{"id":12902,"date":"2016-11-08T19:28:57","date_gmt":"2016-11-08T22:28:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12902"},"modified":"2016-11-08T19:28:57","modified_gmt":"2016-11-08T22:28:57","slug":"el-rostro-de-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12902","title":{"rendered":"El rostro de la misericordia"},"content":{"rendered":"<p><em>Este art\u00edculo, publicado en la revista espa\u00f1ola Raz\u00f3n y Fe 1415 (2016, p\u00e1ginas 133-143), presenta algunas reflexiones sobre el tema de la misericordia ofreciendo una lectura para nuestros d\u00edas. Para ello, en primer lugar, se analiza sem\u00e1nticamente el t\u00e9rmino \u201cmisericordia\u201d para situarlo dentro del \u00e1rea de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. En segundo lugar, el recorrido b\u00edblico muestra c\u00f3mo la Escritura presenta a Dios como el otro nombre de la misericordia y quienes son sus destinatarios preferenciales a la vez que se rese\u00f1a la pr\u00e1ctica misericordiosa de Jes\u00fas en relaci\u00f3n con los desheredados de la sociedad y de la historia. Finalmente, se ofrecen una serie de pistas que apuntan hacia una misericordia que ya no se entienda como una virtud abstracta, sino como una actitud concreta y \u00e9tica, aterrizada en los desaf\u00edos presentados en el mundo de hoy. <\/em><\/p>\n<p><strong>1. Misericordia: origen y significado <\/strong><\/p>\n<p>La palabra latina \u201cmisericordia\u201d, seg\u00fan su etimolog\u00eda significa: tener el coraz\u00f3n (cors) vuelto hacia los pobres (miseri), en comuni\u00f3n con ellos o como expresa Walter Kasper \u00absentir afecto por los pobres\u00bb . Desde una perspectiva antropol\u00f3gica, el vocablo conlleva un sentido de compasi\u00f3n, es decir, de sentir y de padecer con el vulnerable, con el pobre, con el destituido cuya vida est\u00e1 m\u00e1s agredida e indefensa. Quien ejerce la misericordia consigue salir de su ego\u00edsmo y fraguar un \u00e9xodo hacia los dem\u00e1s, en especial hacia los afligidos por la pobreza y por toda clase de miserias. <\/p>\n<p>En las grandes religiones del mundo, la misericordia y la compasi\u00f3n por el otro devienen dos categor\u00edas comunes y se entienden como el respeto y la reverencia. Lo que para una mentalidad secularizada e iluminista parecer\u00eda accesorio; por el contrario, es sagrado para los representantes de esas religiones, en particular, para los tres monote\u00edsmos: juda\u00edsmo, cristianismo e islamismo . <\/p>\n<p>La tradici\u00f3n de la Iglesia, en las figuras de san Agust\u00edn y santo Tom\u00e1s de Aquino, manifest\u00f3 siempre una l\u00ednea interpretativa muy diferente a la de la filosof\u00eda griega (a excepci\u00f3n de Arist\u00f3teles)  la cual enfatizaba m\u00e1s la raz\u00f3n y la justicia sin compasi\u00f3n porque podr\u00eda impedir un juicio justo . O a\u00fan m\u00e1s, se alej\u00f3 del estoicismo que sosten\u00eda la incompatibilidad de la compasi\u00f3n con una \u00e9tica y que predicaba el dominio de la raz\u00f3n sobre los afectos y la ataraxia o imperturbabilidad contra la compasi\u00f3n (enfermedad del alma) . <\/p>\n<p>Bien diferente se sit\u00faa la teolog\u00eda cristiana. Su horizonte no es otro que entender la misericordia o la compasi\u00f3n, afectarse por el sufrimiento del pr\u00f3jimo, no solo de una manera afectiva sino incluso, sobre todo, de forma efectiva, ya que busca combatir y superar la carencia y el mal que padece esa persona. Ya desde sus inicios, la Iglesia ejerce la misericordia con los pobres sea personal sea en modo comunitario. En el cristianismo, se consolid\u00f3 r\u00e1pidamente el cuidado por los pobres y los enfermos cuya responsabilidad y custodia corr\u00eda a cargo de la comunidad eclesial en la persona de los obispos y, en particular, de los di\u00e1conos . Esta configuraci\u00f3n eclesial pretend\u00eda dar una cobertura a los m\u00e1s d\u00e9biles y ejerc\u00eda la misericordia y la compasi\u00f3n de los m\u00e1s d\u00e9biles lo que conllev\u00f3 que este modo de proceder configurara la cultura occidental europea. <\/p>\n<p>Hoy esta pr\u00e1ctica ha adquirido formas m\u00e1s secularizadas. Sin embargo, resultan a\u00fan incontables las obras y las instituciones dedicadas a la caridad que surgen justamente del cuidado a los m\u00e1s d\u00e9biles por parte de la Iglesia, inspirada en el Evangelio que es su norma non normata. <\/p>\n<p>La modernidad, con el primado de la raz\u00f3n, ha puesto bajo sospecha la universalidad de la misericordia y de la compasi\u00f3n as\u00ed como otros aspectos provenientes de una cosmovisi\u00f3n teoc\u00e9ntrica de la Edad Media. Ahora bien, muchos fil\u00f3sofos ilustres del siglo pasado y de este \u2013 cristianos o no \u2013 han reflexionado sobre la importancia de la gratuidad del don como fundamento de una antropolog\u00eda necesaria en la actualidad . As\u00ed lo refuerza el Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus (MV): <\/p>\n<p>\u00abLa misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acci\u00f3n pastoral deber\u00eda estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a trav\u00e9s del camino del amor misericordioso y compasivo [&#8230;] Los cristianos nos hemos olvidado de indicar y de andar por la v\u00eda de la misericordia\u00bb (MV, n.10).<\/p>\n<p>Convocando as\u00ed a la Iglesia que preside, el obispo de Roma subraya c\u00f3mo la misericordia deja de ser un sentimiento espiritual vago y abstracto para desempe\u00f1ar una pr\u00e1ctica responsable que compete a la misma misi\u00f3n eclesial. Aqu\u00ed est\u00e1 en juego su credibilidad y fidelidad al Evangelio. La invitaci\u00f3n a la misericordia deriva de una falta, de una carencia, de una ausencia de algo que es un derecho del ser humano o de la misma creaci\u00f3n. Y a esta laguna resulta necesario responder. La misericordia de Dios<\/p>\n<p>\u00abno es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual \u00c9l revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo m\u00e1s profundo de sus entra\u00f1as por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor \u201cvisceral\u201d. Proviene desde lo m\u00e1s \u00edntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasi\u00f3n, de indulgencia y de perd\u00f3n\u00bb .<\/p>\n<p>A lo cual, el pont\u00edfice a\u00f1ade: <\/p>\n<p>\u00abEs mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Ser\u00e1 un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todav\u00eda m\u00e1s en el coraz\u00f3n del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicaci\u00f3n de Jes\u00fas nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como disc\u00edpulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, ense\u00f1ar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos\u00bb .<\/p>\n<p>La misericordia no es, por lo tanto, \u00fanicamente la benevolencia de Dios que concede su perd\u00f3n al pecador arrepentido. Sin embargo, previo a eso, es la din\u00e1mica del amor de Dios que sale al encuentro del ser humano en sus necesidades, sea o no pecador, est\u00e9 o no arrepentido, tenga o no fe en el Dios que los busca apasionadamente y que se compadece de su sufrimiento.<\/p>\n<p><strong>2. La Biblia y la revelaci\u00f3n del Dios misericordioso<\/strong><\/p>\n<p>En esta secci\u00f3n, trazaremos primeramente sobre algunos de los rasgos revelados por ese mismo Dios a su pueblo, en su camino hist\u00f3rico y en su actuaci\u00f3n econ\u00f3mico-salv\u00edfica en medio a la humanidad. La Alianza constituye la relaci\u00f3n de intimidad de Dios con su pueblo; una relaci\u00f3n libre y gratuita, de fidelidad y verdad (emet). Las palabras hesed y rahamin explican, con connotaciones masculinas y femeninas, esa caracter\u00edstica fundamental de la revelaci\u00f3n de Dios a su pueblo. Entre los t\u00e9rminos veterotestamentarios referidos directamente a Dios, el t\u00e9rmino rahamin es utilizado con constancia para describir la misericordia, atributo por excelencia del Dios de Israel. Ya en su misma ra\u00edz (rehem, seno materno, entra\u00f1as maternas) el t\u00e9rmino remite a una parte del cuerpo humano marcadamente femenina: el \u00fatero, el lugar donde la misma vida es recibida, a\u00fan en embri\u00f3n, acogida, protegida y alimentada para que pueda, posteriormente, crecer y desarrollarse y salir a la luz. En efecto, rahamin designa el amor de Dios en directa comparaci\u00f3n con el amor de una madre, que se conmueve y experimenta compasi\u00f3n y angustia por la cr\u00eda de sus entra\u00f1as. <\/p>\n<p>As\u00ed, el Antiguo Testamento atribuye al mismo Dios las caracter\u00edsticas maternales de bondad y ternura, paciencia y comprensi\u00f3n, as\u00ed como la prontitud para perdonar. Algunos ejemplos: <\/p>\n<p>\u00ab\u00bfAcaso olvida una mujer a su ni\u00f1o de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque \u00e9sas llegasen a olvidar, yo no te olvido\u00bb (Is 49, 15);<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEs un hijo tan caro para m\u00ed Efra\u00edm, o ni\u00f1o tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todav\u00eda? Pues, en efecto, se han conmovido mis entra\u00f1as por \u00e9l; ternura hacia \u00e9l no ha de faltarme\u00bb (Jer 31, 20);<\/p>\n<p>\u00abEstaba mudo desde mucho ha, hab\u00eda ensordecido, me hab\u00eda reprimido. Como parturienta grito, resoplo y jadeo entrecortadamente\u00bb (Is 42, 14).<\/p>\n<p>Este amor es invencible gracias a la intimidad misteriosa y materna. En ocasiones, se expresa como protecci\u00f3n y salvaci\u00f3n ante los peligros y los diversos enemigos diferentes, como el perd\u00f3n para los pecados de las personas o como la fidelidad de las promesas que ofrecen esperanza a pesar de la infidelidad del pueblo . La clemencia profunda de Dios viene de su coraz\u00f3n maternal. Dios siempre ser\u00e1 compasivo e infinitamente tierno (cf. Is 14,1).\t<\/p>\n<p>Dios es el Dios que ha liberado Israel del cautiverio y de la opresi\u00f3n. Es el Dios de los pobres y de los oprimidos. Es el que escucha su clamor y \u201cbaja\u201d para liberarlos (cf. Ex 3, 7-10) a la vez que manda actuar igualmente (cf. Lev 25, 35-38; Ex 22, 20-26). Es el Rey de Israel y el protector, el abogado de los pobres y de los d\u00e9biles. En este sentido, el pobre, el hu\u00e9rfano, la viuda, el extranjero y todos aquellos que no tienen a nadie que hable por ellos y los defienda podr\u00e1n encontrar en Dios su defensor. La justicia del Dios de Israel, por lo tanto, es real, gratuita, no por los m\u00e9ritos de los pobres. No tiene solamente que ver con los pecados del pueblo, sino con su sufrimiento.  <\/p>\n<p>Para eso \u201cbaja\u201d, \u201csale\u201d de su lugar y viene hasta donde est\u00e1 el pueblo sufriente para sanarlo, consolarlo y animarlo. A pesar de ser el Dios de todos, el Dios de Israel es ante todo el Dios de los pobres y d\u00e9biles, teniendo por ellos una especial predilecci\u00f3n, no por sus m\u00e9ritos y virtudes, sino por la situaci\u00f3n de vulnerabilidad en la cual se encuentran. Por eso, la conducta de quien cree en Dios y le obedece tiene que ser la del mismo Dios. Servir a los pobres es conducta exigida del ser humano, porque es la del mismo Dios (cf. Is 58, 6-10). Jes\u00fas, el Mes\u00edas de Dios, su Ungido va a ser el rostro concreto y visible de esa misericordia que preside la revelaci\u00f3n divina en la Escritura. El Nuevo Testamento va a ser el despliegue de su persona, de su palabra, de sus gestos misericordiosos en relaci\u00f3n a todos cuantos a \u00c9l se acerquen. <\/p>\n<p><strong>3. La misericordia como clave del misterio de Jes\u00fas<\/strong><\/p>\n<p>El te\u00f3logo Johann Baptist Metz construye su reflexi\u00f3n a partir de las categor\u00edas \u201cmemoria\u201d y \u201ccompasi\u00f3n\u201d. Al respecto, propugna:<\/p>\n<p>\u00abLas tradiciones b\u00edblicas del discurso sobre Dios y las narraciones neo testamentarias sobre Jes\u00fas conocen una forma indeclinable de responsabilidad global.  Sin embargo \u2013 y este punto tendr\u00eda que ser considerado m\u00e1s detenidamente \u2013 en ellas el universalismo de tal responsabilidad no se orienta ante todo al universalismo del pecado del ser humano, sino al universalismo del sufrimiento en el mundo. La primera mirada de Jes\u00fas no se dirige al pecado, sino al sufrimiento de los otros\u00bb .<\/p>\n<p>Por lo tanto, la mirada de Jesucristo resulta esencialmente misericordiosa. Podr\u00e1 tener fuerza de juicio justamente por la misericordia infinita que trae.  En esa mirada est\u00e1n incluidos todos los que padecen alguna pobreza, alguna indigencia, la falta de algo vital (los pobres, los enfermos, las mujeres, los ni\u00f1os, los marginados por cualquier motivo de la vida social, pol\u00edtica y religiosa). En el nuevo estilo de vida que inaugura Jes\u00fas, la misericordia y la compasi\u00f3n pasan delante de la Ley.  Al mismo tiempo que Jes\u00fas se dirige a la sinagoga los s\u00e1bados y cumpl\u00eda con los preceptos de la Ley, la propuesta del Hijo de Dios rompe en muchas ocasiones con la ley religiosa a favor del sufrimiento del otro: tocar los leprosos (cf. Mc 1, 41), curar intencionalmente en s\u00e1bado, durante el reposo sagrado jud\u00edo (cf. Mc 3, 1-5; Lc 13, 10-17; 14, 1-6), tocar cad\u00e1veres (cf. Mc 5, 41; Lc 7, 14). A\u00fan m\u00e1s, Jes\u00fas permiti\u00f3 que su comunidad de disc\u00edpulos rompiera con la ley religiosa y los defendi\u00f3 cuando se comportaron de esa manera: comer con pecadores y no creyentes (cf. Mc 2, 15), no practicar el ayuno en s\u00e1bado (cf. Mc 2, 23), no observar las leyes sobre la pureza ritual (cf. Mc 7, 11-23). <\/p>\n<p>En todos estos casos, Jes\u00fas relativiza la Ley. Llama la atenci\u00f3n el uso constante del verbo \u201ctocar\u201d en el Evangelio . Las curaciones de Jes\u00fas enmarcar en el gesto de \u201ctocar\u201d a las personas enfermas o acometidas de alg\u00fan mal o aun ya en la inmovilidad de la muerte. Esto estaba prohibido por la Ley. Ahora bien, Jes\u00fas cuando toca a alguien impuro seg\u00fan la ley mosaica, en lugar de que el toque transgresor produzca impureza y pecado prevista por la ley (cf. Lev 13-15; 2 Re 7, 3; Num 19, 11-14; 2 Re 23, 11ss), lo que sucede es todo lo contrario: salud, vida y salvaci\u00f3n .<\/p>\n<p>El amor a los pobres por parte de Jes\u00fas es un amor preferencial.  Su coraz\u00f3n se inclina instintivamente por aquellos que padecen las heridas y las agresiones a su dignidad fundamental y que les impiden actuar en las estructuras de la sociedad que a su vez los oprime y margina. Esto manifiesta la misericordia infinita del coraz\u00f3n del Padre. Lejos de ser una exclusi\u00f3n, esta predilecci\u00f3n es la se\u00f1al de una totalidad . Sobre los pobres descansa, toda entera, la bienaventuranza divina (cf. Lc 6, 20). De ellos es el Reino en plenitud; no a pesar de su pobreza, pero por causa de ella misma, que toca el coraz\u00f3n de Dios y lo hace vibrar con amorosa compasi\u00f3n y misericordia. <\/p>\n<p>Adem\u00e1s de su misma pr\u00e1ctica, Jes\u00fas anuncia la misericordia de Dios, del Padre. El Dios de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob, es un Dios de gracia y no de m\u00e9ritos. Prefiere el publicano pecador que el orgulloso fariseo que desfila delante de \u00e9l con sus m\u00e9ritos, mientras que el otro se reconoce impuro y pecador. Por eso, este vuelve a casa justificado, a diferencia del otro. En el banquete del fariseo Sim\u00f3n, el Hijo de Dios valora el gesto de la mujer que rompe con todas las prescripciones rituales pero que ha sabido demostrar mucho amor y por ello ha sido infinitamente perdonada (cf. Lc 7, 36-50). <\/p>\n<p>En sus par\u00e1bolas Jes\u00fas destaca de modo especial la misericordia del Padre. Entre estas, dos se destacan: la del buen samaritano (cf. Lc 10, 35-47) y la del Hijo Pr\u00f3digo (cf. Lc 15, 11-32). En ambas el protagonista es, respectivamente, un id\u00f3latra despreciado por los jud\u00edos y un pecador que dilapid\u00f3 todo lo que recibi\u00f3 de su padre. Es decir, personas que est\u00e1n al margen de lo que la sociedad considera como bueno y correcto o fuera de la verdadera religi\u00f3n y por eso no merecen cr\u00e9dito ni aplauso. Sin embargo, Jes\u00fas pone al otro en el centro de una maravillosa fiesta de acogida porque tuvo sencillamente el valor y el coraz\u00f3n de levantarse e ir a encontrar a su padre. En ambos casos, la misericordia de Dios desborda toda medida esperada sea en la conducta del samaritano, sea en el comportamiento del padre, que pasa m\u00e1s all\u00e1 de la justicia retributiva para entrar en la restaurativa, d\u00e1ndole al hijo no aquello que merece, sino aquello que necesita. <\/p>\n<p>La misericordia y la compasi\u00f3n tienen que ser, en consecuencia, para los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, todo un programa de vida en un mundo globalizado y plural como el nuestro. Es toda una cultura de la misericordia y de la compasi\u00f3n que deben ser cultivadas y reforzadas no de forma sentimental y abstracta, sino con pasos muy concretos y con los pies en la tierra .<\/p>\n<p><strong>4. Por una cultura de misericordia<\/strong><\/p>\n<p>La misericordia \u2013como dice el te\u00f3logo portugu\u00e9s Jos\u00e9 Tolentino Mendon\u00e7a\u2013 \u201cno es apenas emoci\u00f3n frente al sufrimiento ajeno\u201d . Por el contrario, supone un movimiento que conlleva una praxis y una \u00e9tica. Tiene que convertirse r\u00e1pidamente en hechos concretos y transformadores, generadores de justicia, paz, perd\u00f3n y alegr\u00eda. A la luz de la reflexi\u00f3n de Tolentino, el concepto y la categor\u00eda de misericordia deben tener una retraducci\u00f3n cultural, a fin de ser mejor entendida y consecuentemente practicada en nuestros tiempos secularizados y plurales. As\u00ed pas\u00f3 con el t\u00e9rmino \u201ccaridad\u201d, en la actualidad traducida como \u201camor\u201d o la sensibilidad ante la vulnerabilidad del otro, del diferente. A\u00fan m\u00e1s. Aunque sobrepase la justicia, la misericordia no existe sin ella.  Por lo tanto tiene que salir del \u00e1mbito de la pura subjetividad y lanzarse hacia el espacio p\u00fablico, provocando impactos pol\u00edticos de transformaci\u00f3n de la realidad. No se puede concebir una misericordia que est\u00e9 desconectada de los derechos fundamentales de la persona humana, de la comunidad humana. La hermen\u00e9utica de la palabra lo exige, por lo tanto, a fin de que pueda dar los frutos que el Papa Francisco desea, que la Iglesia espera y que el mundo a\u00f1ora. <\/p>\n<p>La conversi\u00f3n a la misericordia vislumbra la materialidad de la vida, las necesidades concretas del otro, del semejante, del pr\u00f3jimo. Tiene que impactar sobre el comer y el vestir, sobre la vivienda en tanto que son derechos para todos, as\u00ed como el acceso general a la salud.  Asimismo, la misericordia tambi\u00e9n se relaciona con la seguridad en la vida, sin miedo a que la violencia y la muerte interrumpan la existencia a cada paso y en cada esquina. Dice respeto a la calificaci\u00f3n afectiva de una existencia que no se exime de consolar los tristes y afligidos a trav\u00e9s del don de la consolaci\u00f3n y de la esperanza. Exige abrir las puertas de las casas para acoger los extranjeros que llegan y necesitan un lugar para quedarse, dormir por la noche en cuanto buscan trabajo en un pa\u00eds que no es el suyo.  Se trata, en fin, de reconstruir la dignidad de vidas enteras afectadas por la falta de respeto y por el descarte subjetivo, colectivo y sobre todo tristemente real .<\/p>\n<p>As\u00ed la misericordia tiene que salir de la esfera de lo privado y llegar igualmente a la esfera p\u00fablica con influjo sobre la polis y ganando en dimensiones pol\u00edticas. Y no hablamos aqu\u00ed de una pol\u00edtica meramente partidista, sino de una pol\u00edtica en sentido amplio, como \u201cuna de las formas m\u00e1s elevadas de la caridad, una vez que busca el bien com\u00fan\u201d. En este sentido, el Papa Francisco se ha dirigido con fuerte impacto pol\u00edtico con el fin de crear una cultura de la misericordia en t\u00e9rminos de m\u00e1s justicia y de paz. Se pueden citar sus discursos en Tierra Santa, en Cuba, ante el Congreso de Estados Unidos cuando toc\u00f3 puntos sensibles como la pena de muerte, el tr\u00e1fico de armas y la guerra. Antes de \u00e9l, otros pont\u00edfices \u2013 como Pablo VI, por ejemplo, y su c\u00e9lebre frase \u201cel desarrollo es el otro nombre de la paz\u201d \u2013 han convocado a la Iglesia y a la sociedad ante el reto de ejercer un compromiso en defensa de los derechos humanos fundamentales, es decir, \u00abel reconocimiento de los derechos de las minor\u00edas y la protecci\u00f3n de estas; los procesos de creaci\u00f3n jur\u00eddica para equilibrar intereses leg\u00edtimos; el di\u00e1logo interreligioso e intercultural; las sanciones para potenciales agresores, etc.\u00bb .<\/p>\n<p>El amor que viene de Dios inspira y convierte los corazones llen\u00e1ndolos con la misma misericordia que llenaba y se derramaba en el coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Y lo que hace este amor es suscitar, en expresi\u00f3n de John Baptist Metz, una \u201cm\u00edstica de ojos abiertos\u201d, que mira alrededor, ve, para y se compadece. Busca la atenci\u00f3n a las distintas situaciones en donde la misericordia se hace urgente y necesaria. A esto est\u00e1 invitada la Iglesia de Cristo: a ser en el mundo, una de las fuerzas vivas a donde \u00ablate el dinamismo del amor suscitado por el Esp\u00edritu de Cristo\u00bb .  Es un amor que sabe que aunque las urgencias materiales sean prioritarias en el atendimiento misericordioso, todo no se resume a la materialidad para que haya vida plena. El hombre no vive solo de pan  y necesita adem\u00e1s de alimento, de vivienda y de vestuario, tranquilidad, cuidado, libertad, di\u00e1logo, dignidad, reconocimiento. <\/p>\n<p>Una cultura de la misericordia, por lo tanto, tiene que estar siempre en movimiento, tiene que ser m\u00e1s y m\u00e1s din\u00e1mica porque la historia no se detiene y van apareciendo nuevas situaciones de necesidad, de pobreza y de crisis. Si no se cultiva una mirada misericordiosa, inspirada y movida por el amor, esas situaciones pueden no ser percibidas. Como por ejemplo, la depresi\u00f3n que ataca a tanta gente hasta el punto de ser considerada como la enfermedad del siglo. O la soledad abrumadora que hace que muchos ancianos mueran en sus casas. Todo esto revela una sociedad de exclusi\u00f3n, que glorifica el consumo y la productividad, sin mirar ni cuidar los aspectos m\u00e1s dolorosos y escondidos de la vida. La misericordia atiende a la pobreza, a la exclusi\u00f3n social, al sufrimiento de los m\u00e1s d\u00e9biles, pero tambi\u00e9n los excesos del consumismo capitalista, y de la explotaci\u00f3n indiscriminada e impenitente de los recursos del planeta. <\/p>\n<p>Una cultura de misericordia trabaja con profundidad por la sensibilizaci\u00f3n de las conciencias: el cambio en los estilos de vida y en el consumo de los pa\u00edses m\u00e1s ricos y poderosos para que la compasi\u00f3n y la solidaridad activa y concreta sean prioridades indiscutibles e innegociables. En definitiva, estamos hablando de una \u00e9tica global de la compasi\u00f3n donde la autoridad la tendr\u00edan los que sufren de forma injusta e inmerecida, en suma, las v\u00edctimas de todas las violencias y de todas las exclusiones .<\/p>\n<p><strong>5. Conclusi\u00f3n: una Iglesia de brazos y coraz\u00f3n abiertos<\/strong><\/p>\n<p>Toda la pertinencia y fuerza convocatoria de la misericordia como centro del cristianismo y n\u00facleo irradiante de atracci\u00f3n para toda la humanidad tiene como objetivo la conversi\u00f3n de la Iglesia en un espacio misericordioso por excelencia. Un espacio donde nadie se sienta excluido, donde todos sean acogidos y donde aquellos que son m\u00e1s vulnerables, m\u00e1s d\u00e9biles y m\u00e1s necesitados sean tratados con m\u00e1s cari\u00f1o, cuidado y amor. Un espacio, en definitiva, donde nadie sea marginado por sus faltas y sus pecados, porque es un espacio del perd\u00f3n. M\u00e1s: un espacio habitado por pecadores perdonados, no por legisladores inclementes que se crean perfectos. As\u00ed arguy\u00f3 el Papa Francisco en su homil\u00eda del d\u00eda 11 de abril de 2015, cuando anunci\u00f3 la convocatoria del A\u00f1o de la Misericordia: <\/p>\n<p>\u00abUn A\u00f1o para ser tocados por el Se\u00f1or Jes\u00fas y transformados por su misericordia, para convertirnos tambi\u00e9n nosotros en testigos de misericordia. Para esto es el Jubileo: porque este es el tiempo de la misericordia. Es el tiempo favorable para curar las heridas, para no cansarnos de buscar a cuantos esperan ver y tocar con la mano los signos de la cercan\u00eda de Dios, para ofrecer a todos el camino del perd\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n\u00bb .<\/p>\n<p>Francisco desea que la Iglesia se engendre como el rostro mismo de la misericordia. En este sentido, est\u00e1 en sinton\u00eda con toda la tradici\u00f3n eclesial: la Iglesia, icono de la Trinidad, sacramento de Cristo. Una Iglesia que no sea fiel a esta vocaci\u00f3n, se estar\u00eda traicionando seriamente, fallar\u00eda gravemente en su misi\u00f3n: ayudar a la humanidad a ser cada vez m\u00e1s humana y conforme al sue\u00f1o del Creador. Ahora bien, no se trata de una invitaci\u00f3n \u00fanica para los cristianos. La misericordia, al mismo tiempo en que \u201crehace la calidad de la vida como imperativo\u201d, sobrepasa \u201clas fronteras de la Iglesia y deber\u00e1 ser redescubierta para un di\u00e1logo interreligioso y transcivilizacional\u201d . As\u00ed podr\u00e1 inaugurarse una nueva era en la historia: la del perd\u00f3n, de apertura, de compasi\u00f3n, de paciencia y de acogida con todos los que sufren y desean ardientemente experimentar la misericordia que sana las heridas y restaura la plenitud. Por eso, por ser de tan largo alcance, el Papa espera que su invitaci\u00f3n no deje a nadie indiferente. Una humanidad que vuelva la espalda a la misericordia tiene poco futuro. <\/p>\n<p><em>La autora es Profesora de Teolog\u00eda en la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de R\u00edo de Janeiro.<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n 1. W. KASPER, La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana, Sal Terrae, Santander 2013, 29.<br \/>\n 2. V\u00e9ase: http:\/\/blogs.periodistadigital.com\/xpikaza.php\/2015\/12\/05\/p377344#more377344 (Consultado el 7 de diciembre de 2015).<br \/>\n 3. Cf. W. KASPER, op. cit., 30.<br \/>\n 4. Cf. Ibid., 30-31.<br \/>\n 5. Cf. TOM\u00c1S DE AQUINO, STh I q. 21, a.3 ad 2. V\u00e9ase en: Ibid., 31.<br \/>\n 6. Entre diferentes obras, podemos citar: J. L. MARION, \u00c9tant donn\u00e9. Essai d\u2019une ph\u00e9nom\u00e9nologie de la donation, PUF, Paris 1997; A. CAILLE, Anthropologie du don, La D\u00e9couverte, Paris 2007.<br \/>\n 7. MV, n. 10.<br \/>\n 8. Cf. MV, n. 15.<br \/>\n 9. V\u00e9ase: Os 14, 5; Is 45, 8-10; 55,7; Miq 7, 19; Dan 9, 9.<br \/>\n 10. J. B. METZ, Memoria Passionis. Una reflexi\u00f3n provocadora en una sociedad pluralista, Santander, Sal Terrae 1999, 164.<br \/>\n 11. Cf. Mc 1, 41; 3, 10; 5, 27.28.30.31; 6, 56; 8, 22; 7, 33; Mt 8, 15; 14, 36; 20, 34; Lc 6, 19; 8, 47.<br \/>\n 12. V\u00e9ase: M. C. LUCHETTI BINGEMER: Jesucristo. Siervo de Dios y Mes\u00edas Glorioso, Valencia, Siquem 2007.<br \/>\n 13. Cf. CH. A. BERNARD, Theologie affective, Paris, Cerf 1984; AA.VV., Um cora\u00e7\u00e3o novo para um mundo novo, Loyola, S\u00e3o Paulo1989.<br \/>\n 14. Cf. J. B. METZ, op. cit., 167-169.<br \/>\n 15. Me remito a: J. TOLENTINO MENDON\u00c7A, A misericordia como caminho, en http:\/\/expresso.sapo.pt\/opiniao\/opiniao_tolentino_mendonca\/2015-12-05-A-misericordia-como-caminho (Consultado el 7 de diciembre de 2015).<br \/>\n 16 Cf. Ibid.<br \/>\n 17 W. KASPER, op. cit., 188.<br \/>\n 18 Ibid., 190.<br \/>\n 19 Cf. Mt 4,4.<br \/>\n 20 Cf. J. B. METZ, op. cit., 173 ss.<br \/>\n 21 Cf. https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/papa-francisco-sobre-jubileo-de-la-misericordia-es-tiempo-favorable-para-curar-heridas-86421 (Consultado el 11 de diciembre de 2015).<br \/>\n 22 Cf. J. TOLENTINO MENDON\u00c7A, art. cit: Supra, nota 15.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo, publicado en la revista espa\u00f1ola Raz\u00f3n y Fe 1415 (2016, p\u00e1ginas 133-143), presenta algunas reflexiones sobre el tema de la misericordia ofreciendo una&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[1481,538,14,1438,171],"class_list":["post-12902","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-bingemer","tag-francisco","tag-iglesia","tag-misericordia","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3m6","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12902","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12902"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12902\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12905,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12902\/revisions\/12905"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12902"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12902"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12902"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}