{"id":12898,"date":"2016-11-08T19:24:33","date_gmt":"2016-11-08T22:24:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12898"},"modified":"2016-11-08T19:24:33","modified_gmt":"2016-11-08T22:24:33","slug":"la-tragedia-de-la-decada-del-setenta-cronica-de-una-tragedia-anunciada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12898","title":{"rendered":"La tragedia de la d\u00e9cada del setenta. Cr\u00f3nica de una tragedia anunciada"},"content":{"rendered":"<p><em>Fragmentos de una presentaci\u00f3n en la Academia Nacional de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, de la cual Horacio Jaunarena es miembro de n\u00famero. <\/em><\/p>\n<p>Una de las varias definiciones del concepto de tragedia remite a una sucesi\u00f3n de hechos protagonizados por diversos personajes cuyas conductas conducen inexorablemente a un previsible final funesto. De modo diferente, en el drama un protagonista moralmente sano puede transformar un desenlace que parec\u00eda tr\u00e1gico en un final diferente.<br \/>\nDe all\u00ed surge la necesidad de revisar con detenimiento los antecedentes, los elementos y actitudes de quienes, de una manera u otra, por acci\u00f3n u omisi\u00f3n, fuimos protagonistas de la tragedia de la d\u00e9cada de los Setenta que culmin\u00f3 en el final que hoy, lamentamos.<br \/>\nEl conocimiento incompleto de lo que hicieron los diferentes sectores, el ocultamiento por parte de quienes escriben la historia de conductas y actitudes de algunos de los protagonistas, la reivindicaci\u00f3n de lo irreivindicable, la especulaci\u00f3n que se manifiesta en la malversaci\u00f3n de leg\u00edtimos sentimientos de dolor para ponerlos al servicio de una facci\u00f3n pol\u00edtica, la obstinaci\u00f3n en colocar toda la responsabilidad en un sector sin una reflexi\u00f3n equilibrada acerca de lo que hizo el resto. Toda esta suma de circunstancias convierten al relato en un panfleto mentiroso y, por lo tanto, in\u00fatil, para garantizar que nunca m\u00e1s nuestros hijos o nuestros nietos cometan los errores que cometimos para que se consumara semejante matanza.<br \/>\nLa reconciliaci\u00f3n de la historia con la totalidad de los hechos es el principio del camino que puede conducir a la reconciliaci\u00f3n de las v\u00edctimas, de sus deudos y concluya en el necesario final que conforte a quienes vivieron y padecieron aquella \u00e9poca.<br \/>\nHace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os que dos facciones de argentinos repiten las mismas conductas que los paralizan e inhiben cualquier entendimiento. Ambos sostienen que no hay nada que deban reprocharse y nada de qu\u00e9 arrepentirse. El resultado es que quedan congelados en un tiempo que no debe volver, presos de los sentimientos que se deben superar.<br \/>\nComienzan a aparecer v\u00edctimas y protagonistas que se colocan por encima de su dolor e intentan, con humildad, un dialogo que implica el descubrimiento del otro, del diferente como persona, el reconocimiento de los errores, la solidaridad con el que sufri\u00f3, y la voluntad de compartir el inmenso dolor por tanta muerte.<br \/>\nPensamos que no se trata de postular una amnesia voluntaria que significa un parche que no sanar\u00e1 viejas heridas, ni un olvido sancionado por decreto que solamente ocultar\u00e1 los rencores que quedar\u00e1n subyacentes. Se trata de que, asumiendo los pesares del pasado, los reconozcamos como un doloroso y aleccionador patrimonio com\u00fan, para iniciar la construcci\u00f3n de un destino diferente, identificando lo que cada uno de nosotros hizo o no hizo para evitar que se consumara la tragedia. S\u00f3lo as\u00ed podremos garantizar que lo ocurrido no vuelva a repetirse.<br \/>\nEn funci\u00f3n de estas reflexiones es necesario comenzar a mirar nuestra historia, no como una fotograf\u00eda de los peores a\u00f1os de la d\u00e9cada del Setenta, sino como una pel\u00edcula que, progresivamente, fue abriendo el camino para que la violencia se adue\u00f1ara de la vida pol\u00edtica de nuestra Patria.<br \/>\nEs in\u00fatil pretender la construcci\u00f3n de un presente solamente de cara al futuro. El presente debe afirmarse tambi\u00e9n, y primordialmente, en la l\u00facida conciencia de las ra\u00edces que se hunden en nuestro pasado.<br \/>\nDesde 1930, la Argentina se convirti\u00f3 en un actor pol\u00edtico en busca de su presunta identidad, de su aut\u00e9ntica legitimidad. Desde entonces deben buscarse los m\u00e1s recientes antecedentes de esa cultura de la ajuridicidad que padecemos y en funci\u00f3n de la cual lo anormal se transforma en normal y lo normal en normativo. As\u00ed se convierte a la sociedad en un conglomerado an\u00f3mico, sin pautas, normas ni conductas de sentido pol\u00edtico claras, democr\u00e1ticas y precisas. La violencia en la pol\u00edtica no fue una novedad de los setenta. S\u00ed lo fue, el desenfreno, la crueldad, la repugnancia de los procedimientos.<br \/>\nPara referirnos solamente a algunos episodios ocurridos en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os del siglo XX, nos encontramos, con el bombardeo de la Plaza de Mayo en 1955, con la violencia de la quema de las iglesias durante el primer peronismo, con los fusilamientos despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n de 1955, con los golpes de Estado que sustitu\u00edan gobiernos civiles por militares, con \u201cla noche de los bastones largos\u201d de quienes irrumpieron en nuestras universidades durante el gobierno del general Ongan\u00eda, con la proscripci\u00f3n por a\u00f1os del peronismo.<br \/>\nLa historia, hasta 1983, no s\u00f3lo ha sido la historia de una sucesi\u00f3n de golpes de Estado \u00fanicamente protagonizado por las Fuerzas Armadas. Como sostiene Robert Potash, nuestros golpes siempre fueron c\u00edvico-militares y, muchas veces, contaron con la complicidad de una sociedad que se mostr\u00f3 indiferente hacia la suerte de sus instituciones.<br \/>\nA los golpes le suced\u00edan precarias democracias, muchas de ellas surgidas de gobiernos cuestionados en su legitimidad por las proscripciones pol\u00edticas. Como resultado de esto, configuramos una sociedad que no terminaba de madurar para hacerse cargo y ser responsable de la construcci\u00f3n de su propio destino.<br \/>\nA estos antecedentes se suma, ya en la d\u00e9cada de los Sesenta, el virus del terrorismo ideol\u00f3gico que rondaba por el mundo a trav\u00e9s de diferentes versiones, en una suerte de militarizaci\u00f3n del pensamiento, de infiltraci\u00f3n de una verdadera cultura de la violencia que penetr\u00f3 en una sociedad inepta para enfrentarlo.<br \/>\nToda esta seudom\u00edstica del terror que en su momento exaltaron, cada uno por su lado, Lenin y Hitler, fue erigida en el nombre legitimador de la ideolog\u00eda.<br \/>\n\u201cLa ideolog\u00eda-ha escrito admirablemente Solyenitzin-, he aqu\u00ed lo que da la justificaci\u00f3n buscada a la maldad y la requerida dureza prolongada al malvado. La teor\u00eda social que, ante \u00e9l mismo y los dem\u00e1s, le ayudan a blanquear sus actos y escuchar, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. As\u00ed, los inquisidores se confortaban con el cristianismo, los conquistadores con la civilizaci\u00f3n, los nazis con la raza, los jacobinos de antes y de ahora con la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras. Gracias a la ideolog\u00eda, al siglo XX le ha tocado conocer la maldad cometida contra millones de seres. Es algo que no se puede refutar, orillar, silenciar\u201d.<br \/>\nCon esos antecedentes, una buena parte de una generaci\u00f3n de j\u00f3venes argentinos militantes de distintos partidos pol\u00edticos, fue seducida por el llamado a esta violencia mesi\u00e1nica, ante la incomprensi\u00f3n, la impotencia, la tolerancia e incluso a veces, la complicidad de un vasto sector de l\u00edderes sociales que, frente a la morbosa seducci\u00f3n de la muerte, no ofrecieron a esa juventud, una propuesta convocante por la vida. A la odiosa simplificaci\u00f3n del eslogan, no supimos contraponer los \u00e1mbitos y el ambiente de la discusi\u00f3n racional. A la aparente eficiencia de la acci\u00f3n directa, no conseguimos elevar a la categor\u00eda de regla de oro, la subordinaci\u00f3n de todos a una \u00fanica soberana: la ley.<br \/>\nDiferentes actores fueron haciendo su aporte para la consumaci\u00f3n de la tragedia. La Guerra Fr\u00eda, que fue fr\u00eda para las potencias principales pero llena de sangre para otros actores secundarios, las im\u00e1genes de las guerras de Argelia y Vietnam, la figura emblem\u00e1tica del Che Guevara, el triunfo de la guerrilla en Cuba poniendo fin a una tiran\u00eda, el endiosamiento de personajes como Fidel Castro, supuesto defensor de la libertad. Las palabras de Per\u00f3n que desde su exilio, recib\u00eda y alentaba lo que llamaba \u201clas formaciones especiales\u201d. Las prohibiciones y las persecuciones pol\u00edticas sumaban razones para quienes postulaban la acci\u00f3n directa.<br \/>\nSe generaba el caldo de cultivo para que la violencia se hiciera moneda cotidiana y j\u00f3venes, muchos de ellos imbuidos por ideales de justicia y libertad, asumiendo la representaci\u00f3n del pueblo que nadie les hab\u00eda dado, mataban y mor\u00edan. Mientras tanto, algunos dirigentes pol\u00edticos de diferentes extracciones justificaban la violencia.<br \/>\nLa teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, fue el sustento doctrinario para que sacerdotes cat\u00f3licos alentaran las acciones de futuros guerrilleros. En otro plano, fueron muchos los sacerdotes que, a riesgo de su propia vida, protegieron y ampararon a gente perseguida. A ellos hay que agradecerles haberlos salvado de la muerte. En mayo de 1977, una declaraci\u00f3n del Episcopado denunciaba con fuerza la violaci\u00f3n de los derechos humanos por parte del gobierno. Era una de las pocas voces que se o\u00edan en ese sentido. Dirigentes pol\u00edticos, empresarios y sindicalistas, impotentes, distra\u00eddos o c\u00f3mplices, contribu\u00edan a la gestaci\u00f3n de la tragedia.<br \/>\nA principios de la d\u00e9cada del Setenta asistimos a la instalaci\u00f3n de un gobierno democr\u00e1tico elegido libremente por la totalidad de los argentinos.<br \/>\nEl General Per\u00f3n volv\u00eda a la Presidencia y, con ello, la ilusi\u00f3n de que la violencia y la muerte llegar\u00edan a su t\u00e9rmino en la Argentina.<br \/>\nPero no lleg\u00f3 la paz. La guerrilla rural, como ilusi\u00f3n generadora de libertad trasladada a las ciudades se convierte en terrorismo. En plena democracia, Montoneros, Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo, Fuerzas Armadas Peronistas y Fuerzas Armadas Revolucionarias, siguieron operando.<br \/>\nDesde el gobierno, con total apoyo del principal Ministro de Per\u00f3n, Jos\u00e9 Lopez Rega, se gesta una perversa organizaci\u00f3n terrorista llamada Triple A, que comienza a competir con las organizaciones guerrilleras en la multiplicaci\u00f3n del crimen y con la crueldad de la metodolog\u00eda empleada. El gobierno democr\u00e1tico de entonces, no supo, no quiso o no pudo poner fin a tanta locura.<br \/>\nEl 27 de febrero de 1974, el gobernador de C\u00f3rdoba Ricardo Obreg\u00f3n Cano, ech\u00f3 a su Jefe de Polic\u00eda el teniente coronel Antonio Domingo Navarro, el primero de ellos tildado de izquierdista y el segundo de extrema derecha. Navarro resisti\u00f3 y con un grupo de Polic\u00edas derroc\u00f3 a Obreg\u00f3n Cano y a su vice gobernador Atilio L\u00f3pez quien finalmente fue asesinado por la Triple A el 16 de setiembre de 1974. Entre marzo de 1975 y marzo de 1976, durante el gobierno constitucional, la violencia paraestatal dej\u00f3 un saldo de 52 desaparecidos seg\u00fan datos recogidos por la Comisi\u00f3n Nacional sobre la Desaparici\u00f3n de Personas.<br \/>\nLos Montoneros matan al General Aramburu y cuentan los detalles de c\u00f3mo lo hicieron. La Triple A asesina a Silvio Frondizi y los Montoneros a Arturo Mor Roig para que aprenda el Radicalismo que no debe desestimar un pedido de la organizaci\u00f3n. La Triple A mata a Haroldo Conti.<br \/>\nSe involucra al Ej\u00e9rcito en la represi\u00f3n de la guerrilla y se lo emplea para reprimir un foco de insurgencia en Tucum\u00e1n. El gobierno constitucional ordena el aniquilamiento del accionar subversivo. Mientras tanto, expertos con experiencia en la guerra sucia francesa desarrollada en Argelia visitan, con anuencia oficial, a las tropas argentinas.<br \/>\nMuere Per\u00f3n y lo sucede su viuda Isabel. La crisis econ\u00f3mica se suma a la violencia que desde la izquierda y la derecha asolaban a la sociedad.<br \/>\nFrente a la indiferencia, la impotencia o la temeridad, las conducciones de las Fuerzas Armadas se hicieron cargo del gobierno; a la bulliciosa vida democr\u00e1tica se le opuso el silencio del autoritarismo; a la norma de la responsabilidad republicana de los funcionarios se la sustituy\u00f3 por la acci\u00f3n de un grupo que, crey\u00e9ndose elegido por una instancia superior, pretend\u00eda tener la soluci\u00f3n para todos los problemas, para todas nuestras angustias, para todas nuestras frustraciones sin tener que rendir cuentas a nadie. Desde un lugar o desde varios lugares ignotos e inaccesibles, se resolv\u00eda sobre la vida o la muerte de los argentinos.<br \/>\nLa represi\u00f3n convergi\u00f3, desde el estado, en cuanto al m\u00e9todo, con la subversi\u00f3n, sellando el corolario de una tragedia que se ven\u00eda preparando por la acci\u00f3n u omisi\u00f3n de los m\u00faltiples actores que hemos ido se\u00f1alando y muchos de los cuales han permanecido sin asumir ninguna responsabilidad.<br \/>\nSe ignor\u00f3 que entre la represi\u00f3n ejercida desde el Estado y la violencia de los terroristas debe haber siempre una diferencia \u00e9tica fundamental. Algo as\u00ed como si para terminar con los can\u00edbales nos comi\u00e9ramos a los can\u00edbales. Muchos inocentes pagaron con su vida tanto desenfreno.<br \/>\nEl 2 de julio de 1976, una bomba destruy\u00f3 el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, dej\u00f3 un saldo de 24 inocentes muertos y m\u00e1s de cien heridos. El atentado fue concebido por el equipo de inteligencia montonero encabezado por Rodolfo Walsh.<br \/>\nComo el ataque fue reivindicado por el pelot\u00f3n de combate denominado \u201cSergio Puiggr\u00f3s\u201d, autoridades de la Superintendencia de aquel entonces, con la participaci\u00f3n de fuerzas militares y policiales, en la noche del 19 de agosto de ese a\u00f1o mandaron a dopar a treinta prisioneros secuestrados en el Edificio anexo al de la explosi\u00f3n y los mataron a tiros en la cabeza. Luego, los cuerpos fueron dinamitados en la madrugada del 20 de agosto, en F\u00e1tima, Partido de Pilar.<br \/>\nTiempo despu\u00e9s, Rodolfo Walsh fue ultimado por un grupo de tareas.<br \/>\nEntre el 2 de julio y el 20 de agosto de 1976, se mataron a cincuenta y cuatro argentinos y quedaron m\u00e1s de cien heridos, muchos de ellos mutilados.<br \/>\nSurge la figura del \u201cdesaparecido\u201d, alguien que no est\u00e1 en ninguna parte, con lo cual se abri\u00f3 una herida en sus familiares imposible de curar, porque el concepto de desaparecido es contrario a la naturaleza humana. Un \u201cdesaparecido\u201d es una biograf\u00eda inconclusa, una biograf\u00eda que, a diferencia de toda biograf\u00eda, jam\u00e1s tendr\u00e1 final. El dolor tampoco.<br \/>\nSi la guerrilla secuestraba torturaba o mataba con una bomba a una ni\u00f1a de quince a\u00f1os que hab\u00eda cometido el delito de ser hija de un almirante, la represi\u00f3n contestaba de manera similar.<br \/>\nEste final dantesco es el desenlace de una tragedia, vivida por una sociedad que se mostraba a veces perpleja, a veces paralizada por el miedo, a veces indiferente a la suerte de sus compatriotas. La justicia, distra\u00edda, rechazaba sistem\u00e1ticamente recursos de Habeas Corpus.<br \/>\nLlega la restauraci\u00f3n democr\u00e1tica y la decisi\u00f3n de enjuiciar por parte del gobierno electo, a los responsables militares que dirigieron la represi\u00f3n y a las c\u00fapulas de los movimientos que optaron por la violencia. Sin embargo, qued\u00f3 sin juzgar la conducta de muchos de los responsables pol\u00edticos de los tiempos en que actuaba la Triple A, Casi nadie se hizo cargo de qu\u00e9, en plena democracia, con la Justicia y el Parlamento funcionando, no se impidi\u00f3 que sucedieran las atrocidades que se cometieron.<br \/>\nEl estrepitoso fracaso en todos los \u00f3rdenes del gobierno militar, la ins\u00f3lita decisi\u00f3n de decidir la guerra de Malvinas, con la derrota y con sus muertos, la exhibici\u00f3n de las crueldades cometidas en la represi\u00f3n, permitieron ocultar la corresponsabilidad de otros sectores en la tragedia vivida, y concentraron el reproche en un solo sector, responsable, pero no \u00fanico, de lo acaecido.<br \/>\nA partir de 1983, se hicieron diferentes intentos de superar el pasado luctuoso; se juzg\u00f3 y conden\u00f3 a las c\u00fapulas militares que ordenaron y condujeron a la represi\u00f3n, se juzg\u00f3 a dirigentes de las organizaciones guerrilleras. Con la ley de obediencia debida se procur\u00f3 distinguir entre los que dieron y los que ejecutaron las \u00f3rdenes de reprimir. El gobierno del Dr. Menen postul\u00f3 la amnist\u00eda, se anularon leyes por el Congreso, se declar\u00f3 la inconstitucionalidad de las leyes por parte del Poder Judicial, se cre\u00f3 la categor\u00eda de delitos de lesa humanidad, se llevaron adelante juzgamientos en masa sin distinci\u00f3n de edades ni rangos militares, se indemniz\u00f3 a integrantes de las organizaciones guerrilleras participantes de hechos de extrema crueldad. No se trat\u00f3 de la misma manera a soldados y personal militar que murieron cumpliendo con su deber.<br \/>\nLa democracia consagra al matrimonio Kirchner en la Presidencia de la Rep\u00fablica y se inicia un nuevo experimento. Esta vez, se ensaya, superar el pasado mintiendo. En el relato oficial, hemipl\u00e9jico y omisivo, se pretende hacer creer que solamente hubo represi\u00f3n de inocentes por parte de un sector, el militar, que tuvo la culpa de todo y al que hay que juzgar hasta sus \u00faltimas consecuencias. (si ellos tuvieron la culpa de todo, yo no tuve la culpa de nada).<br \/>\nCulpar exclusivamente a un solo sector es una soluci\u00f3n c\u00f3moda porque exime de responsabilidad a muchos cuyos comportamientos en distintos tiempos, contribuyeron a la consumaci\u00f3n de la tragedia. Pero, \u00bfsirve la historia como aprendizaje si se la falsea? \u00bfEs l\u00edcito, por mera especulaci\u00f3n pol\u00edtica inmediata, fomentar el odio y la revancha entre compatriotas? \u00bfQu\u00e9 garant\u00eda tenemos que, a partir de esta falsificaci\u00f3n, muchos j\u00f3venes, ignorantes de la verdad, no recaigan en los mismos errores y horrores, queriendo imitar un hero\u00edsmo de fantas\u00eda, cuya sola realidad se reduce a lo que les contaron desde una historia mentirosa?<br \/>\nPretenden que nuestra historia sea una fotograf\u00eda con algunos personajes ocultos, y no una pel\u00edcula con m\u00faltiples actores, todos iluminados al fin, por una cuota de participaci\u00f3n, activa o pasiva.<br \/>\nEs cierto que la represi\u00f3n ilegal desde el Estado es repudiable y debe ser calificada con mayor severidad que las acciones que llev\u00f3 adelante la guerrilla. Pero esta verdad no debe servir para ocultar el hecho de que la guerrilla mat\u00f3, rob\u00f3 y secuestr\u00f3 y que todo ello, conforman delitos que no deben ocultarse ni ignorarse.<br \/>\nFalsificar lo acontecido es abusar autoritariamente de la libertad que nos brinda la democracia.<br \/>\nHubo j\u00f3venes idealistas que, ilusionados en la lucha por la igualdad y la libertad, mataron y murieron. Hubo inocentes muertos por el descontrol. Hubo soldados matados por el s\u00f3lo hecho de vestir el uniforme del Ej\u00e9rcito Argentino. Otros, que en un contexto de violencia y terror, cumplieron \u00f3rdenes sin cuestionar o advertir la ilegalidad de las mismas.<br \/>\nLos mejores juristas no se ponen de acuerdo acerca de cu\u00e1l es el l\u00edmite de la obediencia a una orden en una Instituci\u00f3n jer\u00e1rquica como lo es un ej\u00e9rcito. Se pretendi\u00f3 que lo tuvieran en claro j\u00f3venes reci\u00e9n salidos de los institutos militares. Hubo excesos repugnantes de los que se ha ocupado y debe ocuparse la justicia.<br \/>\nEs importante el n\u00famero de argentinos que entienden la necesidad de superar la tragedia. Los gobiernos, y tambi\u00e9n la justicia son especialmente sensibles al clima que est\u00e1 viviendo la sociedad. Resulta ilusorio pretender resoluciones sustanciales de ellos, si no se genera un ambiente propiciatorio de las decisiones a tomarse. Si se instala en la sociedad un clima de reencuentro, quiz\u00e1s entonces podamos esperar que la necesaria superaci\u00f3n del pasado se concrete.<br \/>\nMientras tanto, hay cosas que se pueden realizar por razones humanitarias. Como nos lo recuerda Santo Tomas, \u201cJusticia sin misericordia es crueldad, misericordia sin justicia es la madre de la disoluci\u00f3n\u201d. El fiscal Strassera sosten\u00eda que \u201cLos derechos humanos son tambi\u00e9n para los que infringen los Derechos Humanos\u201d<br \/>\nNos referirnos a los detenidos acusados y algunos condenados por los denominados cr\u00edmenes de lesa humanidad, mayores de setenta a\u00f1os y que permanecen alojados en diferentes institutos penitenciarios, en contra de la legislaci\u00f3n que prescribe lo contrario. Tomemos conocimiento de la situaci\u00f3n en setiembre de 2016.<br \/>\nEl Servicio Penitenciario est\u00e1 dise\u00f1ado sobre la base de una edad promedio del detenido de treinta y cinco a\u00f1os.<br \/>\nLa edad promedio de los detenidos es de setenta y tres a\u00f1os.<br \/>\nHay m\u00e1s de doscientos cinco detenidos mayores de setenta a\u00f1os alojados en penales.<br \/>\nHay m\u00e1s de ciento veinte denuncias ante la Comisi\u00f3n Interamericana sobre Derechos Humanos por exceso (mas de dos a\u00f1os) en prisi\u00f3n preventiva y hay m\u00e1s de doscientos cuarenta y ocho detenidos que han cumplido m\u00e1s de tres a\u00f1os de prisi\u00f3n preventiva.<br \/>\nLa excesiva duraci\u00f3n de los juicios ha tra\u00eddo como consecuencia que sean m\u00e1s de trescientos cincuenta detenidos los que han muerto. La mayor\u00eda de ellos no llegaron a saber si la justicia los consideraba culpables o inocentes.<br \/>\nUna contribuci\u00f3n para serenar los esp\u00edritus es permitir a estos detenidos mayores de setenta a\u00f1os, seguir cumpliendo su condena en prisi\u00f3n domiciliaria.<br \/>\nArgentina desde hace ya mucho tiempo viene descendiendo en su nivel dentro del contexto de las Naciones. Por vivir durante muchos a\u00f1os en el puro presente, nos hemos devorado el futuro que pertenece a las pr\u00f3ximas generaciones.<br \/>\nLa tragedia de la d\u00e9cada del setenta ha sido utilizada para ahondar nuestras diferencias. Su recuerdo, en lugar de ser el marco para superarla a trav\u00e9s de un duelo compartido, ha sido utilizado para perpetuar el resentimiento, para estimular la divisi\u00f3n. Guatemala, El Salvador y Sud\u00e1frica que sufrieron tragedias similares o peores que las nuestras, supieron superarlas en torno a un proyecto de futuro compartido. Las F.A.R.C. y el gobierno Colombiano, luego de cincuenta a\u00f1os apuestan al perd\u00f3n y a la reconciliaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no intentarlo? Hoy hace falta que nos unamos, s\u00f3lo as\u00ed, sinti\u00e9ndonos part\u00edcipes de una empresa com\u00fan, podremos construir la masa cr\u00edtica de apoyo necesaria para que Argentina recupere el tiempo perdido.<br \/>\nPersonas e instituciones de diferentes \u00e1mbitos, todav\u00eda no demasiado numerosos, superando el dolor, reconociendo los errores, avanzan con el objetivo de inaugurar un di\u00e1logo que ilumine una mirada cr\u00edtica y abarcadora de nuestra historia reciente. Encuentran as\u00ed, un rumbo alternativo que les permite convivir con su desgracia y dar un sentido a sus vidas dedic\u00e1ndolas a construir un futuro distinto. La Iglesia llama a la reconciliaci\u00f3n. Se suman al di\u00e1logo, pol\u00edticos, empresarios, dirigentes sindicales y religiosos. Es un hecho auspicioso que contribuye a generar el necesario clima de reencuentro al que nos hemos referido.<br \/>\nEl conocimiento completo y descarnado de nuestro pasado asumido como un doloroso patrimonio com\u00fan, con una profunda reflexi\u00f3n cr\u00edtica que incluya a todos y a cada uno de los protagonistas, puede ser tambi\u00e9n una contribuci\u00f3n para que, ni nosotros, ni nuestros hijos, volvamos a vivir una nueva cr\u00f3nica de una tragedia anunciada.<\/p>\n<p><em>El autor es ex ministro de Defensa. Director del Centro de Estudios de la Defensa Nacional de la Universidad de Belgrano.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmentos de una presentaci\u00f3n en la Academia Nacional de Ciencias Morales y Pol\u00edticas, de la cual Horacio Jaunarena es miembro de n\u00famero. 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