{"id":13069,"date":"2017-01-01T01:18:15","date_gmt":"2017-01-01T04:18:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13069"},"modified":"2016-12-30T16:25:03","modified_gmt":"2016-12-30T19:25:03","slug":"memorias-de-otras-tierras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13069","title":{"rendered":"Memorias de otras tierras"},"content":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de <em>Vivir Venecia<\/em>, de Abel Posse (Buenos Aires, Emec\u00e9, 2016).<\/p>\n<p>El g\u00e9nero de las memorias constituye un universo, y como tal tiene sus infinitos matices. As\u00ed, <em>Confieso que he vivido<\/em>, declam\u00f3 en tono intimista Pablo Neruda al pasar revista a los avatares de su agitada existencia terrena, durante la cual fue c\u00f3nsul ante la Rep\u00fablica Espa\u00f1ola. En <em>Memorias de la casa muerta<\/em>, Dostoievski muestra c\u00f3mo su confinamiento en Siberia le signific\u00f3 un enriquecimiento moral. A su vez, en <em>Mis primeros ochenta a\u00f1os<\/em>, Carlos Ibarguren sintetiz\u00f3 sus ideas nacionalistas y conservadoras y su dilatada vida p\u00fablica con un aire optimista.<br \/>\nEl lector avisado sabe que estos t\u00edtulos alegados a modo de ejemplo podr\u00edan multiplicarse, alguna vez impulsados por los vientos de la vanidad personal. En efecto, los publicistas, intelectuales, escritores, pol\u00edticos, artistas y quienes consideran haberse hecho merecedores de reconocimiento por parte de sus paisanos o simplemente quieren brindar un testimonio, suelen ceder a la tentaci\u00f3n de echar una mirada hacia el pasado, en ocasiones con un sentido de consciente o inconsciente autojustificaci\u00f3n.<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de los relatos personales, los informes de los diplom\u00e1ticos, que durante a\u00f1os acumulan polvo reservados bajo siete llaves en las canciller\u00edas, suelen carecer de inter\u00e9s y presentan un tono aburrido. Sin embargo de vez en cuando aparecen salpimentados con informaciones y comentarios sabrosos y reveladores. No hace falta decir que, en estos casos, cuando trascienden con el r\u00f3tulo de la famosa y tantas veces ansiada \u201cdesclasificaci\u00f3n\u201d, se remueve el avispero.<br \/>\nLas memorias de los embajadores son un subg\u00e9nero propio dentro de esa a\u00f1eja y humana costumbre de contar la propia existencia, que a veces revelan intersticios inadvertidos que permiten leer mejor la realidad. Sir Samuel Hoare escribi\u00f3 <em>Misi\u00f3n en Espa\u00f1a<\/em> como testimonio de su delicado quehacer diplom\u00e1tico representando a Gran Breta\u00f1a durante el primer franquismo que, como no pod\u00eda ser de otro modo, Serrano Su\u00f1er calific\u00f3 gruesamente de panfleto infame. Acaba de publicarse en armenio la historia del embajador norteamericano en el imperio otomano Henry Morgenthau, conocido por su denuncia del primer genocidio de los tiempos modernos.<br \/>\nMuy entretenidas de leer son las memorias de Carlos Ortiz de Rozas publicadas bajo el nombre de <em>Confidencias diplom\u00e1ticas<\/em>, donde reverbera su reconocido se\u00f1or\u00edo, junto a una versaci\u00f3n y un elogiable empe\u00f1o en el manejo de los intereses argentinos.<br \/>\nEn 2015, con la coordinaci\u00f3n de Vicente Espeche Gil y Estanislao Zawels se public\u00f3 <em>Fin de misi\u00f3n. Entretelones de la Diplomacia Argentina<\/em>, oportunamente rese\u00f1ado por Norberto Padilla en CRITERIO, donde se recogen numerosos (y desiguales) relatos de un florido ramillete de titulares de representaciones argentinas en el exterior. Los embajadores convocados rese\u00f1an su servicio al pa\u00eds en tierras extra\u00f1as, aunque hay que reconocer que la lectura deja en m\u00e1s de un caso un cierto regusto de amargura, al comprobar que tantas buenas iniciativas han quedado abandonadas por sucesores escasamente afectos a continuarlas.<br \/>\nLas expresivas p\u00e1ginas de <em>Vivir Venecia<\/em> presentan la apariencia de ser las memorias fragmentarias del c\u00f3nsul argentino Abel Parentini Posse durante el sexenio 1973-1979, pero desde luego que son algo m\u00e1s que un informe descriptivo de aconteceres pol\u00edticos, culturales o administrativos, que en ellas ocupan un lugar ciertamente secundario. El motivo reside en que no es esa la intenci\u00f3n del autor. En primer lugar porque el protagonista no es aqu\u00ed el <em>console generale<\/em> ni su funci\u00f3n, sino la ciudad misma. Es la Venecia que sigue fascinando con sus inefables encantos tambi\u00e9n a los habitantes de la posmodernidad, un estadio donde parece esfumarse el gusto por el pasado y el gozo est\u00e9tico y donde el ornato que confer\u00eda todo un sentido a la existencia ha sido tantas veces reemplazado por una pueril practicidad, dejando al hombre hu\u00e9rfano de belleza, tambi\u00e9n de trascendencia.<br \/>\nNo hay sin embargo en estas p\u00e1ginas, como podr\u00eda esperar alg\u00fan desprevenido lector, una descripci\u00f3n al menos expl\u00edcita de vaporetti, canales y callejuelas, del pintoresco carnaval, del barroco refulgente de Santa Mar\u00eda della Salute, del enigm\u00e1tico Ponte dei Sospiri, del se\u00f1orial Palacio Ducal, ni siquiera de la emblem\u00e1tica Piazza San Marco y su inconfundible campanile. No es que falte en el libro ese \u00e1ureo escenario, sino que permanece como un casi imperceptible y callado soporte, pero tambi\u00e9n con toda su tremenda carga hist\u00f3rica y cultural. Es verdad que el lugar en la obra es casi s\u00f3lo un tel\u00f3n de fondo, pero tambi\u00e9n es verdadero protagonista.<br \/>\nEn estas memorias venecianas, Posse regala su talento de autor consagrado con unos justos t\u00edtulos en el rico panorama de la literatura argentina contempor\u00e1nea, porque el lector disfruta de la belleza de su escritura. Pero tambi\u00e9n, y sobre todo, su genio se deja sentir en el fluir de una prosa transida de la sutil sensibilidad del escritor, donde emerge en toda su hondura el acontecer humano, recorrido desde las cosas m\u00e1s peque\u00f1as a las m\u00e1s grandes, y con los tornasoles existenciales de sus luces y sus sombras. Los personajes aparecen y desaparecen sucesivamente a lo largo de varias decenas de breves cap\u00edtulos, pero la ciudad est\u00e1 ah\u00ed siempre presente. Venecia, siempre Venecia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de Vivir Venecia, de Abel Posse (Buenos Aires, Emec\u00e9, 2016). 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