{"id":12274,"date":"2016-05-31T19:55:26","date_gmt":"2016-05-31T22:55:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12274"},"modified":"2016-05-31T19:55:26","modified_gmt":"2016-05-31T22:55:26","slug":"la-personalidad-autoritaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12274","title":{"rendered":"La personalidad autoritaria"},"content":{"rendered":"<p><em>Con la irrupci\u00f3n de un personaje como Donald Trump en el panorama pol\u00edtico vuelve a adquirir vigencia el eterno problema del autoritarismo y el prejuicio.<\/em><\/p>\n<p>A partir del surgimiento del nazismo,junto a otros temas afines, el autoritarismo fue objeto central de la reflexi\u00f3n de gran parte de los pensadores de su tiempo y gener\u00f3 una natural b\u00fasqueda por comprender su esencia y su g\u00e9nesis, y esa indagaci\u00f3n result\u00f3 la propulsora de la psicolog\u00eda social, hasta entonces no configurada como disciplina.<br \/>\nLas investigaciones devinieron en el hallazgo de la existencia de una estructura mental y caracterol\u00f3gica b\u00e1sica entre los miles de entrevistados que los autores denominaron \u201cpersonalidad autoritaria\u201d, siempre ligada al prejuicio social.1<br \/>\nSeg\u00fan los resultados, la esencia de la conducta autoritaria est\u00e1 en la estructura de car\u00e1cter enraizada en el n\u00facleo de la personalidad y es determinante de su mentalidad y su conducta. Podemos encontrar personalidades autoritarias tanto entre revolucionarios o progresistas como entre conservadores. Es decir: el peligro del autoritarismo y del abuso del poder, con diferentes grados y matices, acecha permanentemente en cualquier sistema pol\u00edtico.<br \/>\nAs\u00ed, el car\u00e1cter autoritario est\u00e1 al servicio de necesidades profundas de estas personas y cumplen una funci\u00f3n imprescindible para el mantenimiento de su integraci\u00f3n ps\u00edquica y de su identidad personal.<\/p>\n<p><strong>\u00bfEs modificable la personalidad autoritaria?<\/strong>2<br \/>\nEsclarecido el diagn\u00f3stico, no es menos importante el pron\u00f3stico. Y el pron\u00f3stico acerca de las conductas autoritarias y su posibilidad de cambio siempre ha resultado preocupante. Los ejemplos hist\u00f3ricos son una muestra de la obstinaci\u00f3n de esas personalidades. Los personajes de esta \u00edndole terminan sin desprenderse de su esp\u00edritu prejuicioso. Se necesita mucho tiempo, experiencia y sufrimiento para que alguien pueda decir sin mentir que se ha convertido en \u201cle\u00f3n herb\u00edvoro\u201d.<br \/>\nUna vez que el car\u00e1cter se ha establecido, como el peculiar estilo de vida de una persona, esta configuraci\u00f3n psicol\u00f3gica se hace dif\u00edcilmente modificable, ya que constituye una \u201cvisi\u00f3n del mundo\u201d y una \u201cactitud de vida\u201d que tiende a hacerse impermeable a los datos de la realidad.<br \/>\nEn esa estructura mental, la actitud prejuiciosa ocupa un papel preponderante; de ah\u00ed su dif\u00edcil modificabilidad, ya que, como dijera un especialista en el tema, \u201ca veces, es m\u00e1s dif\u00edcil desintegrar un prejuicio que un \u00e1tomo\u201d.<br \/>\nClaro est\u00e1 que rigidez caracterol\u00f3gica no es igual a firmeza o invulnerabilidad \u00e9tica. No es lo mismo la obcecaci\u00f3n de un Videla que la perseverancia de un Gandhi.<br \/>\nEl autoritarismo se rigidiza ante los dictados de la raz\u00f3n y las pruebas de la realidad, mientras que la persona \u00e9tica es insobornable por fidelidad a sus principios. La actitud del autoritarismo es defensiva; la actitud moralinclaudicable, en cambio, es superadora y est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del temor. Cuando Alem dijo: \u201cSe rompe pero no se dobla\u201d, estaba defendiendo la intransigencia \u00e9tica, no el dogmatismo arbitrario. Los m\u00e1rtires de la Iglesia primitiva, o Mandela en nuestro tiempo, si \u201cno se doblegaron\u201d, no fue por fanatismo ideol\u00f3gico sino por la fortaleza y la madurez de su convicci\u00f3n moral.<br \/>\nSi no queremos caer en la trampa de un optimismo ingenuo, es necesario tener presente siempre y convencerse, oyendo los resultados de las investigaciones psicosociales y la experiencia hist\u00f3rica, que de estas personalidades podemos esperar formas de gatopardismo o de recursos distractivos m\u00e1s bien que un cambio genuino de actitud fundamental. Y es previsible que en el di\u00e1logo que ofrezcan, busquen m\u00e1s una cooptaci\u00f3n del otro que una sana negociaci\u00f3n. Pueden esperarse cambios t\u00e1cticos, pero no modificaciones estrat\u00e9gicas. Es decir: no se ha de desconocer la profunda fijeza de esas estructuras caracterol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>1. T.W.Adorno, E. FrenkelBrunswik y otros, La personalidad autoritaria (Buenos Aires, Proyecci\u00f3n, 1965); Otto Klineberg, Psicolog\u00eda Social, Cap. XIX (F.C.E. 1963); G.W.Allport,La naturaleza del prejuicio (Eudeba 1962). Ver tambi\u00e9n sobre el tema: E. Fromm,El miedo a la libertad,Caps.V yVI(Paid\u00f3s, 1962) y El amor a la vida,Cap VI (Paid\u00f3s, 1985).<br \/>\n2. Pr\u00e1cticamente estamos transcribiendo aqu\u00ed lo expresado en nuestra obra, cuya autor\u00eda compartimos con M. A. Espeche Gil, Pol\u00edtica para todos (p\u00e1gs. 120-123), Buenos Aires, SB, 2011.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la irrupci\u00f3n de un personaje como Donald Trump en el panorama pol\u00edtico vuelve a adquirir vigencia el eterno problema del autoritarismo y el prejuicio&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[1463,1556,100,758],"class_list":["post-12274","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-autoridad","tag-personalidad","tag-psicologia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3bY","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12274","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12274"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12274\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12275,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12274\/revisions\/12275"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12274"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12274"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12274"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}