{"id":12122,"date":"2016-04-01T16:26:45","date_gmt":"2016-04-01T19:26:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12122"},"modified":"2016-04-01T17:15:35","modified_gmt":"2016-04-01T20:15:35","slug":"el-festival-de-cine-de-berlin-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12122","title":{"rendered":"El festival de cine de Berl\u00edn"},"content":{"rendered":"<p>Los meses del a\u00f1o \u2013la vida\u2013 pasan raudos, y nuevamente me encuentro sentada, de las nueve de la ma\u00f1ana a medianoche en una sala oscura, durante diez d\u00edas de ensue\u00f1o en febrero, en el magn\u00edfico Berlinale Palast, sito en la vibrante Postdamer Platz de Berlin Mitte, el coraz\u00f3n de la ciudad. \u201cMovie magic\u201d dicen los norteamericanos \u2013los nativos que me rodean el resto del a\u00f1o en Los \u00c1ngeles, la meca del cine, otro nombre evocador y m\u00e1gico\u2013. Sucumbo una vez al a\u00f1o, desde 1985, al embrujo \u2013maleficio ben\u00e9fico\u2013 que causa esta dosis s\u00faper concentrada de cine, una suerte de mil y una noches deslumbrantes que sustraen del traj\u00edn cotidiano. El festival es una telara\u00f1a de historias, realistas, surrealistas, hiperrealistas, en celuloide, formato digital, hechas con iPhones y computadoras, que me transforman en un clon del protagonista de <em>La t\u00eda Julia y el escribidor<\/em>, hilvanador de ficciones para radio que termina con los cables c\u00f3micamente cruzados.<\/p>\n<p>La competencia oficial result\u00f3 muy s\u00f3lida, no s\u00f3lo por la oferta variada sino por el calibre de las pel\u00edculas escogidas, que los premios realzaron. Por primera vez en a\u00f1os, mis preferencias coincidieron con los premios del jurado presidido por Meryl Streep, la cual con mucha finura declar\u00f3 que se volv\u00eda a su casa con un arsenal de excelentes pel\u00edculas para comentar, y que probablemente no encontrar\u00edan distribuci\u00f3n en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Ser\u00eda un placer que gracias a las nuevas formas de distribuci\u00f3n electr\u00f3nica, streaming y downloading, tanto legales como violadoras de los derechos de autor, el espectador gozara de acceso a los largometrajes premiados. El cin\u00e9filo del siglo XXI tiene ventajas que eran impensables cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s en Buenos Aires, antes de que se inventaran los videos y DVDs, cuando los cines especializados, la televisi\u00f3n y la labor heroica de cinematecas y embajadas eran la \u00fanica manera de adquirir una cultura cinematogr\u00e1fica. O tempora\u2026<\/p>\n<p>El Oso de Oro recay\u00f3 \u2013cosa inusual\u2013 en un documental italiano que hab\u00eda dividido a la cr\u00edtica, <em>Fuocoammare<\/em> (Fuego en el mar), por la manera de abordar el complejo tema de las migraciones de africanos y del Medio Oriente a Europa, a trav\u00e9s de la isla siciliana de Lampedusa. El director Gianfranco Rosi se mud\u00f3 a la isla para retratar la vida cotidiana de la gente (el primer carril de la historia) y las oleadas de refugiados que desembarcan en esta isla min\u00fascula despu\u00e9s de odiseas tr\u00e1gicas (la segunda historia). Detr\u00e1s de una c\u00e1mara que se limita a registrar, sin comentario editorial, y sin conectar ambos hilos narrativos, el documental construye un alegato poderoso y humanista contra la indiferencia al sufrimiento de la gente en la periferia. <em>Fuocoammare<\/em> toma la posta del neorrealismo italiano, una mirada moral sobre el mundo como dec\u00eda Roberto Rossellini, para hablar de una situaci\u00f3n social y econ\u00f3mica. A muchos colegas les pareci\u00f3 que la doble estructura narrativa condena a los lampedusinos, y por ende a Italia y a Europa, por su indiferencia. Lo percib\u00ed, en cambio, como un llamado a la acci\u00f3n, simb\u00f3licamente visualizado en el parche que un chico de 12 a\u00f1os, un Tom Sawyer que mataperrea por la isla, tiene que usar en el ojo sano para que el otro, \u2018perezoso\u2019, se agudice. El mon\u00f3logo a c\u00e1mara del m\u00e9dico que lo atiende, encargado tambi\u00e9n de recibir a los inmigrantes, provee l\u00facidamente el marco moral y dram\u00e1tico a la pel\u00edcula. Muchos cuestionaron la \u2018obscenidad\u2019 (en su doble sentido etimol\u00f3gico y moral de mostrar en el escenario algo que no corresponde) de los primeros planos de gente que ag\u00f3nicamente muere en c\u00e1mara, o grita desesperada su dolor f\u00edsico y espiritual. A otros les perturb\u00f3 el preciosismo de los planos secuencias, cuidadosamente encuadrados en las escenas cotidianas de Lampedusa, reviviendo el debate no resuelto entre arte y moral cuando se trata de captar los pozos negros de la experiencia humana. Fuocoammare recibi\u00f3 tambi\u00e9n el Premio del Jurado Ecum\u00e9nico, que lo describi\u00f3 como un filme \u201cque da a conocer una nueva perspectiva de esta cat\u00e1strofe, un largometraje que rechaza el estatus quo\u201d. Uno recuerda que el papa Francisco celebr\u00f3 misa en Lampedusa, durante su primera visita oficial fuera del Vaticano en julio de 2013, para \u00abagudizar\u00bb precisamente los ojos de la misericordia.<\/p>\n<p>Si el cine sirve para mirar desde el arte el terreno de lo pol\u00edtico, Muerte en Sarajevo, una coproducci\u00f3n entre Bosnia y Francia, lo hace propinando un cross a la mand\u00edbula del espectador, con mucho para masticar sobre la historia europea desde 1914 y las posibilidades est\u00e9ticas del cine. La escribi\u00f3 y dirigi\u00f3 el realizador bosnio Danis Tan\u00f3vic, tomando como punto de partida la pieza teatral Muerte en Europa, del filosofo franc\u00e9s Bernard-Henri L\u00e9vy, una figura medi\u00e1tica de gran inter\u00e9s. La obra es el mon\u00f3logo que ensaya un actor franc\u00e9s en Sarajevo conmemorando el centenario del asesinato del heredero del Imperio Austro-h\u00fangaro en esa ciudad, factor desencadenante de la Primera Guerra Mundial, y sus consecuencias para la civilizaci\u00f3n europea. A esta premisa le agrega el director-guionista una serie de episodios, p\u00fablicos y privados, centrados en un hotel de la ciudad, que van recreando los hechos e interpretaciones de ese pivote pol\u00edtico con que empieza \u2013se argumenta\u2013 la historia europea del siglo XX. La propuesta del filme es que los Balcanes en 1914 son una sin\u00e9cdoque \u2013la parte por el todo\u2013 de la Europa cansada, vital e intelectualmente, del siglo XXI. En un manejo aplomado de la estructura narrativa, la duraci\u00f3n de los hechos coincide con los noventa minutos del largometraje. El espacio est\u00e1 confinado al hotel \u2013un laberinto de corredores, salones, oficinas y una terraza\u2013 que canaliza, a trav\u00e9s del rodaje de un noticiero, la propuesta metahist\u00f3rica del director. Estos l\u00edmites ajustados de tiempo y lugar al servicio de una concepci\u00f3n aristot\u00e9lica de la acci\u00f3n, le dan gran fuerza dram\u00e1tica al doble cl\u00edmax de la pel\u00edcula: el de los hechos que ocurren y el de los que se simbolizan. El asesinato del t\u00edtulo termina siendo una doble alusi\u00f3n y desemboca en un final abierto. El uso de planos secuencias c\u00e1mara al hombro \u2013el nuevo estilo del cine de arte, con Birdman a la cabeza\u2013 es otro de los logros cinematogr\u00e1ficos de esta coproducci\u00f3n. La c\u00e1mara, nerviosa, siempre en movimiento, refleja las m\u00faltiples perspectivas y las desorientaciones con que los personajes intentan comprender lo que ocurre. <em>Muerte en Sarajevo<\/em> recibi\u00f3 el Oso de Plata, gran premio especial de jurado.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda, finalmente, comentar dos pel\u00edculas que radiograf\u00edan la esfera privada de mujeres europeas, reflejando un estado cosas revelador para un cat\u00f3lico curioso (\u00bfqu\u00e9 dir\u00eda, pienso, el Papa, en juventud aficionado al cine, de estos meticulosos retratos femeninos dirigidos por directoras j\u00f3venes?). Se trata de la sugestivamente titulada <em>L\u2019avenir<\/em> (El futuro), producci\u00f3n francesa de Marion Hansel-Love, y 24 semanas de la alemana Anne Zohra Berrached.<\/p>\n<p>Isabelle Huppert es una profesora de Filosof\u00eda en un liceo prestigioso de Par\u00eds. El futuro del t\u00edtulo parece asegurado: profesi\u00f3n, matrimonio, familia y disc\u00edpulos. En el transcurso de unas pocas semanas, la trama se deshace y \u00ablo que vendr\u00e1\u00bb es ahora una cotidianidad solitaria, vivida estoicamente por una intelectual, educada cat\u00f3lica que hace tiempo perdi\u00f3 la fe. El rayito de esperanza \u2013en un cauteloso final abierto, con toque de Ch\u00e9jov\u2013 es la puerta que se le abre con la llegada de un nieto. <em>L\u2019avenir<\/em> propone una reflexi\u00f3n femenina sobre una etapa de la vida, con personajes y situaciones reconocibles, aunque el p\u00fablico no viva en Par\u00eds ni pase el verano en Normand\u00eda. Como tantas pel\u00edculas francesas intimistas y universales (Jean Renoir, siempre presente), <em>L\u2019avenir<\/em> invita a la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su parte, <em>24 semanas<\/em> utiliza t\u00e9cnicas del lenguaje televisivo para explorar el caso de una mujer embarazada, con un beb\u00e9 con s\u00edndrome de Down, para extrapolarlo a la esfera p\u00fablica (en los Estados Unidos se hablar\u00eda del movie of the week, abordando un tema de actualidad).Con suspenso y apoy\u00e1ndose en buenas actuaciones, el largometraje dramatiza los pro y los contra de llevar a t\u00e9rmino ese embarazo, y los riesgos de un aborto a las veinticuatro semanas de gestaci\u00f3n. Pero, gradualmente, la balanza se inclina hacia la destrucci\u00f3n del inocente, con argumentos puramente emocionales, donde la conversaci\u00f3n entre la madre y el padre sobre la moralidad del acto brilla por su ausencia (al no estar casados, \u00e9ste no tiene autoridad, voz o voto, y su resistencia inicial termina convertida en llanto). Lo que sorprende en <em>24 semanas<\/em> es la decisi\u00f3n de la directora de mostrar el procedimiento quir\u00fargico en todo su horror (inyecci\u00f3n letal, f\u00f3rceps, extracci\u00f3n del cuerpito sin vida), y de aludir sinceramente a sus dolorosas consecuencias en la \u00faltima escena, otra instancia de final abierto.<\/p>\n<p>Lo tendencioso de esta pel\u00edcula \u201ccompasiva\u201d qued\u00f3 en evidencia al llevar un grupo de chicos Down a la proyecci\u00f3n oficial del filme. Estando en Berl\u00edn, no pude dejar de pensar en experimentos m\u00e9dicos del pasado. El esc\u00e1ndalo de <em>24 semanas<\/em> es que presenta la destrucci\u00f3n de los m\u00e1s vulnerables como un favor misericordioso a los padres, primero, y a los interesados despu\u00e9s, ya que al no servir para nada, no merecen su lugar en este mundo. Esta pel\u00edcula insidiosa deja un sabor amargo: la emoci\u00f3n sustituye al razonamiento moral para justificar la destrucci\u00f3n de una vida inocente.<\/p>\n<p>Habr\u00eda muchas m\u00e1s pel\u00edculas por comentar entre las cuarenta y pico vistas en un pu\u00f1ado de d\u00edas, pero el plazo de entrega apremia y el espacio es finito. Regresa uno a la vida cotidiana, so\u00f1ando en volver pronto al calor de una sala oscura de cine\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los meses del a\u00f1o \u2013la vida\u2013 pasan raudos, y nuevamente me encuentro sentada, de las nueve de la ma\u00f1ana a medianoche en una sala oscura,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6],"tags":[1497,130,32,1462,1499,1498],"class_list":["post-12122","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","tag-24-semanas","tag-berlinale","tag-cine","tag-cultura","tag-fuocoammare","tag-lavenir"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-39w","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12122","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12122"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12122\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12125,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12122\/revisions\/12125"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12122"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12122"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12122"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}