{"id":12985,"date":"2016-12-13T11:21:47","date_gmt":"2016-12-13T14:21:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12985"},"modified":"2016-12-13T11:21:47","modified_gmt":"2016-12-13T14:21:47","slug":"el-ocaso-del-matrimonio-al-fin-libres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=12985","title":{"rendered":"El ocaso del matrimonio. \u00bfAl fin libres?"},"content":{"rendered":"<p><em>Por espacio de dos a\u00f1os, en la Iglesia cat\u00f3lica hemos discutido apasionadamente la cuesti\u00f3n del eventual acceso a la comuni\u00f3n de los divorciados y vueltos a casar. Esa discusi\u00f3n era necesaria e impostergable. Pero no debe hacernos olvidar que este problema se origina en una profunda crisis del matrimonio religioso, la cual no es menos grave que la del matrimonio civil. En ambos casos, la primera etapa ha sido la multiplicaci\u00f3n exponencial de los divorcios. Pero ya hace tiempo hemos entrado en una nueva etapa, m\u00e1s cr\u00edtica a\u00fan, que es la del ocaso del matrimonio mismo como instituci\u00f3n. Antes el problema era que la gente casada se divorciaba, hoy consiste en que los j\u00f3venes en su mayor\u00eda ya no se casan.<\/em><br \/>\nY no hablo s\u00f3lo de no cristianos o no creyentes. Tambi\u00e9n muchos cat\u00f3licos practicantes prefieren hoy convivir antes de hablar siquiera de casamiento. Es sabido que en los cursos de preparaci\u00f3n para el sacramento del matrimonio, a diferencia de lo que suced\u00eda hace s\u00f3lo veinte a\u00f1os atr\u00e1s, la gran mayor\u00eda de las parejas que participan ya conviven. Y no cabe duda de que \u00e9stos que han decidido regularizar su uni\u00f3n representan una peque\u00f1a minor\u00eda con relaci\u00f3n al extenso grupo de los que conviven de hecho sin pensar en un proyecto matrimonial.<br \/>\nEste fen\u00f3meno, que se extiende ante la sorprendente pasividad tanto de la Iglesia como de la sociedad civil, obedece a muchas causas. Pero en uno y otro \u00e1mbito, aunque por supuesto no de la misma manera ni en el mismo grado, ha hecho sentir su influencia un pensamiento que con frecuencia se define a s\u00ed mismo como \u201cprogresista\u201d. \u00c9ste considera que los cambios sociales son fen\u00f3menos independientes de la responsabilidad humana, y que por lo tanto no pueden ser juzgados moralmente, aunque en el fondo todo cambio que libere al individuo de responsabilidades y l\u00edmites es valorado como bueno.<br \/>\nParticularmente en el orden sexual, el \u201cprogresismo\u201d busca hacer de los deseos y gustos de los individuos la regla suprema sin otro l\u00edmite que el mutuo consentimiento, lo cual por definici\u00f3n significa el rechazo de cualquier instituci\u00f3n que busque encauzar de un modo racional y justo la vida sexual en la sociedad. Esto no excluye que en algunos casos, de modo transitorio, esta sacralizaci\u00f3n de los deseos individuales pueda aprovecharse en un modo parasitario de instituciones existentes, como el matrimonio y la familia. Pero lo que dejan en pie con esta maniobra es s\u00f3lo la c\u00e1scara de la realidad que estos conceptos connotan.<br \/>\nNuestra legislaci\u00f3n reciente ha seguido con invariable sumisi\u00f3n cada paso de este proceso. Si hay mucha gente que no se casa, la soluci\u00f3n es equiparar en todo lo posible los matrimonios a las uniones de hecho: los primeros se quedar\u00e1n con las cargas, los segundos con los derechos. Si los c\u00f3nyuges con frecuencia son infieles, habr\u00e1 que suprimir el deber de fidelidad; si no quieren estar obligados a convivir bajo el mismo techo, \u00bfpor qu\u00e9 forzarlos?; si se divorcian con frecuencia, hay que facilitarles el tr\u00e1mite con un procedimiento express; si discuten mucho sobre los motivos de esa decisi\u00f3n, mejor suprimir el divorcio con causa, equiparando inocentes y culpables; si en muchos casos uno quiere y otro no, la soluci\u00f3n es el divorcio unilateral. Finalmente, si las personas del mismo sexo quieren casarse, no hay por qu\u00e9 desairarlos, aunque nadie sepa ya (tampoco el legislador) qu\u00e9 puede significar un \u201cmatrimonio\u201d de tales caracter\u00edsticas.<br \/>\nHabitualmente se responde a este tipo objeciones sosteniendo que a la ley no le es posible oponerse a los cambios de valores y costumbres que acontecen en la sociedad. Pero dejando de lado hasta qu\u00e9 punto se trata de la sociedad o de minor\u00edas ideol\u00f3gicas que buscan imponer sus propios valores y costumbres, el argumento de la \u201cimpotencia\u201d no convence. En el fondo, se trata de pura coherencia l\u00f3gica. La sociedad no es responsable de sus propios cambios porque es s\u00f3lo un material infinitamente maleable; los individuos tampoco, porque no tienen ninguna capacidad de elaborar y sublimar sus propios deseos. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de sentir el legislador responsabilidad alguna ante tales procesos si son, a sus ojos, inexorables? Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s podr\u00eda tener en oponerse a ellos, en la medida en que expandan el arbitrio individual, principio y fin de toda la vida social?<br \/>\nPero los resultados de esta \u201clibertad\u201d est\u00e1n a la vista para el que los quiera ver. Una impresionante cantidad de estudios indican un abismo de diferencia entre el matrimonio y otros tipos de uniones. Los ni\u00f1os que crecen fuera del matrimonio presentan generalmente mayor fragilidad afectiva, menor rendimiento escolar, altos \u00edndices de repitencia y deserci\u00f3n, de iniciaci\u00f3n sexual precoz, embarazo adolescente, iniciaci\u00f3n laboral temprana, dificultades psicol\u00f3gicas en el ingreso a la juventud, predisposici\u00f3n a la toxicodependencia, etc. Incluso desde el punto de vista econ\u00f3mico, los matrimonios tienen por regla mucho mejor desempe\u00f1o que las uniones no matrimoniales. Los v\u00ednculos precarios y los hogares monoparentales son hoy la regla en los sectores m\u00e1s pobres de la poblaci\u00f3n, no s\u00f3lo por la incidencia de la pobreza sobre los v\u00ednculos familiares sino tambi\u00e9n por la de \u00e9stos sobre aqu\u00e9lla. Lo que permite concluir que las v\u00edctimas de la crisis del matrimonio son en primer lugar los ni\u00f1os, cuyo derecho a ser criados por el padre y la madre que los engendraron debe ceder hoy invariablemente a las exigencias de la \u201crealizaci\u00f3n\u201d individual de los adultos.<br \/>\nLa ideolog\u00eda \u201cprogresista\u201d es un factor decisivo en el creciente debilitamiento de la familia. Siendo una invenci\u00f3n de sectores acomodados minoritarios, con su p\u00e1tina de elevaci\u00f3n moral y explotando su atractivo como el \u00faltimo grito de la correcci\u00f3n pol\u00edtica, han logrado imponerse por medio del Estado a la sociedad entera. Esta ideolog\u00eda se ha erigido en una especie de pol\u00edtica de estado informal, seguida tanto por el gobierno anterior como por el actual, en una loca carrera por \u201cexpandir los derechos\u201d (siempre los de algunos a expensas de los de otros). Para ello se recurre a un autoritarismo soft, que aprovechando la distracci\u00f3n general ha permitido al Estado tomarse una atribuci\u00f3n ins\u00f3lita: la de redefinir (y desarticular) el matrimonio, una instituci\u00f3n que lo precede y a cuyo servicio deber\u00eda estar.<br \/>\nAnte una crisis tan preocupante, la Iglesia junto con las dem\u00e1s comunidades religiosas, est\u00e1 llamada a inspirar a esta cultura enferma \u2212generadora de individuos incapaces de v\u00ednculos s\u00f3lidos, estables y fecundos\u2212, con una visi\u00f3n renovada de los valores irrenunciables en los que se debe fundar la convivencia, en especial los del matrimonio y la familia. El papa Francisco, en su exhortaci\u00f3n <em>Amoris laetitia<\/em>, ha presentado esos valores de un modo renovado y sugestivo. Pero para difundir esta ense\u00f1anza es preciso superar la timidez, el deseo de no incomodar, de no parecer r\u00edgidos e insensibles, de no \u201cdiscriminar\u201d (t\u00e9rmino que en su uso actual ha perdido toda inteligibilidad). Hay que volver a hablar con claridad del matrimonio, y dejar sentado, a quien quiera escuchar, que ninguna otra uni\u00f3n puede sustituirlo. Es preciso luchar para que no s\u00f3lo en los colegios religiosos sino tambi\u00e9n en los laicos se eduque para el amor, para la familia, para los v\u00ednculos que perduran. Y hay que tener en claro que sin familias s\u00f3lidas la pobreza nunca podr\u00e1 ser vencida.<br \/>\nSi desertamos de esta misi\u00f3n, seremos cada vez m\u00e1s una sociedad de individuos b\u00e1sicamente aislados, cuyas vidas van a ser redefinidas una y otra vez, a su arbitrio, por un Estado amablemente autoritario. Y siempre, por supuesto, en nombre de nuestra \u201clibertad\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por espacio de dos a\u00f1os, en la Iglesia cat\u00f3lica hemos discutido apasionadamente la cuesti\u00f3n del eventual acceso a la comuni\u00f3n de los divorciados y vueltos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,5],"tags":[126,14,243,1517,758],"class_list":["post-12985","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-sociedad","tag-familia","tag-iglesia","tag-matrimonio","tag-sacramento","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3nr","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12985","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12985"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12985\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12988,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12985\/revisions\/12988"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12985"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12985"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12985"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}