{"id":12287,"date":"2016-05-07T16:28:50","date_gmt":"2016-05-07T19:28:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12287"},"modified":"2016-06-07T16:34:13","modified_gmt":"2016-06-07T19:34:13","slug":"michel-legrand-brillo-en-un-inolvidable-concierto-en-el-colon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12287","title":{"rendered":"Michel Legrand brill\u00f3 en un inolvidable concierto en el Col\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em>Su presencia en el escenario del Teatro Col\u00f3n es ante todo un desaf\u00edo al tiempo porque con sus vitales 84 a\u00f1os, la labor de Michel Legrand dirigiendo una orquesta, tocando el piano o simplemente contando al p\u00fablico argentino lo que iba a escuchar es una s\u00edntesis de buena parte de la historia del cine, y qu\u00e9 dudarlo, dentro de las bandas sonoras de las m\u00e1s c\u00e9lebres.<\/em><br \/>\n<em><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Michel-Legran-en-el-18-BAFICI.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-12288\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Michel-Legran-en-el-18-BAFICI.jpg\" alt=\"Michel Legran en el 18 BAFICI\" width=\"263\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Michel-Legran-en-el-18-BAFICI.jpg 2520w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Michel-Legran-en-el-18-BAFICI-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Michel-Legran-en-el-18-BAFICI-683x1024.jpg 683w\" sizes=\"auto, (max-width: 263px) 100vw, 263px\" \/><\/a><\/em>Su labor se remonta, luego de un corto documental y trabajos menores, a 1957, cuando realiz\u00f3 la banda sonora de <em>El hombre del triciclo<\/em> de Jacques Pinoteau. En esos a\u00f1os estaban en actividad compositores como Dimiri Tiomkin, Alfred Newman, Victor Young, Malcom Arnold (que ganar\u00eda el Oscar de ese a\u00f1o por la partitura de El puente sobre el r\u00edo Kwai), Elmer Bernstein, Mikl\u00f3s R\u00f3zsa, Bernard Herrmann y Franz Waxman. Comenzaba a asomarse al mundo la gran labor de Nino Rota, como el universo sonoro del impar Fellini; Georges Delerue hac\u00eda lo propio con el padre de la Nouvelle Vague Francois Truffaut y tambi\u00e9n se hab\u00eda aplaudido al franc\u00e9s Maurice Le Roux por su trabajo en El globo rojo de Lamorisse. Todos ellos ya est\u00e1n en los libros de historia mientras Michel Legrand sigue tocando. Con todo, su partitura es probablemente el ensamble perfecto entre la magnificencia y las orquestaciones complejas de los a\u00f1os cincuenta y la m\u00fasica ligera con base en el leivmotiv que tuvo un exponente clave en la siguiente d\u00e9cada \u2013como Henry Mancini\u2013 y donde tambi\u00e9n brillaron Ennio Morricone y Maurice Jarre. Pero Michel Legrand contin\u00faa tocando\u2026<br \/>\nY as\u00ed lo hizo en los primeros d\u00edas del BAFICI, con un extraordinario concierto en el Teatro Col\u00f3n. Nadie quiso perd\u00e9rselo, y desde un comienzo el veterano maestro apost\u00f3 a lo grande con su memorable suite de <em>Los paraguas de Cherburgo<\/em>, aquella que encontr\u00f3 la asociaci\u00f3n plena entre su m\u00fasica, la magnificencia visual de Jacques Demy y la belleza juvenil de Catherine Deneuve. Fue el pr\u00f3logo a casi dos horas de intensa emoci\u00f3n y notable vuelo estil\u00edstico; no s\u00f3lo tuvo luz propia la calidad del veterano maestro franc\u00e9s sino tambi\u00e9n luci\u00f3 su compromiso la Orquesta estable del Teatro Col\u00f3n, el concertino adjunto Oleg Pishenin (cuyo viol\u00edn en esta suite provoc\u00f3 la felicitaci\u00f3n admirada de su autor), y el maestro preparador Fabrizio Danei, que con inocultable histrionismo m\u00e1s propio del verissmo se encarg\u00f3 con solvencia de la batuta cuando Legrand optaba por acompa\u00f1ar desde el piano.<br \/>\nLuego de <em>Los paraguas\u2026<\/em> continu\u00f3 la pieza que remite al conflicto de la Guerra Fr\u00eda con <em>Estaci\u00f3n Polar Cebra<\/em>, de Preston Sturges, y alguna parte del p\u00fablico quer\u00eda alg\u00fan otro hit. Como todo autor prol\u00edfico, con casi 200 partituras para la pantalla, seguramente m\u00e1s de un espectador record\u00f3 alg\u00fan otro Demy, como <em>Lola<\/em> o <em>Las se\u00f1oritas de Rochefort<\/em>; la m\u00fasica del Godard de <em>Una mujer es una mujer<\/em> o <em>Vivir su vida<\/em>; el Wajda de <em>Un amor en Alemania<\/em> o aquella que, en d\u00fao con Francis Lai, fue un \u00e9xito absoluto del mercado discogr\u00e1fico argentino: <em>Los unos y los otros,<\/em> de Claude Lelouch.<br \/>\nPero luego de <em>El verano de Picasso<\/em>, continu\u00f3 otro hit como <em>Verano del 42<\/em>, y aqu\u00ed quedar\u00eda claro que el concierto ser\u00eda dominado por los Academy Awards, premio Oscar que Legrand obtuvo en tres oportunidades, a\u00f1adiendo a la sensible melod\u00eda que enmarcaba la historia de amor de Jennifer O\u2019Neill y Gary Grimes: <em>Yentl<\/em> (Oscar 1984), y <em>The Windmills of your mind<\/em> (Oscar a la mejor canci\u00f3n 69 por El caso Thomas Crown) que cerr\u00f3 su presentaci\u00f3n en Buenos Aires.<br \/>\nComo no pod\u00eda ser de otro modo en Legrand, su dominio del piano sigui\u00f3 deslumbrando, alternando delicadeza con swing y ritmo. De igual manera que combin\u00f3 la gran obra sinf\u00f3nica de corte barroco para Les Maries d l\u2019ian II de Jean Paul Rappeneau con la chanson francesa y la fant\u00e1stica labor de Oriana Favaro, que fue cobrando templaza en cada tema hasta culminar con una ovaci\u00f3n.<br \/>\nDe cerca se notaron ligeros cabildeos, una partitura resbaladiza cuando se le quiso dar vuelta de p\u00e1gina, o cuando Michel Legrand olvid\u00f3 el nombre del protagonista de <em>The Hunter<\/em> (El implacable), y nadie pudo ayudarlo. Quiz\u00e1s por el t\u00edtulo original o porque el veterano maestro tiene mejor memoria que todo el auditorio dado que record\u00f3 todas sus partituras, convers\u00f3 generosamente con la audiencia y, cuando ya se esperaba despejar la inc\u00f3gnita a posteriori en la virtualidad de Google, dijo: \u201cAhh, Steve McQueen\u201d. Indudablemente el apellido Legrand es sin\u00f3nimo de buena memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su presencia en el escenario del Teatro Col\u00f3n es ante todo un desaf\u00edo al tiempo porque con sus vitales 84 a\u00f1os, la labor de Michel&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[76,1462,1566],"class_list":["post-12287","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-colon","tag-cultura","tag-michel-legrand"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3cb","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12287","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12287"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12287\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12289,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12287\/revisions\/12289"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12287"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12287"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12287"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}