{"id":12144,"date":"2016-04-01T18:34:49","date_gmt":"2016-04-01T21:34:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12144"},"modified":"2016-04-01T18:34:49","modified_gmt":"2016-04-01T21:34:49","slug":"la-mirada-humana-un-lenguaje-colosal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12144","title":{"rendered":"La mirada humana: un lenguaje colosal"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLa vida comienza all\u00ed donde comienza la mirada\u201d<\/em><br \/>\n<em> Am\u00e9lie Nothomb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLos ojos son las ventanas del alma\u201d<\/em><br \/>\n<em> Herman Melville<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLuego descendi\u00f3 solo bajo esta b\u00f3veda sombr\u00eda. Cuando Ca\u00edn se hubo sentado en su silla, a la sombra y cuando se tuvo sobre su frente cerrada el subterr\u00e1neo, el ojo estaba en la tumba y lo miraba.\u201d<\/em><br \/>\n<em> V\u00edctor Hugo<\/em><\/p>\n<p>La mirada humana es la nuestra, la del pr\u00f3jimo, la de la sociedad. Es la fundadora del psiquismo, de la socializaci\u00f3n. El ser humano no puede vivir sin cruzar su mirada con otros, sin fijarla, sin recibir a su vez otra mirada que la mayor parte de las veces decodificar\u00e1 inconscientemente.<br \/>\nAunque los ojos no hablan, una mirada puede decir muchas cosas. Las personas hemos desarrollado un comportamiento cuanto menos curioso a partir de la mirada, y que es excepcional: en el reino animal, la visi\u00f3n a trav\u00e9s de la mirada es un sentido que precede y genera, tanto la huida como el ataque. Los herb\u00edvoros la utilizan para estar atentos a\u00fan pastando en praderas amplias y prevenir el posible ataque de un predador, emprendiendo la huida. Los carn\u00edvoros, en cambio, perciben, eligen su presa y a partir de la mirada calculan y gatillan el ataque. Y ya dentro de una misma especie, los individuos no se miran jam\u00e1s a los ojos durante un tiempo considerable. Dos perros, dos gatos, dos leones, inclusive dos primates superiores no se miran de manera sostenida en el tiempo, porque hacerlo constituir\u00eda el preludio de un ataque, de una pelea segura. Por otro lado, nunca se ataca a un cong\u00e9nere que desv\u00eda la mirada porque se considera una clara se\u00f1al de sumisi\u00f3n.<br \/>\nEn contraste, los humanos de alguna manera hemos pervertido el sentido de la visi\u00f3n, porque la mayor parte de las veces nos miramos para intentar conocernos, comprender o comunicar algo. En franc\u00e9s, para decir que dos personas se miran a los ojos se utiliza la expresi\u00f3n <em>se regarder les yeux dans les yeux<\/em>, que traducida literalmente ser\u00eda \u201cmirarse con los ojos dentro de los ojos\u201d.<br \/>\nDesde que nacemos tenemos la tan extra\u00f1a como sorprendente capacidad de posar los ojos en los de otra persona \u2013el beb\u00e9 y su madre\u2013, es decir, de mirarnos con el otro en el otro. Mirar nos permite contemplarlo y al mismo tiempo ser contemplados por \u00e9l. Y as\u00ed la mirada entre la madre y el ni\u00f1o es tan intensamente profunda que constituye una pieza imprescindible e insustituible en los inicios de la vida de relaci\u00f3n.<br \/>\nV\u00edctor Hugo, en su maravilloso poema \u201cLa conscience\u201d (La conciencia) concibe una extraordinaria aproximaci\u00f3n literaria sobre la mirada como elemento precursor y fundador de la moral, de la \u00e9tica entre los individuos.<br \/>\nEl fil\u00f3sofo Emanuel Levinas sostiene que la violencia encierra potencialmente el poder de matar o de no hacerlo, pero que resulta muy dif\u00edcil para el verdugo matar a quien lo est\u00e1 mirando a los ojos. Tambi\u00e9n es cierto que se recomienda a quienes estuvieren secuestrados, apresados o tomados como rehenes, no mirar jam\u00e1s a los ojos de sus captores porque eso abre la posibilidad de que sean eliminados.<br \/>\nDe manera gen\u00e9rica, podr\u00eda decirse que la visi\u00f3n es un sentido que \u201cdes-construye\u201d, que recorta, y que a trav\u00e9s de la mirada sirve para contemplar, decodificar, intentar comprender al otro, su intensi\u00f3n, su actitud, sus sentimientos. Por eso es un rasgo fundamental de la humanizaci\u00f3n, que constituye la base de las relaciones sociales.<br \/>\nHay dos tipos de mirada: la mirada paisaje, que tiene su eje mayor horizontal, y la mirada retrato, que lo tiene vertical. La mirada apaisada es la que barre, se pasea, sue\u00f1a, abreva, y avizora mientras imagina las cosas; en el fondo se interesa m\u00e1s por el ambiente y lo que resalta en \u00e9l que por el detalle. La mirada retrato, en cambio, es la que escudri\u00f1a, la que detalla, la que fija un trozo de la imagen e intenta percibir distinguiendo; es m\u00e1s bien la mirada que recorta. En la vida utilizamos habitualmente la mirada paisaje, que es so\u00f1adora porque no molesta al otro y no le da la sensaci\u00f3n de quedar frente a uno al descubierto. S\u00f3lo en casos puntuales ponemos en funcionamiento la mirada retrato. Las cejas y las pesta\u00f1as tambi\u00e9n juegan un rol fundamental: de alg\u00fan modo \u201cvisten\u201d la mirada, por eso ojos sin cejas ni pesta\u00f1as semejan una ventana sin cortinas.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/madres-e-hijo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-12145\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/madres-e-hijo.jpg\" alt=\"madres-e-hijo\" width=\"510\" height=\"282\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/madres-e-hijo.jpg 510w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/madres-e-hijo-300x166.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 510px) 100vw, 510px\" \/><\/a>\u00bfPor qu\u00e9 la mirada del otro es esencial para la construcci\u00f3n del ser humano? Al nacer, llegamos al mundo con un grado de inmadurez y dependencia que nos amarra con fuerza a la necesidad de una mirada de consideraci\u00f3n de los otros. Ser considerados nos nutre tanto como la leche materna; y est\u00e1 comprobado que sin la ayuda de sus padres, sin su acompa\u00f1amiento durante el crecimiento y desarrollo, los ni\u00f1os nacidos con discapacidad visual completa presentan una tasa muy alta de trastornos m\u00e1s o menos serios de personalidad, que se manifiestan m\u00e1s tarde a trav\u00e9s de distintos tipos de psicosis. El psic\u00f3logo infantil franc\u00e9s Daniel Marcelli afirma en su libro Mirarse a los ojos: el enigma de la mirada, que para que un ni\u00f1o ciego de nacimiento tenga un desarrollo normal es a menudo imprescindible ayudar a su mam\u00e1 a que aprenda a suplir y completar la comunicaci\u00f3n con su beb\u00e9 a trav\u00e9s de los otros sentidos, como el tacto y el o\u00eddo (mediante la palabra); esto se denomina \u201ctransmodalidad\u201d.<br \/>\nEn cuanto un beb\u00e9 y su madre se miran se desencadena una doble corriente. La mirada materna enfatiza a trav\u00e9s de un profundo v\u00ednculo la condici\u00f3n humana de su beb\u00e9 porque ella reconoce as\u00ed a su hijo. Y la mirada del beb\u00e9 completa humanamente a esa mujer transform\u00e1ndola en madre. As\u00ed opera una fant\u00e1stica y poderosa fuerza en ambos sentidos.<br \/>\nCuando el reci\u00e9n nacido mira a su madre sus pupilas se dilatan (midriasis). Las mujeres florentinas en la Edad Media ten\u00edan la costumbre de dilatar artificialmente sus pupilas y lo consegu\u00edan instilando en sus ojos jugo del fruto de una planta llamada Belladona (Atropa belladona) \u2013<em>bella donna<\/em>, mujer bella\u2013 porque las pupilas dilatadas se consideraban signo singular de belleza. La contracci\u00f3n de las pupilas (miosis) es caracter\u00edstica, en cambio, de los predadores que est\u00e1n a la b\u00fasqueda de una presa. Una mirada so\u00f1adora se caracteriza por pupilas ampliamente dilatadas que ceden as\u00ed la entrada de la otra persona a la propia alma.<br \/>\nMarcelli tambi\u00e9n se\u00f1ala que toda sociedad ha desarrollado cierta codificaci\u00f3n de la mirada y al segundo de mirarse dos personas a los ojos, se activa y desencadena un sinn\u00famero de actitudes y situaciones, positivas o negativas, seg\u00fan esa codificaci\u00f3n que, al instante, se va construyendo, completando e incluso cambiando a lo largo del tiempo. En general, ese c\u00f3digo social establece que cuanto m\u00e1s alta es la jerarqu\u00eda de una persona, m\u00e1s libertad tendr\u00e1 para disponer voluntariamente de su mirada. A su vez, cuanto m\u00e1s baja sea su condici\u00f3n social, su libertad para mirar estar\u00e1 proporcionalmente m\u00e1s limitada y reducida. No deja de sorprender que todav\u00eda hoy nuestras sociedades reconozcan cierta jerarqu\u00eda superior en la mirada de un hombre respecto de la de una mujer. En general, los hombres pueden mirar lo que quieran y lo que les parece atrayente sin que eso despierte sentimiento negativo alguno; sin embargo, ante circunstancias equivalentes, la sociedad obliga a una mujer a bajar la vista, desviar su mirada, o directamente a no mirar, cuando juzga ese acto inconveniente.<br \/>\nLa codificaci\u00f3n de la mirada tambi\u00e9n var\u00eda mucho de una sociedad a otra: en algunas, bajar la mirada es signo de educaci\u00f3n y respeto; mirar a los ojos, en cambio, de insolencia. En otras, mirar a los ojos representa un signo de honestidad, mientras que rehuir la mirada denota una actitud ordinaria y de mala educaci\u00f3n. En efecto, la mirada tiene inevitablemente un sentido y aunque muchas veces no se percibe conscientemente, es imposible escapar a su sentido.<br \/>\nEn las relaciones humanas hay esencialmente dos ocasiones en las que dos personas mantienen sus miradas unidas durante un tiempo prolongado: el caso descripto de la madre y su beb\u00e9, y el momento del encuentro amoroso entre dos enamorados. En otros casos, cuando coinciden dos personas desconocidas durante alg\u00fan tiempo en un espacio reducido, por ejemplo, en un ascensor, mirarse a los ojos es algo m\u00e1s delicado y entonces la vista suele bajarse o desviarse instintivamente.<br \/>\nPor otro lado, referirse a la mirada tambi\u00e9n implica la de los otros respecto de uno mismo. Gran parte de la identidad personal se construye de sentimientos generados al amparo de la consideraci\u00f3n de los dem\u00e1s. As\u00ed va forj\u00e1ndose nuestra identidad hasta llegar a saber y reconocer qui\u00e9nes somos. El narcisismo, por el contrario, consiste en construir esa imagen de uno pero mir\u00e1ndose a s\u00ed mismo como en un espejo, sin considerar en absoluto la mirada de otro. Hoy en d\u00eda no es raro escuchar decir a muchos que quieren vivir con absoluta independencia de la mirada de los dem\u00e1s, aunque parad\u00f3jicamente no dejan de hacer lo posible por ser objeto de admiraci\u00f3n mediante una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de sus vidas, por ejemplo, a trav\u00e9s de las redes sociales.<br \/>\nLa mirada del entorno nos nutre, nos enriquece, nos sostiene permanentemente. Porque enciende en el interior de cada uno los elementos fundadores de la personalidad. Cuanto m\u00e1s recibimos la mirada de consideraci\u00f3n de quienes nos rodean en nuestra infancia, m\u00e1s percibimos, apreciamos y valoramos ese sentimiento de consideraci\u00f3n cuando somos adultos. Por el contrario, la ausencia de aquella mirada cuando somos ni\u00f1os y m\u00e1s a\u00fan la percepci\u00f3n frecuente de una mirada desconfiada, humillante, de ojos acusadores o burlones, nos volver\u00e1 desconfiados y entonces m\u00e1s humillados, acusados o burlados nos sentiremos. Por eso las miradas recibidas y percibidas en la infancia act\u00faan como un verdadero resonador que amplifica la calidad de aqu\u00e9llas en la edad adulta. Las miradas recogidas desde el nacimiento nos abren a la existencia porque de alg\u00fan modo van insufl\u00e1ndonos vida desde el primer momento.<br \/>\nLa investigaci\u00f3n cient\u00edfica ha demostrado que el beb\u00e9 de entre seis y siete meses sistem\u00e1ticamente intenta manotear los anteojos de la persona que lo tiene en brazos porque es justamente algo que se interpone entre ambas miradas. A los ni\u00f1os de esa edad les intriga ese elemento brillante que interfiere el camino que conecta su mirada con la de su progenitor; eso les incomoda y por lo tanto intentan apartar aquello que les imposibilita una mirada directa.<br \/>\nUn buen docente, un orador experimentado o un conferencista eminente se dirige siempre a su auditorio, cuando \u00e9ste no es exageradamente numeroso, posando alternativamente la mirada en quienes forman parte de la concurrencia.<br \/>\nA lo largo de la historia de la humanidad, se ha hecho referencia innumerables veces a la mirada humana. Recordemos una escena singularmente destacable: la de \u201caquella noche en la que al fr\u00edo intenso se sumaban la angustia y la desaz\u00f3n que parec\u00edan inundarlo todo y que lo llevaron a acercarse al fuego para aliviar al menos el primero de esos tres tormentos. Adem\u00e1s ten\u00eda miedo. Miedo al futuro inminente \u2013a lo por venir\u2013 al mediano y al largo plazo. Finalmente, las insinuaciones en su contra se volvieron afirmaciones contundentes. Por tercera vez volvi\u00f3 a negar con una seguridad indubitable, como quien dice la verdad: \u2018\u2013Hombre, no s\u00e9 lo que dices\u2019. Enseguida, antes de que terminara la frase, cant\u00f3 el gallo y el Se\u00f1or, d\u00e1ndose vuelta, mir\u00f3 a Pedro\u201d. Lo que sigue es bien conocido pero ese \u201cmir\u00f3 a Pedro\u201d de Lucas deja resonando la inmensidad que puede albergar una mirada, el colosal lenguaje que encierra. La Mirada, con la profundidad de un abismo tan hondo como sanador: el amor infinito del Hijo, el perd\u00f3n misericordioso y gratuito del Padre y la efusi\u00f3n bals\u00e1mica y perenne del Esp\u00edritu Santo.<br \/>\nA trav\u00e9s de la mirada, entonces, se pone en marcha un vasto lenguaje no verbal espec\u00edfico de la humanidad, un variado abanico de intenciones, de interpretaciones, de lecturas, porque a trav\u00e9s de ella puede expresarse y a la vez dar un verdadero significado a todos los sentimientos, a todas las emociones, en definitiva, a toda nuestra humanidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa vida comienza all\u00ed donde comienza la mirada\u201d Am\u00e9lie Nothomb \u201cLos ojos son las ventanas del alma\u201d Herman Melville \u201cLuego descendi\u00f3 solo bajo esta b\u00f3veda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456,5],"tags":[366,1512,1511,1510,100,758],"class_list":["post-12144","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","category-sociedad","tag-comunicacion","tag-identidad","tag-lenguaje","tag-mirada","tag-psicologia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-39S","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12144","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12144"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12144\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12146,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12144\/revisions\/12146"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12144"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12144"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}