11936,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11933\/revisions\/11936"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11933"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11933"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11933"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}