{"id":12338,"date":"2016-06-19T17:44:10","date_gmt":"2016-06-19T20:44:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12338"},"modified":"2016-06-19T17:44:10","modified_gmt":"2016-06-19T20:44:10","slug":"entre-sombras-enigmas-y-enredos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12338","title":{"rendered":"Entre sombras, enigmas y enredos"},"content":{"rendered":"<p><em> Dos propuestas muy distintas para disfrutar en el teatro: <em>El padre<\/em> de Florian Zeller (Multiteatro) y <em>El quilombero<\/em>, de Francis Veber (Teatro Lola Membrives). <\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el-padre.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-12339\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el-padre.jpg\" alt=\"el padre\" width=\"369\" height=\"266\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el-padre.jpg 1174w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el-padre-300x216.jpg 300w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/el-padre-1024x737.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 369px) 100vw, 369px\" \/><\/a>La oferta del denominado \u201cteatro comercial\u201d que despliega la Avenida Corrientes alterna propuestas que vienen sosteni\u00e9ndose con gran afluencia de p\u00fablico \u2013como <em>Toc Toc<\/em> y <em>Le pr\u00e9nom<\/em>\u2013 con estrenos de comienzos de a\u00f1o que est\u00e1n en v\u00edas de convertirse tambi\u00e9n en \u00e9xitos de audiencia con mayor o menor justificativo. Como es ya habitual, dominan casi sin competencia los comedi\u00f3grafos franceses y algunos de ellos de manera reiterada.<br \/>\nFlorian Zeller, el joven autor de <em>El padre<\/em> (2012), tiene en su haber una obra narrativa y teatral considerable y ostenta como dramaturgo el raro privilegio, s\u00f3lo alcanzado por Tom Stoppard y Alan Ayckbourne, de haber tenido en escena en Londres tres piezas al mismo tiempo: la que nos ocupa; <em>La madre<\/em> \u2013galardonada en 2011 con el premio Moli\u00e8re\u2013; y <em>La verdad<\/em>, su obra m\u00e1s reciente. Se ha comparado su teatro al de Harold Pinter, quiz\u00e1s por c\u00f3mo lo calific\u00f3 Jos\u00e9 Sanchis Sinisterra: \u201cun teatro lleno de sombras, de enigmas, que tiene la virtud de convertir al espectador en c\u00f3mplice&#8230;\u201d \u2013pero tambi\u00e9n se lo puede relacionar con Pirandello. Lo que en el italiano es una indagaci\u00f3n del l\u00edmite entre ficci\u00f3n y realidad, se vuelve en \u00e9l un intento por trasladar a la escena las alteraciones o fen\u00f3menos mentales que exploran las neurociencias, focaliz\u00e1ndose en las relaciones familiares problem\u00e1ticas.<br \/>\nTal es el caso de <em>El padre<\/em>, donde el protagonista padece, aunque no se nombre, el mal de Alzheimer. La percepci\u00f3n alterada de la realidad que tiene Andr\u00e9 se traslada \u2013y esto es lo interesante y relativamente novedoso\u2013, a la estructura del texto de tal manera que \u00e9ste se arma como un rompecabezas, t\u00e9cnica que ya introdujo en <em>La madre<\/em>. La escena inicial entre Andr\u00e9 y su hija Ana plantea la situaci\u00f3n conflictiva b\u00e1sica: \u00e9sta debe resignar en otro el cuidado de su padre, que se resiste a ello. Todas las circunstancias del caso se tornan, sin embargo, inciertas por el tratamiento dram\u00e1tico de las mismas: \u00bfDejar a su padre a cargo de qui\u00e9n? \u00bfUna nueva acompa\u00f1ante terap\u00e9utica o un geri\u00e1trico? Tambi\u00e9n por qu\u00e9 se produce esta situaci\u00f3n: \u00bfporque debe mudarse a Londres para acompa\u00f1ar a su nueva pareja o porque debe alejar a su padre de su marido para evitar el deterioro de la relaci\u00f3n entre ambos? En sucesivas escenas se repiten o despliegan parecidas situaciones, en una escenograf\u00eda que se va despojando de objetos para representar distintos \u00e1mbitos y en la que hasta diferentes actores encarnan a los mismos personajes \u2013la hija, el marido\/novio, la asistenta\/enfermera\u2013. La intenci\u00f3n del autor es que el p\u00fablico se adentre en los laberintos de la mente de Andr\u00e9 para que perciba la realidad desde su punto de vista y comparta su desasosiego ante la irreversible enfermedad que avanza pero tambi\u00e9n ante la actitud de su familia. La vitalidad y la lucidez que todav\u00eda asoman en \u00e9l van cediendo frente a su creciente sensaci\u00f3n de abandono y soledad. Paralelamente se despliega el dilema casi tr\u00e1gico de la hija escindida entre las exigencias de su amor y responsabilidad filial y la demandas de su pareja.<br \/>\nDaniel Veronese cuenta con un s\u00f3lido elenco y destacados profesionales en la iluminaci\u00f3n, la escenograf\u00eda y el vestuario \u2013Eli Sirlin, Tito Egurza y Laura Singh respectivamente\u2013 para conjugar con acierto las piezas de este particular rompecabezas. La rispidez del tema apenas si se ve mitigada por las ligeras notas de humor que generan algunas actitudes del protagonista, como su inclaudicable negativa a admitir sus olvidos. Lejos de la ridiculizaci\u00f3n que supone la farsa o la comedia, el protagonista est\u00e1 construido con finos trazos que dan cuenta de su tr\u00e1gica situaci\u00f3n. En este sentido, Pepe Soriano a\u00f1ade el personaje de Andr\u00e9 a la larga serie de ancianos que viene interpretando de manera admirable hace ya m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. Este es uno de sus trabajos m\u00e1s acabados. Carola Reyna, como su crispada hija, convalida nuevamente su talento expresivo en un rol tambi\u00e9n exigido. El resto del elenco se articula sin fisuras con los dos protagonistas. Es \u00e9ste un texto que, sin golpes bajos, sacude e interpela al espectador, con mayor o menor fuerza seg\u00fan su edad, al enfrentarlo con las carencias que cercan al hombre en la vejez.<br \/>\nTotalmente distinta d<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/quilombero.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-12340\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/quilombero.jpg\" alt=\"quilombero\" width=\"244\" height=\"162\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/quilombero.jpg 621w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/quilombero-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 244px) 100vw, 244px\" \/><\/a>e esta propuesta es la obra de Francis Veber (<em>L\u2019enmerdeur<\/em>, su t\u00edtulo original), en rigor una comedia de los setenta, despu\u00e9s llevada al cine en tres oportunidades, la \u00faltima de ellas por el propio autor en 2010 con el t\u00edtulo <em>Mi querido asesino<\/em>. Veber es un reconocido autor, guionista y director de cine y dos de sus \u00faltimas obras \u2013<em>El placard<\/em> y <em>La cena de los tontos<\/em>\u2013 fueron \u00e9xitos sostenidos en los escenarios porte\u00f1os. Por edad es un integrante de la vieja guardia de la comedia que hac\u00eda de los enredos su formato predilecto. Sorprende la elecci\u00f3n de esta obra, en particular porque el tiempo transcurrido se hace sentir y se extra\u00f1an otros resortes un poco m\u00e1s sutiles en la creaci\u00f3n de la comicidad, como los que el autor despliega en piezas posteriores. Un par de personajes masculinos contrastantes \u2013un periodista suicida por amor y un asesino por encargo\u2013, dos cuartos contiguos en un hotel unidos por una puerta donde ambos se alojan, un hecho de ribetes policiales que los congrega y un botones gay y entrometido son los ingredientes de esta f\u00f3rmula humor\u00edstica en la que no faltan malentendidos de todo tipo, intromisiones reiteradas y apariciones sorpresivas.<br \/>\nArturo Puig, avezado director de comedias, le imprime a \u00e9sta el ritmo necesario para que la tensi\u00f3n del espectador no decaiga, a pesar de cierta previsibilidad en el desarrollo de las situaciones. Nicol\u00e1s Cabr\u00e9 como el desbordado fot\u00f3grafo compone su personaje desde una gestualidad reiterativa, aunque con gran desgaste f\u00edsico, que va perdiendo eficacia como recurso humor\u00edstico. Se destaca, en cambio, Luis Ziembrowski, que con gran ductilidad gestual y m\u00edmica y notable entrega corporal compone al asesino que termina superado por las circunstancias. Destacable tambi\u00e9n, en un rol menos exigido, es el trabajo de Alejandro M\u00fcller. Un efectivo dise\u00f1o escenogr\u00e1fico enmarca la acci\u00f3n de esta comedia de enredos que se cierra al son de la m\u00fasica de Los Aut\u00e9nticos Decadentes y que, encaramada en uno de los primeros puestos, promete m\u00e1s diversi\u00f3n de la que ofrece.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos propuestas muy distintas para disfrutar en el teatro: El padre de Florian Zeller (Multiteatro) y El quilombero, de Francis Veber (Teatro Lola Membrives). 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