{"id":12418,"date":"2016-07-01T18:36:17","date_gmt":"2016-07-01T21:36:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12418"},"modified":"2016-07-01T18:39:50","modified_gmt":"2016-07-01T21:39:50","slug":"la-conducta-novelistica-de-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12418","title":{"rendered":"La conducta novel\u00edstica de Cervantes"},"content":{"rendered":"<p><em>En el segundo n\u00famero de la revista CRITERIO (15 de marzo de 1928), bajo la direcci\u00f3n de Atilio Dell\u2019Oro Maini, un Jorge Luis Borges de 28 a\u00f1os publicaba un ensayo donde sosten\u00eda que \u201cCervantes teje y desteje la admirabilidad de su personaje\u201d. A continuaci\u00f3n, el texto \u00edntegro, cuando se celebra la figura de Miguel de Cervantes y se conmemoran los 30 a\u00f1os de la muerte del escritor argentino.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/borges-Joven.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-12419\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/borges-Joven.jpg\" alt=\"borges-Joven\" width=\"271\" height=\"430\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/borges-Joven.jpg 271w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/borges-Joven-189x300.jpg 189w\" sizes=\"auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px\" \/><\/a>Ning\u00fan otro destino escrito fue tan dejado de la mano de su dios como don Quijote. Ninguna otra conducta de novelista fue tan deliberadamente parad\u00f3jica y arriesgada como la de Cervantes. As\u00ed la tesis que me he determinado a presentar y a razonar en esta alegaci\u00f3n.<br \/>\nAntes conviene aliviarse de dos errores. Uno es la antigua equivocaci\u00f3n que ve en el Quijote una pura parodia de los libros de caballer\u00eda: suposici\u00f3n que el mismo Cervantes, con perfidia que entenderemos despu\u00e9s, se ha encargado de propalar. Otro es el tambi\u00e9n ya cl\u00e1sico error que hace de esta novela una repartici\u00f3n de nuestra alma en dos apuradas secciones: la de la siempre desenga\u00f1ada generosidad y la de lo pr\u00e1ctico. Ambas lecturas son achicadoras de lo le\u00eddo: \u00e9sta lo desciende a cosa aleg\u00f3rica, y hasta de las m\u00e1s pobres; aqu\u00e9lla lo juzga circunstancial y tiene que negarle (aunque as\u00ed no fuera su voluntad) una permanencia larga en el tiempo. Adem\u00e1s, ni lo par\u00f3dico ni lo aleg\u00f3rico son valederas manifestaciones de arte: lo primero no es m\u00e1s que el rev\u00e9s de otra cosa y \u00e9sta le hace tanta falta para existir, como la luz y el cuerpo a la sombra; lo \u00faltimo es una categor\u00eda gramatical m\u00e1s que literaria, una seudo humanizaci\u00f3n de voces abstractas por medio de may\u00fasculas. El Quijote no es ninguna de esas ausencias: es la venerable y satisfactoria presentaci\u00f3n de una gran persona, pormenorizada a trav\u00e9s de doscientos trances, para que lo conozcamos mejor. Es decir, no es ni m\u00e1s ni menos que el t\u00edtulo. Cervantes, en hecho de verdad, fue un hagi\u00f3grafo, pero no es la casi santidad de Alonso Quijano lo que interesa hoy a mi pluma, sino lo desaforado del m\u00e9todo de Cervantes para convencernos bien de ella. Ese m\u00e9todo no es el usual de la persuasi\u00f3n; es otro insospechable y secreto que provoca, sin traicionarse nunca, una reacci\u00f3n compasiva o hasta enojada frente a las indignidades sin fin que injurian al h\u00e9roe. Cervantes teje y desteje la admirabilidad de su personaje. Imperturbable, como quien no quiere la cosa, lo levanta a semidi\u00f3s en nuestra conciencia, a fuerza de sumarias relaciones de su virtud y de encarnizadas malandanzas, calumnias, omisiones, postergaciones, incapacidades, soledades y cobard\u00edas.<br \/>\nEl procedimiento se trasluce con seguridad en la primera parte, tan secundaria en m\u00e9rito. All\u00ed menudean las cargosas retah\u00edlas de palos y pu\u00f1etazos, censuradas con aparente justicia por nuestro Groussac. En la segunda, las tentaciones en que puede caer el lector son m\u00e1s considerables y m\u00e1s sutiles. El arte de Cervantes, diez a\u00f1os mayor, asume aqu\u00ed toda la audacia peligros\u00edsima de su destreza y pone a don Quijote, no ya en el inventado riesgo de que le peguen sino en el verdadero y muy serio de que le perdamos cari\u00f1o. Dir\u00e9 algunos ejemplos, no todos, de ese incomparable jugarse entero del escritor.<br \/>\nLos de soledad son de no acabar. Don Quijote es la \u00fanica soledad que ocurre en la literatura del mundo. Prometeo, amarrado a la visible pe\u00f1a cauc\u00e1sica, siente la compasi\u00f3n del universo a su alrededor y es visitado por el Mar, caballero anciano en su coche, y por el especial enojo de Zeus. Hamlet despacha concurridos mon\u00f3logos y triunfa intelectualmente, sin apuro en las antesalas de su venganza, sobre cuantos conviven con \u00e9l. Raskolnikov, el asc\u00e9tico y razonador asesino de Crimen y castigo, sabe que todos sus minutos son novelados y ni la borra de sus sue\u00f1os se pierde. Pero don Quijote est\u00e1 solo, dejadamente solo, y cualquier eventualidad lo interrumpe. Ese es el necesario sentido de los Gris\u00f3stomos, de las Marcelas, de los cautivos y de las otras curiosas impertinencias que interceptan a cada vuelta de hoja la presencia del h\u00e9roe y que tanto esc\u00e1ndalo y vacilaci\u00f3n han puesto en la cr\u00edtica. Ni siquiera en los \u00faltimos tr\u00e1mites de su muerte (gran posesi\u00f3n y dramaticidad de todo vivir, por pobre que sea) consigue don Quijote ocupar la franca y solemne atenci\u00f3n de su historiador. Esto lo hace arrepentirse de su hero\u00edsmo, apostas\u00eda in\u00fatil, para mencionar despu\u00e9s casualmente y en la mitad de un p\u00e1rrafo, que falleci\u00f3: \u201cEl cual, entre compasiones y l\u00e1grimas de los que all\u00ed se hallaban, dio su esp\u00edritu: quiero decir que se muri\u00f3\u201d. As\u00ed, con aparatoso desgano, se despidi\u00f3 Miguel de Cervantes de don Quijote.<br \/>\nTampoco la inconsciencia de su rareza (especie de inocente nube para s\u00ed en que viajan los dioses) le fue concedida al caballero por su cronista. Hay un lugar, pat\u00e9tico, en que don Quijote habla directamente de su locura y se sabe loco y lo dice. Es la aventura contemplativa y ext\u00e1tica de los santos. Don Quijote discurre acerca de ellos y piensa al fin: \u201cEllos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta ahora no s\u00e9 lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejor\u00e1ndose mi ventura y adob\u00e1ndoseme el juicio, podr\u00eda ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo\u201d. Otro m\u00e1s llevadero es aqu\u00e9l en que don Quijote conversa sobre la ridiculez de su traza: \u201cAs\u00ed que se\u00f1or gentilhombre, ni este caballo\u2026 ni la amarillez de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza os podr\u00e1 admirar de aqu\u00ed en adelante\u2026\u201d (segunda parte, cap\u00edtulo XVI).<br \/>\nPero el ejemplo m\u00e1s iluminativo de cuantos puedo recordar aqu\u00ed, es el tan festejado como no entendido cap\u00edtulo que trata de los consejos a Sancho. Hasta don Am\u00e9rico Castro (en su libro encaminado a probar que Cervantes vivi\u00f3 de veras en el siglo XVI y en su atm\u00f3sfera) se limita a emparejar los consejos de don Quijote con los de Is\u00f3crates y a declarar el contenido \u00e9tico de estas moralidades. Admite sin embargo que \u201clos consejos en s\u00ed nada tienen de ins\u00f3lito, en cuanto a las ideas, y su mayor inter\u00e9s reside en los reflejos que provocan en Sancho y en el ambiente de iron\u00eda y buena gracia que envuelve el di\u00e1logo\u201d (El pensamiento de Cervantes, p\u00e1gina 359). Yo voy m\u00e1s lejos; los consejos para m\u00ed no son lo que importa, sino el hecho de darlos. Rean\u00edmese la escena: Sancho, por decisi\u00f3n burlona del duque acaba de ser nombrado gobernador de una \u00ednsula, que no por ap\u00f3crifa y tirada en medio del campo, es menos codiciable. \u201cEn esto lleg\u00f3 don Quijote y sabiendo lo que pasaba\u2026, con licencia del duque le tom\u00f3 de la mano y se fue con \u00e9l a su estancia con intenci\u00f3n de aconsejarle c\u00f3mo se hab\u00eda de haber en su oficio. Entradas pues en su aposento, cerr\u00f3 tras s\u00ed la puerta, e hizo casi por fuerza que Sancho se sentase junto a \u00e9l\u201d. Apurado y coercitivo est\u00e1 don Quijote en dar esos consejos, que el escudero subido a gobernador no ha pedido y que son m\u00e1s bien una continuaci\u00f3n de la autoridad del hidalgo. \u00a1Qu\u00e9 insinuaciones las de su pr\u00f3logo! \u201cT\u00fa, que para m\u00ed sin duda alguna eres un porro, sin madrugar, sin trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con s\u00f3lo el aliento que te ha tocado de la andante caballer\u00eda, sin m\u00e1s ni m\u00e1s te ves gobernador de una \u00ednsula, como quien no dice nada. Todo esto, digo, oh Sancho, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo que dispone suavemente las cosas, y despu\u00e9s las dar\u00e1s a la grandeza que en s\u00ed encierra la profesi\u00f3n de la caballer\u00eda andante. Dispuesto pues el coraz\u00f3n a creer lo que te he dicho, est\u00e1, oh hijo, atento a \u00e9ste tu Cat\u00f3n, que quiero aconsejarte, y ser norte y d\u00eda que te encamine y saque a seguro puerto\u2026 Del conocerte saldr\u00e1 el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendr\u00e1 a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideraci\u00f3n de haber guardado puercos en tu tierra\u201d. \u00bfNo est\u00e1 induci\u00e9ndonos aqu\u00ed Miguel de Cervantes a que palpemos envidia en el car\u00e1cter honest\u00edsimo de don Quijote? \u00bfNo es m\u00e1s odiosa la sola insinuaci\u00f3n de esa envidia que esa otra obscena aventura en que tirado don Quijote en el campo, cruza una piara de cerdos encima de \u00e9l?<br \/>\nAtropellos y desmanes son los que dije que evidencian la confianza de su escritor en la invulnerabilidad central de su h\u00e9roe. S\u00f3lo en Cervantes ocurren valent\u00edas de ese orden.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el segundo n\u00famero de la revista CRITERIO (15 de marzo de 1928), bajo la direcci\u00f3n de Atilio Dell\u2019Oro Maini, un Jorge Luis Borges de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[140,1625,1462,1624],"class_list":["post-12418","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-borges","tag-cervantes","tag-cultura","tag-quijote"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3ei","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12418"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12418\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12422,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12418\/revisions\/12422"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}