{"id":12094,"date":"2016-04-01T15:58:34","date_gmt":"2016-04-01T18:58:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12094"},"modified":"2016-03-31T16:21:52","modified_gmt":"2016-03-31T19:21:52","slug":"es-posible-la-unidad-es-deseable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12094","title":{"rendered":"\u00bfEs posible la unidad? \u00bfEs deseable?"},"content":{"rendered":"<p><em>En democracia, multiplicar las opiniones y facilitar el debate continuo son elementos fundamentales para evitar la concentraci\u00f3n de poder.<\/em><\/p>\n<p>Se habla mucho a estas horas de la necesidad de unir a los argentinos despu\u00e9s de a\u00f1os de enfrentamientos provocados por la presunta \u201cgrieta\u201d que el kirchnerismo habr\u00eda abierto en una sociedad que, seamos francos, tampoco se encontraba demasiado \u201cunida\u201d con anterioridad.<br \/>\nAhora bien, \u00bfes posible alcanzar esa mentada unidad? \u00bfEs realmente deseable? Por lo pronto, como no sea en un conjunto de reglas legales que salvaguarden nuestros derechos y la resoluci\u00f3n pac\u00edfica de los conflictos, dif\u00edcilmente podremos estar de acuerdo en todos y cada uno de nuestros fines (individuales o colectivos), nuestras creencias, o aun en las lecturas presentes o retrospectivas que nos merezca la realidad nacional. Pero una democracia que se diga pluralista no significa unanimidad en todas estas cuestiones. Lo que supone, en cambio, es el com\u00fan respeto (fruto a la par de la coacci\u00f3n leg\u00edtima y del consentimiento libre de los ciudadanos) a esas reglas que, por estar previstas en la Constituci\u00f3n, quedan de alg\u00fan modo apartadas de la competencia electoral sirviendo de l\u00edmite, adem\u00e1s, a la acci\u00f3n de los gobernantes.<br \/>\nSi la democracia, entonces, presupone la b\u00fasqueda de un \u201cconsenso procedimental\u201d que garantice su existencia, tambi\u00e9n requiere la aceptaci\u00f3n de las discrepancias que, mientras no degeneren en violencia, contribuyen no menos a sostenerla en la medida en que conspiran contra la posibilidad de que un proyecto mayoritario pretenda encarnar por s\u00ed solo la voluntad soberana del pueblo considerado como una entidad indivisible, lo cual convierte ipso facto en \u201cno pueblo\u201d a los que piensan distinto, es decir, a las minor\u00edas.<br \/>\nDesde esta perspectiva, la unidad no resultar\u00eda deseable tampoco. Para alcanzarla, seg\u00fan un cl\u00e1sico argumento de James Madison, deber\u00edamos suprimir la libertad o procurar, en su defecto, la conformidad de todas las opiniones, aspiraci\u00f3n no menos perniciosa y al cabo inviable dada la fuerte \u201cpropensi\u00f3n de la humanidad a caer en animadversiones mutuas\u201d, sea por motivos verdaderos o por imaginarios pretextos. Dos remedios peores, en suma, que los potenciales males que traer\u00edan consigo esos inevitables antagonismos.<br \/>\nPara no tentar al demonio, \u00bfqu\u00e9 mejor pues que multiplicar las opiniones, los canales de expresi\u00f3n y aun los centros de decisi\u00f3n? El poder tiene su l\u00f3gica: cuando se lo ejerce, tiende a avanzar, no a retroceder. De ah\u00ed la necesidad de limitarlo ya que no somos \u00e1ngeles (para evocar nuevamente a Madison) ni los \u00e1ngeles nos gobiernan. De ah\u00ed tambi\u00e9n esas necesarias \u201cprecauciones\u201d que completan la legitimidad democr\u00e1tica y que consisten en un reparto equilibrado de las funciones del Estado, tanto en sentido horizontal como vertical, para evitar que unas usurpen las atribuciones de las otras monopolizando de este modo la representaci\u00f3n de los gobernados.<br \/>\nMultiplicar parece ser aqu\u00ed la palabra clave. Porque, como lo ha explicado bien Bryan Garsten en un texto revelador, es procurando que existan \u201cpretensiones en competencia\u201d por representar al pueblo como se evita la \u201crepresentaci\u00f3n unificada\u201d, vale decir, la concentraci\u00f3n del poder en una de sus ramas con las consecuencias que est\u00e1n a la vista para la historia de nuestros pa\u00edses y la instauraci\u00f3n de un buen gobierno republicano. Entendida as\u00ed, por lo dem\u00e1s, no de manera unificada sino dividida en \u00e1reas en competencia que se fiscalizan unas a otras, la representaci\u00f3n constituye de suyo una invitaci\u00f3n al debate continuo que las variantes hegem\u00f3nicas prefieren sustituir por la decisi\u00f3n precipitada hecha en nombre de una interpretaci\u00f3n definitiva o totalizadora de la voluntad popular.<br \/>\nCon la opini\u00f3n p\u00fablica ocurre otro tanto. Porque es la pluralidad de pareceres el mejor ant\u00eddoto contra el riesgo de que una posici\u00f3n mayoritaria constri\u00f1a a los que no adhieren a ella o se resignan a callar sus desacuerdos. En este sentido, la experiencia hist\u00f3rica y una abundante literatura se dan cita para corroborar la existencia de una forma de opresi\u00f3n que irrumpe por fuera del poder pol\u00edtico de la mano de una opini\u00f3n que se cree sagrada y que se impone a expensas del ostracismo social de los disidentes. Los c\u00e9lebres reparos de J. S. Mill contra la \u201cpacificaci\u00f3n intelectual\u201d que petrifica el pensamiento y desalienta la deliberaci\u00f3n p\u00fablica tienen origen, precisamente, en su temprana conciencia de esa coacci\u00f3n que lleva al conformismo y que Tocqueville ya hab\u00eda caracterizado como \u201cuna nueva fisonom\u00eda de la servidumbre\u201d.<br \/>\nCiertamente, nada de lo dicho hasta aqu\u00ed implica negar la importancia y aun la necesidad del di\u00e1logo civilizado sobre todo en sociedades que, al no poder superar viejos enconos, se encuentran de alguna manera impedidas de abrirse al futuro. A este fin, cabr\u00eda afirmar con Sartori que un consenso no s\u00f3lo procedimental, que involucre valores fundamentales adem\u00e1s de las reglas de juego, puede facilitar, como \u201ccondici\u00f3n coadyuvante\u201d pero no necesaria, nuestra convivencia ciudadana. Sin embargo, si no reconocemos que existe un grado de conflicto compatible con la existencia de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico, nuestro derecho al disenso y la sana alternancia entre mayor\u00edas cambiantes se ver\u00e1n siempre amenazados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En democracia, multiplicar las opiniones y facilitar el debate continuo son elementos fundamentales para evitar la concentraci\u00f3n de poder. 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