{"id":12147,"date":"2016-04-01T18:39:14","date_gmt":"2016-04-01T21:39:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12147"},"modified":"2016-04-01T19:28:52","modified_gmt":"2016-04-01T22:28:52","slug":"fenomenologia-de-la-indiferencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12147","title":{"rendered":"Fenomenolog\u00eda de la indiferencia"},"content":{"rendered":"<p><em>La indiferencia supone cierta obstinaci\u00f3n en una actitud de rechazo de la realidad, que da\u00f1a la condici\u00f3n de quien la ejerce y tambi\u00e9n la de aqu\u00e9llos que reciben sus consecuencias.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El que no ama al pr\u00f3jimo al que ve<\/em><br \/>\n<em> \u00bfc\u00f3mo puede amar a Dios, a Quien no ve? (I Jo 4,20)<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/indiferencia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-12148\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/indiferencia.jpg\" alt=\"indiferencia\" width=\"306\" height=\"306\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/indiferencia.jpg 1000w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/indiferencia-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/indiferencia-300x300.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 306px) 100vw, 306px\" \/><\/a>En lo cotidiano, somos indiferentes a la mayor parte de la gente. Por efecto de la cultura dominante, el nosotros de la vida diaria implica un tipo de relaci\u00f3n interpersonal vac\u00edo, insensible y tedioso en una sociedad que va perdiendo constantemente su car\u00e1cter humano.<br \/>\nCuando alguien carga una tarjeta en el subte, el empleado detr\u00e1s de la ventanilla tiene para \u00e9l simplemente el significado de una funci\u00f3n, y \u00e9l para \u00e9ste es simplemente \u201cun\u201d pasajero. No es una situaci\u00f3n muy diferente al proceso que se da frente a una m\u00e1quina expendedora. El otro no interesa: se trata de un intercambio de funciones, no un encuentro de personas. Si eventualmente all\u00ed se habla de \u201cnosotros\u201d (\u201cno tenemos monedas\u201d, \u201cesperemos que el subte llegue a horario\u201d), es un nosotros de la indiferencia, porque no hay un \u201ct\u00fa\u201d, reconocido y diferenciado, sino simplemente un \u201cel\u201d (el pasajero, el empleado), equivalentes a las tarjetas de un fichero.<br \/>\nEn el nosotros de la burocracia, de la administraci\u00f3n y del mundo tecnocr\u00e1tico, no se ve al otro m\u00e1s que como el agente de una funci\u00f3n. La sociedad es concebida como una inmensa maquinaria donde cada individuo es \u201cun\u201d elemento, con relaciones \u201cfuncionales\u201d rec\u00edprocas y en la que, a lo sumo, rige la justicia como \u00fanico fundamento. Ese mundo del consumismo y del exitismo ha dejado solo a cada uno y vivimos juntos pero separados, y la comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s de Internet o de los celulares es muchas veces mec\u00e1nica e impersonal. Nadie es alguien porque nadie se preocupa por ninguno. Cosa diferente es una \u201ccomunidad\u201d donde las relaciones son con el \u201ct\u00fa\u201d y donde al menos exista un afecto general por el pr\u00f3jimo como persona (una cierta disposici\u00f3n hacia al otro).<\/p>\n<p><strong>Fenomenolog\u00eda del amor<\/strong><br \/>\nPara una cabal comprensi\u00f3n de la indiferencia, ser\u00e1 \u00fatil comenzar por una explicitaci\u00f3n de su reverso: el amor. Pocas palabras como \u201camor\u201d resultan hoy de tan variada aplicaci\u00f3n que su significaci\u00f3n parece terminar haci\u00e9ndose incierta o ambigua. De todos modos, no dejan de existir rasgos distintivos que permiten su identificaci\u00f3n.<br \/>\nCualquiera de sus formas puede ser llamada, con propiedad, \u201camor\u201d: el v\u00ednculo sexual, el Eros, el amor filial, el fraterno, la solidaridad social, la amistad, la caridad, el \u00c1gape cristiano&#8230;El rasgo com\u00fan es que el amor tiende a la uni\u00f3n de las personas y produce v\u00ednculos positivos y la identificaci\u00f3n con el otro. En la antig\u00fcedad, vis unitiva (fuerza que une) lo denomin\u00f3 Dionisio Areopagita.<br \/>\nLos pensadores que han profundizado el tema dicen que, en esencia, el amor consiste en una actitud de aceptaci\u00f3n de la existencia del otro. Amar equivale a trasmitir al otro el mensaje: \u201cEs bueno que existas\u201d, que implica: tratar al otro como persona, ser capaz de ponerme en su lugar, \u201ctomarlo en serio\u201d, percibir y responder a sus necesidades. Al suponer una disponibilidad de mi parte, el amor es imposible si estoy absorto y cerrado en m\u00ed mismo.<br \/>\nEl amor no puede ser puramente intelectual, guiado s\u00f3lo \u201cpor principios\u201d, como lo pretender\u00eda alg\u00fan fil\u00e1ntropo racionalista, o puramente espiritual, como lo querr\u00eda una perspectiva \u201cm\u00edstica\u201d: est\u00e1 ligado necesariamente a cierto afecto. Porque \u201cdesear el bien al otro\u201d o \u201calegrarse de la felicidad del otro\u201d, como tambi\u00e9n se lo ha definido, significa aprobar su libertad, apoyarla y compartirla, hacer posible que alcance su autorrealizaci\u00f3n.<br \/>\nY esto supone una actitud que lleva a la acci\u00f3n: estar a disposici\u00f3n del otro. Por eso, la prueba del amor son las obras. En palabras de Kant: \u201cAmor al pr\u00f3jimo quiere decir cumplir gustosamente las obligaciones que se tienen para con \u00e9l\u201d. Al mismo tiempo, el sentirme amado por otro fortalece mi Yo y hace que experimente este mundo como digno de confianza.<br \/>\nTodo esto significa tambi\u00e9n que cabe asignarle al amor la jerarqu\u00eda de una categor\u00eda con entidad y legitimidad en el \u00e1mbito pol\u00edtico. El amor tiene derecho a ser reconocido en esa esfera y a ser nombrado all\u00ed como tal, de manera que se lo rescate de su reclusi\u00f3n en la vida privada en la que hab\u00eda sido relegado hasta el presente. Seg\u00fan E. Fromm: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 aquellos valores reconocidos como \u2018humanos\u2019 y calificados en la vida privada, no han de ser legitimados en la vida p\u00fablica?\u201d.<\/p>\n<p><strong>Fenomenolog\u00eda de la indiferencia<\/strong><br \/>\nEn b\u00fasqueda de una sociedad mejor, hoy se promueve una \u201ccultura del encuentro\u201d. Encuentro es la relaci\u00f3n en la que dos seres humanos se reconocen como \u201cpersonas\u201d. En ella, hay una mutua \u201cdisposici\u00f3n hacia el otro\u201d. Cuando \u00e9sta falta, se trata de la ausencia de algo que debiera estar presente. He ah\u00ed la indiferencia.<br \/>\nLo que acaso a muchos sorprender\u00e1 es descubrir que lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia. Porque en el odio podemos encontrar rencor por el abandono sufrido, amor traicionado, dolor por la falta de correspondencia\u2026 pero el otro como destino y objeto de mi odio est\u00e1 presente; en la indiferencia, en cambio, no hay \u201cotro\u201d, est\u00e1 ausente, lo he borrado de mi mundo.<br \/>\nCuando soy indiferente a un ser humano, pongo al otro \u201clejos de m\u00ed\u201d, pero, como consecuencia, me quedo solo, encerrado en mi individualismo. En tal sentido, la indiferencia es empobrecedora, agosta la vida y, en tanto ausencia de amor, provoca un vac\u00edo existencial en el que la padece. Implica insensibilidad hacia los dem\u00e1s y anestesia de los sentimientos: con ella, me abstengo de \u201ccompromisos\u201d hacia los otros, me \u201cdespreocupo\u201d de sus necesidades y eludo \u201chacerme cargo\u201d de mis justas obligaciones hacia ellos.<br \/>\nPodemos decir que la indiferencia es el c\u00e1ncer de las naciones porque es el sutil adormecedor de la energ\u00eda de la vida y con ella no hay ideales ni esperanzas ni proyectos sino una \u201cpasiva e indolente contemplaci\u00f3n de la realidad\u201d. Es por eso que a los mayores males que enfrenta hoy la humanidad \u2013el hambre, las guerras, el narcotr\u00e1fico y el deterioro ambiental\u2013 la opini\u00f3n p\u00fablica les resta importancia, \u201cmira para otro lado\u201d, piensa que \u201cno se puede hacer nada\u201d y no se toman decisiones eficaces acordes. Adem\u00e1s, hay graves injusticias en el mundo, pero muchas de las acciones injustas de los unos se hacen posibles por la indiferencia y corresponsabilidad de los otros. Las dictaduras y el narcotr\u00e1fico no necesitan de personas que las apoyen para imponerse en el mundo: les basta con la indiferencia.<br \/>\nPor otro lado, ella parece impregnar muchos \u00f3rdenes de la existencia. En el orden educativo, es el escollo m\u00e1s temido por los educadores: la \u201cinapetencia intelectual\u201d de los educandos, que aducen que el aprendizaje es \u201caburrido\u201d y que quieren \u201caprender jugando\u201d y sin el menor esfuerzo.<br \/>\nPara los pol\u00edticos no hay peor cosa que encontrarse con individuos que son habitantes pero no propiamente ciudadanos, espectadores pero no jugadores, que a ellos \u201cla pol\u00edtica no les interesa\u201d y se abstienen de toda participaci\u00f3n pero luego se quejan de los gobiernos.<br \/>\nEn el mundo del trabajo, la \u201cmotivaci\u00f3n del personal\u201d y el \u201ccompromiso con la tarea\u201d ha sido siempre un tema que ha desvelado a los expertos en Recursos Humanos.<br \/>\nEn el terreno espiritual, los l\u00edderes se asombran ante el espect\u00e1culo de multitudes que a lo sumo poseen un vago sentido de lo religioso y \u201cviven como si Dios no existiera\u201d. En ese terreno, desde antiguo los autores han hablado del peligro de la \u201ctibieza espiritual\u201d y han advertido sobre la \u201cacedia\u201d y \u201cel hast\u00edo de la vida\u201d.<br \/>\nY en el campo terap\u00e9utico, donde la depresi\u00f3n constituye el trastorno m\u00e1s generalizado de nuestro tiempo, aparece caracterizada por la \u201cindiferencia afectiva\u201d: opacidad de la resonancia emocional, desgano, desinter\u00e9s.<br \/>\nLa indiferencia implica la negaci\u00f3n de la solidaridad y supone cierta obstinaci\u00f3n en el rechazo de la realidad, que da\u00f1a la condici\u00f3n de quien la ejerce (rebaja su nivel de humanidad) y tambi\u00e9n la de aqu\u00e9llos que reciben sus consecuencias, porque la calidad de la urdimbre fraterna de la comunidad queda da\u00f1ada. En s\u00edntesis: la indiferencia es el pecado capital.<br \/>\nLa \u201cnaturalizaci\u00f3n\u201d con que el esp\u00edritu burgu\u00e9s sigue impregnando nuestra cultura ha hecho que creamos inevitable la hegemon\u00eda del individualismo, el ego\u00edsmo y el desinter\u00e9s por el otro, y nos hace ciegos a la percepci\u00f3n de otros valores. As\u00ed, se desacredita toda concepci\u00f3n humanista de la vida social, consider\u00e1ndola fruto de un \u201cidealismo rom\u00e1ntico\u201d falto de realismo pr\u00e1ctico. Pero ese humanismo ha sido el esp\u00edritu que alent\u00f3 las vidas magn\u00e1nimas de Gandhi y de Mandela.<br \/>\nComo ejemplo antag\u00f3nico de la indiferencia, la tradici\u00f3n de nuestra cultura nos trasmite la imagen del Samaritano (Luc. 10, 21-35), el que \u201cno pas\u00f3 de largo\u201d ni \u201chizo que no ve\u00eda\u201d sino que registr\u00f3 la necesidad y obr\u00f3 eficazmente a favor del pr\u00f3jimo, sin ley de justicia que lo obligara, sino por imperativo \u00e9tico personal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El autor es licenciado en Psicolog\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La indiferencia supone cierta obstinaci\u00f3n en una actitud de rechazo de la realidad, que da\u00f1a la condici\u00f3n de quien la ejerce y tambi\u00e9n la de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,5],"tags":[1514,449,1515,1462,1513,1516,758],"class_list":["post-12147","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-sociedad","tag-amor","tag-ciudadanos","tag-comunidad","tag-cultura","tag-indiferencia","tag-insensibilidad","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-39V","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12147","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12147"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12147\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12149,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12147\/revisions\/12149"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12147"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12147"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12147"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}