{"id":12975,"date":"2016-12-01T19:54:36","date_gmt":"2016-12-01T22:54:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12975"},"modified":"2016-12-01T19:54:36","modified_gmt":"2016-12-01T22:54:36","slug":"el-camino-intelectual-y-espiritual-de-ratzinger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12975","title":{"rendered":"El camino intelectual y espiritual de Ratzinger"},"content":{"rendered":"<p>E<em>l itinerario vital de Joseph Ratzinger es impensable al margen de su evoluci\u00f3n intelectual. A partir de la lectura de sus escritos m\u00e1s autobiogr\u00e1ficos \u2013y es necesario incluir entre ellos sus vol\u00famenes de conversaciones con Peter Seewald\u2013, resulta dif\u00edcil no concluir que no exist\u00edan para \u00e9l las casualidades, que los de las ideas y de la acci\u00f3n eran mundos indiferenciados. <\/em>Esto le qued\u00f3 claro ya muy temprano cuando, al lado de su carrera acad\u00e9mica, opt\u00f3 por ser ordenado sacerdote. Fue en la catedral de Frisinga el d\u00eda de San Pedro y San Pablo de 1951. El arco cronol\u00f3gico que une ese d\u00eda con su papado enmarca una de las aventuras espirituales m\u00e1s significativas de nuestro tiempo.<br \/>\nSu renuncia al ministerio petrino fue en este sentido el avatar m\u00e1s tard\u00edo del modo en que el pensamiento y la acci\u00f3n estuvieron firmemente unidos. \u201cSoy muy consciente de que este ministerio, por su esencia espiritual, debe ser llevado a cabo no \u00fanicamente con obras y palabras (agendo et loquendo) sino tambi\u00e9n y en grado no menor sufriendo y rezando (patiendo et orando)\u201d. As\u00ed habl\u00f3 Benedicto XVI el 10 de febrero de 2013. Para el fil\u00f3sofo Giorgio Agamben (<em>El misterio del mal<\/em>), la renuncia fue un gesto de coraje espectacular: \u201cLa decisi\u00f3n de Benedicto XVI sac\u00f3 a la luz el misterio escatol\u00f3gico en toda su fuerza disruptiva (\u2026) El coraje \u2013este nos parece el significado \u00faltimo del mensaje de Benedicto XVI\u2013 no es sino la capacidad de mantenerse en relaci\u00f3n con el propio fin\u201d.<\/p>\n<p><strong>La patria espiritual<\/strong><br \/>\nNo ser\u00eda exagerado decir que las premoniciones acompa\u00f1aron a Ratzinger desde su nacimiento, el 16 de abril de 1927, en Marktl, junto al Inn. La familia recordar\u00eda frecuentemente el hecho de que ese d\u00eda era v\u00edspera de Pascua de Resurrecci\u00f3n, lo mismo que fuera bautizado el d\u00eda siguiente con el agua de la noche pascual reci\u00e9n bendecida. En <em>Mi vida<\/em>, el propio Ratzinger interpreta este signo de bendici\u00f3n: \u201cIndudablemente no era el domingo de Pascua, sino exactamente el S\u00e1bado Santo. No obstante, cuanto m\u00e1s lo pienso, tanto m\u00e1s me parece la caracter\u00edstica esencial de nuestra existencia humana: esperar todav\u00eda la Pascua y no estar a\u00fan en la luz plena, pero encaminarnos confiadamente hacia ella\u201d.<br \/>\nMuchos de los pronunciamientos de Ratzinger como Papa y de sus debates anteriores se explican a la luz de su genealog\u00eda intelectual y familiar. Hay que tomar en cuenta que viene de otro tiempo, lo que no quiere decir en modo alguno que est\u00e9 imposibilitado para comprender la contemporaneidad; por el contrario, es posible que fuera justamente ese origen remoto lo que moldeara su juicio acerca de la actualidad.<br \/>\nEn su autobiograf\u00eda, que explica su vida hasta 1977, cuenta su infancia en Baviera, los a\u00f1os escolares en la peque\u00f1a localidad de Traunstein: \u201cLa vida campesina permanec\u00eda fuertemente unida en una simbiosis estable con la fe de la Iglesia: nacimiento y muerte, matrimonio y enfermedad, siembra y cosecha\u2026 todo estaba comprendido en la fe\u201d. Nada se sab\u00eda all\u00ed del inh\u00f3spito paisaje industrial: Ratzinger, b\u00e1varo hasta la m\u00e9dula, creci\u00f3 en un mundo todav\u00eda encantado, de una sensibilidad unificada, en el que la fe no hab\u00eda sido confinada a la esfera de las realidades privadas y resultaba todav\u00eda relevante para la comunidad. Ratzinger, que conoc\u00eda a los cl\u00e1sicos y pod\u00eda escribir hex\u00e1metros en griego, ley\u00f3 mucho Goethe, poco Schiller (le parec\u00eda demasiado \u201cmoral\u201d), y descubri\u00f3 el fervor po\u00e9tico por los rom\u00e1nticos Joseph Eichendorff y Eduard M\u00f6rike, pero tambi\u00e9n, ya en el siglo XX, ley\u00f3 con atenci\u00f3n a Paul Claudel y Hermann Hesse, sobre todo la novela El juego de los abalorios.<br \/>\nLa tradici\u00f3n rom\u00e1ntica y religiosa fue posiblemente la que habilitar\u00eda luego sus l\u00facidas cr\u00edticas a la modernidad y al imperio de una raz\u00f3n sin control. Esta discusi\u00f3n aparece claramente en Dial\u00e9ctica de la secularizaci\u00f3n, el libro que registra el encuentro con J\u00fcrgen Habermas, quiz\u00e1s el mayor fil\u00f3sofo vivo, en la Academia Cat\u00f3lica de Baviera, en enero de 2004. Habermas hace notar que a una \u201cmodernidad desgastada\u201d s\u00f3lo puede sacarla de su atolladero \u201cun punto de referencia trascendental\u201d; y Ratzinger, que pone en duda la fiabilidad de la raz\u00f3n como fuerza moral, propone una \u201ccorrelaci\u00f3n necesaria de raz\u00f3n y fe, de raz\u00f3n y religi\u00f3n, que est\u00e1n llamadas a purificarse y regenerarse rec\u00edprocamente\u201d. Lo \u201cpost\u201d, con su lastre relativista, es en todo caso el enemigo com\u00fan del fil\u00f3sofo y el te\u00f3logo.<br \/>\nPero la experiencia de literatura rom\u00e1ntica no fue menos decisiva que la de la m\u00fasica. \u00c9l mismo cuenta que en una ocasi\u00f3n escuch\u00f3 en Munich un concierto dedicado a J. S. Bach. Reci\u00e9n muerto Karl Richter, el director era Leonard Bernstein. Al terminar una cantata, le dijo el entonces cardenal al obispo evang\u00e9lico Hanselmann: \u201cQuienes hayan escuchado esta m\u00fasica saben que la fe es verdadera\u201d. El inter\u00e9s musical era antiguo. Apenas terminada la guerra, durante la que fue obligado a ingresar en los servicios antia\u00e9reos de Munich, Ratzinger iba frecuentemente a la cercana Salzburgo \u2013la c\u00fapula de la catedral estaba todav\u00eda da\u00f1ada por los bombardeos\u2013 donde se hac\u00edan los festivales musicales. Como casi no hab\u00eda extranjeros, se consegu\u00edan entradas muy baratas, y as\u00ed pudo escuchar, por ejemplo, la Novena sinfon\u00eda de Beethoven dirigida por Hans Knappertsbusch. Para \u00e9l, que cuando fue elegido Papa tuvo como prioridad llevar su piano a Castel Gandolfo, la m\u00fasica puede ser una met\u00e1fora para comprender y tratar de organizar el mundo. Sin ir m\u00e1s lejos, el 28 de febrero, el d\u00eda del final de su papado, inst\u00f3 a que el Colegio Cardenalicio funcionara como una orquesta, es decir, un organismo en el que \u201cla diversidad, expresi\u00f3n de la Iglesia universal, vaya siempre junto a la armon\u00eda\u201d. Ratzinger le daba la raz\u00f3n a uno de sus maestros, Hans Urs von Baltasar: \u201cLa verdad es sinf\u00f3nica\u201d.<\/p>\n<p><strong>El escenario posconciliar<\/strong><br \/>\n\u201cNo puede negarse que casi todos los concilios han actuado, en un primer momento, como perturbadores del equilibrio, como factores de crisis\u201d, hace notar Ratzinger en Teor\u00eda de los principios teol\u00f3gicos. Materiales para una teolog\u00eda fundamental. Desde luego, hay que entender esta frase a la luz del Concilio Vaticano II. All\u00ed hay para Ratzinger un esp\u00edritu penintencial. La misma penitencia individual y social puede ser asimismo eclesial, aunque con una salvedad: la penitencia no debe tornarse desgarramiento de la propia identidad sino deseo de descubrirla y descubrimiento mismo de ella. El descubrimiento se identifica aqu\u00ed con la aceptaci\u00f3n. El ahora Papa em\u00e9rito recordaba a los m\u00e1rtires cristianos, de cuyos labios no sali\u00f3 jam\u00e1s una palabra de menosprecio a la creaci\u00f3n, y citaba a prop\u00f3sito una frase del pintor Max Beckmann: \u201cMi religi\u00f3n es altivez ante Dios, rebeld\u00eda contra Dios. Rebeld\u00eda porque nos ha creado, porque no nos podemos amar. En mis cuadros reprocho a Dios todo lo que ha hecho mal\u201d. Beckmann le sirve a Ratzinger como ejemplo de un desgarramiento que privilegia el orgullo a la penitencia.<br \/>\nNo es casual que, todav\u00eda en plena etapa conciliar, Ratzinger publicara su crucial Introducci\u00f3n al cristianismo, un libro de 1968 que naci\u00f3 de las conferencias que imparti\u00f3 en el verano del a\u00f1o anterior a los estudiantes de todas las facultades, en T\u00fcbingen. El prop\u00f3sito era claro: \u201cLlegar a comprender y explicar la fe como la realidad que posibilita el verdadero ser humano en nuestro mundo de hoy, y no reducirla a simples palabras que dif\u00edcilmente pueden ocultar un gran vac\u00edo espiritual\u201d.<br \/>\nEl descr\u00e9dito en que hab\u00eda ca\u00eddo la palabra de la Iglesia era algo que Ratzinger conoc\u00eda desde mucho antes de convertirse en Benedicto XVI. El gran problema consist\u00eda, en sus propios t\u00e9rminos, en cu\u00e1l era esa reforma necesaria que hiciera de la Iglesia una \u201ccompa\u00f1\u00eda\u201d digna de ser vivida. Para definir esa reformatio, Ratzinger recurre una vez m\u00e1s, como con Beckmann, a un s\u00edmil tomado de las artes visuales. Seg\u00fan Miguel \u00c1ngel hab\u00eda en la piedra una imagen que ped\u00eda ser liberada. Ratzinger conecta la an\u00e9cdota con cierta idea de San Buenaventura, que puede verse aqu\u00ed como un eslab\u00f3n secreto de estas posiciones: bi\u00f3grafo de San Francisco de As\u00eds, segundo fundador de la Orden Franciscana, fue tambi\u00e9n testigo privilegiado de la tradici\u00f3n agustiniana. Es necesario recordar ac\u00e1 que, tras obtener en 1953 el t\u00edtulo de doctor en teolog\u00eda, Ratzinger, bajo la tutela de Gottlieb S\u00f6hngen, fij\u00f3 como tema de habilitaci\u00f3n para dictar clases en Frisinga el pensamiento de Buenaventura, algo l\u00f3gico para quien, como \u00e9l, hab\u00eda estudiado en profundidad a San Agust\u00edn. Seg\u00fan San Buenaventura, el camino por el que el hombre llega a ser \u00e9l mismo es como el camino del escultor. Su obra es una ablatio que extrae lo inaut\u00e9ntico y saca a la superficie la <em>nobilis forma<\/em>. Observa entonces Ratzinger en Ser cristiano en la era neopagana: \u201cSemejante <em>ablatio<\/em>, semejante \u2018teolog\u00eda negativa\u2019 representa una v\u00eda hacia una meta muy positiva. S\u00f3lo as\u00ed penetra lo Divino y s\u00f3lo as\u00ed surge una <em>congregatio<\/em>\u2026. La reforma verdadera es pues una <em>ablatio<\/em>, que como tal se transforma en <em>congregatio<\/em>\u201d. La primera <em>ablatio<\/em> es el acto de fe, que abre el horizonte de lo ilimitado y lo incondicionado.<br \/>\nLas estrategias te\u00f3ricas de Introducci\u00f3n al cristianismo volver\u00e1n a aparecer en las enc\u00edclicas de Benedicto XVI, sobre todo en Spe Salvi. Existe aqu\u00ed una particularidad de la hermen\u00e9utica b\u00edblica que el Papa em\u00e9rito se encarg\u00f3 de definir de manera terminante en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Verbum Domini: \u201cEl lugar originario de la interpretaci\u00f3n escritur\u00edstica es la vida de la Iglesia\u201d. Para volver al principio, la unidad de pensamiento y acci\u00f3n pastoral.<br \/>\nEl lema episcopal de Ratzinger hab\u00eda sido \u201ccolaborador de la verdad\u201d. En el volumen de <em>\u00daltimas conversaciones<\/em>, Peter Seewald le pregunta si podr\u00eda ser tambi\u00e9n su epitafio. Benedicto XVI asiente: \u201cSi nos olvidamos de la verdad, \u00bfpara qu\u00e9 hacemos todo esto?\u201d.<\/p>\n<p><em>El autor es ensayista, cr\u00edtico y docente. Subeditor de Cultura en el diario <em>La Naci\u00f3n<\/em>. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El itinerario vital de Joseph Ratzinger es impensable al margen de su evoluci\u00f3n intelectual. 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