{"id":13196,"date":"2017-03-01T19:08:22","date_gmt":"2017-03-01T22:08:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13196"},"modified":"2017-09-14T15:37:57","modified_gmt":"2017-09-14T18:37:57","slug":"la-promesa-frustrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13196","title":{"rendered":"La promesa frustrada"},"content":{"rendered":"<p><em>El futuro se presenta desconocido e imprevisible para una humanidad que contin\u00faa aferrada a la Modernidad, a pesar de que se trata de una \u00e9poca que ya es pasado.<\/em><\/p>\n<p>Tal vez sea posible no interpretar la Ilustraci\u00f3n como el momento de separaci\u00f3n de la religi\u00f3n y la raz\u00f3n; repensarla, en cambio, como la instancia donde Occidente se bifurca en dos religiones distintas: la ya existente \u2013la de la Fe\u2013 y la nueva\u2013la de la Raz\u00f3n\u2013.<br \/>\nEn algunos autores, sobre todo los plat\u00f3nicos, estas dos creencias confluyen, se complementan y refuerzan. Otros, pertenecientes a las corrientes materialistas m\u00e1s duras, consideran que son excluyentes y que la religi\u00f3n de la Raz\u00f3n ha destruido\u2013o est\u00e1 en v\u00edas de hacerlo\u2013, toda posibilidad de sobrevida a la de la Fe. Una tercera variante, en algunos casos agn\u00f3stica y en otros m\u00e1s aristot\u00e9lica, prefiere no expedirse ya que considera que son campos distintos con casi ning\u00fan punto de relaci\u00f3n. Nos quedan al final los fan\u00e1ticos integristas de todos los signos, quienes creen que los \u201cinfieles\u201d deben convertirse o desaparecer, en el peor de los casos, o, en el mejor, simplemente marcarlos y segregarlos.<br \/>\nDesde el siglo XV en adelantela Fe pareci\u00f3 no tener otra posibilidad que defenderse con recursos gradualmente m\u00e1s exiguos ante una ciencia avasallante queiba cancelando antiguas creencias basadas en las interpretaciones de los textos revelados. Esta Raz\u00f3n victoriosa encuentra su m\u00e1xima expresi\u00f3n a fines del siglo XVIII, cuando interviene sobre la pol\u00edtica haciendo caer lo que Montesquieu llam\u00f3 con agudeza el Ancien R\u00e9gime. Momento inicial de lo que hoy conocemos como Modernidad, \u00e9poca hist\u00f3rica de enorme potencia que se sostiene sobre la pureza de la raz\u00f3n y los principios inobjetables de la m\u00e1s estricta l\u00f3gica formal.<br \/>\nTanto la Fe como la Raz\u00f3n, y su subproducto la Modernidad, se apoyan en textos can\u00f3nicos que no admiten la discusi\u00f3n profunda de sus principios (la Raz\u00f3n se opone a ser discutida en forma no racional y la Fe se resiste a ser cuestionada fuera de su campo espec\u00edfico; tan es as\u00ed que se trata de un argumento que suele repetirse en ambos casos). Finalmente las dos son religiones. El poder de las conquistas dio a Europa la sensaci\u00f3n, moderna por cierto, de que estaba siendo asistida por un poder divino, el de la Raz\u00f3n, para ejercer hasta las consecuencias m\u00e1s cruentas y rid\u00edculas el euro-falogocentrismo. M\u00e1s all\u00e1 de sus indudables m\u00e9ritos partieron Cooke, Humboldt, Linneo, Darwin e innumerables m\u00e1s a \u201cdescubrir\u201d, \u201cnombrar\u201d, \u201ccatalogar\u201d, un mundo que ya estaba descubierto, nombrado y catalogado desde hac\u00eda miles de a\u00f1os por unos \u201cotros\u201d no europeos, no \u201ccivilizados\u201d. De esta manera los egipcios se enteraron de que su legendario r\u00edo nac\u00eda en las Cataratas Victoria\u2026<br \/>\nNo todo fue descubrimiento o clasificaci\u00f3n. La Raz\u00f3n, el pensamiento cient\u00edfico, tambi\u00e9n deb\u00eda aplicarse a la pol\u00edtica: y as\u00ed nacieron los profetas. Adam Smith, John Locke, John Stuart Mill y otros pensadores brillantes fueron los profetas de un lado, y sobre todo Karl Marx y Friedrich Engels los del otro. El espacio entre ellos fue ocupado por teor\u00edas no \u201ccient\u00edficas\u201d que abarcaban un espectro que se expand\u00eda desde el anarquismo hasta los absolutismos m\u00e1s extremos; en ocasiones con consecuencias sociales y\/o hist\u00f3ricas terribles.<br \/>\nLa corriente liberal y la marxista, a pesar de sus explicitas diferencias, tuvieron profundas coincidencias metodol\u00f3gicas; ambas eran mesi\u00e1nicas, prometeicas, estaban basadas en la Raz\u00f3n (podemos pensarlas como corrientes cism\u00e1ticas), eran cient\u00edficas y por lo tanto inapelables en sus fundamentos y secuelas, destinaban al hombre a la felicidad y al progreso continuos. Eran estructuralmente historicistas. Todo parec\u00eda indicar que en una pr\u00f3xima edad dorada la ciencia desplazar\u00eda a las creencias, la raz\u00f3n a la fe y el progreso al para\u00edso celestial. No importaba cu\u00e1nto demorase este devenir; estaba asegurado epistemol\u00f3gicamente, a prueba de cualquier falla; hab\u00eda un futuro, un camino a seguir, un proyecto en el que creer y hasta por el cual hacer una revoluci\u00f3n. Como el s\u00edmbolo del infinito, la raz\u00f3n era una v\u00edbora que se mord\u00eda la cola sin dejar que ninguna duda pudiera menoscabarla.<br \/>\nAlgo sali\u00f3 mal y nada de esto ocurri\u00f3. La Promesa se revel\u00f3 frustrada.<br \/>\nNadie conceb\u00eda, y todav\u00edasigue siendo la creencia de la mayor\u00eda, que la Modernidad \u2013tal como ya sucedi\u00f3 con las otras edades\u2013, un d\u00eda podr\u00eda desaparecer.<br \/>\nA principios del siglo XX dos eventos de enorme importancia comenzaron a escribir la partida de defunci\u00f3n de nuestra \u00e9poca hist\u00f3rica. Se produjeron casi simult\u00e1neamente, uno como consecuencia del otro: la Primera Guerra Mundial y la posterior americanizaci\u00f3n del mundo (y su consecuente polarizaci\u00f3n con el frente sovi\u00e9tico), que desplaz\u00f3 a la occidentalizaci\u00f3n europea. Seg\u00fan Abdelwahab Meddeb, la aparici\u00f3n del imperialismo capitalistacorre a la vieja \u00e9tica imperial europea, orgullosa y responsable de sus colonias. George Steiner pinta maravillosamente el momento: \u201cEuropa yac\u00eda destripada. Su elevada civilizaci\u00f3n, su b\u00fasqueda dela excelencia cultural hab\u00eda resultado impotente para impedir el desastre\u201d (1).<br \/>\nAs\u00ed como las otras edades mostraron capacidad y energ\u00eda admirables para resistir, la Modernidad se manifiesta del mismo modo y durante todo el siglo XX contin\u00faa su expansi\u00f3n con la extensi\u00f3n de la democracia y los derechos del hombre, ambos m\u00e9ritos fundamentales de nuestro tiempo; pero a pesar de ello ya nadie parece creer en los compromisos de felicidad y progreso continuos y bienestar generalizado. Los luminosos programas de izquierdas y derechas no se cumplir\u00edan. Marx y Adam Smith vivieron una segunda desaparici\u00f3n, hist\u00f3ricamente m\u00e1s importante que la f\u00edsica.<br \/>\nLa continuaci\u00f3n de esta posible muerte de la Modernidad no es la posmodernidad, la ultramodernidad o la modernidad l\u00edquida. Lo que se abre es lo desconocido, lo imprevisible. La humanidad se aferra tanto a esta \u00e9poca que ni imagina su fin o qu\u00e9 la suceder\u00e1. Una vasta neblina de expresiones inconexas se presenta sin orden ni proyecto, porque fundamentalmente \u201corden\u201d y \u201cproyecto\u201d son t\u00e9rminos modernos que ya no interesan. Es posible que hasta un nuevo lenguaje, una nueva forma de nombrar aparezca en estos tiempos de cambio intenso.<br \/>\nA principios del siglo XX casi todos los habitantes de la Tierra \u2013Extremo Oriente, Medio Oriente, \u00c1frica, Am\u00e9rica, Ocean\u00eda\u2013 deseaban ser europeos, tener una Torre Eiffel en la plaza principal y una Gioconda en el museo. Despu\u00e9s de la Primera Guerra la mirada comenz\u00f3 a virar hacia los Estados Unidos. Hoy ya interesa menos ser occidental, en muchos casos la idea hasta produce rechazo. Los estadounidenses ya no quieren ser m\u00e1s el sheriff mundial y pretenden alejarse de su tradicional ideolog\u00eda imperialista.<br \/>\nLas ra\u00edces de esta crisis son m\u00e1s emocionales, \u00e9picas y est\u00e9ticas que racionales, l\u00f3gicas y \u00e9ticas. En su caracterizaci\u00f3n de lo que \u00e9l llama el tribalismo posmoderno, Michel Maffesoli dice: \u201cLa heterogeneidad est\u00e1 a la orden del d\u00eda, toda vez que el pluriculturalismo y el polite\u00edsmo caracterizan a la perfecci\u00f3n a las grandes ciudades contempor\u00e1neas, por lo que se puede pensar que el consenso es m\u00e1s propio de un ajuste \u201cafectual\u201d a posteriori que de una regulaci\u00f3n racional a priori. En este sentido, es necesario prestar una gran atenci\u00f3n a eso que, de manera demasiado c\u00f3moda, llamamos marginalidad\u201d (2).<br \/>\nEstas tribus \u2013a las que me refer\u00ed en un art\u00edculo publicado en CRITERIO Nro. 2399\u2013 \u201cde amplio espectro socioecon\u00f3mico y diversidad de causas, desde Occupy Wall Street a los Black Blocs, desde el fundamentalismo extremo al relativismo absoluto\u2026\u201d (3), son las que terminan apoyando, en su rechazo a la saturaci\u00f3n pol\u00edtica y a la moral racional, mancomunadas en temores diversos, a los movimientos populistas, que son la agresi\u00f3n m\u00e1s importante que sufren las democracias representativas. En Europa los partidos populistas son mayor\u00eda o tienen fuerte injerencia en los gobiernos de Grecia, Hungr\u00eda, Italia, Polonia, Eslovaquia, Suiza, Finlandia, Noruega y Lituania. En el sudeste asi\u00e1tico gobierna Duterte en Filipinas, son conocidos los hombres fuertes como Erdogan, Maduro y Putin (ac\u00e1 podemos recordar a CFK) y en los Estados Unidos acaba de asumir Donald Trump. Este panorama de pueblos que se vuelcan a lo \u201cantisist\u00e9mico\u201d se completa con los resultados de los recientes plebiscitos en el Reino Unido y en Italia. Escribi\u00f3 Natalio Botana recientemente en La Naci\u00f3n: \u201cLo que hasta hace pocos a\u00f1os parec\u00eda consolidado y serv\u00eda de modelo inspirador, hoy cruje ante el embate de una f\u00e1ustica transformaci\u00f3n tecnol\u00f3gica y productiva, a\u00fan sin correlato en el campo pol\u00edtico e institucional. El tema del d\u00eda, en los Estados Unidos y Europa, son las dificultades \u2013cuando no las crisis\u2013 que embargan a la democracia representativa\u201d (4).<br \/>\nResulta complicado no vincular la palmaria insuficiencia de las democracias representativas,la eclosi\u00f3n de las tribus posmodernas, los movimientos sociales con su aspiraci\u00f3n de incidencia directa sobre los poderes, los populismos en onda expansiva como un tsunami, los integrismos, el islamismo, las manifestaciones racistas y xen\u00f3fobas, los rebrotes nacionalistas achicando un mundo que se promet\u00eda internacionalista y una globalizaci\u00f3n que no hizo m\u00e1s que profundizar las fronteras existentes con un eventual estado de agon\u00eda final de una Modernidad queya fue. Creer quees simplemente un evento cr\u00edtico del liberalismo que Barack Obama, el gobernante que mejor supo exponer los m\u00e1s elevados ideales de la Modernidad, pueda ser sucedido por Donald Trump, un primitivo wasp que encarna lo peor de la insularidad estadounidense, es no ver la ra\u00edz del problema. No es una crisis, es la partida de defunci\u00f3n que comenz\u00f3 a redactarse cien a\u00f1os atr\u00e1s y, para completar el desolador cuadro, en el horizonte nada se presenta como alternativa viable.<br \/>\nLos populistas (modernos que encarnan el sentir antisistema, vale decir, lo no-moderno) (Trump, Maduro, CFK, etc\u2026) no tienen proyectos, s\u00f3lo tienen enemigos y leen con claridad meridiana que sus votantes no creen en los proyectos (ya no son m\u00e1s modernos); s\u00f3lo piensan que hay alguien que es culpable de alguna mayor o menor desgracia y que en el castigo a ese (casi siempre) indefinido otro est\u00e1 la soluci\u00f3n m\u00e1gica de su problema. Sobreact\u00faan persecuciones y controles, exageran los miedos y la euforia reaccionaria, lo que redunda en una mayor recaudaci\u00f3n de votos de un electorado variopinto, rencoroso y temeroso, al que la raz\u00f3n ya no le aporta ni le importa nada.<br \/>\nGrandes r\u00f3tulos y propuestas ampulosas esconden incapacidades a\u00fan mayores; tras la marejada del resurgir b\u00e1rbaro, el futuro nunca fue tan incierto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<p>[1] Steiner, George. <em>Lecciones de los maestros<\/em><\/p>\n<p>[1] Maffesoli, Michel. <em>El tiempo de las tribus<\/em><\/p>\n<p>[1] Oliveira C\u00e9zar, Ram\u00f3n. <em>Aguantar los trapos. <\/em><em>Revista Criterio Nro. 2399<\/em><\/p>\n<p>[1]Botana, Natalio. <em>El dif\u00edcil arte de las coaliciones. La Naci\u00f3n 28\/10\/2016<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El futuro se presenta desconocido e imprevisible para una humanidad que contin\u00faa aferrada a la Modernidad, a pesar de que se trata de una \u00e9poca&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[944,965],"tags":[21,1852,1485,1853,1722,1666],"class_list":["post-13196","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-actualidad-2","category-opinion-2","tag-liberalismo","tag-modernidad","tag-opinion","tag-populismos","tag-steiner","tag-trump"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3qQ","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13196","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13196"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13196\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13199,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13196\/revisions\/13199"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13196"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13196"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13196"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}