{"id":12327,"date":"2016-06-18T21:33:27","date_gmt":"2016-06-19T00:33:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12327"},"modified":"2016-06-18T21:33:27","modified_gmt":"2016-06-19T00:33:27","slug":"fidelio-un-evangelio-beethoveniano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12327","title":{"rendered":"Fidelio, un evangelio beethoveniano"},"content":{"rendered":"<p>En el mes de mayo, y despu\u00e9s de trece a\u00f1os de ausencia, volvi\u00f3 a presentarse <em>Fidelio <\/em>en el teatro Col\u00f3n. Si bien los que conocen aunque sea un poco mi itinerario teol\u00f3gico-musical asocian mi nombre con el de Mozart, en realidad mis primeros pasos en el mundo de la m\u00fasica cl\u00e1sica tuvieron como gu\u00eda a Beethoven, en especial sus sinfon\u00edas, pero tambi\u00e9n su \u00fanica \u00f3pera, <em>Fidelio<\/em>. A partir de entonces \u2013hace ya m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os\u2013 el tr\u00e1nsito continuo de un genio al otro ha enriquecido mi escucha de sus obras, y el h\u00e1bito adquirido en la hermen\u00e9utica teol\u00f3gica de las \u00f3peras mozartianas, tema principal de mi investigaci\u00f3n, ha colaborado mucho en la percepci\u00f3n de la acci\u00f3n interior de la \u00f3pera de Beethoven. Desde dicha acci\u00f3n interior musical adquieren un valor inusitado el poco de vino y el trozo de pan con los que Rocco y Leonora alivian el sufrimiento de Florest\u00e1n en la escena del calabozo, durante el segundo acto. Ese pan y ese vino, ofrecidos con profunda compasi\u00f3n al hombre prisionero y moribundo, parecen hablarnos de la Eucarist\u00eda y, a trav\u00e9s de ella, de la figura de Cristo que Beethoven hace presente, de manera muy personal, en esta \u00f3pera a la que gustaba referirse como su \u201ccorona del martirio\u201d, y de la que realiz\u00f3 tres versiones, la \u00faltima de las cuales, del a\u00f1o 1814, conocemos como Fidelio.<br \/>\nComo te\u00f3logo me he interesado en la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de algunos personajes femeninos de las grandes \u00f3peras mozartianas, comenzando por la Condesa Almaviva en <em>Las Bodas de F\u00edgaro<\/em>, protagonista de un inolvidable perd\u00f3n a su marido infiel, y a la que Mozart ha presentado en sus dos arias entonando las melod\u00edas del Agnus Dei de dos Misas compuestas por \u00e9l a\u00f1os antes. Se entiende mejor as\u00ed la inaudita ternura del perd\u00f3n regalado por esta mujer amante, perd\u00f3n tan inmenso que contamina a todos los habitantes del castillo, quienes se a\u00fanan, m\u00e1s all\u00e1 de clases sociales, en una ext\u00e1tica experiencia de felicidad mientras que, por la gracia de la m\u00fasica, el espacio teatral se transfigura en templo y el tiempo en instante anticipador de la beatitud escatol\u00f3gica. La sublime escena final de <em>Fidelio<\/em> (O Gott, welch ein Augenblick), una de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas de Beethoven, bien puede escucharse como un eco o prolongaci\u00f3n del admirable momento an\u00e1logo en la \u00f3pera de Mozart. Beethoven retom\u00f3 all\u00ed, casi literalmente, un hermoso pasaje (\u201cLa humanidad ascendi\u00f3 a la luz\u201d) de su Cantata juvenil consagrada a la memoria del fallecido emperador Jos\u00e9 II, pasaje que, en Fidelio, se transforma en un himno al Dios que pone a prueba, pero que nunca abandona al hombre.<br \/>\nLa presencia escondida del Dios Cordero en medio de una obra profana como lo es una \u00f3pera no es privilegio de Mozart. Si bien no es un dato muy difundido, la famosa melod\u00eda del final de la <em>Novena Sinfon\u00eda<\/em> de Beethoven proviene, probablemente, de un Agnus Dei gregoriano, como lo ha mostrado el music\u00f3logo franc\u00e9s Carl de Nys. Tambi\u00e9n esta obra, como la mencionada \u00f3pera de Mozart, culmina en un canto coral que, con texto de Schiller, celebra, en la m\u00e1s pura alegr\u00eda, la aspiraci\u00f3n a una fraternidad universal: \u201cAlle Menschen werden Br\u00fcder\u201d.<br \/>\nEse sustrato cristiano del pensamiento creador musical nos reconduce ahora hacia Fidelio, donde la figura simb\u00f3lica de Cristo, que es central, se presenta desdoblada. Por una parte, en Florest\u00e1n, el prisionero pol\u00edtico injustamente encarcelado por haber proclamado la verdad, Beethoven prolonga, en clave \u00e9tica, la figura sufriente de Jes\u00fas de su Oratorio Cristo en el Monte de los Olivos. All\u00ed, siguiendo sobre todo la versi\u00f3n lucana de Getseman\u00ed, el Jes\u00fas orante es consolado en su agon\u00eda por un \u00e1ngel, cuya presencia se hace musicalmente sensible en la voz de una soprano. An\u00e1logamente, Florest\u00e1n, en el final de su aria, rozando el delirio, cree ver ante \u00e9l a un \u00e1ngel radiante, un \u00e1ngel parecido a su esposa, Leonora, que viene a conducirlo a \u201cla libertad en el Reino de los Cielos\u201d. Ning\u00fan simple humano podr\u00eda conducirlo a ese destino trascendente. Ni siquiera un \u00e1ngel. Leonora s\u00ed puede, parece decirnos Beethoven.<br \/>\nEn ella, la mujer amante que arriesga la vida para salvar a su marido, el m\u00fasico nos regala un segundo y m\u00e1s completo retrato cristol\u00f3gico. Merece subrayarse su itinerario ken\u00f3tico, que incluye el ingrato trabajo en una c\u00e1rcel, la simulaci\u00f3n de una falsa identidad masculina, el descenso a las zonas inferiores de la prisi\u00f3n para cavar la tumba de su marido y, finalmente, el enfrentamiento con el poder del mal. Esta situaci\u00f3n l\u00edmite se resuelve gracias a la llegada providencial del ministro del rey, anunciado por trompetas que evocan el Juicio final. En la \u00faltima escena, a la que ya he aludido, se cumple el rescate definitivo de Florest\u00e1n y la exaltaci\u00f3n de Leonora por la multitud. Las fuerzas profundas que han sostenido el \u00e1nimo y el coraje de la hero\u00edna a lo largo de semejante via crucis las expresa con claridad ella misma: son la esperanza (Hoffnung) y el amor (Liebe). Y puesto que lo que se glorifica en esta \u00f3pera es la fidelidad \u2013la fe\u2013 de la esposa salvadora, bien puede afirmarse que para Beethoven el coraz\u00f3n de Leonora est\u00e1 habitado y animado por la vida teologal, muy especialmente por el amor \u201chasta el extremo\u201d (Juan 13,1). Es eso lo que la constituye en un \u00edcono de Cristo, y lo que hace de su itinerario \u2013que es la acci\u00f3n interior de Fidelio\u2013 un eco de Filipenses 2, 6-11, uno de los m\u00e1s antiguos y abismales himnos cristol\u00f3gicos.<br \/>\nEl vino ofrecido por Rocco a Florest\u00e1n, y sobre todo, el pan que le da Leonora entonando una frase musical intensa y conmovedora, se manifiestan, a la luz de todo lo dicho, y sobre todo a partir del amor sublime de la hero\u00edna, como un s\u00edmbolo eucar\u00edstico, y la \u00f3pera en su totalidad como un drama salv\u00edfico. Partiendo del g\u00e9nero, muy com\u00fan en su \u00e9poca, de la \u201c\u00f3pera de rescate\u201d, Beethoven ha construido, tal como lo hace Mozart en sus grandes \u00f3peras, una par\u00e1bola que invita a descubrir, con nuevos ojos y o\u00eddos nuevos, el potencial liberador del Evangelio como acontecimiento humanamente decisivo. En Mozart la vertical de la buena nueva cristiana y la horizontal del humanismo moderno se entrelazan en el anhelo de una felicidad trascendente. Se podr\u00eda pensar que, en el caso de Beethoven, lo cristiano, cuya presencia es innegable, est\u00e1 secularizado y act\u00faa ut\u00f3picamente, como cifra ideal de una realidad humana sublime, pero inmanente. Tal vez sea as\u00ed, pero tambi\u00e9n puede decirse, a mi juicio, que haciendo un encendido elogio del amor conyugal, la m\u00fasica de Beethoven comunica, en su dramatismo y sobre todo en su belleza, la aspiraci\u00f3n religiosa a un mundo m\u00e1s humano\u2026 y m\u00e1s que humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el mes de mayo, y despu\u00e9s de trece a\u00f1os de ausencia, volvi\u00f3 a presentarse Fidelio en el teatro Col\u00f3n. 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