{"id":13045,"date":"2017-01-01T01:41:03","date_gmt":"2017-01-01T04:41:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13045"},"modified":"2016-12-29T16:45:43","modified_gmt":"2016-12-29T19:45:43","slug":"lo-que-el-ulises-de-joyce-debe-a-la-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13045","title":{"rendered":"Lo que el Ulises de Joyce debe a la Argentina"},"content":{"rendered":"<p>Tres cuestiones independientes, aunque concomitantes, ameritan que nos ocupemos de la relaci\u00f3n entre el <em>Ulises<\/em> de Joyce y nuestro pa\u00eds. La primera tiene que ver con la reciente publicaci\u00f3n de El traductor del <em>Ulises<\/em>, es decir, Jos\u00e9 Salas Subirat, de la pluma de Lucas Petersen. Una cuidada biograf\u00eda del traductor que volc\u00f3 por vez primera al espa\u00f1ol la monumental obra del novelista irland\u00e9s, relato vanguardista de \u201cun realismo descompuesto c\u00fabicamente, un puzzle magistral\u201d seg\u00fan Abel Posse. Me refiero a la edici\u00f3n en dos vol\u00famenes aparecida en Buenos Aires con el sello impresor de Santiago Rueda y \u201ceditada bajo la direcci\u00f3n de Max Dickmann\u201d, en 1945. Salas Subirat fue un modesto escritor vinculado en sus or\u00edgenes al grupo de Boedo y con relativo conocimiento de la lengua inglesa. Con los a\u00f1os este voluntarioso traductor orient\u00f3 sus intereses a la modernidad; as\u00ed, por ejemplo, se ocup\u00f3 del futurista Marinetti con motivo de su controvertida segunda visita a Buenos Aires en 1936. Interesado en las vanguardias, recay\u00f3 en el Ulises, al que tradujo laboriosamente a lo largo de cuatro a\u00f1os ya como autodesaf\u00edo, ya para acercar su contenido a los lectores de habla hispana, como \u00e9l mismo lo dice, destacando que el lenguaje del irland\u00e9s es una suerte de campo de experimentaci\u00f3n. Su versi\u00f3n, pese a errores, constituye una haza\u00f1a cicl\u00f3pea dado que emprendi\u00f3 una labor que pr\u00e1cticamente parec\u00eda imposible; as\u00ed, para Borges, \u201cel <em>Ulises<\/em> es intraducible\u201d debido, entre otras cosas, a las innovaciones ling\u00fc\u00edsticas incluidas en el relato. A Carl Jung le sorprendi\u00f3 la catarata de hechos f\u00edsicos y ps\u00edquicos que Joyce registra fotogr\u00e1ficamente. Las posteriores traducciones al espa\u00f1ol son deudoras de la de Salas Subirat. En las p\u00e1ginas liminares de su versi\u00f3n, tras distinguir una traducci\u00f3n literal de una interpretativa, dice que espera \u201cque su empresa no sea definitiva\u201d, sino un <em>work in progress<\/em> debido al car\u00e1cter potencial que advierte en la novela; as\u00ed Umberto Eco, en las Norton Lectures, se\u00f1al\u00f3: \u201cUn texto es una m\u00e1quina perezosa que le pide al lector le haga parte de su trabajo\u201d.<br \/>\nLa segunda cuesti\u00f3n tiene que ver con la reedici\u00f3n de un trabajo de Carlos Gamerro (<em>Ulises. Claves de lectura<\/em>), una bit\u00e1cora, clara y sustancial, orientativa para el eventual lector acerca de c\u00f3mo sumergirse en ese relato denso e inquietante. Frente a las versiones de los espa\u00f1oles Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde, Francisco Garc\u00eda Tortosa y Mar\u00eda Luisa Venegas, la de Salas Subirat, al utilizar rasgos coloquiales rioplatenses, se acerca m\u00e1s que las espa\u00f1olas a la universal obra de Joyce, \u201cescrita desde un pa\u00eds colonial y tercermundista\u201d (Gamerro), como es el caso de Irlanda frente a Inglaterra, semejante a lo que ocurre con la lengua de un pa\u00eds latinoamericano respecto de la de Espa\u00f1a. Se advierte en ese prop\u00f3sito la inquietud propia de las vanguardias rioplatenses. Sabemos que tambi\u00e9n en Buenos Aires nuestro colega, el acad\u00e9mico Rolando Costa Picazo, est\u00e1 ultimando una nueva versi\u00f3n del <em>Ulysses<\/em>, de pronta aparici\u00f3n.<br \/>\nLa tercera tiene que ver con que todos los 16 de junio se celebra en nuestra capital, al igual que en Dubl\u00edn, el \u201cBloomsday\u201d, conmemorando el 16 de junio de 1904, en alusi\u00f3n a las veinte horas de ese d\u00eda en que transcurren los episodios del extra\u00f1o relato; en esa fecha los id\u00f3latras de Joyce, muchos vestidos con atuendos irlandeses de \u00e9poca, celebran el aniversario del Ulises.<br \/>\nJoyce, nacido en Dubl\u00edn, luego de una prolongada estad\u00eda en Trieste, donde fue profesor de ingl\u00e9s y luego c\u00f3nsul de Gran Breta\u00f1a, tras un pasaje fugaz por Suiza escapando de los horrores de la Gran Guerra, recal\u00f3 en Par\u00eds, su patria definitiva de adopci\u00f3n. All\u00ed, a trav\u00e9s de Ezra Pound, trab\u00f3 amistad con Adrianne Monnier y Sylvia Beach, quienes lo auxiliaron a la hora de publicar su Ulysses. Fue la bibli\u00f3fila norteamericana Beach, entonces radicada en Par\u00eds, quien, a trav\u00e9s de su m\u00edtica librer\u00eda Shakespeare and Co., tuvo la benem\u00e9rita osad\u00eda de editar la novela en 1922; con el tiempo, Sylvia se convertir\u00eda en agente literaria del propio Joyce.<br \/>\nSu librer\u00eda (12, rue de l\u2019Od\u00e9on) fue centro indiscutido de la modernidad parisina; por all\u00ed desfilaron, am\u00e9n de franceses celeb\u00e9rrimos, los escritores Pound, Lawrence, Hemingway, Eliot, Fitzgerald, la coleccionista Gertrude Stein o artistas como Picasso. Joyce era un asiduo concurrente a ese \u00e1mbito vanguardista; as\u00ed lo revelan documentaci\u00f3n y fotos en que se deja ver como una persona elegante, atildada, con sus inevitables y caracter\u00edsticos anteojos, anillos relucientes, bast\u00f3n y el cl\u00e1sico sombrero, evidenciando una personalidad inquietante, con los avatares, a veces tr\u00e1gicos, de la vida (se hab\u00eda suicidado su hija). La librer\u00eda brill\u00f3 durante dos d\u00e9cadas hasta que en 1941 fue v\u00edctima de los nazis (Beach fue confinada durante seis meses en un campo de concentraci\u00f3n y, a\u00f1os despu\u00e9s, Adrienne Monnier, amante de Sylvia, desesperada, busc\u00f3 amparo en el suicidio). Para publicar la disruptiva novela, Sylvia Beach logr\u00f3 mil suscriptores pero, a poco de aparecida, gran parte de los vol\u00famenes fueron destruidos por obra de la censura. Con todo, fue tal su celebridad que en 1929 apareci\u00f3, en Nueva York, una edici\u00f3n \u201cpirata\u201d (la de Roth). M\u00e1s tarde, la edici\u00f3n \u201cleg\u00edtima\u201d, exportada a los Estados Unidos, fue prohibida, y sus ejemplares, decomisados y confiscados. En 1932 un fallo memorable del juez John M. Woosley levant\u00f3 la prohibici\u00f3n.<br \/>\nA estas cuestiones deseo a\u00f1adir una singular que sorprender\u00e1 al lector y que, de alguna manera, conecta esta obra con la riqueza de nuestra pampa ganadera.<br \/>\nEn 1929 el <em>Ulises<\/em> fue traducido al franc\u00e9s por Auguste Morel con la asistencia de Stuart Gilbert y la revisi\u00f3n de Valery Larbaud en colaboraci\u00f3n con el autor; lo edit\u00f3 la citada Monnier en su sello La Maison des Amis des Livres (Par\u00eds, 7, rue de l\u2019Od\u00e9on). En cierta ocasi\u00f3n, al acompa\u00f1ar a Malena Babino, mi mujer, al \u201cMuseo gauchesco Ricardo G\u00fciraldes\u201d de San Antonio de Areco, cuando ella trabajaba sobre Caapor\u00e1, el ballet guaran\u00ed en clave modernista del autor de Don Segundo Sombra, advertimos en una de las vitrinas un lujoso ejemplar de la referida traducci\u00f3n al franc\u00e9s. Al pedirle a la directora nos lo mostrara, vimos que en la p\u00e1gina siguiente a la portada consta que se trataba de una tirada de mil ejemplares de los cuales 25, fuera de comercio, estaban impresos en papel Hollande van Gelder. De esos, los diez primeros est\u00e1n identificados con las letras de la A hasta la J, siendo el primer ejemplar \u201cimprim\u00e9 par Adeline del Carril de G\u00fciraldes\u201d. Adelina habr\u00eda sido la principal donante para que esta edici\u00f3n viera la luz (el d\u00e9cimo, seg\u00fan all\u00ed se consigna, Winston Churchill). Ricardo y su mujer ten\u00edan amistad entra\u00f1able con Val\u00e9ry Larbaud, quien acerc\u00f3 a los G\u00fciraldes a Joyce y a su Ulises. Como corolario digamos que el producido de nuestra pampa h\u00fameda con el que viv\u00edan Adelina y Ricardo entonces en Par\u00eds, donde el escritor hall\u00f3 la muerte en 1927, sirvi\u00f3 en parte para que el <em>Ulises<\/em> de Joyce fuera traducido a la lengua francesa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres cuestiones independientes, aunque concomitantes, ameritan que nos ocupemos de la relaci\u00f3n entre el Ulises de Joyce y nuestro pa\u00eds. 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