{"id":12615,"date":"2016-09-07T08:41:44","date_gmt":"2016-09-07T11:41:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12615"},"modified":"2016-09-07T08:41:44","modified_gmt":"2016-09-07T11:41:44","slug":"el-resurgimiento-de-las-religiones-en-la-escena-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12615","title":{"rendered":"El resurgimiento de las religiones en la escena global"},"content":{"rendered":"<p>\u201cEl mundo est\u00e1 en guerra porque ha perdido la paz (\u2026). Cuando hablo de guerra, hablo de guerra en serio, no de una guerra de religi\u00f3n, no. Hay una guerra de intereses, hay una guerra por el dinero, hay una guerra por los recursos naturales, hay una guerra por el dominio de los pueblos: esta es la guerra\u201d, expres\u00f3 el papa Francisco en su saludo a los periodistas durante el vuelo a Cracovia, pocos d\u00edas despu\u00e9s del cruel asesinato del padre Jacques Hamel, de 86 a\u00f1os, degollado frente al altar por j\u00f3venes franceses fundamentalistas que hab\u00edan jurado fidelidad a Abu Bakr al Baghdadid, l\u00edder del Daesh (ISIS).<br \/>\nFrancia volvi\u00f3 a sufrir la violencia y el terror de grupos fundamentalistas, apenas doce d\u00edas despu\u00e9s del ataque en Niza. Ante la conmoci\u00f3n, reaparece el argumento de que se est\u00e1 viviendo una nueva \u201cguerra de religiones\u201d en territorio europeo. Y hay quienes, retomando la expresi\u00f3n de Samuel Huntington, sostienen que se est\u00e1 ante \u201cun choque de civilizaciones\u201d: Occidente, de ra\u00edces judeo-cristianas, vs. el mundo isl\u00e1mico.<br \/>\nEstos argumentos llaman la atenci\u00f3n sobre la influencia de \u201clas religiones\u201d en los procesos pol\u00edticos y en las relaciones internacionales. Incluso en el \u00e1mbito acad\u00e9mico se advierte progresivamente su importancia como actores determinantes en la configuraci\u00f3n de un nuevo orden global, tanto es as\u00ed que se habla de un \u201cresurgimiento global de la religi\u00f3n\u201d o \u201cretorno de la religi\u00f3n\u201d.<br \/>\nEn efecto, las religiones juegan un rol complejo en los conflictos pol\u00edticos modernos: son fuente de inspiraci\u00f3n de violencia as\u00ed como de procesos de construcci\u00f3n de paz y promoci\u00f3n del desarrollo humano. Esto se manifiesta, por un lado, en \u201cfundamentalismos religiosos\u201d como el Ma Ba Tha en Birmania, los grupos radicales nacionalistas hinduistas afiliados al partido pol\u00edtico Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) en India, o las organizaciones terroristas como Al-Qaeda y Daesh (ISIS). Por otro lado, l\u00edderes y grupos religiosos alrededor del mundo realizan silenciosamente un valioso y arriesgado trabajo en zonas de conflicto, en situaciones extremas de violencia y pobreza, en lugares golpeados por cat\u00e1strofes naturales, en transiciones post-conflictos hacia gobiernos estables. Incluso est\u00e1n presentes all\u00ed donde el Estado est\u00e1 ausente o en zonas donde la violencia es perpetrada por el mismo Estado. En estas situaciones muchas comunidades religiosas realizan grandes contribuciones en ayuda humanitaria, generando procesos y acciones creativas de desarrollo comunitario, involucr\u00e1ndose en procesos de peace building, de transformaci\u00f3n de conflictos, de reconciliaci\u00f3n y de justicia transicional.<br \/>\nAnte un orden mundial globalizado, interconectado, crecientemente multipolar y multicultural, las comunidades religiosas se han transformado en actores trasnacionales y globales, generadoras de soft power, capaces de aportar propuestas alternativas e involucrarse en el ejercicio de una diplomacia multi track, liderando, tanto desde la base como en los altos niveles pol\u00edticos, procesos de construcci\u00f3n de paz, pr\u00e1cticas de entendimiento mutuo y de di\u00e1logo interreligioso e intercultural.<br \/>\n<strong>La \u201cpresunci\u00f3n de Westfalia\u201d y el \u201cmito de la violencia religiosa\u201d<\/strong><br \/>\nEste proceso de \u201cretorno de la religi\u00f3n\u201d a la escena global y p\u00fablica en distintos niveles \u2013local, nacional e internacional\u2013 desaf\u00eda dos aspectos centrales de la modernidad europea. En primer lugar, la presunci\u00f3n de que la humanidad, al volverse cada vez m\u00e1s moderna, se tornar\u00eda al mismo tiempo m\u00e1s secular, generando la desaparici\u00f3n de la religi\u00f3n. En segundo lugar, la presunci\u00f3n de que la religi\u00f3n y la pol\u00edtica tendr\u00edan esferas radicalmente diferenciadas en las que las convicciones religiosas se limitar\u00edan a la esfera privada e intimidad de las personas, sin influir en la esfera p\u00fablica pol\u00edtica. A estas premisas se refiere Scott Thomas con la expresi\u00f3n \u201cWestphalia presumption\u201d (la presunci\u00f3n de Westfalia).<br \/>\nLa Paz de Westfalia (1648), junto con el sistema de Estados-naci\u00f3n seculares que como consecuencia se consolid\u00f3, han sido considerados por muchos internacionalistas como una soluci\u00f3n a la intolerancia, la guerra, la devastaci\u00f3n y la agitaci\u00f3n pol\u00edtica generada por las \u201cguerras de religi\u00f3n\u201d. De este modo, la teor\u00eda de las relaciones internacionales ha considerado al secularismo (entendido como exclusi\u00f3n, neutralizaci\u00f3n, privatizaci\u00f3n y marginalizaci\u00f3n de las creencias religiosas) como un elemento esencial para el desarrollo de la moderna pol\u00edtica internacional, a fin de garantizar el orden y la seguridad.<br \/>\nRecordemos que el sistema actual de las relaciones internacionales tuvo su origen en una serie de tratados firmados en la regi\u00f3n de Westfalia en 1648, tras un siglo de conflictos religiosos y pol\u00edticos en Europa Central que condujeron a la \u201cGuerra de los Treinta A\u00f1os\u201d (1618-1648), en la que muri\u00f3 cerca de un cuarto de la poblaci\u00f3n europea en combate, por enfermedades y por hambre.<br \/>\nConforme a Scott Thomas, esta experiencia de enfrentamientos sell\u00f3 la impresi\u00f3n general de que, en las relaciones internacionales, \u201ccuando la religi\u00f3n es llevada a la vida p\u00fablica, dom\u00e9stica o internacional, inherentemente causa guerra, intolerancia, devastaci\u00f3n, agitaci\u00f3n pol\u00edtica, y quiz\u00e1 el colapso del orden internacional\u201d (Thomas; 2005:73) y por esto mismo debe ser excluida de las relaciones internacionales. Simult\u00e1neamente fueron conform\u00e1ndose una multiplicidad de unidades pol\u00edticas aut\u00f3nomas. La Paz de Westfalia condujo a un acuerdo pr\u00e1ctico que tuvo en consideraci\u00f3n estas dos notas esenciales: la diversidad confesional y la multiplicidad de unidades pol\u00edticas.<br \/>\nCon la expansi\u00f3n colonial de los Estados europeos, el sistema de Westfalia se extendi\u00f3 por todo el mundo como marco neutral para el desarrollo de un orden internacional que, centrado en el Estado, abarca a m\u00faltiples sociedades, civilizaciones y regiones diferentes, independientemente de sus respectivos valores (Kissinger; 2014).<br \/>\nSin embargo, es necesario hacer dos precisiones. En primer lugar, como afirma Oliver Roy, el Estado que surgi\u00f3 en Westfalia no era secular sino confesional, al establecer el principio cuius religio, eius religio, por el cual los habitantes de un Estado deb\u00edan seguir la religi\u00f3n del gobernante y las minor\u00edas religiosas s\u00f3lo eran toleradas cuando estaban protegidas por un tratado internacional. De este modo, la Paz de Westfalia gener\u00f3 el proceso de territorializaci\u00f3n de la religi\u00f3n y la correspondiente confesionalidad de Estado, naci\u00f3n y pueblo. A partir de entonces, cada Estado moderno dentro de su territorio fue definido por su confesi\u00f3n: cat\u00f3lica, anglicana, luterana, calvinista, ortodoxa. En segundo lugar, aunque el conflicto entre religiones en Europa fue la expresi\u00f3n de aut\u00e9nticos desacuerdos teol\u00f3gicos, tambi\u00e9n influyeron las \u00e9lites gobernantes que utilizaron la capacidad de las tradiciones religiosas para generar cohesi\u00f3n social y movilizar alianzas con el fin de extender los l\u00edmites territoriales de su poder y constituir el Estado-naci\u00f3n como unidad pol\u00edtica. Esta perspectiva invierte la narrativa tradicional en la teor\u00eda de las relaciones internacionales, al sugerir la posibilidad de que las guerras de religiones no fueron los hechos que motivaron el nacimiento del Estado moderno, sino que fueron el medio por el cual se estableci\u00f3 el sistema internacional, centrado en el Estado-naci\u00f3n. A esto se refiere el te\u00f3logo norteamericano William Cavanaugh con la expresi\u00f3n \u201cthe myth of religious violence\u201d (el mito de la violencia religiosa): las guerras sucedidas durante el per\u00edodo 1550-1650 no fueron esencialmente por causas religiosas sino para lograr el crecimiento del poder del Estado, que tuvo lugar al margen de la religi\u00f3n y lleg\u00f3 incluso a dominarla. As\u00ed, seg\u00fan Cavanaugh, sobre el \u201cmito de la violencia religiosa\u201d se legitim\u00f3 la fundaci\u00f3n de los Estados nacionales liberales y la separaci\u00f3n entre lo religioso y lo secular en la esfera privada y p\u00fablica, respectivamente.<br \/>\nEn la actualidad, pareciera retornar la afirmaci\u00f3n de que la religi\u00f3n es causa de conflictos. Sin embargo, el Institute for Economics &amp; Peace public\u00f3 en octubre de 2014 un informe sobre \u201cPaz y Religi\u00f3n\u201d en el que pareciera confirmar la tesis de Cavanaugh: de los 35 conflictos armados analizados durante 2013, la religi\u00f3n no es una causa en 14 de ellos, lo cual representa el 40%. Al mismo tiempo, advierte que en ninguno de los 35 conflictos analizados la religi\u00f3n es la causa principal de los mismos, y que en un 67% aparece junto a otras tres o m\u00e1s causas que prevalecen sobre la religi\u00f3n, como puede ser la oposici\u00f3n a un determinado gobierno, a un sistema econ\u00f3mico, por diferencias ideol\u00f3gicas, sociales, pol\u00edticas o identitarias (IEP; 2014:6).<br \/>\n<strong>Hacia un \u201cdi\u00e1logo de civilizaciones\u201d<\/strong><br \/>\nEl sistema internacional, nacido en Westfalia, pareciera encontrarse ante dos grandes desaf\u00edos: por un lado, redefinir su legitimidad en una era post-secular; y por otro, reconfigurar un nuevo sistema de balance de poder, creando las herramientas necesarias para garantizar la gobernanza mundial.<br \/>\nHenry Kissinger, en su \u00faltimo libro World Order, advierte que el orden establecido y proclamado como universal por los pa\u00edses occidentales se encuentra en un punto de inflexi\u00f3n porque no hay consenso sobre su aplicaci\u00f3n; en efecto, conceptos como democracia, derechos humanos y derecho internacional invocados por las partes en conflicto son entendidos a partir de distintas interpretaciones, a veces incluso contradictorias. Como consecuencia, las reglas del sistema se han promulgado, pero no tienen eficacia: \u201cEl resultado no es s\u00f3lo un poder multipolar sino un mundo de crecientes realidades contradictorias\u201d, escribe (Kissinger, 2014:365).<br \/>\nPor otro lado, el investigador Fabio Petito afirma que \u201cHoy son cada vez m\u00e1s numerosos los que sostienen que el dise\u00f1o de la futura estructura normativa de la sociedad global del siglo XXI \u2013tema normativo central para las relaciones internacionales post-bipolares despu\u00e9s de la reciente crisis econ\u00f3mico-financiera global\u2013 no estar\u00e1 completa si no integra las \u00e9ticas sociales de las grandes tradiciones religiosas y culturales del planeta. En otras palabras, si la estructura normativa de la futura coexistencia global quiere ser realmente universal, no puede ser s\u00f3lo liberal y centro-occidental. Un verdadero universalismo (\u2026) no requiere la neutralizaci\u00f3n de las religiones, sino una sustancial y realista concepci\u00f3n de su presencia en la pol\u00edtica internacional\u201d (Petito; 2009: 40).<br \/>\nEn efecto, Petito sugiere un \u201cdi\u00e1logo de civilizaciones\u201d para la conformaci\u00f3n de un nuevo orden global multicultural y de paz, que deber\u00eda presentar tres notas esenciales: la multipolaridad en la distribuci\u00f3n del poder; el desarrollo de un Ius Gentium intercultural, como estructura normativa; y un concepto comprehensivo de paz, construido a trav\u00e9s de la promoci\u00f3n de pol\u00edticas y pr\u00e1cticas globales de entendimiento intercultural en niveles tanto locales como internacionales.<br \/>\nEsta concepci\u00f3n, por un lado, exige a las comunidades y l\u00edderes religiosos mayor apertura y preparaci\u00f3n para poder dar su aporte concreto, efectivo y esencial. Y demanda que los Estados y la disciplina de las relaciones internacionales se aproximen a las religiones y a las comunidades religiosas concibi\u00e9ndolas ya no como un mero fen\u00f3meno cultural, sino como un elemento estructural de la actual escena pol\u00edtica global y como fuentes generadores de soft-power.<br \/>\nDesde este cambio de perspectiva, las comunidades religiosas \u2013por estar muchas de ellas en la base de la sociedad\u2013 pueden contribuir en el dise\u00f1o de la pol\u00edtica exterior de determinadas materias, por ejemplo en relaci\u00f3n al crimen organizado, la pobreza y el desarrollo sostenible; la promoci\u00f3n de una diplomacia preventiva, potenciando la capacidad de las comunidades religiosas de generar confianza, compromiso y cohesi\u00f3n social en sociedades fragmentadas; y afianzar plataformas relacionales sostenibles que posibiliten el desarrollo humano.<br \/>\nDe este modo, entendiendo la paz como un proceso creativo en el que cada actor es parte leg\u00edtima e imprescindible, se pueden generar nuevas pr\u00e1cticas transversales de cooperaci\u00f3n en pos de fines comunes, y ser juntos \u2013como nos invita el papa Francisco\u2013 \u201cartesanos de la paz\u201d.<\/p>\n<p><em>La autora es abogada, docente y asesora en Di\u00e1logo Intercultural e Interreligioso.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl mundo est\u00e1 en guerra porque ha perdido la paz (\u2026). 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