{"id":12539,"date":"2016-08-09T11:02:00","date_gmt":"2016-08-09T14:02:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12539"},"modified":"2016-08-09T11:02:00","modified_gmt":"2016-08-09T14:02:00","slug":"homenaje-a-eugenio-guasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12539","title":{"rendered":"Homenaje a Eugenio Guasta"},"content":{"rendered":"<p>Caminando una ma\u00f1ana por el claustro de la Iglesia Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, Eugenio me contaba que en su casa, en Flores, \u201chac\u00edan m\u00fasica\u201d. Recordaba que su madre cantaba el Addio de Tosti. A esa menci\u00f3n, record\u00e9 que en casa, en Montevideo, cuando yo era chico, tambi\u00e9n se \u201chac\u00eda m\u00fasica\u201d. Para escucharla, yo me asomaba desde una puerta. Mi padre tocaba el violoncello; el Addio me era conocido.<br \/>\nAs\u00ed eran nuestras reuniones con monse\u00f1or Eugenio Guasta. De los temas espec\u00edficos sobre nuevos proyectos y remodelaciones en la iglesia y casa parroquial de la Merced pas\u00e1bamos a temas como el que acabo de mencionar.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/guasta.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-12540\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/guasta.jpg\" alt=\"guasta\" width=\"419\" height=\"279\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/guasta.jpg 419w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/guasta-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 419px) 100vw, 419px\" \/><\/a>Tenemos que agradecer que Guasta fuera nombrado p\u00e1rroco de la Bas\u00edlica Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, Monumento Hist\u00f3rico Nacional, proyectada por el hermano jesuita Andrea Bianchi, autor tambi\u00e9n de varios monumentos hist\u00f3ricos en el pa\u00eds y participante en el concurso de anteproyectos de San Giovanni Laterano en Roma.<br \/>\nConoc\u00eda a Eugenio de nombre, por amigos, y lo conoc\u00ed personalmente un d\u00eda en el que fuimos juntos a comer a lo de un amigo com\u00fan. En esa oportunidad, me dijo que gracias a una donaci\u00f3n se hab\u00eda restaurado el \u00f3rgano Walcker situado en el coro de la iglesia. La m\u00fasica aparece, para \u00e9l, como una de las prioridades para las celebraciones lit\u00fargicas. A partir de ese encuentro, y merced a la generosidad de amigos y empresas, comenzamos a trabajar juntos.<br \/>\nOtra de las prioridades era que la palabra deber\u00eda ser escuchada con claridad en todos los lugares del templo y, para ello, despu\u00e9s de estudiar varias alternativas, se eligi\u00f3 un equipo de alta fidelidad de sonido. La palabra y la m\u00fasica se un\u00edan a la liturgia.<br \/>\nLos dos propon\u00edamos ideas, algunas m\u00edas las aceptaba Eugenio y otras no. Yo aceptaba ideas de \u00e9l y le propon\u00eda transformarlas. El era quien viv\u00eda y conoc\u00eda ese lugar. Era notable la preocupaci\u00f3n que ten\u00eda por el detalle sin perder de vista la totalidad.<br \/>\nA la m\u00fasica y a la palabra se fueron incorporando, entre otros, la restauraci\u00f3n arquitect\u00f3nica, la pintura, la imaginer\u00eda y los vitrales. Augusto Rodin, en su libro Las Catedrales de Francia, se refiere al grandioso lenguaje de la catedral francesa, lenguaje que podemos asimilar en el caso de La Merced: \u201cAqu\u00ed, la idea se incorpora al monumento mismo: es la piedra la que habla. La construcci\u00f3n y la decoraci\u00f3n, la arquitectura y la doctrina se casan y se fundan en uno\u201d.<br \/>\nAl tiempo que se mejoraba la calidad del templo, comenz\u00f3 a adecuarse el \u00e1mbito privado, el lugar de los sacerdotes, ese lugar al cual el jesuita Dalmacio Sobr\u00f3n, en su libro sobre Andrea Bianchi, refer\u00eda: \u201cdetr\u00e1s del muro testero, una tapera\u201d. Barrio Chino, lo llamaba Eugenio, construido en parte sobre la b\u00f3veda de la sacrist\u00eda; una aberraci\u00f3n para nosotros, arquitectos. Este espacio se transformar\u00eda en lugares comunes de uso para los sacerdotes permanentes o visitantes de la parroquia, y se conectar\u00eda con los sectores de los dormitorios con sus lugares de estudio.<br \/>\nGuasta contribuy\u00f3 a crear una relaci\u00f3n de amistad entre los especialistas que participaron en diferentes trabajos, como Marcelo Magad\u00e1n en restauraci\u00f3n arquitect\u00f3nica y Teresa Gowland y su equipo en la delicada restauraci\u00f3n de las b\u00f3vedas, la c\u00fapula y el retablo del altar mayor. Tambi\u00e9n Ricardo Paz y Juan Mart\u00edn y Herrera en la original y expresiva puerta de algarrobo del oratorio de la casa parroquial; Fivaller Jorge Subirats en los vitrales, Oscar Palermo y Cristian Untoiglich en la restauracion de madera, la arquitecta Marcela Gagliano en iluminaci\u00f3n; Blas Castagna en el nuevo altar revestido en alpaca y muchas otras personas que han contribuido a redescubrir obras de arte escondidas por el paso del tiempo.<br \/>\nComo la literatura, la historia ocupaba un lugar importante en la vida de Eugenio. En los \u00faltimos a\u00f1os, y posibilitado por una donacion privada, pudo realizar una de sus ideas: adecuar varios lugares, con acceso a trav\u00e9s del ingreso al claustro, con destino al Archivo Hist\u00f3rico, el m\u00e1s antiguo de la ciudad. Esta remodelaci\u00f3n, realizada de acuerdo con las t\u00e9cnicas modernas, ha permitido la investigaci\u00f3n de los expertos e interesados en el tema. \u201cUn archivo representa el pasado. A la historia no hay que tenerla guardada. El pasado es fuente de inspiraci\u00f3n para nuestra patria\u201d, dijo el entonces cardenal Jorge Bergoglio en el acto de bendici\u00f3n de las instalaciones.<br \/>\nEstar con Eugenio era siempre encontrarse con sorpresas. Comentarios como \u201c\u00bfNo ser\u00eda mejor pintar la iglesia de blanco como era originalmente? No, no lo va a aceptar Schenone&#8230;\u201d. En sus almuerzos, conoc\u00edamos o nos reencontr\u00e1bamos con antiguos amigos: Mar\u00eda Rene\u00e9 Cura, monse\u00f1or Jorge Mej\u00eda, Julio C\u00e9sar Saguier, Mabel y Mar\u00eda Castellano Fotheringham, Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier\u2026<br \/>\nEn nuestras conversaciones surg\u00edan las referencias a lugares que quedaron fijas en su memoria durante sus a\u00f1os de estudios en Roma, lugares vecinos a San Giorgio in Velabro, donde vivi\u00f3 un tiempo su amiga Lucrecia de Oliveira C\u00e9zar de Garc\u00eda Arias, uno de los sitios emblem\u00e1ticos de Roma, tambi\u00e9n muy significativo para m\u00ed.<br \/>\nEstar con Eugenio era tambien viajar junto con \u00e9l. En sus \u00faltimos a\u00f1os, en el Hogar Sacerdotal de Flores, cuyo traslado, como \u00e9l comentaba, \u201cfue muy conversado\u201d, en cada visita nos mostraba, en su computadora, im\u00e1genes que eran parte de su vida. \u201cLas Hermanitas de Priscila\u201d, en las afueras de As\u00eds, donde tej\u00edan las maravillosas casullas de lino que hoy est\u00e1n cuidadas en un armario hecho especialmente en la sacrist\u00eda de la iglesia por el artesano Oscar Palermo.<br \/>\nLa m\u00fasica, la palabra, la arquitectura, las bellas artes, la religi\u00f3n me dan pie para otra cita de Rodin en Las Catedrales de Francia en la que se refiere a los grandes artistas del siglo XII, del XIII y del Renacimiento hasta el fin del XVIII: \u201cEl arte era para ellos una de las alas del amor; la religi\u00f3n era la otra. El arte y la religi\u00f3n daban a la humanidad todas las certidumbres de que tiene necesidad para vivir y que ignoran las \u00e9pocas imbu\u00eddas de indiferencia, esa niebla moral\u201d. De este esp\u00edritu estaba imbuido Eugenio, eso era lo que \u00e9l transmit\u00eda.<br \/>\nEn el a\u00f1o 2011 a monse\u00f1or Guasta le otorgaron el premio \u201cGratia Artis\u201d instituido por Basilio Uribe en la Academia Nacional de Bellas Artes. Al recibir el premio, Eugenio dijo, parafraseando a alguien: \u201cse me premia por haber hecho lo que simplemente trat\u00e9 de hacer toda la vida, vivir como disc\u00edpulo y comunicar a otros lo que me brindaron\u201d.<\/p>\n<p><em>El autor es arquitecto<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caminando una ma\u00f1ana por el claustro de la Iglesia Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, Eugenio me contaba que en su casa, en Flores, \u201chac\u00edan m\u00fasica\u201d&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,313],"class_list":["post-12539","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-guasta"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3gf","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12539","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12539"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12539\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12541,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12539\/revisions\/12541"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12539"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12539"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12539"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}