{"id":13353,"date":"2017-05-02T19:02:08","date_gmt":"2017-05-02T22:02:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13353"},"modified":"2017-05-04T09:03:02","modified_gmt":"2017-05-04T12:03:02","slug":"el-lado-femenino-de-shakespeare","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13353","title":{"rendered":"El lado femenino de Shakespeare"},"content":{"rendered":"<p><em>La Tempestad<\/em> es la \u00faltima tragicomedia escrita por William Shakespeare, en 1611. Durante enero y febrero pasados, una compa\u00f1\u00eda de actrices, en su mayor\u00eda brit\u00e1nicas, puso en escena una muy audaz interpretaci\u00f3n en el teatro St Ann\u2019s Warehouse, en Brooklyn. Varios aspectos de esta versi\u00f3n merecen destacarse en estos d\u00edas en que las mujeres, por razones variadas, atraemos buena parte de la atenci\u00f3n p\u00fablica. Mi intenci\u00f3n no es abundar en cuestiones capitales, que monopolizan el tema ahora, como la violencia de g\u00e9nero o los derechos de la mujer. La obra logra poner en evidencia atributos y cualidades femeninas, que aparecen en los roles masculinos interpretados por once actrices, en esta peculiar versi\u00f3n de <em>La Tempestad<\/em>, un drama, en el que todos los personajes (salvo Miranda) son hombres.<br \/>\nEs un espect\u00e1culo de dos horas sin intervalo y con bajo presupuesto en escenograf\u00eda y vestuario. La acci\u00f3n tiene lugar en un cubo rodeado de alambre tejido para simular la c\u00e1rcel y el escenario es un cuadril\u00e1tero rodeado de gradas con sillas de oficina. Apenas un catre y una mesita con su silla son el mobiliario, carcelario y monacal. El resto de los objetos son materiales descartables que activan la fantas\u00eda del espectador. Incluso el p\u00fablico interviene activamente para iluminar con linternas el memorable parlamento final de Pr\u00f3spero. Menciono estos aspectos porque la excelencia de esta versi\u00f3n de La Tempestad se debe solamente a la <em>performance<\/em> de once mujeres. La talentosa Harriet Walter, de 66 a\u00f1os, encarna un Pr\u00f3spero maduro, m\u00e1s sufriente y emp\u00e1tico que en otras oportunidades. El v\u00ednculo con Miranda, su hija, no tiene la exigencia de la ley paterna, sino el amor de las entra\u00f1as, que es maternal. Calib\u00e1n el salvaje, mitad monstruo, mitad hombre, suscita m\u00e1s risa que temor. Atrapado en sus instintos, no es domesticable ni educable. Al final, Pr\u00f3spero le perdona sus traiciones y lo acepta como es.<br \/>\nPero lo m\u00e1s destacable de esta magistral versi\u00f3n es otra cosa. En el lugar de una isla desierta, la acci\u00f3n se desarrolla en una c\u00e1rcel de mujeres. Esta circunstancia le agrega un plus, que la versi\u00f3n original no tiene. \u00bfPor qu\u00e9 una c\u00e1rcel de mujeres? La puesta \u2013dice Harriet Walter al comenzar\u2013 es en memoria de Hannah Wake, quien en 1981 particip\u00f3 de un robo armado a un banco. En ese momento, ten\u00eda una hija de once meses. El delito, que tuvo motivaciones pol\u00edticas, termin\u00f3 con tres muertos. Si bien Hannah tuvo un papel secundario pues conduc\u00eda un cami\u00f3n, recibi\u00f3, y con justicia, la condena m\u00e1s dura. Su actitud durante el juicio fue contestataria y desafiante, mostr\u00f3 una total ausencia de remordimiento, nunca dolor ni arrepentimiento por sus actos. Adem\u00e1s, pretendi\u00f3 la absoluci\u00f3n por tratarse de un delito pol\u00edticamente motivado. \u201cEn aquel entonces\u201d, resuena Wake, en la voz de Harriet Walter, \u201cyo era radical, mi mundo era blanco o negro\u201d. Por todo esto, el tribunal le dio la sentencia m\u00e1s larga: 75 a\u00f1os. \u00bfPor qu\u00e9, entonces, recordar a esta mujer? En 35 a\u00f1os, Wake reform\u00f3 su vida y su conciencia. Estudi\u00f3 dos carreras mientras cumpl\u00eda su condena y, seg\u00fan el testimonio de otras reclusas ya libres, las hab\u00eda ayudado a liberarse del resentimiento, a tomar conciencia de sus actos pasados y a intentar reformar sus mentes y sus corazones. Curiosamente, Hannah Wake confiesa haber transitado su desierto carcelario en compa\u00f1\u00eda de las obras de Shakespeare, que eran el tema principal de las clases de literatura que impart\u00eda a otras mujeres de su condici\u00f3n. La principal lecci\u00f3n fue el balance, la moderaci\u00f3n y la empat\u00eda.<br \/>\n<em>La Tempestad<\/em> es una mezcla de tragedia y comedia, cuyo cenit es el discurso final de Pr\u00f3spero, que depone sus poderes y su magia, pide perd\u00f3n y perdona a todos sus enemigos (que le hab\u00edan arrebatado el trono y atentado contra su vida y la de Miranda, su hija). Abandona su estrecho mundo de enso\u00f1aciones en el que estaba atrapado y, al final, pide clemencia al p\u00fablico. Como Hannah Wake, se libera del peso de sus culpas y del yugo del resentimiento, recupera el trono perdido y sella el v\u00ednculo con su m\u00e1s odiado enemigo a trav\u00e9s de los esponsales de Miranda con el hijo de su adversario. Despu\u00e9s de 35 a\u00f1os, Wake sale de su encierro y vuelve al mundo del que fue expulsada por la misma comunidad que hiri\u00f3 con sus actos. Esa misma comunidad que la conden\u00f3 y encerr\u00f3, la recibe nuevamente. En la voz de Harriet Walter, Hannah admite el remordimiento por actos que no se pueden des-hacer y se pregunta si es posible el perd\u00f3n.<br \/>\nHoy las mujeres estamos en el candelero con marchas, reclamaciones y reivindicaciones, en su mayor\u00eda positivas y acertadas. Esta original puesta en escena de <em>La Tempestad<\/em>, que traslada el drama a la c\u00e1rcel, a\u00fan siguiendo el parlamento original en ingl\u00e9s antiguo, es un muy logrado homenaje a la mujer por varias razones.<br \/>\nPrimero, una compa\u00f1\u00eda de mujeres interpreta magistralmente personajes masculinos, cuando en el siglo XVII era al rev\u00e9s: los actores interpretaban los pocos roles femeninos previstos por Shakespeare. Virtudes tradicionales como la compasi\u00f3n, el desapego y la abnegaci\u00f3n son exhibidas en el drama, no menos que la tan mentada inteligencia emocional, que es tan vieja como Esquilo y S\u00f3focles, y que Shakespeare conoc\u00eda muy bien. Estas, y otras cualidades, recrean la fisonom\u00eda de los roles masculinos, que ellas ejecutan. Esta extra\u00f1eza es el toque hilarante de la obra, pero el valor agregado est\u00e1 en que los h\u00e9roes de Shakespeare muestran su lado femenino y mudan en hero\u00ednas.<br \/>\nSegundo, la memoria de Hannah Wake no debe mal interpretarse. La obra no pretende elevarla a ejemplo de nada, pero es uno de esos pocos casos de criminales que se reformaron y sirvieron a otros a transitar el camino del cambio. Despu\u00e9s de 35 a\u00f1os, obtuvo el recurso de la clemencia del gobernador de Nueva York porque hab\u00eda dado sobradas muestras, a trav\u00e9s de tareas de ayuda social, de que pod\u00eda reinsertarse y cumplir un rol valioso en la sociedad. Su atributo decisivo fue la capacidad de superar un pasado abyecto y vergonzoso.Es justo recordar su caso porque, como el Pr\u00f3spero de La Tempestad, el final de su historia fue el remordimiento y el perd\u00f3n. En el caso de Hannah, se trata de un perd\u00f3n p\u00fablico e institucional, que merece destacarse como diferente al perd\u00f3n interpersonal. Este \u00faltimo exige un grado importante de intimidad, mientras que el primero necesita de la mediaci\u00f3n institucional. Cuando extrapolamos el perd\u00f3n al plano p\u00fablico, tendemos a asociarlo con la amnist\u00eda o el indulto que, mal administrados, son \u201cformas abusivas del olvido\u201d, seg\u00fan Paul Ricoeur. En este caso, el perd\u00f3n p\u00fablico alude a algo distinto.<br \/>\nTercero, cuando da\u00f1amos a otros o herimos a toda la comunidad a la que pertenecemos (como en el caso de homicidio), el perd\u00f3n es el \u00fanico remedio que intenta des-hacer lo hecho. Se trata de una instancia superadora que de ning\u00fan modo reemplaza a la justicia retributiva, que busca reconstruir un orden vulnerado o una armon\u00eda perdida. El perd\u00f3n no hace desaparecer el crimen, pero intenta desatar los lazos de hierro que sujetan al ofensor con ese acto del pasado. Sea p\u00fablico o privado, lo decisivo es que el perd\u00f3n depende de los otros, no de nosotros mismos. Por el recurso a la clemencia, la misma sociedad que la hab\u00eda condenado y expulsado le dio un voto de confianza y le asegur\u00f3 que su vida no quedar\u00eda estancada en ese crimen pasado, sino que pod\u00eda darle un golpe de tim\u00f3n y empezar de nuevo (aunque no \u201cde cero\u201d).<br \/>\n<em>La Tempestad<\/em> en prisi\u00f3n le imprime un sello femenino a roles netamente masculinos e ilustra la resiliencia de todo ser humano, encarnada en la historia de Hannah Wake. Adem\u00e1s, el desenlace de su derrotero hace que su historia pueda ser elevada a caso ejemplar de perd\u00f3n p\u00fablico.<br \/>\n\u201cEl canto de Ariel\u201d, el esp\u00edritu travieso bajo las \u00f3rdenes de Pr\u00f3spero, es un fragmento inspirador de <em>La Tempestad,<\/em> que alude precisamente a las muertes y a los renacimientos, los cambios y las transformaciones que el mar (o la c\u00e1rcel, o los desiertos de la vida, o el paso del tiempo) puede provocar: \u201c<em>A m\u00e1s de cinco brazas tu padre hundido est\u00e1; sus ojos son ya perlas y sus huesos coral; la arcilla de su cuerpo las olas cambiar\u00e1n en objetos preciosos de riqueza sin par<\/em>\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Tempestad es la \u00faltima tragicomedia escrita por William Shakespeare, en 1611. 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