{"id":12005,"date":"2016-02-22T09:04:26","date_gmt":"2016-02-22T12:04:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12005"},"modified":"2016-02-22T15:23:48","modified_gmt":"2016-02-22T18:23:48","slug":"los-silencios-del-papa-francisco-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12005","title":{"rendered":"Los silencios del papa Francisco en M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p>        El papa Francisco tuvo grandes silencios durante su visita. En la vida del cat\u00f3lico, m\u00e1s cuando es un m\u00edstico, la palabra nace del silencio. No del callar cobarde, sino del que brota de la contemplaci\u00f3n. S\u00f3lo as\u00ed pueden pronunciarse las \u201cpalabras buenas que nos ayudan a vivir bien\u201d, como dijo una se\u00f1ora de Ecatepec entrevistada al azar por el Canal 40. El mismo silencio que permite a \u201cla palabra de Dios entrar en el coraz\u00f3n\u201d, seg\u00fan dijeron los indios de Chiapas durante la liturgia presidida por Francisco. Ya habr\u00e1 tiempo de glosar con calma sus palabras. Por ahora nos ocuparemos de los silencios.<br \/>\nPrimero. Despu\u00e9s de la recepci\u00f3n de Estado en el Palacio Nacional y de recibir las llaves de la Ciudad como hu\u00e9sped distinguido, Francisco entr\u00f3 a la catedral por la puerta del jubileo hasta detenerse frente al Cristo Negro, gran devoci\u00f3n popular en M\u00e9xico, en el Altar del Perd\u00f3n. Permaneci\u00f3 en silencio durante varios minutos para desesperaci\u00f3n de los canales de televisi\u00f3n. Marc\u00f3 los tiempos. Dejaba el mundo profano para adentrarse en su anhelado encuentro con el pueblo fiel de Dios que peregrina en M\u00e9xico. Desde ese momento dialog\u00f3 con obispos, presb\u00edteros, di\u00e1conos, religiosas, laicos, ni\u00f1as, enfermos, ancianos, discapacitados, migrantes, hombres y mujeres de buena voluntad. No hubo persona, sector social o problema que resultara ajeno a su mirada. Entr\u00f3 como se debe: desde la contemplaci\u00f3n del Se\u00f1or de la Misericordia.<br \/>\nSegundo. En la tarde del primer d\u00eda acudi\u00f3 a su deseada cita con la Virgen de Guadalupe. Durante la homil\u00eda nos alent\u00f3 a escuchar a Mar\u00eda para actuar como el indio Juan Diego, el m\u00e1s peque\u00f1o de sus hijos, y cambiar nuestra realidad sin temor, confiados en Aqu\u00e9l a quien la Guadalupana anunciara desde el Tepeyac. Acto seguido, se hizo uno con la asamblea e invit\u00f3 a la contemplaci\u00f3n de Mar\u00eda. Al terminar la liturgia, se dirigi\u00f3 al camerino que resguarda la imagen, hasta quedar solo frente a Guadalupe. Durante media hora hizo propio el himno lit\u00fargico recitado durante su homil\u00eda: \u201cMirarte simplemente, Madre, dejar abierta s\u00f3lo la mirada; mirarte toda sin decirte nada, decirte todo, mudo y reverente\u201d.<br \/>\nTercero. En Ecatepec medit\u00f3 sobre el silencio de Jes\u00fas de Nazaret frente a las tentaciones de poder, fama y riqueza que Satan\u00e1s pone a sus pies. Calla Jes\u00fas para que sean las palabras del Padre las que respondan. Con el Demonio no se dialoga, dijo el Papa; se responde con el silencio, porque \u201csolamente la fuerza de la palabra de Dios lo puede derrotar\u201d. Y fue esa Palabra hecha carne de nuestra carne quien derrot\u00f3 a los demonios.<br \/>\nCuarto. Durante su visita al hospital infantil \u201cFederico G\u00f3mez\u201d, una adolescente se par\u00f3 d\u00e9bil, titubeante, para susurrar unas palabras al o\u00eddo del Papa, quien asinti\u00f3 con la cabeza. Qued\u00f3 callado, expectante. Ella volvi\u00f3 a su lugar y, con voz prodigiosa, enton\u00f3 el Ave Mar\u00eda de Schubert. Del dolor naci\u00f3 la alabanza y del silencio el canto.<br \/>\nQuinto. En Chiapas presidi\u00f3 una liturgia hecha cultura en los indios; pero discretamente se ocult\u00f3 para cederles el protagonismo. Ellos son la palabra de Dios nacida del silencio, el abandono, el olvido, la explotaci\u00f3n y el desprecio. Son la Iglesia en una de sus multiformes manifestaciones unidas por una sola eucarist\u00eda, la cual se expresa en las m\u00e1s diversas lenguas, todas con igual dignidad, porque dignas son las personas que las pronuncian. Despu\u00e9s, la silente oraci\u00f3n de reverencia ante la tumba del pastor bueno Samuel Ruiz, signo de una Iglesia de salida, arriesgada y accidentada que supo reconocer sus errores y purificar la experiencia. Dos pastores con olor a oveja en las monta\u00f1as chiapanecas, Samuel Ruiz y Felipe Arizmendi.<br \/>\nSexto. Guard\u00f3 prolongado silencio al momento de consagrar el vino en el mismo c\u00e1liz que usara don Vasco de Quiroga. Contemplaci\u00f3n que nos permiti\u00f3 adentrarnos en la viva presencia de la memoria del Tata. Francisco solamente ech\u00f3 mano de dos maestros para aprender, con su ejemplo, a ser Iglesia: del indio Juan Diego para los laicos, cat\u00f3licos de a pie, y del obispo fundador para los pastores. Esta es la Iglesia que surge del silencio reverente ante la sangre de Cristo.<br \/>\nS\u00e9ptimo. Durante el encuentro con la juventud en Morelia, en medio del estruendo y del griter\u00edo, la mirada del Papa se posa sobre dos adolescentes con s\u00edndrome de Down. Sonr\u00ede. Las invita a subir al estrado, pero ellas no lo creen hasta que los ayudantes les tienden una mano. Corren al encuentro de Francisco, rompen en llanto de alegr\u00eda y los tres se funden en un entra\u00f1able abrazo. Un momento sin palabras y una larga y contundente denuncia contra la cultura del descarte que considera esas vidas, tan llenas de alegr\u00eda, como desechables e \u201cindignas de ser vividas\u201d.<br \/>\nOctavo. El silencio en ciudad Ju\u00e1rez, ante la sencilla cruz de los migrantes, justo en la frontera con El Paso. En ambas riberas se congreg\u00f3 la Iglesia dividida por los muros de la injusticia, pero unida en una sola comuni\u00f3n. En silencio, apoyado en el b\u00e1culo que los presos le regalaran esa ma\u00f1ana, se acerc\u00f3 en procesi\u00f3n para celebrar su \u00faltima liturgia en M\u00e9xico. De su memorable homil\u00eda, culmen de su visita pastoral, ha nacido mi profunda necesidad de silencio en el dolor, el gozo y la esperanza. Al octavo d\u00eda de su entrada en Jerusal\u00e9n, Cristo resucit\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El papa Francisco tuvo grandes silencios durante su visita. 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