{"id":12667,"date":"2016-09-10T09:23:08","date_gmt":"2016-09-10T12:23:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12667"},"modified":"2016-09-12T15:20:58","modified_gmt":"2016-09-12T18:20:58","slug":"12667","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12667","title":{"rendered":"Armenia: La ruta de los hachkar, las cruces de piedra"},"content":{"rendered":"<p><em>Tallados en piedra est\u00e1n diseminados por los campos y monasterios de Armenia. Los m\u00e1s antiguos datan del siglo IX y se cree que existen unos 50 mil en la actual Armenia, parte de Turqu\u00eda y parte de Ir\u00e1n (la Armenia Hist\u00f3rica). De ellos, s\u00f3lo diez contienen el Cristo crucificado. En la actualidad se siguen fabricando en madera. Su t\u00e9cnica de esculpido es parte del Patrimonio Cultural inmaterial de la Unesco.<\/em><\/p>\n<p>En lo alto de una colina, en uno de los monasterios de piedra bell\u00edsimos e hist\u00f3ricos que visten Armenia, hay uno que contiene una cruz tallada en piedra. Es uno de los famosos \u00abhachkar\u00bb (en armenio, cruz de piedra), pero que resulta bastante particular. A diferencia de la gran mayor\u00eda de los 50 mil hachkar que se cree que existen en la Armenia hist\u00f3rica (Armenia actual, parte de Turqu\u00eda y parte de Ir\u00e1n), este ejemplar presenta un Cristo crucificado. Hay s\u00f3lo diez con esta caracter\u00edstica. Lo que asombra, adem\u00e1s, es la fisonom\u00eda de ese Dios. Aparece como un hombre de proporciones peque\u00f1as, ojos bien rasgados y sus brazos \u2013extendidos y abiertos\u2013 no llegan a tocar los extremos de la cruz. Dista mucho de la t\u00edpica imagen que guardamos del Cristo en el madero. Esta circunstancia encierra una explicaci\u00f3n. Los antiguos armenios as\u00ed lo tallaron para evitar que los hachkar fueran saqueados. Los mongoles, al invadir la regi\u00f3n y entrar en las iglesias, al ver el hachkar con la figura de un hombrecillo que se les parec\u00eda, lo dejaban a salvo del peligro y la destrucci\u00f3n. Ese hombre con cara de mongol era Jes\u00fas. Y lo sigue siendo, en este monasterio de Sevanavank, construido en el a\u00f1o 874. Desde aqu\u00ed, en la cima de la colina, se divisa el lago Sevan, apenas a una hora de Erev\u00e1n, la capital armenia.<\/p>\n<p>El monasterio contiene otro tesoro particular. En el peque\u00f1o jard\u00edn que que antecede al templo, descansa una hilera de espectaculares hachkar. Todos fueron recuperados y restaurados luego de haber sido da\u00f1ados en diferentes invasiones. Algunos eran colocados en lo alto de las iglesias (todav\u00eda se observan, en Sevanavank tambi\u00e9n) justamente para evitar su vandalismo.<\/p>\n<p>Los hachkar, la gran mayor\u00eda al aire libre, representan al arte armenio y cristiano del medioevo y dan ese car\u00e1cter especial a la regi\u00f3n. Las cruces en piedra tambi\u00e9n est\u00e1n al pie de este cerro, donde una vecina mayor y de formas generosas, descansa junto a un grupo de tres magn\u00edficas unidades que ostentan varios siglos a la intemperie, mientras observa a los turistas tomar fotograf\u00edas con sus tel\u00e9fonos.<\/p>\n<p>En uno de los extremos del lago Sevan se halla otra reliquia: el cementerio medieval de Noraduz contiene unos 900 hachkar, la mayor concentraci\u00f3n actual de estas cruces en la Armenia hist\u00f3rica, y que refieren a varios per\u00edodos y estilos.<\/p>\n<p>En Echmiadzin, el Vaticano armenio, y en las plazas de la ex sovi\u00e9tica y moderna Erev\u00e1n, tambi\u00e9n aparecen hachkar, en forma aislada, pero determinante. Nadie jam\u00e1s se cansa de verlos. Ejercen fascinaci\u00f3n. Son \u00fanicos, bellos e irrepetibles. Testigos de la Historia, del cristianismo y de su continuidad. Hasta el Museo Metropolitan de Nueva York guarda una de estas piezas y la exhibe en una de sus salas. Por su valor incalculable, la t\u00e9cnica de tallado del hachkar pertenece al Patrimonio Cultural inmaterial de la Unesco, que protege estas pr\u00e1cticas y expresiones provenientes de nuestros antepasados y transmitidas de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la actualidad, algunos artesanos de Erev\u00e1n siguen fabricando los hachkar, tallados en madera. Dos ejemplares llegaron hace poco a la Argentina, al cumplirse 101\u00ba aniversario del Genocidio Armenio, el 24 de abril. Una de estas piezas puede apreciarse en el patio de San Gregorio el Iluminador, la Iglesia de la calle Armenia al 1300, en Palermo. Y el otro est\u00e1 emplazado en el boulevard de Hip\u00f3lito Yrigoyen, a pasos del r\u00edo, en la costa de Olivos, en la zona norte del Gran Buenos Aires.<\/p>\n<p>En todos los casos, los hachkar exhiben las puntas en forma de flor. Esa caracter\u00edstica, dicen, remite a la vida, a diferencia de la cruz cl\u00e1sica que es de l\u00edneas rectas y evoca la muerte. Cada uno de esos extremos en flor termina, a su vez, en tres puntas. Tambi\u00e9n hay una raz\u00f3n: representan a la Sant\u00edsima Trinidad, y dan testimonio de las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad.<\/p>\n<p><em>La autora es editora en la revista VIVA de Clar\u00edn. Autora de la novela Nomeolvides Armenuhi, la historia de mi abuela armenia (Ed. Sudamericana).<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tallados en piedra est\u00e1n diseminados por los campos y monasterios de Armenia. 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