{"id":12127,"date":"2016-04-01T16:41:43","date_gmt":"2016-04-01T19:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12127"},"modified":"2016-04-01T16:41:43","modified_gmt":"2016-04-01T19:41:43","slug":"la-felicidad-publica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12127","title":{"rendered":"La felicidad p\u00fablica"},"content":{"rendered":"<p><em>El verdadero estadista es aquel que comparte los intereses del ciudadano com\u00fan y est\u00e1 dispuesto a dedicarse a la tarea de conseguirlos parael bien de todos.<\/em><\/p>\n<p>El ingreso de los j\u00f3venes en la pol\u00edtica, sobre todo en la forma del voluntariado, nos muestra que la responsabilidad por los asuntos p\u00fablicos y el compromiso que conlleva puede no ser solamente una cargap\u00fablica, sino un modo peculiar de felicidad que nada tiene que ver con el bienestar privado. La felicidad p\u00fablica, una f\u00f3rmula que, lejos de ser un ox\u00edmoron, fue empleada por los m\u00e1s grandes te\u00f3ricos pol\u00edticos y hombres de acci\u00f3n del siglo XVIII, alude a un tipo de goce s\u00f3lo disfrutable a trav\u00e9s de la dedicaci\u00f3n a la cosa p\u00fablica. Es un avance encomiable y un signo de madurez que se aprecia en un nuevo modo de hacer pol\u00edtica, menos piramidal y jer\u00e1rquico, y m\u00e1s horizontal y participativo. Un estilo que podr\u00eda trazar el espacio propicio en el que cualquier ciudadano pueda desplegar su pasionalidad pol\u00edtica, es decir, exhibir ante otros que le importa algo m\u00e1s que su estrecho bienestar privado. Pero las pasiones pol\u00edticas como la valent\u00eda, el desprendimiento y el gusto por el reconocimiento p\u00fablico involucran lealtades y convicciones que se refieren a valores y principios, no a personas. Por muchos a\u00f1os, fuimos testigos de lealtades esp\u00fareas. \u00bfCu\u00e1l es el precio de la lealtad? \u00bfPuede traducirse la lealtad en una cifra y asignarse como sueldo? O, para ir directamente al punto: \u00bfqu\u00e9 continuidad puede esperarse de las organizaciones que responden a un patr\u00f3n de hacer pol\u00edtica s\u00f3lo con la caja?<br \/>\nAdem\u00e1s de la energ\u00eda y la creatividad que aportan, la participaci\u00f3n activa de los j\u00f3venes remite a un dato elemental de la pol\u00edtica, que tal vez no recordamos. Muestran que el cambio y lo nuevo son posibles; que la mediocridad, la corrupci\u00f3n y la demagogia no son un destino inexorable para la Argentina. El amor por la cosa p\u00fablica conlleva el desprecio por el bienestar privado, el desd\u00e9n hacia las conveniencias mezquinas y la entrega desinteresada. La verdadera pol\u00edtica no busca la hegemon\u00eda, ni censura al extra\u00f1o o al minoritario, precisamente porque la uniformizaci\u00f3n de las convicciones y opiniones es la ruina de la Rep\u00fablica. El genuino animal pol\u00edtico, o sea, cualquier ciudadano comprometido, eleva el valor de la conversaci\u00f3n, el debate, la argumentaci\u00f3n razonada y la b\u00fasqueda de consensos. Es decir, sabe y puede hacer pol\u00edtica, aunque no todos sean \u201cdel palo\u201d. Sabe presentar sus propias visiones, negociar y ceder, y puede hacerlo porque es capaz de ver el asunto desde la posici\u00f3n del otro.<br \/>\nUn pol\u00edtico con madera de estadista no busca el enriquecimiento personal, no ubica a su familia en puestos p\u00fablicos, ni emplea el avi\u00f3n sanitario para uso privado. La estampa de los jets privados de los caudillos peronistas, el sideral enriquecimiento de la abogada exitosa, pasando por los 600 empleados del CCK, la red clientelar mafiosa de Milagro Sala, el lujo de la oficina de Mariano Recalde y la bola de espejos del despacho de Amado Boudou en el Naci\u00f3n, averg\u00fcenzan por su descaro e impunidad, pero sirven como bot\u00f3n de muestra de un estilo nefasto de hacer pol\u00edtica y de un perfil vergonzoso del pol\u00edtico. Para nuestra desgracia, hay una relaci\u00f3n de proporcionalidad directa entre la miseria abyecta y el clientelismo, por un lado, y el nivel imp\u00fadico de show off, t\u00edpico del nuevo rico, que seguimos viendo en algunos de nuestros pol\u00edticos. Representan el extremo opuesto de la grandeza de la praxis pol\u00edtica y del perfil del estadista, del que nuestra historia puede dar cuenta.<br \/>\nEs necesario destacar las energ\u00edas invaluables de gente com\u00fan y corriente, dispuesta a trabajar por el pa\u00eds, con la certeza de que esta actividad no lo har\u00e1 rico, ni a \u00e9l ni a sus hijos. La tarea del estadista, insisto, coincide con los afanes del ciudadano com\u00fan que est\u00e1 dispuesto a dar parte de su tiempo, de sus capacidades o de sus bienes, para contribuir al bien p\u00fablico, es decir, al bien de todos. Y esto, aunque parezca mentira, es fuente de felicidad p\u00fablica: la gratificaci\u00f3n y el bien-estarque surge al actuar junto a otros (en equipo) por el bien de todos. Para ello, no hace falta ning\u00fan expertise en particular, sino grandeza moral y capacidad de trabajo desinteresado.<br \/>\nLastbutnotleast, necesitamos que la justicia cumpla un rol fundamental, equilibrando los otros dos poderes como manda la Constituci\u00f3n. Ni el Congreso puede ser una escriban\u00eda, ni el poder judicial puede fallar, acelerar o demorar los procesos de acuerdo con el poder de turno, las presiones y\/o extorsiones que reciba. No hay lugar para la justicia partidaria (\u201cjusticia leg\u00edtima\u201d). El Derecho es uno solo, con una CorteSuprema independiente, que interprete la constitucionalidad de los fallos y eval\u00fae aquellos matices que se encuentran dentro de la ley. Aqu\u00ed, es preciso insistir en la diferencia entre revancha o persecuci\u00f3n y el fiel cumplimiento de la ley; l\u00e9ase:quien las hace, las paga sin importar el partido, la ocupaci\u00f3n ni la posici\u00f3n que ocupe. Castigar al funcionario p\u00fablico que delinque no es persecuci\u00f3n pol\u00edtica, de la misma manera que pagar sueldos a empleados innecesarios con la plata de los contribuyentes no es justicia social, sino inmoralidad.<br \/>\nCuando, adem\u00e1s de incorporar a los j\u00f3venes con sed de bienestar com\u00fan, los responsables de los atropellos, arbitrariedades y robos vayan presos, ah\u00ed habremos dado un enorme paso hacia un pa\u00eds normal, en franco progreso, y con valores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La autora es fil\u00f3sofa.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El verdadero estadista es aquel que comparte los intereses del ciudadano com\u00fan y est\u00e1 dispuesto a dedicarse a la tarea de conseguirlos parael bien de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[965,986,5],"tags":[1500,1501,1485,211,542,758],"class_list":["post-12127","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion-2","category-politica","category-sociedad","tag-felicidad","tag-felicidad-publica","tag-opinion","tag-politica","tag-servicio","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-39B","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12127","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12127"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12127\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12128,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12127\/revisions\/12128"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12127"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12127"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12127"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}