{"id":12600,"date":"2016-09-06T17:12:38","date_gmt":"2016-09-06T20:12:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12600"},"modified":"2016-09-06T17:12:38","modified_gmt":"2016-09-06T20:12:38","slug":"la-oracion-cristiana-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12600","title":{"rendered":"La oraci\u00f3n cristiana, hoy"},"content":{"rendered":"<p><em>La oraci\u00f3n es algo tan central y fundamental en la vida religiosa que desborda todo intento de definici\u00f3n precisa. En ella la persona vive de manera consciente su relaci\u00f3n con lo Divino. Relaci\u00f3n viva, de dif\u00edcil comprensi\u00f3n y realizaci\u00f3n. Pero, en todo caso, determinada por el modo de ser de aquella misteriosa realidad a la que remite: c\u00f3mo es Dios y que quiere de nosotros y para nosotros, cu\u00e1l debe ser nuestra respuesta, qu\u00e9 efectos tiene o deber\u00eda tener sobre la existencia individual y la convivencia colectiva.<\/em><br \/>\nTodo eso se refleja en la oraci\u00f3n y a la vez se va configurando gracias a su ejercicio. Por estar presente desde siempre en todas las religiones, reviste modalidades espec\u00edficas en cada una. En realidad, constituye tal vez el espejo m\u00e1s preciso que las define y el punto m\u00e1s sensible donde se muestra su concepci\u00f3n de lo Divino.<br \/>\n<strong>Dime como es tu Dios y te dir\u00e9 como es tu oraci\u00f3n<\/strong><br \/>\nNo es casual hablar de la oraci\u00f3n cristiana. La novedad enorme de la idea de Dios que, tras el largo e intenso proceso de la tradici\u00f3n b\u00edblica culmin\u00f3 en la predicaci\u00f3n y en la praxis de Jes\u00fas de Nazaret, ten\u00eda que afectar profundamente el modo cristiano de orar. Aparece ya en la pregunta espont\u00e1nea de los disc\u00edpulos cuando \u00e9stos, a pesar de la cercan\u00eda y afinidad con el Bautista, notan la diferencia de Jes\u00fas: \u201cSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como ense\u00f1\u00f3 Juan a sus disc\u00edpulos\u201d (Lucas 11,1). La respuesta es el Padrenuestro que, prescindiendo ahora de cuestiones hist\u00f3rico-exeg\u00e9ticas, en su sentido \u00faltimo marca el punto m\u00e1s alto de la confluencia cristiana entre la imagen de Dios y el modo de dirigirse a \u00c9l en la oraci\u00f3n.<br \/>\nPero Jes\u00fas no se limit\u00f3 a esa mostraci\u00f3n directa. Hay en \u00e9l una preocupaci\u00f3n sostenida \u2013fruto sin duda de la honda reflexi\u00f3n y la experiencia viva\u2013 por marcar su visi\u00f3n de la oraci\u00f3n y ajustarla con cuidado a las caracter\u00edsticas del Dios que anuncia y del que vive:\u00a0\u201cT\u00fa, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, despu\u00e9s de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que est\u00e1 all\u00ed, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar\u00e1. Y al orar, no charl\u00e9is mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrer\u00eda van a ser escuchados. No se\u00e1is como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesit\u00e1is antes de ped\u00edrselo\u201d (Mateo 6, 6-8).<br \/>\nLa cita muestra una doble vertiente de su insistencia. La primera, de acento m\u00e1s pr\u00e1ctico, apunta a la conducta y marca incluso la diferencia con algunos usos y costumbres de su propia tradici\u00f3n religiosa. En este pasaje apunta a la sinceridad radical que, lejos de toda ostentaci\u00f3n, busca \u00fanicamente el contacto aut\u00e9ntico con Dios. En otros lugares, numerosos, concreta aspectos importantes: ante todo, insiste en el car\u00e1cter prioritario del inter\u00e9s por el Reino, lo que significa poner el amor y el servicio a los dem\u00e1s \u2013hermanos por ser hijos del mismo Padre\u2013 como criterio fundamental; postula una actitud humilde, solidaria y arrepentida de los propios fallos y pecados, bien visibilizada en la par\u00e1bola del Samaritano contrapuesto al Fariseo; acentuando la tradicional exigencia prof\u00e9tica, ense\u00f1a que la verdad de la oraci\u00f3n se verifica en la conducta de la vida, de acuerdo con la intenci\u00f3n decisiva de Aquel a quien se ora: \u201cSi, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda all\u00ed, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano\u201d (Mateo 5,24). Y, conforme al ejemplo de su vida, toda ella traspasada por la luz y la fuerza de su ejercicio orante, convoca a la oraci\u00f3n incesante, que no cesa ni se desanima ante las dificultades de la vida (cf. Lucas 18,1; 11,5-8).<br \/>\nLa segunda insistencia es de acento m\u00e1s \u00edntimo, mostrando que su concepto de la oraci\u00f3n tiene la ra\u00edz y el fundamento \u00faltimos en la nueva visi\u00f3n del Dios que anuncia. Aparece en la misma apertura de la oraci\u00f3n: Abb\u00e1. Pese a ulteriores matices exeg\u00e9ticos, Joachim Jerem\u00edas ten\u00eda raz\u00f3n al poner aqu\u00ed el n\u00facleo germinal y el motor \u00edntimo de la oraci\u00f3n cristiana. La palabra misma \u2013literalmente \u201cpap\u00e1\u201d, como su misma onomatopeya indica\u2013, es usada de modo muy peculiar por Jes\u00fas, que nos invita a apropiarla como tambi\u00e9n nuestra, ense\u00f1\u00e1ndonos que no oramos a un creador alto y lejano, sino a un padre-madre que nos engendra por amor. Un Dios, por tanto, que piensa \u00fanica y exclusivamente en nuestro bien, de modo que se preocupa por nosotros, \u201cmucho m\u00e1s\u201d que cualquier padre terreno (Mateo 7,11); est\u00e1 atento a nuestras necesidades cotidianas, con mayor evidencia y m\u00e1s cari\u00f1o del que aparece en su vestir a las flores y alimentar a los p\u00e1jaros (Mateo 6,25-34; Lucas 12,22-31); y, sobre todo, centra su m\u00e1xima preocupaci\u00f3n en los pobres, los sufrientes, los marginados y los perseguidos.<br \/>\nPor eso el sentimiento fundamental que debe alimentar la oraci\u00f3n cristiana es la confianza sin l\u00edmite, la seguridad de estar siempre siendo escuchados y acogidos, siempre sostenidos, habitados y animados por su amor. Con raz\u00f3n ha podido escribirse desde la ex\u00e9gesis: \u201cDudar de \u00e9l equivaldr\u00eda a hacerle injusticia, a no tomar en serio su divinidad y su esencia; el hombre que dude de este modo no recibir\u00e1 nada de Dios (Santiago 1,7). La verdadera oraci\u00f3n va unida a la fe y, por lo tanto, a la certeza de que ser\u00e1 escuchada por Dios. Esta ha de ser tan grande que, por el solo hecho de estar seguro de obtener lo que se ha pedido, se recibir\u00e1 (Marcos 11,24; 1 Juan 5,15)\u201d .<br \/>\n<strong>Dime como es tu oraci\u00f3n y te dir\u00e9 como es tu Dios<\/strong><br \/>\nEso es lo que siempre ha expresado el principio tradicional: <em>lex credendi, lex orandi<\/em>. La oraci\u00f3n encarna la fe. De la imagen de Dios revelada en Jes\u00fas nace lo espec\u00edfico de la oraci\u00f3n cristiana, que se traduce en adoraci\u00f3n, en confianza, en sentirse amparados y perdonados, en el \u00e1nimo para la entrega solidaria. Nunca en la historia religiosa humana se hab\u00eda alcanzado esa cumbre de respeto adorante, de compromiso vivo y de confianza sin l\u00edmite.<br \/>\nPero, a su vez, la fe se retroalimenta en la oraci\u00f3n: <em>lex orandi, lex credendi<\/em>. El modo de orar expresa y encarna, pero tambi\u00e9n asimila y reconfigura la imagen de Aquel a quien se ora. La conciencia cristiana se reconoce en la gracia inagotable de su herencia, pero tiene que acogerla y vivirla en la historia, es decir, expresarla y asimilarla en cada marco cultural. Y el nuestro viene de un cambio tan profundo, que muestra a cada paso que algunos modos de orar ya no resultan asimilables. De suerte que s\u00f3lo podemos orar lo mismo formul\u00e1ndolo de otra manera.<br \/>\nEl mismo Jes\u00fas ya lo hab\u00eda hecho con su herencia del Primer Testamento, y la Iglesia ha modelado su oraci\u00f3n oficial de acuerdo con la reforma introducida por \u00e9l. Por eso, en un proceso creciente, modific\u00f3 el modo de orar los mismos Salmos, excluyendo algunos, o versos de algunos, del oficio lit\u00fargico: no podemos pedirle al Dios, confesado como Abb\u00e1, que aplaste contra las rocas a los hijos de nuestros enemigos . La cultura actual ha hecho urgente la necesidad de continuar la revisi\u00f3n si queremos que nuestra oraci\u00f3n refleje hoy el rostro verdadero del Dios de Jes\u00fas.<br \/>\nEn concreto, creo que existe un modo \u2013\u00a1s\u00f3lo a \u00e9l me refiero! \u2013 que hoy \u2013sin juzgar el pasado\u2013 resulta profundamente disfuncional, porque permaneciendo fiel a la letra se opone a su esp\u00edritu m\u00e1s decisivo y profundo. Se trata de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n, que no por casualidad ha sido calificada de \u201cprueba crucial de la fe\u201d .<br \/>\nLa repetici\u00f3n constante, comunal y repetida de las f\u00f3rmulas ha hecho que parezca normal y aun obvio lo que, en realidad, contradice de frente el n\u00facleo fundamental de nuestra fe. Tomando los t\u00e9rminos con un m\u00ednimo de rigor, \u00bftiene sentido pedirle algo a Dios, a quien confesamos como Aquel que, cre\u00e1ndonos por amor, no piensa m\u00e1s que en nuestro bien, que est\u00e1 ayud\u00e1ndonos continuamente con su gracia y llam\u00e1ndonos sin cesar a que la acojamos, de suerte que, colaborando con \u00c9l, la transformemos en realizaci\u00f3n aut\u00e9ntica para nuestra vida y en amor y ayuda para los dem\u00e1s? Y tiene sentido hacerlo con palabras que en s\u00ed mismas \u2013m\u00e1s all\u00e1 de nuestra intenci\u00f3n subjetiva\u2013 hablan de \u201cinformarlo\u201d o, al menos, de \u201cconvencerlo\u201d para que \u201cse acuerde\u201d, \u201ctenga compasi\u00f3n\u201d y \u201cse decida\u201d a ayudarnos en alguna necesidad; o incluso suplicarle que \u201cno se irrite\u201d o \u201cse arrepienta\u201d para que no env\u00ede alg\u00fan castigo?<br \/>\nS\u00e9, por experiencia, que estas preguntas, o\u00eddas o le\u00eddas por vez primera, pueden sorprender e incluso irritar y escandalizar. Sobre todo porque de ordinario se perciben como viniendo desde la increencia para atacar, y no desde la preocupaci\u00f3n de la fe para preservarla a ella y cuidar en lo posible el respeto agradecido y adorante que debemos al amor infinito de Dios. Y conviene tener en cuenta que gran parte de nuestros contempor\u00e1neos, ya no educados en la piedad oracional, leen estas expresiones en su sentido obvio, es decir, en lo que objetivamente significan. Nosotros mismos podemos verlo, si, frenando la inercia, nos paramos a examinar oraciones como esta, seguramente repetida, as\u00ed o parecida, en miles de iglesias: \u201cPara que los ni\u00f1os de \u00c1frica no sigan muriendo de hambre, Se\u00f1or escucha y ten piedad\u201d (esta contestaci\u00f3n de la asamblea es la m\u00e1s com\u00fan en Espa\u00f1a).<br \/>\nAnte tal oraci\u00f3n, en l\u00f3gica elemental y m\u00ednimamente honesta, no puede negarse que lo que ah\u00ed se implica es que no tomamos en serio nuestra oraci\u00f3n o bien que, si la tomamos, los ni\u00f1os siguen muriendo de hambre porque Dios no escucha ni tiene piedad. Es obvio que ninguna persona cristiana saca ni admite tal conclusi\u00f3n y que, m\u00e1s bien, ni siquiera la advierte. Pero basta pensar en la eficacia modeladora del lenguaje en el esp\u00edritu humano para comprender que nuestro inconsciente personal y nuestra cultura colectiva s\u00ed la registran. Lo saben bien no s\u00f3lo los fil\u00f3sofos del lenguaje, sino tambi\u00e9n los encargados de todo tipo de propaganda. Por eso la teolog\u00eda feminista insiste con raz\u00f3n en la necesidad de un lenguaje inclusivo para no invisibilizar a la mujer en la Iglesia (y t\u00e9ngase en cuenta que el silencio es todav\u00eda menos grave que la contradicci\u00f3n directa).<br \/>\nLo curioso es que, en el fondo, esto lo supo siempre la teolog\u00eda, porque, en realidad, lo hab\u00eda advertido el mismo Jes\u00fas: \u201cVuestro Padre sabe lo que necesit\u00e1is antes de ped\u00edrselo\u201d. Incluso reconoci\u00f3 de modo expreso la dificultad. Pero la incoherencia resultaba invisible porque la reflexi\u00f3n religiosa segu\u00eda inmersa en dos presupuestos s\u00f3lo perceptibles desde la cultura actual: el literalismo b\u00edblico y el car\u00e1cter intervencionista de la acci\u00f3n divina. La letra de la Biblia insist\u00eda en la petici\u00f3n y, como advert\u00eda santo Tom\u00e1s, ser\u00eda \u201cimp\u00edo (a. 4nefas) creer que en ella algo es falso\u201d (STh I-II, q.103, a.4, ad 2). Y pensar que la acci\u00f3n divina estaba interviniendo en todo, desde las enfermedades a las lluvias, era una evidencia cultural que nadie cuestionaba.<br \/>\n<strong>Orar hoy al Dios de Jes\u00fas<\/strong><br \/>\nPara nosotros la incoherencia se ha hecho visible y resulta imposible ignorarla. No se hace ning\u00fan servicio a la fe ni se preserva viva la tradici\u00f3n manteniendo explicaciones que hoy resultan claramente artificiosas. Dos fueron las principales, que, empezando en Or\u00edgenes y Tertuliano, pasando por santo Tom\u00e1s, llegan a nuestros d\u00edas. Sab\u00edan que \u2013de acuerdo con las propias palabras de Jes\u00fas\u2013 la petici\u00f3n carece de sentido tanto para informar a Dios como para convencerlo. Pero intentaron negar la contradicci\u00f3n verbal implicada en la petici\u00f3n mediante el recurso desesperado de afirmar que las palabras quieren decir lo contrario de lo que dicen: pedimos a Dios, pero no para convencerle a \u00c9l, sino a nosotros mismos. Y ante la contradicci\u00f3n l\u00f3gica de pretender convencer al Dios que est\u00e1 tratando de convencernos a nosotros, se arguy\u00f3 que \u00c9l hab\u00eda determinado desde la eternidad hacer depender su ayuda de la petici\u00f3n humana.<br \/>\nEstos argumentos se siguen usando, pero su debilidad resulta tan obvia que precisa reforzarse con razones que, aunque verdaderas en s\u00ed mismas, no pueden superar el artificio en la aplicaci\u00f3n a este problema. Se insiste, con raz\u00f3n, en el car\u00e1cter fundamentalmente \u201cexpresivo y performativo\u201d del lenguaje oracional; pero es obvio que no justifica su uso en contradicci\u00f3n con la dimensi\u00f3n \u201cdenotativa\u201d: nadie muestra el cari\u00f1o insultando, ni agradece suplicando. Se dice tambi\u00e9n que la petici\u00f3n responde a una necesidad humana; pero las necesidades se expresan en situaciones adecuadas: comer y suplicar son necesidades, pero ni se come en cualquier ocasi\u00f3n ni se suplica compasi\u00f3n al que ya est\u00e1 ayudando con todo cari\u00f1o.<br \/>\nLa incoherencia, una vez develada, resulta tan obvia que no es raro un deslizamiento inconsciente, defendiendo la petici\u00f3n con razones que pertenecen a la oraci\u00f3n en cuanto tal: confianza, humildad, reconocimiento de nuestra indigencia y necesidad del apoyo divino&#8230; Cualidades que nadie puede negar, pero que en modo alguno tienen que traducirse siempre en petici\u00f3n, sino s\u00f3lo en aquellas situaciones que as\u00ed lo exijan: cuando, por ejemplo, sea preciso aplacar a alguien que, pudiendo, no quiere ayudar; o que, siendo rico y poderoso, nos ignora o se niega a darnos lo que necesitamos. Pero en el caso concreto de nuestra relaci\u00f3n con Dios, la petici\u00f3n contradice frontalmente la verdad de la situaci\u00f3n. De hecho, la petici\u00f3n \u2013repito: en su dinamismo objetivo, incluso contra su intenci\u00f3n subjetiva\u2013 realiza una inversi\u00f3n radical y terrible, poniendo al hombre en lugar de Dios, a la iniciativa humana suplantando a la divina: el hombre convenciendo a Dios para que sea bueno y act\u00fae&#8230;<br \/>\nEs evidente que hoy, en una cultura tan agudamente cr\u00edtica, la resistencia ejercida con ese tipo de razones, lejos de defender la fe y preservar la imagen divina, amenazan con hacerla incre\u00edble. Esto podr\u00eda no ser grave si se tratase de una mera cuesti\u00f3n te\u00f3rica. Pero en la oraci\u00f3n se est\u00e1 configurando nuestro ser, tratando de acomodarlo a la presencia viva de Dios y a su iniciativa salvadora. El modo orar tiene que ser la gran escuela donde aprendemos y asimilamos lo que Dios es y quiere ser para nosotros: dime como oras y te dir\u00e9 como es tu Dios.<br \/>\nEste inter\u00e9s estrictamente religioso y no un af\u00e1n de cr\u00edtica filos\u00f3fica es el que hace tan urgente el problema de revisar la petici\u00f3n. En un art\u00edculo de <em>Concilium<\/em> alud\u00ed al experimento imaginario de un \u201cmarciano\u201d que, sin saber nada de religi\u00f3n, entrase dos domingos seguidos en una eucarist\u00eda, escuchase atentamente las numerosas peticiones de ayuda y las repetidas s\u00faplicas de perd\u00f3n. Si despu\u00e9s, como atento observador y agudo psic\u00f3logo, intentase averiguar c\u00f3mo es ese ser al que oran, tan remiso al perd\u00f3n y que, domingo tras domingo, deja de atender las peticiones, \u00bfqu\u00e9 imagen de Dios sacar\u00eda? Hoy no es dif\u00edcil ver que muchos contempor\u00e1neos y el imaginario cultural de todos nosotros no est\u00e1n muy lejos del marciano.<br \/>\nN\u00f3tese, repito, que la argumentaci\u00f3n no se apoya en argumentos externos a la fe, ni pretende ceder sin m\u00e1s y de modo indiscriminado a la cultura actual. Parte de manera expresa de la entra\u00f1a m\u00e1s \u00edntima del cristianismo: del amor infinito, gratuito y ya siempre entregado del Abb\u00e1 anunciado por Jes\u00fas. La verdad es que cuesta comprender c\u00f3mo la teolog\u00eda no se preocupa, o apenas lo hace, del efecto delet\u00e9reo que sobre nuestra visi\u00f3n de Dios est\u00e1 causando un modo de orar que continuamente sigue suplic\u00e1ndole, para que sea \u201cmisericordioso\u201d \u2013\u00a1a \u00c9l, que hace salir el sol sobre buenos y malos! (Mateo 5,45; Lucas 6,35) \u2013 o convenci\u00e9ndole, para que se decida a ayudar \u2013\u00a1a \u00c9l, que \u201cdesde el comienzo del mundo\u201d no hace otra cosa (Juan 5,17)! \u2013.<br \/>\nAdrede estoy aludiendo a la ense\u00f1anza de Jes\u00fas. Porque es cierto que algunas palabras evang\u00e9licas, por estar inevitablemente condicionadas por su tiempo, traducen culturalmente como petici\u00f3n su confianza incondicional en Dios. Pero tambi\u00e9n lo es que rasgos aut\u00e9nticamente valiosos e irreversibles del avance cultural, como son la lectura cr\u00edtica de los textos y el descubrimiento de la autonom\u00eda mundana, permiten que nuestro tiempo, tan reacio a la fe en muchos aspectos, pueda romper aquella envoltura cultural para traducir religiosamente su verdadera intenci\u00f3n.<br \/>\nRenunciar a la petici\u00f3n no es una invitaci\u00f3n a dejar la oraci\u00f3n, sino una llamada a orar m\u00e1s y mejor. Aunque sea de modo muy esquem\u00e1tico, vale la pena mostrarlo se\u00f1alando algunos puntos.<br \/>\nAl prescindir de la petici\u00f3n, la oraci\u00f3n cristiana es llevada a su verdad radical; lejos de negar los dem\u00e1s valores, los purifica y fortifica. \u00bfExiste mejor disposici\u00f3n a la adoraci\u00f3n, al reconocimiento de nuestra indigencia, al agradecimiento y a la confianza filial para expresar todo nuestro ser ante Dios&#8230; que la de partir del reconocimiento y la confesi\u00f3n expresa de que Dios ya est\u00e1 ofreciendo su amor y promoviendo nuestra realizaci\u00f3n; de suerte que no precisamos solicitar sino acogerlo y que, si algo falta, est\u00e1 siempre de nuestra parte y no de la suya?<br \/>\nAparece tambi\u00e9n la estructura m\u00e1s \u00edntima y se cultiva el dinamismo misterioso, insinuado por san Pablo, cuando ense\u00f1a que es \u201cel Esp\u00edritu mismo el que ora por nosotros con gemidos inefables\u201d (Romanos 8,26). Es decir, que, en definitiva, la oraci\u00f3n no consiste en ir nosotros a Dios, para moverlo a \u00c9l, sino en escuchar, aprender y esforzarse por acoger lo que Dios est\u00e1 suscitando en nuestro ser m\u00e1s profundo: en dejarse orar por Dios.<br \/>\nFinalmente, este cambio, que parecer\u00eda contradecir lo que dice la Biblia, abre la lectura de su intenci\u00f3n m\u00e1s profunda y aun de su mensaje m\u00e1s evidente. \u00bfNo constituye toda la Escritura una llamada de Dios a nosotros, convocando a la escucha adorante, a la acogida obediente, a la conversi\u00f3n continua y a la colaboraci\u00f3n generosa con su amor desde siempre entregado y activo por la salvaci\u00f3n de todos sus hijos e hijas? Todas las palabras que en la Biblia aparecen como yendo del ser humano a Dios, en su realidad aut\u00e9ntica y en su verdad profunda son ya siempre respuesta a la iniciativa incondicional de su amor.<\/p>\n<p><em>El autor es te\u00f3logo y escritor espa\u00f1ol<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1- H. Sch\u00f6nweiss, \u201cOraci\u00f3n (ait\u00e9o)\u201d, en: L. Coenen-E. Beireuther-H. Bietenhard, Diccionario Teol\u00f3gico del Nuevo Testamento III, Salamanca 1983, 214<br \/>\n2- Problema antiguo y delicado, que pide distinguir entre estudiar o meditar los Salmos y orarlos directamente. En este caso, se necesita un cuidado exquisito y no debe \u201corarse\u201d con su letra. En gallego existe una \u201cversi\u00f3n oracional\u201d de todos los Salmos, de modo que, acogiendo ya el avance del Evangelio, haga innecesarias tanto la supresi\u00f3n como el recurso a acomodaciones articiosas: M. Regal, O Salmos hoxe. Versi\u00f3n oracional \u00e1 luz do Evanxeo, Sept, Vigo 2012, con un pr\u00f3logo m\u00edo, aclarando y justificando su sentido (Hay traducci\u00f3n castellana en Descl\u00e9e, Bilbao 2014).<br \/>\n3- G. Greshake.- G. Lohfink (Hrsg.), Bittgebet -Testfall des Glaubens, Mainz 1978. Trato el problema con cierto detalle en Recuperar la creaci\u00f3n. Por una religi\u00f3n humanizadora, Sal Terrae, Santander 1997; 3\u00aa ed. 2001, 247-294.<br \/>\n4- La oraci\u00f3n: m\u00e1s all\u00e1 de la petici\u00f3n: Concilium. Revista Internacional de Teolog\u00eda 42\/314 (2006) 73-86 [Edici\u00f3n Italiana: La preghiera: oltre la petizione: Ibid. 42\/314 (2006) 81-97<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La oraci\u00f3n es algo tan central y fundamental en la vida religiosa que desborda todo intento de definici\u00f3n precisa. 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