{"id":12478,"date":"2016-07-18T15:21:30","date_gmt":"2016-07-18T18:21:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12478"},"modified":"2016-07-18T15:21:30","modified_gmt":"2016-07-18T18:21:30","slug":"un-hito-en-la-historia-del-teatro-colon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12478","title":{"rendered":"Un hito en la historia del Teatro Col\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em>Con producci\u00f3n propia del teatro porte\u00f1o, Die Soldaten, m\u00fasica de Bernd Alois Zimmermann y la direcci\u00f3n del suizo Baldur Bronnimann, subi\u00f3 a escena en el Col\u00f3n y deslumbr\u00f3 a los espectadores. \u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLo mejor que tenemos se va con nosotros al sepulcro\u201d<\/em><br \/>\n<em> Jakob Lenz<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/DieSoldatenNOT.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-12479\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/DieSoldatenNOT.jpg\" alt=\"DieSoldatenNOT\" width=\"351\" height=\"195\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/DieSoldatenNOT.jpg 520w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/DieSoldatenNOT-300x167.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 351px) 100vw, 351px\" \/><\/a>Sin aliento. Literalmente, uno queda as\u00ed tras caer el tel\u00f3n final de <em>Die Soldaten<\/em> (Bernd Alois Zimmermann, 1918-1970) en el estreno iberoamericano del Teatro Col\u00f3n. Contrariamente a lo que es habitual al t\u00e9rmino de las funciones del gran abono, ni una sola persona se movi\u00f3 de su asiento hasta el \u00faltimo saludo de la multitud de artistas que se desped\u00edan en el escenario. Virulenta, opresiva, inmisericorde la obra; impresionante, magn\u00edfica, espectacular la realizaci\u00f3n; poderosas y densas de contenido ambas.<br \/>\nZimmermann, el compositor, como lo hizo Jakob Lenz, el dramaturgo, casi doscientos a\u00f1os antes, golpean sobre los mismos temas que sacuden a la humanidad desde siempre: la brutalidad de la fuerza sobre la raz\u00f3n, la violencia de g\u00e9nero, la degradaci\u00f3n de la mujer, la recurrente opresi\u00f3n del poder. Curiosamente, se trata de los mismos t\u00f3picos brutales que alientan en Tosca y Macbeth, los dos t\u00edtulos venideros de la temporada, s\u00f3lo que en <em>Die Soldaten<\/em> no est\u00e1n mediatizados por la focalizaci\u00f3n en actitudes personales y por la natural distancia que establece el protagonismo seductor de la m\u00fasica de Puccini y Verdi. Con Zimmermann no hay distancia ni respiro posibles, todos los mecanismos teatrales \u2013texto, acci\u00f3n, m\u00fasica, ruidos, proyecciones\u2013 envuelven al espectador y lo sumergen en el v\u00e9rtigo de la tragedia humana que no cesa.<br \/>\nEl hilo que enhebra a Lenz con B\u00fcchner, a \u00e9ste con Berg, y a Berg con Zimmermann, desconoce la esperanza. Die Soldaten es un \u201csuperwozzeck\u201d que expone una visi\u00f3n pesimista de la sociedad de la que no parece haber ninguna luz al final del t\u00fanel. \u201cLo mejor que tenemos \u2013dice Lenz en esta obra\u2013 se va con nosotros al sepulcro\u201d.<br \/>\nAl proponer incluir este t\u00edtulo casi irrepresentable y hacerlo con una producci\u00f3n integral propia, el Col\u00f3n asumi\u00f3 un riesgo enorme, casi suicida. Pero a diferencia de Zimmermann (que termin\u00f3 voluntariamente con su vida veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s de haberlo anunciado) aqu\u00ed el triunfo fue rotundo, al punto de constituir un hito memorable en la historia del teatro.<br \/>\nLos elementos convocados incluyeron al director de orquesta y dos asistentes, alrededor de 150 instrumentistas entre orquesta y banda, quince maestros preparadores, una docena de percusionistas en escena, seis cantantes solistas extranjeros y casi veinte locales, treinta figurantes y un numeroso equipo de realizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n esc\u00e9nica, totalizando m\u00e1s de 250 personas. Magnitudes propias de Mahler y Scriabin reunidos, glorificaci\u00f3n actualizada del \u201cm\u00e1s es m\u00e1s\u201d posrom\u00e1ntico. El resultado demostr\u00f3 la responsabilidad y el oficio de cada uno de los intervinientes en el desaf\u00edo y, sobre todo, la evidencia de las tres \u00abe\u00bb que flotaban en el aire esa noche \u2013experiencia, esfuerzo y entusiasmo\u2013, sin las cuales hubiera sido imposible llegar a buen puerto con la aventura.<br \/>\nEspecial dedicaci\u00f3n y firmeza volvi\u00f3 a demostrar Baldur Br\u00f6nnimann al frente de las huestes musicales, y descollaron la soprano danesa Susanne Elmark, impecable cantante y actriz en el rol de Marie; el bajo noruego Fred Olsen como su padre y el tenor ingl\u00e9s Tom Randle en la cruel tesitura asignada a su Desportes. Pero si de elegir un primer premio se tratara, sin duda corresponder\u00eda a los responsables esc\u00e9nicos: Pablo Maritano (r\u00e9gie) y Enrique Bordolini (escenograf\u00eda, iluminaci\u00f3n). Limitados por la conformaci\u00f3n de la sala \u201ca la italiana\u201d, ambos lograron acercarla a algo muy contiguo a la utop\u00eda del \u201cteatro total\u201d, simult\u00e1neo, envolvente y circular, imaginado por Zimmermann.<br \/>\nVarias estructuras de \u201cmonoambientes\u201d en constante transformaci\u00f3n de traslados y rodamientos pod\u00edan mostrar al mismo tiempo hasta quince diferentes escenas que \u2013deliberadamente\u2013 exced\u00edan las posibilidades de poder disfrutarlas (o escandalizarse con ellas). Todo suced\u00eda al mismo tiempo, en una suerte de zapping permanente, de ritmo cinematogr\u00e1fico o televisivo. Dentro de ese devenir sin pausa, una trouvaille verdaderamente original lo constituy\u00f3 la multiplicaci\u00f3n de Marie en sus diversas avataras, as\u00ed como impact\u00f3 la perfecci\u00f3n visual y sonora de la escena de los soldados percusionistas en la juerga del acto segundo.<br \/>\nPero quiz\u00e1s el logro mayor de la puesta sea el que culmin\u00f3 la escena final, cuando Marie Wesener, en su extrema degradaci\u00f3n, se despide con ese grito que resuena hondo, tan hondo como el de la Marie de Wozzeck, como el de Edvard Munch, desesperados y desesperantes los tres. Sin embargo, en medio de ese desenlace pesimista puede detectarse un resquicio posible, precisamente all\u00ed donde Zimmermann insert\u00f3 un lejano Padrenuestro en lat\u00edn, apenas audible bajo el tremendo ostinato de la percusi\u00f3n que ensordece. Y es all\u00ed donde Pablo Maritano, al eludir la violencia escatol\u00f3gica \u2013propia de otras versiones la de Harry Kupfer en Stuttgart, por ejemplo\u2013, le dio a la escena final un estatismo monumental, conclusivo y estremecedor, con las masas avanzando inciertas tras una luz poderosa que los gu\u00eda. Es entonces cuando lo que hasta entonces abrumaba en su devenir de aquelarre sin fondo se aquieta, enmudece y alcanza, imprevistamente, la dimensi\u00f3n de un verdadero auto sacramental que parece interpelar(se) ominosamente \u201c\u00bfhasta cu\u00e1ndo, Se\u00f1or, hasta cu\u00e1ndo?\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con producci\u00f3n propia del teatro porte\u00f1o, Die Soldaten, m\u00fasica de Bernd Alois Zimmermann y la direcci\u00f3n del suizo Baldur Bronnimann, subi\u00f3 a escena en el&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[958],"tags":[1639,1640,857,1638],"class_list":["post-12478","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criterio-digital-2","tag-die-soldaten","tag-jakob-lenz","tag-teatro-colon","tag-zimmermann"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3fg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12478","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12478"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12478\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12480,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12478\/revisions\/12480"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12478"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12478"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12478"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}