{"id":12299,"date":"2016-06-02T20:33:45","date_gmt":"2016-06-02T23:33:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12299"},"modified":"2016-06-18T20:39:36","modified_gmt":"2016-06-18T23:39:36","slug":"la-seduccion-del-poder-vs-la-nobleza-de-las-metas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12299","title":{"rendered":"La seducci\u00f3n del poder vs la nobleza de las metas"},"content":{"rendered":"<p><em>Todo liderazgo deber\u00eda buscar un equilibrio entre la voluntad, el inter\u00e9s y la espiritualidad. El testimonio de un fil\u00f3sofo sobre el poder, la hipocres\u00eda y la importancia de sentir la necesidad de rezar juntos.<\/em><\/p>\n<p>Como palabra, \u201cpoder\u201d es, ella misma, muy poderosa y seductora. Evoca, con intensidad, escenarios y sentimientos diversos y hasta contradictorios. Empecemos por el aspecto m\u00e1s ben\u00e9fico y positivo, el que tiene que ver con actualizar, generar, vigorizar. En suma, con el amor por la vida.<br \/>\nEn el plano individual, una persona poderosa es la que con su presencia y con sus acciones propicia situaciones de placer, de nobleza, de justicia, de lucidez, de belleza, de servicio, de comprensi\u00f3n emp\u00e1tica, de buen humor, de crecimiento, de paz. Y lo hace con una percepci\u00f3n muy fina de la circunstancia y de la necesidad de aquellos con quienes interact\u00faa. Lo que tienen en com\u00fan una buena maestra, jueza, amiga, abuela, m\u00e9dica, artista o anfitriona es que el encuentro en situaci\u00f3n con ellas nos hace sentir ricos, seguros, a gusto. Son un oasis de felicidad. Su poder\u00edo es un don que habilita, no una amenaza que intimida. Elogiarlas es una manera de agradecer el solo hecho de que existan.<br \/>\nEn el plano colectivo, el poder es la capacidad que tiene una persona para coordinar muchas voluntades en pos de algo que \u00e9l considera que es bueno. Por lo com\u00fan, ocurre en contextos institucionales, como la familia, la empresa, el Estado, el club, la congregaci\u00f3n, la universidad. Las cualidades del poderoso, en estos casos, se despliegan seg\u00fan su aptitud para ejercer una funci\u00f3n, o, como se dice habitual y acertadamente para honrar el cargo.<br \/>\nEl cargo est\u00e1 contenido en un dispositivo social que potencia y amplifica, por as\u00ed decir, las inflexiones de la voz de la persona que lo ocupa. Del mismo modo que en el nivel individual, el poder institucional, que en s\u00ed mismo es un poco neutral y vac\u00edo, se ejerce con calidad en la medida en que propicia la ocurrencia sostenida de situaciones valiosas y ben\u00e9ficas para la comunidad involucrada. El poder de un dirigente empresario, comunitario, sindical, pol\u00edtico, acad\u00e9mico, etc., est\u00e1 determinado por la altura y por la nobleza de las metas colectivas en las que pone en juego su buen nombre (que es el de sus padres y el de sus hijos); por la sinergia que genera entre su mesa chica y sus cuadros medios; por su capacidad para optimizar un ambiente interno de cordialidad, responsabilidad y eficiencia. Pero, b\u00e1sicamente, un dirigente poderoso es una persona que, por las razones correctas, es cre\u00edble: no resulta absurdo esperar que la situaci\u00f3n inesperada y cr\u00edtica sacar\u00e1 de \u00e9l lo mejor en cuanto a sensatez, car\u00e1cter y visi\u00f3n. En este sentido, es razonable sentir que un liderazgo vigoroso, decente y amoroso es una especie de milagro, una bendici\u00f3n que nos compromete a no (volver a) dejar pasar la oportunidad de legar una sociedad mejor, o al menos, no peor que la que hemos recibido.<br \/>\nPero la menci\u00f3n del poder tambi\u00e9n despierta, con raz\u00f3n, resonancias negativas, densas y oscuras. Son las que se asocian con situaciones en las que lo que prevalece no es la cooperaci\u00f3n y la riqueza, sino la competencia, la desconfianza y, en \u00faltima instancia, la violencia. En esta segunda acepci\u00f3n, el poderoso es una persona m\u00e1s bien temida que respetada. Dispone, s\u00ed, de una variedad de recursos f\u00edsicos, econ\u00f3micos, pol\u00edticos o ideol\u00f3gicos, con los que consigue impulsar y consolidar intereses personales o sectoriales. Pero los efectos y los procedimientos de su accionar son hostiles, no construyen. Hacia afuera, se caracteriza por su capacidad para presionar, obstruir, vetar, dominar, explotar, da\u00f1ar, y, en el l\u00edmite, destruir. Y, hacia adentro, se trata de un estilo de conducci\u00f3n tenso, cerrado al aporte creativo, receloso, incapaz de preparar (y, peor a\u00fan, de querer preparar) una sucesi\u00f3n saludable y ordenada.<br \/>\nObviamente, en el mundo real, el poder se constituye con una combinaci\u00f3n variable de los dos aspectos, tanto del cooperativo cuanto del antag\u00f3nico. Thomas Hobbes ense\u00f1a que la ley, para proteger a los justos y pac\u00edficos, debe contar con el poder disuasivo y coercitivo de la Espada P\u00fablica; de otro modo, ser\u00eda s\u00f3lo viento. Un padre responsable no debe ignorar los peligros de la calle. Y de modo rec\u00edproco, Plat\u00f3n advierte que hasta una banda de delincuentes tiene que respetar cierto principio de lealtad y justicia si quiere conseguir sus objetivos. La pregunta en este punto es la de siempre: \u00bfpor qu\u00e9 cuesta tanto encontrar ejemplos, hist\u00f3ricos o contempor\u00e1neos, de un poder ejercido con un balance adecuado entre sus componentes ben\u00e9ficas y oscuras? \u00bfPor qu\u00e9 sucede tan a menudo que el poder institucional, que es poder confiado y delegado para proteger y estimular, se utilice en provecho propio y para da\u00f1ar?<br \/>\nEl poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente (Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely). \u00bfPor qu\u00e9, en suma, nos suena tan obviamente sensato este c\u00e9lebre dictum de Lord Acton?<br \/>\nUna manera de ver las cosas, muy transitada por la filosof\u00eda, nos habla de que el orden arm\u00f3nico en los asuntos de los hombres, si bien es una posibilidad potencialmente contenida por su naturaleza, no es lo que ocurre con m\u00e1s frecuencia, porque a los hombres la armon\u00eda no se les da en forma espont\u00e1nea. Ni al nivel individual, ni mucho menos al nivel colectivo. En la existencia de cada persona son muchas las variables a coordinar: aptitudes innatas, car\u00e1cter, pasiones, prejuicios, h\u00e1bitos, intereses, valores, creencias, la buena fortuna de un ambiente formativo adecuado, oportunidades, buenos ejemplos y compa\u00f1\u00edas, etc\u00e9tera. La integridad es tarea para toda una vida. Y en la dimensi\u00f3n grupal la escala del problema aumenta exponencialmente. Tomemos el ejemplo de una orquesta sinf\u00f3nica: se necesitan buenos ejecutantes en cada fila de instrumentos, buenos compositores, directores, un teatro adecuado, buena administraci\u00f3n, fondos, personal t\u00e9cnico, un p\u00fablico sensible y seguidor, esp\u00edritu de cooperaci\u00f3n, valent\u00eda para apostar por la belleza en momentos dif\u00edciles. Todo puede fallar, o ni siquiera llegar a ocurrir para lograr la ejecuci\u00f3n decorosa de una sinfon\u00eda.<br \/>\nHay otro factor, demasiado humano, que conspira contra la convivencia pr\u00f3spera y amigable. Se trata de una asimetr\u00eda fatal: somos seres muy vulnerables y muy conscientes de nuestro temor al dolor y a la muerte. El precio que pagar\u00edamos por confiar en la persona equivocada se nos presenta, habitualmente, como mucho m\u00e1s alto, y tal vez, irremontable, si lo comparamos con el beneficio que nos perder\u00edamos por desconfiar de quien hubiera podido ser un buen compa\u00f1ero. En contextos de incertidumbre, el repliegue desconfiado suele aparecer como la \u00fanica opci\u00f3n sensata. No obstante, es muy f\u00e1cil notar que una sociedad en la que no fluyen el cr\u00e9dito, las inversiones, el intercambio respetuoso de pareceres, el gesto solidario o siquiera amable con el desconocido, es una sociedad con poca disposici\u00f3n al compromiso rec\u00edproco y con nula visi\u00f3n de futuro.<br \/>\nPodr\u00edamos decir, siguiendo con el talante hobbesiano, que las razones que hacen que la calidad en el ejercicio del poder siempre tienda a sus expresiones m\u00e1s pobres son las mismas que hacen que nos afanemos por generar y mantener instituciones. Los jefes son muy falibles por los mismos motivos por los que son muy necesarios. Si fu\u00e9ramos s\u00f3lo sabios y virtuosos, los gobiernos ser\u00edan superfluos; si fu\u00e9ramos s\u00f3lo lobos y necios, ser\u00edan imposibles e in\u00fatiles.<br \/>\nHostilidad necia que obstruye la sensatez amigable. Productividad que no genera genuina riqueza. Poder sin autoridad. En t\u00e9rminos moderadamente teol\u00f3gicos, y recordando el Eclesiast\u00e9s, la question humaine es, eternamente, la soberbia. Esa manera obstinada de negarnos a reconocer lo mucho de vano que puede haber en cada uno de nosotros, y de proyectar el insoportable peso de nuestra nada sobre nuestros semejantes. Paul Kahn, un jurista de Yale, lo expresa con sencilla claridad: evil (el Mal, con may\u00fascula) es la respuesta fallida de los hombres que se desesperan al caer en la cuenta de su radical finitud. El hecho de no contar con reservas libidinales que les permitan afrontar la idea de la propia limitaci\u00f3n genera la fantas\u00eda soberbia de que podr\u00e1n ser se\u00f1ores sobre la mism\u00edsima muerte si, mediante violencia f\u00edsica o an\u00edmica, consiguen disponer a capricho de la vida y la libertad de sus semejantes. El Mal, seg\u00fan Kahn, es la \u201csoluci\u00f3n\u201d (final) enloquecida del aterrado que, negado para el amor, s\u00f3lo puede dedicarse a aterrar. \u00danicamente en la inmensidad del universo, no sabe agradecer, no conoce la dicha de caminar con un amigo, y entonces disfraza su indigencia espiritual simulando que ocupa el lugar de la majestad divina. \u201cEvil makes us human\u201d, \u00e9se es el motto de Kahn. Significa que, para aspirar a merecernos la humanidad tenemos que aprender a combatir las tendencias m\u00e1s aterradoras del poder, las que s\u00f3lo saben construir miseria. El poder soberbio, as\u00ed, aparece con claridad como una patolog\u00eda extrema de la soledad.<br \/>\nAlgo de lo anterior, entiendo, resuena en el Pre\u00e1mbulo de nuestra Constituci\u00f3n Nacional. El Congreso General de representantes\/dirigentes \u2013creo que sugiere el texto\u2013 s\u00f3lo ser\u00e1 verdaderamente Constituyente si logra coordinar voluntades con miras a los fines superiores de la uni\u00f3n, la paz, la justicia y el bienestar general. Y si lo hace con vocaci\u00f3n amorosa de futuro, en beneficio de la posteridad. Para que la acci\u00f3n de ordenar, decretar y establecer no aparezca como un ejercicio tir\u00e1nico de poder\u00edo por parte de quienes apenas ganaron una guerra civil, el texto se cura en salud, y entonces invoca, no reclama, la protecci\u00f3n de Dios como fuente de todo lo bueno que est\u00e1 proponiendo que nos pase como Naci\u00f3n. Invocar, aqu\u00ed, equivale a admitir que se quiere, pero que no se sabe con certeza; es una manera el\u00edptica de dejar en claro el principio teol\u00f3gico-metaf\u00edsico de que la soberbia deconstituye.<br \/>\nIlustro estas notas compartiendo la honda impresi\u00f3n que me caus\u00f3 una experiencia reciente. Tuve el honor y la buena fortuna de ser invitado por un amigo al National Prayer Breakfast. Se trata de una tradici\u00f3n norteamericana que ya lleva m\u00e1s de sesenta a\u00f1os. Cada a\u00f1o, el primer jueves de febrero, a la hora del desayuno, se organiza una reuni\u00f3n nacional de oraci\u00f3n en Washington D.C., coordinada por una comisi\u00f3n de senadores y diputados del Capitolio, a la que se invita a participar como oradores a personas de relieve internacional (Tony Blair, Jos\u00e9 Luis Rodr\u00edguez Zapatero, Teresa de Calcuta, por mencionar a algunos de los m\u00e1s recientes), y a la que asiste, prestando testimonio, el propio Presidente de los Estados Unidos. El evento dura unos cuatro d\u00edas en total, y re\u00fane gente del pa\u00eds anfitri\u00f3n y de todas partes del mundo, conectada seg\u00fan una idea que, en el fondo, es muy sencilla. Consiste en estimular la formaci\u00f3n y la conexi\u00f3n en red de peque\u00f1os grupos de oraci\u00f3n, conformados por personas que tengan alg\u00fan tipo de responsabilidad pol\u00edtica, social, sindical, econ\u00f3mica, educativa, religiosa, etc\u00e9tera. La invitaci\u00f3n se hace invocando el nombre y la acci\u00f3n conciliadora de Jes\u00fas, pero no responde a ninguna pertenencia confesional en particular, y abarca personas de todos los credos, ocupaciones y regiones del planeta. Me toc\u00f3 asistir a exposiciones de dirigentes de Ucrania y de \u00c1frica, de Canad\u00e1, de Bolivia y de Suecia; convers\u00e9, en ocasiones protocolares e informales, con sacerdotes, operadores pol\u00edticos, empresarios, acad\u00e9micos, m\u00e9dicos que sirven en zonas de alto riesgo, militares, funcionarios de organismos internacionales, trabajadores de organizaciones barriales, cient\u00edficos. Me enter\u00e9 de personas que propiciaron encuentros en zonas conflictivas como Medio Oriente, Ruanda, Colombia. La sensaci\u00f3n era la de una Babel reconciliada, amistosa y jovial, con una concentraci\u00f3n plural de conocimiento, experiencia, capacidad de gesti\u00f3n, vocaci\u00f3n de servicio y buena voluntad que debe ser dif\u00edcil de equiparar en otros acontecimientos.<br \/>\nEn t\u00e9rminos de las reflexiones que ensay\u00e9 al comienzo, el esp\u00edritu del mensaje del National Prayer Breakfast me parece que es algo as\u00ed: nosotros, que habitamos uno de los centros neur\u00e1lgicos del poder internacional, conocemos muy de cerca, porque hemos sido testigos directos, y porque la hemos experimentado en primera persona, la capacidad corrosiva del poder hiperconcentrado. Nos aterra, en consecuencia, imaginar lo que puede ser de cada uno de nosotros, y, literalmente, de todos los habitantes del planeta, si no extremamos los recaudos que resguarden a nuestro esp\u00edritu de las patolog\u00edas de la soledad y de la soberbia. La oraci\u00f3n \u00edntima y no ritual que practicamos y que invitamos a replicar, adem\u00e1s de ayudarnos, como a toda persona, a sobrellevar las cargas de la existencia, tiene el enorme beneficio adicional de permitirnos saber que no estamos solos en nuestro ruego esperanzado por no padecer soledad y por estar a la altura de la tarea que desempe\u00f1amos.<br \/>\nAhora bien. El poder es lo que es, y la ingenuidad negadora no ayuda a entender. Toda ret\u00f3rica institucional puede ser le\u00edda como manifestaci\u00f3n de hipocres\u00eda. Las razones que hacen del Desayuno Nacional de Oraci\u00f3n una tradici\u00f3n estimulante y digna de emulaci\u00f3n son las mismas que podr\u00edan hacerla aparecer como propaganda sospechosa y autoindulgente. Pero el hecho irrefutable es que existe, como pr\u00e1ctica colectiva instituida y sostenida en el tiempo. Los cochairs del evento son un oficialista y un miembro de la oposici\u00f3n, alternando cada a\u00f1o representantes y senadores; el propio Presidente tiene el compromiso moral de concurrir y exponer su capital de credibilidad, dando testimonio del lugar que tienen en su cotidiano la espiritualidad, el amor y la necesidad de mirar hacia lo m\u00e1s alto. Honrando lo m\u00e1s noble de la tradici\u00f3n liberal, en esa semana de Washington prima una l\u00f3gica de lo imprescindible, que nunca debe aspirar a constituirse en garant\u00eda de lo suficiente. Se nos advierte, con sabidur\u00eda, sobre la infinita astucia de la necedad y de la soberbia. Por momentos, en ese evento me sent\u00ed un poco como en casa; igual que en el Talmud y en nuestro Pre\u00e1mbulo, me estaban invitado a invocar la protecci\u00f3n de Dios como fuente \u00faltima de toda raz\u00f3n y justicia.<\/p>\n<p><em>El autor es Doctor en Filosof\u00eda y profesor en las Universidades de San Andr\u00e9s y de Buenos Aires<\/em><\/p>\n<p>1.  Paul Kahn, Out of Eden. Adam and Eve and the Problem of Evil. Princeton, Princeton UniversityPress, 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo liderazgo deber\u00eda buscar un equilibrio entre la voluntad, el inter\u00e9s y la espiritualidad. 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