{"id":13248,"date":"2017-04-03T16:00:10","date_gmt":"2017-04-03T19:00:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13248"},"modified":"2017-04-04T10:45:13","modified_gmt":"2017-04-04T13:45:13","slug":"acerca-de-lo-bello-en-san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13248","title":{"rendered":"Acerca de lo bello en San Agust\u00edn"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_13250\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/El_triunfo_de_San_Agust\u00edn_Claudio_Coello.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-13250\" class=\"size-large wp-image-13250\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/El_triunfo_de_San_Agust\u00edn_Claudio_Coello-1024x721.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"721\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/El_triunfo_de_San_Agust\u00edn_Claudio_Coello-1024x721.jpg 1024w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/El_triunfo_de_San_Agust\u00edn_Claudio_Coello-300x211.jpg 300w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/El_triunfo_de_San_Agust\u00edn_Claudio_Coello-768x540.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p id=\"caption-attachment-13250\" class=\"wp-caption-text\">El triunfo de San Agust\u00edn, de Claudio Coello<\/p>\n<\/div>\n<p><em>Aproximaci\u00f3n a San Agust\u00edn a partir de sus ideas sobre la belleza, el arte, el perd\u00f3n y la naturaleza humana.<\/em><\/p>\n<p>Si se examina el n\u00facleo del pensamiento de San Agust\u00edn, es evidente que, antes que la belleza, su preocupaci\u00f3n m\u00e1s eminente parece haber sido la verdad. Esto no quiere decir ni que lo bello no fuera objeto del pensamiento agustiniano ni que el problema de la verdad estuviera desvinculado del problema de lo bello. La condici\u00f3n fragmentaria y dispersa de las consideraciones de San Agust\u00edn acerca de lo bello son acaso la causa de que no se le haya prestado la suficiente atenci\u00f3n a las prefiguraciones que ellas contienen.<br \/>\nPodemos empezar con el recuerdo de un pasaje clave de las <em>Confesiones<\/em> (X, 34): \u201c[\u2026] Porque las bellezas (pulcra) que a trav\u00e9s del alma pasan a las manos del artista vienen de aquella belleza que est\u00e1 sobre las almas y por la cual suspira la m\u00eda d\u00eda y noche\u201d. Esa belleza suprasensible es para el santo la verdad, es decir, Dios, de la que el arte es apariencia.<br \/>\nLo mismo se pod\u00eda leer ya antes, tambi\u00e9n en las <em>Confesiones<\/em> (X, 7), aunque con una formulaci\u00f3n un poco distinta: \u201cPero, \u00bfno se muestra esa belleza a cuantos tienen entero el sentido? [\u2026] Los hombres pueden, s\u00ed, interrogarla, por percibir por las cosas visibles las invisibles de Dios\u201d. Parece escucharse aqu\u00ed un eco de Jes\u00fas como imago del Dios invisible del que habla San Pablo (Col 1, 15-20), pero la intenci\u00f3n de San Agust\u00edn tiene una perspectiva m\u00e1s abierta y, se dir\u00eda, menos individual. Se refiere en este caso a toda belleza, la belleza natural y la belleza que procede de las manos de los hombres, para no incurrir en el anacronismo de referirse a una belleza \u201cart\u00edstica\u201d.<br \/>\nEn este pasaje, San Agust\u00edn recurre a una palabra diferente para referirse a la belleza, species, es decir, \u201caspecto\u201d, en el sentido de la apariencia exterior de alguna cosa. La elecci\u00f3n cifra ya una posici\u00f3n est\u00e9tica: algo es bello precisamente s\u00f3lo en la medida en que nos permite conocer las cosas invisibles por las visibles. Las cosas visibles son \u201cel aspecto\u201d de aquellas invisibles, que se vuelven entonces objeto de contemplaci\u00f3n.<br \/>\nLa genealog\u00eda neoplat\u00f3nica de San Agust\u00edn nos sit\u00faa de pronto en el coraz\u00f3n de la filosof\u00eda del arte de Hegel y su idea de que lo bello vive en la apariencia (Schein). Para decirlo en palabras del propio Hegel: \u201cEn el arte se espiritualiza lo sensible, porque en \u00e9l lo espiritual aparece como sensibilizado\u201d. Pero se impone aqu\u00ed una salvedad: ni la Schein hegeliana ni la species agustiniana son en rigor imagen; m\u00e1s bien, son, dial\u00e9cticamente, negaci\u00f3n de la imagen. En su Teor\u00eda est\u00e9tica, Adorno dio en el blanco: \u201cEl arte es apariencia de aquello que la muerte no puede alcanzar\u201d.<\/p>\n<p><strong>El modelo musical<\/strong><br \/>\nLas observaciones de San Agust\u00edn no fueron su primera ni su \u00faltima palabra acerca del problema de lo bello. Sabemos que hab\u00eda escrito el estudio <em>De pulchro et apto<\/em>. Ese escrito se perdi\u00f3, pero ya por su t\u00edtulo podemos confiar en la presunci\u00f3n de que recupera una doctrina (que como hace notar Umberto Eco procede de la Antig\u00fcedad, es tomada por Cicer\u00f3n y llega a la Escol\u00e1stica) seg\u00fan la cual se distingue lo que es bello de por s\u00ed (pulchrum) y lo que es bello en funci\u00f3n de algo (aptum). Para San Agust\u00edn, como mucho m\u00e1s tarde para Kant, lo bello se limita a lo pulchrum.<br \/>\nEsta idea es decisiva tambi\u00e9n en <em>De Musica<\/em>, el escrito m\u00e1s consistente de la est\u00e9tica agustiniana. El santo trabaj\u00f3 en los seis libros de <em>De Musica<\/em> entre el a\u00f1o 387 y el 391. En la sexta de sus <em>Retractaciones<\/em> se\u00f1ala que, cuando se preparaba para el bautismo en Mil\u00e1n (justamente en 387), escribi\u00f3 sobre las \u201cdisciplinas o artes liberales\u201d, pero que pudo completar el escrito s\u00f3lo m\u00e1s tarde, ya en Tagaste.<br \/>\nEl estudio, que adopta la forma de un di\u00e1logo entre maestro y disc\u00edpulo, se destaca sobre todo por su riguroso examen del ritmo, pero son sus consideraciones m\u00e1s generales las que nos interesan aqu\u00ed. Muy r\u00e1pidamente define la m\u00fasica como la \u201cciencia de modular bien\u201d (scientia bene modulandi). De aqu\u00ed se desprende pr\u00e1cticamente todo el resto porque esa \u201cmodulaci\u00f3n\u201d alude a la habilidad de movimiento, para moverse bien debe guardar la medida, es decir, atenerse a los principios r\u00edtmicos. Adem\u00e1s, esta \u201chabilidad de movimiento\u201d se funda en un movimiento \u201clibre\u201d (liber), es decir, aqu\u00e9l movimiento que tiene lugar \u201cpor raz\u00f3n de s\u00ed mismo\u201d y no en \u201cfunci\u00f3n de servicio\u201d. S\u00f3lo en semejantes condiciones el movimiento \u201cdeleita\u201d (delecta). San Agust\u00edn nos ofrece el resumen de una tradici\u00f3n \u2013aquella de la que hablaba Eco\u2013 y una insinuaci\u00f3n de la formulaci\u00f3n kantiana de lo bello como \u201csatisfacci\u00f3n desinteresada\u201d y, justamente, \u201clibre\u201d.<br \/>\nIgual que en su \u00e9nfasis en la apariencia, surge aqu\u00ed una anticipaci\u00f3n de las grandes l\u00edneas de la est\u00e9tica de fines del siglo XVIII y principios del XIX. En el libro sexto, encontramos incluso un precioso presagio de la superioridad de la m\u00fasica en la jerarqu\u00eda de las artes, que obtendr\u00eda carta de ciudadan\u00eda ya entrado el Romanticismo. \u201cMucho m\u00e1s penoso es el amor de este mundo. Porque lo que el alma busca en \u00e9l, a saber: la estabilidad y la eternidad, no lo encuentra, porque su baja belleza (pulchritudo) culmina con el paso cambiante de las cosas; y lo que en tal belleza imita el trasunto de la estabilidad, le viene dado de Dios sumo a trav\u00e9s del alma, porque esa belleza, \u00fanicamente cambiable en el tiempo, es superior a aquella que cambia en el tiempo y en el espacio\u201d.<br \/>\nPerm\u00edtanme ahora dos citas un poco distantes.<br \/>\nPor un lado, en una homil\u00eda dedicada al Padrenuestro, San Agust\u00edn hab\u00eda se\u00f1alado que el pasaje sobre el perd\u00f3n resultaba crucial. \u201cPerdonen como se les perdona a ustedes \u2013anota\u2013. Dios a nadie hizo ultraje y, con no deber nada, perdona. \u00bfNo ha de perdonar el perdonado, viendo le perdona quien nadie tiene que perdorn\u00e1rsele?\u201d. Y m\u00e1s adelante: \u201cDate por perdido si en esto has delinquido\u201d.<br \/>\nPor otro lado, en una de las <em>Ochenta y tres cuestiones diversas<\/em>, la que dedica a la belleza de las estatuas, dice San Agust\u00edn: \u201cEste arte supremo de Dios omnipotente, por medio del cual cre\u00f3 de la nada todas las cosas, que se llama tambi\u00e9n su sabidur\u00eda, es igualmente el que trabaja por medio de los artistas para que hagan obras bellas y armoniosas (pulchra atque congruentia), aunque estos trabajen no sobre la nada sino sobre alguna materia, por ejemplo madera o m\u00e1rmol\u2026\u201d.<br \/>\nEl arte y el perd\u00f3n ser\u00edan as\u00ed los \u00fanicos casos en los que los hombres podemos actuar a la manera de Dios. Esa acci\u00f3n se constituye como testimonio visible de una presencia.<\/p>\n<p><em>El autor es ensayista, cr\u00edtico y docente. Subeditor de Cultura en el diario <em>La Naci\u00f3n.<\/em><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aproximaci\u00f3n a San Agust\u00edn a partir de sus ideas sobre la belleza, el arte, el perd\u00f3n y la naturaleza humana. 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