{"id":12788,"date":"2016-10-08T11:18:49","date_gmt":"2016-10-08T14:18:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12788"},"modified":"2016-10-08T11:18:49","modified_gmt":"2016-10-08T14:18:49","slug":"la-historia-de-un-solitario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12788","title":{"rendered":"La historia de un solitario"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/sue\u00f1os-de-trenes.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-12789\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/sue\u00f1os-de-trenes.jpg\" alt=\"suenos-de-trenes\" width=\"118\" height=\"158\" \/><\/a>Rese\u00f1a de <\/em>Sue\u00f1os de trenes<em>, de Denis Johnson (Buenos Aires, 2016, Random House).<\/em><\/p>\n<p>Dada la imposibilidad de abarcar en pocas l\u00edneas la obra de un escritor tan emblem\u00e1tico y complejo, considerado uno de los grandes nombres de la literatura norteamericana, no intentar\u00e9 definir a Denis Johnson, autor de esos delirantes cuentos que se titularon Hijo de Jes\u00fas, entre otros textos. Aqu\u00ed me referir\u00e9 a la \u00faltima obra suya llegada hasta nuestras orillas: Sue\u00f1os de trenes, una novela breve escrita con sobriedad, alguna pizca de humor y un final con chispas de realismo m\u00e1gico.<br \/>\nA prop\u00f3sito de esta obra, se\u00f1ala con acierto el cr\u00edtico Carlos Zan\u00f3n en el suplemento \u201cBabelia\u201d del diario madrile\u00f1o <em>El Pa\u00eds<\/em>: \u201cEs un mundo de hechos, no de interpretaci\u00f3n de estos. Un mundo en el que los hombres no tratan de entender los hachazos de la vida, los accidentes, los comportamientos de sus semejantes. En el que las cosas pasan porque hay fuerzas superiores e incomprensibles como la naturaleza, la suerte\u201d.<br \/>\nEl protagonista se llama Robert Grainier, nacido \u2013acaso en Canad\u00e1\u2013 en 1893 y muerto en 1968 en la regi\u00f3n de Idaho, donde casi siempre hab\u00eda transcurrido su vida de le\u00f1ador. Escribe Denis Johnson: \u201cGrainier vivi\u00f3 m\u00e1s de ochenta a\u00f1os, hasta bien entrada la d\u00e9cada de 1960. Durante su vida viaj\u00f3 en direcci\u00f3n oeste hasta quedarse a siete kil\u00f3metros de Pac\u00edfico, aunque jam\u00e1s lleg\u00f3 a ver el oc\u00e9ano, y en direcci\u00f3n este hasta la poblaci\u00f3n de Libby, que ya estaba a sesenta kil\u00f3metros dentro de Montana. Tuvo una \u00fanica amante \u2013su mujer, Gladys\u2013, fue propietario de media hect\u00e1rea de tierra, dos yeguas y un carromato. Jam\u00e1s se emborrach\u00f3. Jam\u00e1s adquiri\u00f3 un arma de fuego ni habl\u00f3 por tel\u00e9fono. Viaj\u00f3 habitualmente en tren, muchas veces en autom\u00f3vil y una vez en avioneta. Durante la \u00faltima d\u00e9cada de su vida vio la televisi\u00f3n siempre que iba por el pueblo. Jam\u00e1s averigu\u00f3 qui\u00e9nes eran sus padres y no dej\u00f3 ning\u00fan heredero\u201d.<br \/>\nAlgunas circunstancias dolorosas van marcando la existencia de este hombre rudo y solitario: haber participado en el intento de linchar a un jornalero chino, la desaparici\u00f3n de su mujer y de su peque\u00f1a hija durante un feroz incendio en los bosques, tener que reconstruir de cero y con obstinaci\u00f3n su caba\u00f1a, el remordimiento por no haber cumplido de joven con el encargo de un vagabundo en sus \u00faltimas horas, la muerte de un borracho atropellado por un tren. Otros episodios parecen iluminados por el tr\u00e1gico humor de Flannery O&#8217;Connor: cuando conoce al hombre m\u00e1s gordo del mundo, cuando viaja en avioneta y, sobre todo, cuando lleva malherido en su carro a alguien a quien le hab\u00eda disparado su propio perro.<br \/>\nLos soplos de realismo m\u00e1gico se relacionan con las supersticiones indias y las leyendas del bosque: la ni\u00f1a-lobo y las im\u00e1genes alucinadas de su mujer entre sue\u00f1os. Pero siempre dominan la narraci\u00f3n los hechos: los \u00e1rboles vengativos, la perra de conducta oscura, su cabra, sus caballos, sus gallinas. Lo sorprenden los cielos y la vegetaci\u00f3n. Lo agobian la tierra quemada (\u201call\u00ed hab\u00eda habido un incendio m\u00e1s fuerte que Dios\u201d), los fr\u00edos del invierno y los tempranas dolencias corporales (\u201cya hab\u00eda dejado atr\u00e1s los treinta y cinco a\u00f1os y se acercaba a los cuarenta, y la verdad es que el bosque ya no se le daba bien\u201d). El \u00fanico libro que conoci\u00f3 fue la Biblia. Los trenes marcan una presencia constante en su vida.<br \/>\nMuri\u00f3 mientras dorm\u00eda en su caba\u00f1a solitaria durante el oto\u00f1o. Dos excursionistas encontraron el cuerpo en primavera. \u201cAl d\u00eda siguiente los dos regresaron con un m\u00e9dico, que extendi\u00f3 el certificado de defunci\u00f3n y, turn\u00e1ndose con una pala que encontraron apoyada en la caba\u00f1a, los tres cavaron un hoyo en el jard\u00edn, que es donde yace Robert Grainier\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de Sue\u00f1os de trenes, de Denis Johnson (Buenos Aires, 2016, Random House). 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