{"id":12091,"date":"2016-04-01T15:54:44","date_gmt":"2016-04-01T18:54:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12091"},"modified":"2016-03-31T16:20:12","modified_gmt":"2016-03-31T19:20:12","slug":"editorial-la-misericordia-desafio-para-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12091","title":{"rendered":"Editorial: La misericordia, desaf\u00edo para la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p>El Jubileo de la Misericordia, que se inaugur\u00f3 el pasado 8 de diciembre, ofrece la oportunidad para una renovada reflexi\u00f3n sobre esta virtud tan central en la fe cristiana, para remontarse a su verdadera esencia, su fuente, su sentido, poniendo de manifiesto la unidad profunda de la multiplicidad tan rica y variada de sus expresiones concretas. En este ejercicio incluso podr\u00edan emerger aspectos de la misericordia que habitualmente son soslayados.<br \/>\nEn ciertas culturas (la grecorromana entre ellas) la misericordia no ocupaba un lugar tan destacado, pero en cambio ha sido profundamente valorada en las m\u00e1s diversas religiones y movimientos filos\u00f3ficos, y constituye un aspecto central de la tradici\u00f3n sapiencial de la humanidad. Por lo tanto, no ser\u00eda exacto ver en ella una novedad absoluta de la revelaci\u00f3n cristiana, sin tener en cuenta, por ejemplo, la rica tradici\u00f3n jud\u00eda tan bien expresada en los textos del Antiguo Testamento. Sin embargo, en el cristianismo la misericordia adquiere un significado espec\u00edfico, porque es ante todo la comunicaci\u00f3n a los hombres por medio de Jesucristo del aspecto m\u00e1s profundo del ser de Dios, su Amor, el mismo Amor que se comunica en el seno de la vida trinitaria, y que adopta la forma de la misericordia al irrumpir en este mundo de pecado y miseria.<br \/>\nLos Evangelios muestran c\u00f3mo ese amor misericordioso de Dios que atraviesa las p\u00e1ginas de todos los textos b\u00edblicos se encarna de modo pleno e insuperable en un coraz\u00f3n humano: el de Jes\u00fas. Pero, \u00bfqu\u00e9 podemos saber de los sentimientos de Jes\u00fas? Los relatos evang\u00e9licos se centran mayormente en sus acciones y palabras, en su exterioridad; pero hay momentos, pocos pero muy especiales, en los que el foco se vuelve desde el exterior a la intimidad de su coraz\u00f3n. Entonces se descorre ante nuestros ojos asombrados el velo de sus afectos. Y es all\u00ed donde aparece el sentimiento m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n, la fuente de toda la novedad del Evangelio: su compasi\u00f3n.<br \/>\nEsa compasi\u00f3n es de tal intensidad que le impide tomar distancia ante cualquier manifestaci\u00f3n del sufrimiento humano. Los Evangelios la designan con el verbo griego splangn\u00edzomai, que quiere decir, \u201cestremecerse en las entra\u00f1as\u201d. Es el sentimiento propio de una madre, el amor entra\u00f1able, el amor que se siente en las v\u00edsceras. Su actitud de \u201cpro-existencia\u201d, es decir, de vivir para los dem\u00e1s, encuentra su impulso no en un imperativo \u00e9tico abstracto, sino en esa capacidad de dejarse conmover por la situaci\u00f3n concreta de sus hermanos, de \u201cver\u201d a aquellos que los dem\u00e1s, los que no conocen la misericordia, sencillamente no ven.<br \/>\nCuenta Mateo que Jes\u00fas recorr\u00eda las ciudades y pueblos anunciando la Buena Noticia, y \u201cal ver a la multitud, tuvo compasi\u00f3n, porque estaban fatigados y agobiados como ovejas que no tienen pastor\u201d. Los jefes religiosos, por indiferencia y orgullo, eran incapaces de \u201cver\u201d al pueblo que deb\u00edan guiar en su realidad viviente y concreta: lo miraban a trav\u00e9s del grueso prisma de la Ley. Su objetivo, que les interesaba m\u00e1s que las personas mismas, era reducirlas a la obediencia de la Ley. Por lo tanto, la fragilidad de la gente se presentaba a sus ojos como un obst\u00e1culo molesto y enojoso, que no les suscitaba piedad sino impaciencia, e incluso desprecio. Era la prueba de que el Pueblo no era m\u00e1s que una masa de \u201cignorantes y r\u00e9probos\u201d.<br \/>\nJes\u00fas, en cambio, gracias a su compasi\u00f3n, era capaz de verlos en su verdadera y dram\u00e1tica situaci\u00f3n de \u201covejas sin pastor\u201d, en su necesidad de ser comprendidos, orientados y restituidos a la esperanza. Las personas no eran para \u00e9l un mero \u201cmaterial\u201d al servicio de un proyecto ajeno y exterior a ellas mismas. A Jes\u00fas no le interesaba \u201chacer algo\u201d con ellas. Lo que quer\u00eda era ayudarlas a descubrir su propia dignidad como hijos e hijas amados de Dios, liberarlos de la opresi\u00f3n de aquellos jefes r\u00edgidos y distantes, para que pudieran recuperar el protagonismo de sus vidas.<br \/>\nEste nuevo modo de \u201cver\u201d, que hace nuevamente visibles a quienes hab\u00edan sido invisibilizados por la actitud manipuladora de las autoridades religiosas, le permiti\u00f3 a Jes\u00fas poner en evidencia la poca comprensi\u00f3n que ten\u00edan estos supuestos \u201cexpertos\u201d de la verdadera voluntad de Dios. Si en nombre del respeto de la ley del S\u00e1bado aquellos jefes criticaban a Jes\u00fas por curar enfermos o por permitir que sus disc\u00edpulos arrancaran espigas del campo para alimentarse, es porque no entend\u00edan el verdadero sentido del S\u00e1bado para Dios. Y no lo entend\u00edan, sobre todo, porque ten\u00edan un coraz\u00f3n cerrado a la misericordia. Quien comparte la misericordia de Jes\u00fas y su modo de mirar a las personas puede acceder al aut\u00e9ntico contenido y al sentido profundo de la Ley.<br \/>\nLa misericordia de la que habla el Evangelio no queda entonces limitada a gestos puntuales en el plano de las relaciones interpersonales sino que alcanza una dimensi\u00f3n p\u00fablica, se proyecta como una fuerza destinada a modelar la vida comunitaria, cuyas estructuras y comprensi\u00f3n de la Ley deben hacer de ella la \u201cmorada\u201d de la misericordia. \u201cComo un ni\u00f1o a quien su madre consuela, as\u00ed te consolar\u00e9 yo, y en Jerusal\u00e9n ser\u00e9is consolados\u201d, se\u00f1ala Isa\u00edas (66,13). Esto significa que no basta la misericordia de los individuos: la Iglesia como tal debe renovarse a la luz de la misericordia, para poner en su centro no un ideal abstracto de perfecci\u00f3n (como los escribas y fariseos) sino al ser humano viviente, con su debilidad, su vulnerabilidad y su aspiraci\u00f3n al bien; darle lugar a su protagonismo y hacer posible que su voz sea escuchada, del mismo modo que Jes\u00fas se dejaba alcanzar por el clamor de los que recurr\u00edan a \u00e9l en la aflicci\u00f3n.<br \/>\nAs\u00ed, la misericordia est\u00e1 llamada a influir decisivamente tambi\u00e9n en aspectos de car\u00e1cter p\u00fablico de la vida eclesial que normalmente se piensan a la luz de otros criterios. Ante todo, la misericordia es dif\u00edcilmente compatible con un gobierno vertical y mon\u00e1rquico que s\u00f3lo admitiera s\u00fabditos silenciosos, objeto de paternalismo y condescendencia: ser\u00eda una caricatura de la Iglesia. La misericordia aut\u00e9ntica reclama un espacio vital para que pueda expresarse la comunidad eclesial. La unidad de la Iglesia que el ecumenismo procura arduamente restablecer, supone y tal vez exija una adecuada descentralizaci\u00f3n de su gobierno, la potenciaci\u00f3n de la autonom\u00eda de las Iglesias locales, en cuyo seno sea posible poner en funcionamiento los mecanismos ya existentes, y crear otros si es necesario, para auscultar la voz de la comunidad y tratar de responder a sus leg\u00edtimas necesidades y aspiraciones.<br \/>\nEl magisterio no puede hacer lugar adecuado a la misericordia si se empe\u00f1a, por ejemplo, en regular cada \u00e1mbito de la vida con \u201cprescripciones que no se tocan\u201d sin importar las consecuencias que producen en la vida de los fieles. No se puede pensar primero un sistema de normas, deducidas de alg\u00fan supuesto ideal, para despu\u00e9s tratar de \u201cmeter\u201d dentro a las personas reales. Tampoco se puede sacrificar la felicidad de las personas, aun en este mundo, a las exigencias de ciertos principios abstractos. La doctrina debe elaborarse en un movimiento permanente de ajuste rec\u00edproco entre los principios y las situaciones reales, en el marco de un di\u00e1logo entre los pastores y la comunidad cristiana. Y su finalidad debe ser acompa\u00f1ar el discernimiento de los fieles, no sustituirlo.<br \/>\nPor \u00faltimo, los sacramentos son los medios ordinarios de santificaci\u00f3n de los que dispone la Iglesia, pero pueden transformarse f\u00e1cilmente en instrumentos de control, que obstaculizan el crecimiento espiritual de los fieles. Francisco lo reconoce abiertamente en <em>Evangelii gaudium<\/em> al observar: \u201cA menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas\u201d (n. 47). Habr\u00eda que agregar que no s\u00f3lo la exclusi\u00f3n injustificada de los sacramentos, sino tambi\u00e9n el acceso irrestricto a los mismos, puede ser una estrategia de poder, sea por v\u00eda del control o de la expansi\u00f3n. Lo mismo cabe decir de ciertas modalidades de la administraci\u00f3n de los sacramentos. Es sorprendente, por ejemplo, el poco inter\u00e9s que suscitan las dificultades no s\u00f3lo de los laicos sino incluso de religiosos y sacerdotes que recurren habitualmente al sacramento de la reconciliaci\u00f3n. No cabe duda de que si fueran escuchados con verdadera empat\u00eda podr\u00edan replantearse muchos aspectos de la praxis actual.<br \/>\nEl A\u00f1o de la Misericordia puede ser una oportunidad para purificar a la Iglesia de resabios autoritarios, presentes en los modos de ejercicio formal e informal del poder, para convertirla cada vez m\u00e1s en un \u00e1mbito donde el centro es cada persona con su valor \u00fanico, donde la conciencia personal sea iluminada y respetada, donde la situaci\u00f3n vital de cada uno realmente importe. La Iglesia no debe estar al servicio de alg\u00fan ideal abstracto de perfecci\u00f3n que aletea sobre las personas reales, porque ellas y \u00fanicamente ellas son el objeto de la mirada misericordiosa de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Jubileo de la Misericordia, que se inaugur\u00f3 el pasado 8 de diciembre, ofrece la oportunidad para una renovada reflexi\u00f3n sobre esta virtud tan central&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[7,6],"tags":[652,1123,1490,1389,1438],"class_list":["post-12091","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editoriales","category-nota-tapa","tag-compasion","tag-editorial","tag-jubileo","tag-magisterio","tag-misericordia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-391","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12091","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12091"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12091\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12092,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12091\/revisions\/12092"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12091"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12091"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12091"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}