{"id":13231,"date":"2017-04-01T11:13:23","date_gmt":"2017-04-01T14:13:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13231"},"modified":"2017-04-04T10:41:47","modified_gmt":"2017-04-04T13:41:47","slug":"reencontrar-el-sentido-de-la-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13231","title":{"rendered":"Reencontrar el sentido de la pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p><em>A partir de un documento de los obispos franceses, el autor plantea la necesidad de repensar la forma de ejercer la pol\u00edtica y de generar nuevas formas de compromiso ciudadano.<\/em><\/p>\n<p>Hace veinte a\u00f1os, en 1997, Alain Touraine se preguntaba si podr\u00edamos vivir juntos ante los efectos que provocaba la globilizaci\u00f3n. A esa inquietante pregunta pareciera responder \u201cEn un mundo que cambia, reencontrar el sentido de la pol\u00edtica\u201d, t\u00edtulo del documento que el Consejo Permanente de la Conferencia de Obispos de Francia public\u00f3 en octubre del a\u00f1o pasado. Este texto se encadena con aportes anteriores sobre la misma tem\u00e1tica: \u201cPor una pr\u00e1ctica cristiana de la pol\u00edtica\u201d (1972), \u201cPol\u00edtica, asunto de todos\u201d (1991) y \u201cRehabilitar la pol\u00edtica\u201d (1999); este \u00faltimo de gran repercusi\u00f3n y que expresa una consigna que Francisco hace suya y ha repetido en varias ocasiones. Veamos algunos de los se\u00f1alamientos m\u00e1s destacables.<\/p>\n<p>Los obispos franceses consideran que no se trata ahora de precisar el marco y los l\u00edmites de la acci\u00f3n pol\u00edtica sino, por el contrario, de responder a la desafecci\u00f3n hacia la cosa p\u00fablica y a la retracci\u00f3n hacia la esfera privada y el individualismo. Si bien sus reflexiones est\u00e1n muy circunscriptas a la situaci\u00f3n de abatimiento, miedo, ira, precariedad y exclusi\u00f3n que muchos atraviesan hoy en Francia, presentan cuestiones que son crecientemente comunes en un mundo interdependiente.<\/p>\n<p>Se\u00f1alan que una caracter\u00edstica dominante de su pa\u00eds y de Europa, que bien podemos extender a nuestra realidad, es que los referentes y las modalidades de vivir juntos han sido sacudidas. Aquello que parec\u00eda enraizado y estable ha devenido relativo y movible, y hay dificultades para encontrar una visi\u00f3n compartida del futuro. El vivir juntos se ha vuelto fr\u00e1gil y puesto en cuesti\u00f3n. Lo mismo ocurre con las nociones tradicionales de naci\u00f3n, patria y rep\u00fablica, en un clima de sensibilidades exacerbadas y cercanas a la violencia.<\/p>\n<p>Por lo tanto, m\u00e1s all\u00e1 de la coyuntura y de los c\u00e1lculos electorales, se manifiesta la necesidad de una reflexi\u00f3n sobre la pol\u00edtica que requiere un trabajo de refundaci\u00f3n ante su gran decr\u00e9dito, un foso que crece entre los ciudadanos y sus representantes.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta situaci\u00f3n no es s\u00f3lo responsabilidad de la clase pol\u00edtica. Se trata de afirmar un \u201cnosotros\u201d en que la pol\u00edtica designa las actividades, las estrategias y los procedimientos que afectan al ejercicio del poder basado en la b\u00fasqueda del bien com\u00fan y del inter\u00e9s general que encuentran su fundamento en valores compartidos. En el debate para alcanzarlo prevalece \u201cla cultura de la confrontaci\u00f3n\u201d sobre el di\u00e1logo. En esta sociedad en tensi\u00f3n, las redes sociales y los medios audiovisuales ocupan un lugar importante; \u00e9stos prefieren slogans y frases breves antes que el an\u00e1lisis serio y el debate respetuoso.<\/p>\n<p>Por otro lado, el documento episcopal destaca algunas ambivalencias y paradojas. Una de ellas consiste en reclamar \u201cprotecciones suplementarias en todos los dominios\u201d y, al mismo tiempo, quejarse, a menudo con justicia, de restricciones cada vez m\u00e1s grandes que limitan la vida de todos y desalientan muchas iniciativas. Se produce as\u00ed una \u201cjuridizaci\u00f3n\u201d creciente de la vida social. Es necesario salir de la \u201cl\u00f3gica del contrato\u201d que pretende prever todo y alcanzar un \u201criesgo cero\u201d o una \u201cseguridad m\u00e1xima ilusoria\u201d, para reencontrar espacios de creatividad, de intercambio y gratuidad.<\/p>\n<p><strong>Un contrato social a repensar<\/strong><\/p>\n<p>Otra paradoja que se constata es que Francia, pese a su dinamismo tanto econ\u00f3mico como de iniciativas solidarias, no encuentra, sin embargo, el punto de apoyo para desarrollar todos sus frutos. El bien com\u00fan parece dific\u00edl de dise\u00f1ar y m\u00e1s a\u00fan los medios para alcanzarlo. El contrato social que permit\u00eda vivir juntos en el mismo territorio nacional ya no parece ser una realidad. Hay necesidad de redefinirlo en una sociedad en donde la referencia es el individuo y no lo colectivo. El \u201cEstado providencia\u201d ha decepcionado y las generaciones actuales ya no conf\u00edan en que vivir\u00e1n mejor que sus padres. La inseguridad social se verifica especialemte en el trabajo, que ya no es tan protector como en el pasado. Incluso los puntos de referencia simples de la vida social se interrumpieron, por ejemplo, los \u201cservicios de proximidad\u201d (las tiendas, el correo, el m\u00e9dico, el sacerdote\u2026).<\/p>\n<p>Junto al sentimiento de inseguridad aparece tambi\u00e9n el de injusticia referido, por ejemplo, al \u201csalario indecente\u201d de algunos \u2013por su exorbitancia\u2013 en contraste con los ingresos de la inmensa mayor\u00eda. Disparidad que se agrava con los desempleados, con las consecuencias de exclusi\u00f3n y desestructuraci\u00f3n de la vida. Tal inseguridad societal, dice el documento episcopal, est\u00e1 ligada a la violencia. A su juicio, tampoco el panorama mundial es tranquilizador debido al terrorismo, las migraciones, las transformaciones ecol\u00f3gicas. Pero la situaci\u00f3n es todav\u00eda m\u00e1s grave para los que son excluidos del sistema, los que viven en la precariedad, \u201cen el borde del mundo\u201d. La dificultad m\u00e1s inquietante es la de los j\u00f3venes y el acceso al mercado de trabajo.<\/p>\n<p>Por otro lado, se\u00f1alan que entre las dificultades para establecer un \u201cnuevo contrato social\u201d se halla la \u201cinterpenetraci\u00f3n creciente de las sociedades\u201d: si bien es enriquecedora, tambi\u00e9n ha contribuido a la \u201cinseguridad cultural\u201d y a \u201cmalestares identitarios\u201d que pueden llevar al rechazo del otro diferente. Una concepci\u00f3n bastante exacta de lo que supuso la identidad nacional, con referencias hist\u00f3ricas y culturales compartidas, y la idea de una \u201cnaci\u00f3n homog\u00e9nea\u201d \u2013construida a menudo de manera autoritaria borrando las diferencias\u2013, atropellada por la mundializaci\u00f3n. Incluso la idea de un \u201crelato nacional\u201d es ampliamente discutida y cuestionada. Por lo tanto, se ha vuelto dif\u00edcil definir qu\u00e9 es un ciudadano franc\u00e9s que se apropia y comparte una historia, valores, un proyecto.<br \/>\nEs conveniente, por lo tanto, redefinir qu\u00e9 es ser un ciudadano y promover una manera de estar juntos que tenga sentido en medio de \u201creinvindicaciones de pertenencias plurales y de identidades particulares\u201d.<\/p>\n<p><strong>Aporte cristiano y laicidad abierta<\/strong><br \/>\nLos obispos consideran que \u201cel cristianismo puede compatir su experiencia de acoger e integrar poblaciones y culturas diferentes\u201d; si bien en la historia de Francia hay elementos b\u00e1sicos del legado cristiano, hoy el cristianismo coexiste con una diversidad de religiones y actitudes espirituales. No se trata de olvidar esa trayectoria pero tampoco de so\u00f1ar con el retorno a \u201cuna edad de oro imaginaria\u201d o aspirar a una Iglesia de puros en una posici\u00f3n de superioridad y que bregue por \u201cuna contra-cultura situada fuera del mundo\u201d. Por el contrario, se recuerda que el cristianismo nos conduce desde sus or\u00edgines a una alianza con la raz\u00f3n y al reconocimiento de las \u201csemillas del Verbo\u201d en la cultura.<\/p>\n<p>La secularizaci\u00f3n en Europa occidental ha reducido la influencia de la religi\u00f3n, pero en Francia, dicen sus obispos, es adem\u00e1s muy dif\u00edcil hablar con tranquilidad de religi\u00f3n en el espacio p\u00fabico. El hecho religioso lucha por encontrar su lugar y algunos niegan que la religi\u00f3n tenga algo positivo que aportar.<\/p>\n<p>Se constata adem\u00e1s que existen diferentes nociones sobre la laicidad. En sentido estricto, laicidad es \u201cla separaci\u00f3n de la instituci\u00f3n religiosa y de la instituci\u00f3n pol\u00edtica\u201d, ninguna gobierna a la otra. El debate es entre una \u201claicidad estrecha\u201d que ve en toda religi\u00f3n un enemigo potencial de la libertad humana, y una \u201claicidad abierta\u201d, que considera a la Rep\u00fablica como el garante del aporte ben\u00e9fico de las religiones a la sociedad. Tampoco se trata de que el Estado asuma una laicidad neutra que expulse \u201cla religi\u00f3n del espacio p\u00fablico hacia el solo dominio privado, donde debe permanecer oculta\u201d. Llevar\u00eda a fortalecer el \u201ccomunitarismo\u201d y privar a la vida p\u00fablica de un aporte precioso.<\/p>\n<p><strong>Identidades fr\u00e1giles, j\u00f3venes y educaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La interpenetraci\u00f3n de las sociedades, producida por la mundializaci\u00f3n, ha llevado a interrogarse sobre identidades, valores, pertenencias y fidelidades. M\u00e1s que armaduras defensivas, se necesita enmarcar la riqueza de identidades plurales que pueden aportar lazos de unidad.<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose al caso de franceses de origen \u00e1rabe que combaten en Siria e Irak en favor del Daesh1, los obispos consideran que se trata de j\u00f3venes desestructurados que, no hallando su lugar en la sociedad, encuentran \u2013sin minimizar su responsabilidad\u2013 en un discurso y en un compromiso radical la oportunidad de dar sentido a su existencia.<\/p>\n<p>Ahora bien, no es suficiente reconocer que la sociedad se volvi\u00f3 plural; es necesario interrogarse sobre la crisis del sistema educativo que es, luego de la familia, el \u201clugar por excelencia de socializaci\u00f3n y de exorcizaci\u00f3n de la violencia\u201d, pues m\u00e1s all\u00e1 de la transmisi\u00f3n de saberes y competencias, debe abrir a los j\u00f3venes a lo universal y al di\u00e1logo entre las culturas.<\/p>\n<p><strong>La cuesti\u00f3n del sentido<\/strong><\/p>\n<p>Un contrato social redefinido no puede hacerse en base a adiciones y parches de intereses yuxtapuestos. No alcanza con una \u201csimple gesti\u00f3n\u201d ante la grave crisis de sentido. La pol\u00edtica no puede escapar a esta cuesti\u00f3n, no para indicar lo que hay que pensar y creer sino para situarse en un \u201chorizonte de sentido\u201d y asegurar las condiciones de una negociaci\u00f3n que permite a un pa\u00eds estar unido sin que nadie sea descartado. Pero la pol\u00edtica se ha vuelto \u201cgestionaria\u201d, especialmente proveedora y protectora de derechos indviduales m\u00e1s que de proyectos colectivos, y no puede responder a las cuestiones m\u00e1s fundamentales de la vida en com\u00fan.<\/p>\n<p>Los obispos tambi\u00e9n ven esta situaci\u00f3n como caracter\u00edstica de Europa, que parece estar perdida en un \u201cfuncionamiento gestionario, mercantil y normativo que ya no interesa a nadie\u201d. La construcci\u00f3n europea es m\u00e1s que eso: no s\u00f3lo consigui\u00f3 la paz en la regi\u00f3n sino tambi\u00e9n \u201cuna apertura y un enriquecimiento mutuo por la libre circulaci\u00f3n de personas bienes e ideas\u201d.<\/p>\n<p>Es necesario retomar el proyecto europeo que permita el respecto y la expresi\u00f3n de las identidades nacionales y regionales. Una verdadera cohesi\u00f3n no suprime las pluralidades sino que las hace funcionar en un conjunto com\u00fan. Adem\u00e1s no habr\u00e1 futuro para Francia m\u00e1s que \u201cen una Europa fuerte y consciente de su historia y responsabilidades en el mundo\u201d.<\/p>\n<p><strong>Crisis de la palabra<\/strong><br \/>\nLa crisis de la pol\u00edtica es una crisis de la \u201cpalabra ciudadana\u201d, en cuanto que la confianza en la palabra dada permite elaborar una vida en sociedad mediante la concertaci\u00f3n, la mediaci\u00f3n, el di\u00e1logo, etc. Cuando la palabra se pervierte aparece la violencia, la mentira, la corrupci\u00f3n, o el desinter\u00e9s por la vida p\u00fablica.<\/p>\n<p>Las convicciones son necesarias pero no pueden asumir una postura antidemocr\u00e1tica, sea como lobbying u oposici\u00f3n est\u00e9ril. Los espacios de di\u00e1logo necesitan de tacto, flexibilidad, adaptabilidad; los debates actuales no se hacen sobre \u201cun z\u00f3calo de referencias culturales, hist\u00f3ricas y antropol\u00f3gicas compartido\u201d. As\u00ed lo muestra hoy el debate sobre las cuestiones \u00e9ticas. En una \u201cdemocracia de opini\u00f3n\u201d todo, incluida la antropolog\u00eda, es sometido a voto. Se utilizan las mismas nociones pero sin los mismos contenidos.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica ante \u201cequilibrios provisorios\u201d debe acudir a compromisos que permitan vivir juntos. Esto es percibido por algunos como una soluci\u00f3n insatisfactoria que devaluar\u00eda la pol\u00edtica. Sin embargo, el compromiso verdadero es una \u201ctarea indispensable y particularmente noble del debate pol\u00edtico\u201d. Es m\u00e1s que el simple resultado de una relaci\u00f3n de fuerzas o confrontaci\u00f3n de verdades. Es una b\u00fasqueda conjunta de la verdad.<\/p>\n<p><strong>Un pa\u00eds en espera<\/strong><\/p>\n<p>El descontento por la manera de hacer pol\u00edtica no significa necesariamente desinter\u00e9s por la vida p\u00fablica sino que indica tambi\u00e9n la aspiraci\u00f3n de nuevas formas de compromiso ciudadano, y el deseo de retomar \u201cla verdadera naturaleza de la pol\u00edtica y de su necesidad para una vida juntos\u201d. No ocurrir\u00e1 ello con el arribo de una \u201cpersonalidad providencial\u201d; es tarea de todos.<\/p>\n<p>En el documento se expresa que Francia es un pa\u00eds con capacidades y energ\u00edas. Florecen iniciativas ciudadanas y se buscan \u201cnuevos modos de existencia\u201d, por ejemplo, en el di\u00e1logo entre culturas, creyendo que el encuentro no s\u00f3lo es posible sino fecundo para la vida en sociedad. Ser\u00e1 el modo de \u201cevitar que la \u00faltima palabra la tenga la violencia\u201d. El documento concluye sosteniendo que \u201clas soluciones reales no provendr\u00e1n primero de la econom\u00eda y las finanzas, por importantes que sean, o de posturas y gestos de unos pocos. Vendr\u00e1n de la escucha personal y colectiva a las necesidades m\u00e1s profundas del hombre. Y el compromiso de todos\u201d.<\/p>\n<p><strong>Algunas impresiones<\/strong><\/p>\n<p>Sorprende la redacci\u00f3n de este texto claro y sencillo de poco m\u00e1s de trece p\u00e1ginas, con s\u00f3lo ocho citas brev\u00edsimas \u2013seis del magisterio eclesial, una de la UNESCO y dos de la prensa\u2013, acompa\u00f1ado de un cuestionario-gu\u00eda para promover la reflexi\u00f3n y el intercambio. Estilo secular para o\u00eddos seculares, para el com\u00fan de la gente. Por momentos el documento conmueve por su tono dram\u00e1tico: dificultad para vivir juntos, p\u00e9rdida de sentido, futuro incierto. Llega a decir: \u201cHay tristeza hoy en nuestro pa\u00eds\u201d.<\/p>\n<p>Esos rasgos evocan las recurrentes crisis en la Argentina, ciertamente la de 2001 y tal vez algunas situaciones presentes. Repetidamente el texto intenta revalidar la pol\u00edtica para no caer en el abismo mayor de una ilusoria despolitizaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n previene, y quiz\u00e1 sea su mayor acierto, de lo que denomina una \u201cpol\u00edtica gestionaria\u201d. Es una pena que no la describa m\u00e1s detalladamente. Interpretamos que se refiere a una concepci\u00f3n meramente administrativa, eficientista, que reduce la acci\u00f3n pol\u00edtica a cuestiones procedimentales, creyendo poder eludir referencias a valores, creencias y proyectos comunes.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed encontramos otra novedad. Habitualmente para fundamentar las bases y especialmente los comportamientos de una sociedad se invocaba la ley natural, la sabidur\u00eda de las religiones, las grandes corrientes espirituales o los consensos que la comunidad internacional ha alcanzado sobre derechos humanos. Especialmente esta omisi\u00f3n \u00faltima llama la atenci\u00f3n en Francia, cuna efectiva y simb\u00f3lica de \u201clos derechos del hombre y del ciudadano\u201d, y de las formas democr\u00e1ticas y republicanas. Precisamente sobre este punto los obispos franceses hacen una afirmaci\u00f3n inquietante: los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad \u201csuenan huecos\u201d a muchos de nuestros contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n llama la atenci\u00f3n la reiterada menci\u00f3n a la incertidumbre a nivel cultural de un pa\u00eds como Francia, que hizo gala de su hegemon\u00eda en la materia \u2013aunque muy eclipsada desde hace d\u00e9cadas por el \u201camericanismo cultural\u201d \u2013, considerando su cultura un falso universal, paradigma que formate\u00f3 las formas institucionales, educacionales y est\u00e9ticas del ramillete de rep\u00fablicas latinoamericanas, y que seguimos tan avant la letre.<\/p>\n<p>La comprobaci\u00f3n de la crisis cultural en uno de los pa\u00edses centrales del sistema mundial no es nueva pero queda duramente descripta, con rasgos acuciantes. Evidentemente las migraciones, especialmente las provenientes de las antiguas colonias, han contribuido a esta situaci\u00f3n. Pero m\u00e1s que causa son a su vez un reflujo de los efectos del todav\u00eda cercano colonialismo que Francia y otros pa\u00edses europeos ejercieron. Una supremac\u00eda que trastorn\u00f3 y subordin\u00f3 culturas y pa\u00edses enteros sin todav\u00eda una reparaci\u00f3n debidamente saldada. Estas consideraciones deber\u00edan formar parte tambi\u00e9n del \u201creencuentro con la pol\u00edtica\u201d.<\/p>\n<p><em>El autor es Licenciado en Filosof\u00eda con Posgrado en Cooperaci\u00f3n y Desarrollo<\/em><\/p>\n<p><strong>Nota<\/strong><br \/>\n1 Daesh se interpreta como da\u00f1o o discordia en \u00e1rabe. El documento sigue la recomendaci\u00f3n de denominar as\u00ed a los grupos yihadistas que operan en Siria e Irak, y evitar adjudficarles el t\u00e9rmino \u201cEstado isl\u00e1mico\u201d para no sobrevalorarlos ni confundirlos con los valores del Islam.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de un documento de los obispos franceses, el autor plantea la necesidad de repensar la forma de ejercer la pol\u00edtica y de generar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[398,1867,14,211,758],"class_list":["post-13231","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nota-tapa","category-sociedad","tag-ciudadania","tag-compromiso","tag-iglesia","tag-politica","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3rp","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13231","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13231"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13231\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13233,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13231\/revisions\/13233"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13231"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13231"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13231"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}