{"id":12423,"date":"2016-07-01T18:44:44","date_gmt":"2016-07-01T21:44:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12423"},"modified":"2016-07-01T18:44:44","modified_gmt":"2016-07-01T21:44:44","slug":"encontrar-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12423","title":{"rendered":"Encontrar las palabras"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/vivir.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-12424\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/vivir.jpg\" alt=\"vivir\" width=\"89\" height=\"140\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/vivir.jpg 289w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/vivir-191x300.jpg 191w\" sizes=\"auto, (max-width: 89px) 100vw, 89px\" \/><\/a>Vivir entre lenguas<\/strong><br \/>\nde Sylvia Molloy<br \/>\nBuenos Aires, 2016, Eterna Cadencia<\/p>\n<p>Amante de los idiomas, la literatura y los gatos, Syvia Molloy nos ha dejado libros dolorosos y muy sugestivos, como El com\u00fan olvido o Desarticulaciones. Siempre atenta a c\u00f3mo se habla y qu\u00e9 se dice, siempre atra\u00edda por las diferencias entre las lenguas y las maneras de decir, de recordar y hasta de olvidar, es una escritora que posee infinitas an\u00e9cdotas y constantes reflexiones sobre el pluriling\u00fcismo. Como se se\u00f1ala con propiedad en la presentaci\u00f3n de su \u00faltima obra, la que ahora nos ocupa, hay autores emblem\u00e1ticos como Guillermo Enrique Hudson (quien vivi\u00f3 su infancia en el partido de Berazategui y que entre otras obras escribi\u00f3 la maravilla de All\u00e1 lejos y hace tiempo), George Steiner (acaso el m\u00e1s culto de los cr\u00edticos literarios y ensayistas que conoce hoy Europa) o El\u00edas Canetti (Premio Nobel y autor de Masa y poder o ese prodigio titulado La lengua salvada, que forma parte de una trilog\u00eda inolvidable) que acompa\u00f1an e iluminan su inter\u00e9s por el cruce de idiomas. En este caso: el castellano, el ingl\u00e9s y el franc\u00e9s. La pregunta que emerge es cu\u00e1l es el \u00e1mbito intelectual y dominio afectivo de cada legua. Que es como preguntarnos en qu\u00e9 idioma se sue\u00f1a o se dicen las palabras secretas de los amores y las decepciones. Si hubiera una s\u00f3lo posibilidad de que la persona se identificara con un idioma, ese lugar \u00bfno ser\u00eda quiz\u00e1 la poes\u00eda?<br \/>\nNi la m\u00fasica ni las artes pl\u00e1sticas encuentran, claro est\u00e1, la valla, ni se plantean el interrogante que las lenguas deben salvar. Pero dado que no se piensa sino a trav\u00e9s del lenguaje, las preocupaciones de Sylvia Molloy tienen asidero. Y muy notable. Porque las personas no podemos expresar (o apenas esbozar) en palabras las ideas y los sentimientos sino a trav\u00e9s de una lengua, sea \u00e9sta cual fuera. Se pregunta la autora: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 lengua soy?\u201d.<br \/>\nCuenta Molloy: \u201cHace a\u00f1os di un curso en ingl\u00e9s sobre Borges a un grupo de estudiantes en Nueva York. Previsiblemente Borges los desconcert\u00f3 y el desconcierto fue fecundo\u201d. Refiere que muchos estudiantes pose\u00edan m\u00e1s de un idioma; hab\u00eda chinos, h\u00fangaros, \u00e1rabes, indios y filipinos. \u201cLas cosas cambiaron \u2013prosigue\u2013 cuando pasamos de la prosa de Borges a su poes\u00eda\u201d. Y aclara: \u201cMe explico: a diferencia de la edici\u00f3n inglesa de los cuentos, resueltamente monoling\u00fce, el volumen de la poes\u00eda completa era biling\u00fce: el original en espa\u00f1ol a la izquierda, la versi\u00f3n inglesa a la derecha\u201d. Y cuenta entonces que ver el original reconfortaba a los alumnos. As\u00ed como relata un amigo de Hudson que cuando el escritor no encontraba la palabra en ingl\u00e9s \u201cinmediatamente la reemplazaba por una en castellano para as\u00ed poder seguir la narraci\u00f3n sin perder el hilo\u201d.<br \/>\nMolloy misma se responde a la pregunta \u201c\u00bfen qu\u00e9 lengua se despierta el biling\u00fce?\u201d, con la siguiente consideraci\u00f3n: \u201cCuando estoy fuera de mi casa, cuando estoy de viaje, me despierta la campanilla del tel\u00e9fono y tengo que hacer un esfuerzo por contestar en la lengua que corresponde, la del lugar donde estoy: si no, siento que he cometido un error, un desliz. He bajado la guardia, he dejado vislumbrar algo que en general no se ve, aunque no s\u00e9 bien qu\u00e9 es. Es como si me sorprendieran en una actitud comprometedora\u201d.<br \/>\nTambi\u00e9n en este libro, la autora torna a contar de su regreso a Buenos Aires como en otras memorias: \u201cDurante a\u00f1os me resist\u00ed a regresar de veras a Buenos Aires, con lo que quiero decir, volver a una casa que pod\u00eda llamar m\u00eda. As\u00ed paraba en hoteles, lo cual contribu\u00eda a cierta marginalidad baratamente louche que me satisfac\u00eda, marginalidad que caracterizaba (y acaso siga caracterizando) mi relaci\u00f3n con el lugar donde nac\u00ed\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivir entre lenguas de Sylvia Molloy Buenos Aires, 2016, Eterna Cadencia Amante de los idiomas, la literatura y los gatos, Syvia Molloy nos ha dejado&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,31,1626,1627],"class_list":["post-12423","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-libros","tag-molloy","tag-vivir-entre-lenguas"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3en","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12423","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12423"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12423\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12425,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12423\/revisions\/12425"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12423"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12423"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12423"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}