{"id":12595,"date":"2016-09-06T17:04:31","date_gmt":"2016-09-06T20:04:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12595"},"modified":"2016-09-06T17:04:31","modified_gmt":"2016-09-06T20:04:31","slug":"elogio-de-la-oracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12595","title":{"rendered":"Elogio de la oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em>La vida cristiana es un di\u00e1logo abierto por Dios que se dirige al hombre en un gesto de indescriptible misericordia. Pero, adem\u00e1s, esa palabra posibilita que el di\u00e1logo se complete, de alg\u00fan modo, con la palabra que el hombre dirige a Dios. Dios, que es eterno di\u00e1logo trinitario, ha querido abrir el juego a nuestra fr\u00e1gil condici\u00f3n y sumarnos al gozo de esa conversaci\u00f3n. La palabra de Dios al hombre se llama revelaci\u00f3n, la del hombre a Dios se llama oraci\u00f3n. Ambas incluyen el pedido y la pregunta.<\/em><br \/>\nDios, que todo lo sabe, sin embargo pregunta, apela a la libertad y expresa su amor como confianza al pedirle al hombre que lo siga. Dios, que sabe que el hombre lo puede defraudar, sin embargo le pide. Conf\u00eda en \u00e9l, pone en sus manos su obra. El hombre, que poco sabe, apela al misterio de la misericordia divina, pidiendo consuelo, salvaci\u00f3n, vida y pan. El Padrenuestro es la propuesta del Se\u00f1or para poner palabra a nuestra oraci\u00f3n; que a veces s\u00f3lo es silencio, exponiendo nuestra vida a la confianza de que Dios nos dar\u00e1 lo mejor, pues sabr\u00e1 concedernos aquello que nos pide, como ense\u00f1aba San Agust\u00edn: dame lo que me pides y p\u00eddeme lo que quieras.<br \/>\nSiempre que haya di\u00e1logo habr\u00e1 apertura a las libertades que se encuentran preguntando y pidiendo, o quedando en silencio frente a la posibilidad de la decisi\u00f3n del otro. En el fondo podr\u00edamos decir que la humildad consiste en reconocer que no hay encuentro verdadero sin preguntar y pedir. Estas dos actitudes revelan la disposici\u00f3n de comprenderse como apertura, disponibilidad y relaci\u00f3n. El hombre, es m\u00e1s que naturaleza: es cultura; esto significa que se constituye tambi\u00e9n por los actos de su libertad que se dirige a otros. Pidiendo y preguntando. Pedir y preguntar es reconocer que tenemos la vocaci\u00f3n de transformar y que no s\u00f3lo somos mecanismos de un proceso necesario. Si leemos con cuidado la enc\u00edclica <em>Laudato Si\u00b4<\/em> descubriremos que es una reflexi\u00f3n sobre el cuidado de la naturaleza, pero m\u00e1s a\u00fan, una inmensa meditaci\u00f3n sobre la cultura. Esto explica que hable de la casa com\u00fan.<br \/>\nPero, adem\u00e1s, la providencia divina es m\u00e1s que la naturaleza; esto significa que se revela ordinariamente en la l\u00f3gica interna de los procesos naturales pero no se limita a ellos. Dios es soberano y puede obrar supranatura, sin contradecirlos procesos, elev\u00e1ndolos; lo que significa llevar la naturaleza a los fines que ella tiene, de modo que no contradigan su ser. No obra contranatura pero si supranatura. Esta ense\u00f1anza que corresponde a Santo Tom\u00e1s nos invita a descubrir que la naturaleza no se agota en su autonom\u00eda sino que ella misma es creaci\u00f3n, es relaci\u00f3n a Dios y se vuelve cultura en relaci\u00f3n a la libertad del hombre. Hay actos contranatura, que contradicen los fines de la naturaleza de algo; actos a natura, que siguen el camino de esos fines a partir de las propias posibilidades; y fuerzas y actos supranatura, que permiten realizar esos fines con una fuerza que los lleva a donde se encuentran la gratuidad y el don. El don excede el imperativo de lo debido, no se opone a \u00e9l, lo plenifica.<br \/>\nDe all\u00ed, que frente a los pante\u00edsmos que nos tientan a pensar una identificaci\u00f3n integral entre Dios y la naturaleza y los dualismos que fragmentan ese encuentro, el cristianismo est\u00e1 invitado a descubrir que el ser de lo natural y el ser del hombre tambi\u00e9n es una relaci\u00f3n que otorga una autonom\u00eda relativa a los procesos del mundo, como nos ense\u00f1aba la Constituci\u00f3n <em>Gaudium et Spes<\/em>.<br \/>\nNo existe una naturaleza pura, como se presumi\u00f3 afirmar en medio de la pol\u00e9mica con Miguel Bayo, sino que tambi\u00e9n lo natural, es relaci\u00f3n. En la Biblia lo que existe es relativo a Dios, no porque \u00e9l contradiga las leyes que impuso a las cosas creadas, sino porque son tales por su permanente gesto de amor. De all\u00ed que la omnipotencia divina no es caprichosa en la realizaci\u00f3n de sus designios, aunque s\u00ed paradojal. Este capricho de Dios que intentaron argumentar algunos autores, y sugiri\u00f3 el mismo Descartes, tratando de salvar al poder divino de los l\u00edmites que le impone relacionarse con el mundo. De alg\u00fan modo, Dios al hacer las cosas se autolimita, al mismo tiempo que lo hace al crearnos libres. Al desplegar su omnipotencia creando todas las cosas y creando al hombre para que las domine pero tambi\u00e9n para que las cultive, como ense\u00f1a el libro del G\u00e9nesis, pone su designio en relaci\u00f3n a una libertad que por ser finita es fr\u00e1gil y por ser querida por Dios inmensa.<br \/>\nMuchos pensadores de la modernidad, reactivos a una comprensi\u00f3n de la providencia que se orientaba a un tipo de sometimiento que hac\u00eda de la naturaleza y de la libertad instancias carentes de posibilidad de actos buenos desarrollaron una noci\u00f3n de autonom\u00eda que nos record\u00f3 la fuerza de la libertad y la dignidad de la naturaleza. Sin embargo, como recuerda Romano Guardini comentando a Goethe, la Natur termin\u00f3 sustituyendo a Dios. La autonom\u00eda careci\u00f3 de relaci\u00f3n hacia quien la cre\u00f3 y se volvi\u00f3 un absoluto que dictaminaba todo el proceso humano. Esto tuvo muchas consecuencias, entre ellas la idea de razas superiores o una idea rom\u00e1ntica de la naturaleza que olvid\u00f3 que ella est\u00e1 destinada tambi\u00e9n a volverse cultura.<br \/>\nSin embargo una visi\u00f3n del hombre y de la naturaleza, cerrados sobre s\u00ed mismos, desestima la posibilidad de entretejer la existencia humana desde la esperanza, que abre nuestra mirada al reconocimiento de que en esta relaci\u00f3n que constituye nuestra existencia se realiza nuestra plenitud. Esa plenitud, parous\u00eda en t\u00e9rminos b\u00edblicos, no consiste en el despliegue de una realidad natural que sea perfecta en su autonom\u00eda, sino que ella procede precisamente del hecho de que ha sido creada. Como nuestra libertad. Ser libres, significa hacernos cargo de la posici\u00f3n que tenemos en la providencia de Dios. Ser libres es, situarnos ante su providencia. Ese es el llamado de la libertad, hasta el punto que Santo Tom\u00e1s ense\u00f1aba en el Cuarto Libro de las Sentencias que el Reino de Dios consiste en ponernos bajo su providencia.<br \/>\nNo podemos hacerlo sin vivir la experiencia llamada esperanza, por la que reconocemos nuestra dignidad y a la vez nuestra limitaci\u00f3n. Esta limitaci\u00f3n no es el quiebre tr\u00e1gico de la antigua visi\u00f3n griega, sino el reconocimiento de que la finitud es una vocaci\u00f3n, una posibilidad; esto es posible en la medida en que la descubramos part\u00edcipe de aquel di\u00e1logo eterno que es la vida de Dios.<br \/>\nEsperar es reconocer que nuestro designio nos excede a nosotros mismos o, como dec\u00eda Ernesto S\u00e1bato al final de su vida: espero porque hay algo que esperar y que me excede.<br \/>\nTambi\u00e9n, de alg\u00fan modo, lo ense\u00f1aba Pascal al decir, en sus Di\u00e1logos, que el hombre sobrepasa infinitamente al hombre.<br \/>\nNuestra libertad, es libertad en la esperanza. Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a en su tratado de la esperanza, en la segunda parte de la Suma de Teolog\u00eda que oratio interpretativa spei. Esto significa que ora quien espera. Antes ya lo hab\u00eda dicho en el cap\u00edtulo tres de la segunda parte del Compendio de Teolog\u00eda al afirmar que nada se pide que no se espere.<br \/>\nPedimos a Dios porque tenemos esperanza. Esto, lejos de excusarnos de nuestra libertad, es una invitaci\u00f3n a reconocerla en el \u00e1mbito de un designio que nosotros no hemos trazado y que, a la vez, depende de nosotros. Esta paradoja que podr\u00eda ser motivo de tristeza y desesperaci\u00f3n es, sin embargo, el fundamento de la alegr\u00eda cristiana que toma cuenta de nuestra limitaci\u00f3n y a la vez de la vocaci\u00f3n que se encierra en ella, posible s\u00f3lo en la medida que reconozcamos que nuestro destino se despliega poni\u00e9ndonos ante la mirada del que lo hizo posible por su llamada. Pedir a Dios no es un atajo a la naturaleza de las cosas, sino sumergirse en el fundamento que las hizo posibles.<\/p>\n<p><em>El autor es Vicedecano de la Facultad de Teolog\u00eda de la UCA y presidente de la Sociedad Argentina de Teolog\u00eda.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida cristiana es un di\u00e1logo abierto por Dios que se dirige al hombre en un gesto de indescriptible misericordia. 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