{"id":13357,"date":"2017-05-04T09:11:27","date_gmt":"2017-05-04T12:11:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13357"},"modified":"2017-05-04T09:11:27","modified_gmt":"2017-05-04T12:11:27","slug":"debate-sobre-el-dios-que-piensa-sebreli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13357","title":{"rendered":"Debate sobre el Dios que piensa Sebreli"},"content":{"rendered":"<p>Con pluma \u00e1gil y aguda, Juan Jos\u00e9 Sebreli escribe <em>Dios en el laberinto\u00a0(Cr\u00edtica de las religiones)<\/em>, suerte de testamento autobiogr\u00e1fico de su agnosticismo militante. Queremos ce\u00f1irnos ahora solamente a los cuatro cap\u00edtulos del autor sobre el cristianismo y a su fundamento hist\u00f3rico.<br \/>\n<strong> Historicidad de Jes\u00fas fuera del Nuevo Testamento<\/strong><br \/>\nSebreli sostiene que \u201ces nula la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre Jes\u00fas, nada se sabe sobre Bel\u00e9n, toda Judea era una zona semides\u00e9rtica\u2026 Jes\u00fas tuvo tan poca relevancia en vida que Flavio Josefo en las Antig\u00fcedades Jud\u00edas del 93 apenas si le dedica un p\u00e1rrafo, discutido si es interpolado\u201d (p.138). Sin embargo, el ex\u00e9geta norteamericano John P. Meier, profesor en Notre Dame, considera hist\u00f3ricas dos menciones del libro de Flavio Josefo: 1. la de la muerte de Santiago hermano del Se\u00f1or, en el 62, en lo que concuerda con Sebreli, salvo en su presunta interpolaci\u00f3n; y 2. la del p\u00e1rrafo sobre Jes\u00fas y su muerte, considerada en su n\u00facleo, admitiendo interpolaciones secundarias que Meier omite para reconstruir convincentemente el texto original (Cf. J.P.Meier, El Jud\u00edo Marginal, 1,1, p.80 y ss).<br \/>\nA su vez, T\u00e1cito, en los Anales, a prop\u00f3sito de la persecuci\u00f3n de Ner\u00f3n contra los cristianos, menciona a Cristo muerto bajo Tiberio y Poncio Pilatos (p. 139). Y Plinio el Joven, pro c\u00f3nsul en Bitinia (a\u00f1os 111-113), habla de la costumbre de los cristianos de reunirse para salmodiar \u201ca Cristo como a un dios\u201d. De modo entonces que las menciones de Flavio Josefo, T\u00e1cito y a su modo Plinio, aparte del cuerpo del Nuevo Testamento, constituyen una verdadera documentaci\u00f3n hist\u00f3rica v\u00e1lida sobre la existencia concreta e hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret.<br \/>\nHistoricidad de Jes\u00fas dentro del Nuevo Testamento<br \/>\nPasamos ahora al Nuevo Testamento. Para Sebreli, \u201cUna biograf\u00eda de Jes\u00fas desde el punto de vista hist\u00f3rico, cr\u00edtico, es (\u2026) una tarea \u00edmproba, pues no existe otra fuente que los evangelios y en \u00e9stos es poco lo que queda si se quiere prescindir de lo sobrenatural. La intenci\u00f3n de los ap\u00f3stoles no era hacer historia sino propaganda\u201d (p.137). Aqu\u00ed radica quiz\u00e1s el meollo de la cuesti\u00f3n a plantearle al autor: si el car\u00e1cter kerygm\u00e1tico de los evangelios les quita toda plausibilidad hist\u00f3rica por el hecho de incluir en s\u00ed mismos lo sobrenatural, lo extraordinario, a saber, la pretensi\u00f3n de describir la intervenci\u00f3n divina en la historia categorial y concreta en el mundo, y en un momento del decurso de la historia de los hombres. O si, por el contrario, m\u00e1s all\u00e1 del t\u00edtulo de \u201cbiograf\u00eda\u201d al estilo contempor\u00e1neo del siglo XXI, no se puede estar abierto y dar cr\u00e9dito a relatos que son simult\u00e1neamente kerygm\u00e1ticos y con un valor hist\u00f3rico determinado (hist\u00f3rico se dice en forma an\u00e1loga), en tanto describen hechos y palabras concretos, que causaron una \u201cimpresi\u00f3n\u201d tal en los testigos (James D. G. Dunn, 2007, p.80) que guardaron su memoria en tiempos no demasiado largos, primero en forma oral y luego en forma escrita, en el curso de pocas generaciones, ya que el \u00faltimo de los evangelios no datar\u00eda de m\u00e1s all\u00e1 de principios del siglo II.<br \/>\nRecordamos siempre a Romano Guardini en sus discusiones con Koch, Bultmann y Loisy, para quien lo que los testigos describen son introducciones a la plenitud del Dios-hombre, siempre rezagadas en lo que relatan sobre una figura que los sobrepasa, pero que pueden, sin embargo, transmitir. No exageran, sino que introducen a la figura deslumbrante, que siempre los supera (Realidad humana del Se\u00f1or, 1989, p.17). No hay mito que exagera, sino relato que trata de describir una figura extraordinaria y real.<br \/>\nLos evangelios tienen una total falta de rigor hist\u00f3rico para Sebreli (p.145): \u201cLos evangelios son panfletos de propaganda carente de objetividad. Las investigaciones hist\u00f3ricas actuales m\u00e1s serias, acompa\u00f1adas por los estudios arqueol\u00f3gicos, entran en conflicto con la mayor parte de lo narrado en los libros sagrados\u201d (p.147). Aqu\u00ed depende de la fuente de investigaci\u00f3n a la que uno desee remitirse. El suizo cristiano Daniel Marguerat, profesor en Lausanne, sostiene que no tenemos informaci\u00f3n m\u00e1s amplia de un hombre de la Antig\u00fcedad que la que tenemos sobre Jes\u00fas. Por su parte, los estudios contempor\u00e1neos no hacen sino destacar la judeidad de Jes\u00fas, como dir\u00eda Olegario Gonz\u00e1lez de Cardedal, y su conciencia de estar en continuidad con el primer Testamento.<\/p>\n<p><strong>El tema de la inspiraci\u00f3n y la revelaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nPara Sebreli, \u201cLas cartas de Pablo y el comienzo de Lucas reconocen que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo fueron escritos por hombres comunes. Por lo tanto aun los creyentes no pueden eludir una interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica y una cr\u00edtica racional. Pocos te\u00f3logos actuales se atreven a seguir hablando de textos sagrados, revelados directamente por Dios (p.149)\u201d.<br \/>\nPareciera existir en el autor un equ\u00edvoco fundamental sobre lo que es el misterio de la inspiraci\u00f3n, y lo que significan libros escritos inspirados en una comunidad creyente a partir de los relatos orales de testigos oculares, que dan testimonio de su fe, y que terminan cristaliz\u00e1ndose por escrito, en generaciones sucesivas, dentro de un tiempo notablemente corto, que va desde la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas hacia el a\u00f1o 30 de nuestra era, hasta el evangelio de Juan, hacia el 100 despu\u00e9s de Cristo. Pareciera que para Sebreli el c\u00e9lebre cuadro de Caravaggio de Mateo inspirado por el \u00e1ngel fuera el modelo de toda inspiraci\u00f3n.<br \/>\nEn este sentido, el t\u00edtulo de una obra de Rudolf Schnackenburg (W\u00fcrzburg), Jes\u00fas en el espejo de los cuatro evangelios, refleja con acierto la figura m\u00faltiple y convergente, plausible, de Jes\u00fas en el Nuevo Testamento. Recordamos que el evangelio de Marcos, vinculado veros\u00edmilmente a Pedro y Pablo, habr\u00eda sido escrito hacia el a\u00f1o 70; el de Mateo, dirigido a una comunidad judeo-cristiana, habr\u00eda sido escrito hacia el 80-90; Lucas-Hechos, con un Lucas quiz\u00e1s cercano a Pablo, escrito hacia el 85-90; y el evangelio de Juan, escrito en la comunidad jo\u00e1nica, hacia fin de siglo.<\/p>\n<p><strong>El tema de la Trinidad y su antig\u00fcedad<\/strong><br \/>\nPara Sebreli, siempre influenciado por el te\u00f3logo luterano alem\u00e1n Adolf Von Harnack y su teor\u00eda de la helenizaci\u00f3n de la base b\u00edblica, resulta extra\u00f1o que ideas tan complicadas como la Trinidad hubieran sido esbozadas por los cristianos primitivos de Galilea; la doctrina fue un injerto posterior a su muerte (p.151).<br \/>\nY sin embargo, como lo muestran las investigaciones actuales, la antig\u00fcedad de los t\u00edtulos de Hijo de Dios, Se\u00f1or o Kyrios (t\u00edtulo divino), Mes\u00edas, Hijo del hombre es tal, que Martin Hengel (T\u00fcbingen) y Larry Hurtado (Edinburgh) los sit\u00faan ya en la d\u00e9cada del 30 (a\u00f1o de la muerte del Jes\u00fas), en himnos donde Jes\u00fas Hijo es asociado a Dios en la piedad devocional lit\u00fargica, himnos retomados por Pablo en sus cartas (Fil.2, 6 ss; Rom1,2 ss, 1 Co.8,6 y ss,) en la d\u00e9cada del cincuenta.<br \/>\nHurtado sostiene que no hay desarrollo de una \u201cdivinizaci\u00f3n\u201d de Jes\u00fas que sea paulatina, estudiable o descifrable, sino que en los escritos desde el comienzo se encuentra uno con estos himnos transcriptos, donde se ora al Se\u00f1or en forma inmediata, de modo que la conciencia de la divinidad de Jes\u00fas, asociada a Dios Padre (lo que ser\u00e1 luego la Trinidad: Padre, Hijo, Esp\u00edritu) es inmediata despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n. No hay tal proceso de helenizaci\u00f3n posterior, como lo sosten\u00eda Harnack, sino que la helenizaci\u00f3n verdadera tiene caracteres diferentes. Clemente romano, la Didaj\u00e9, Justino, Ireneo hablan ya de la Trinidad durante el siglo II, antes de Tertuliano.<br \/>\nSe advierte que el autor parte de la historia de las religiones y pretende aplicar su molde al juda\u00edsmo y al cristianismo, con mayor o menor \u00e9xito. Sebreli afirma con iron\u00eda: \u201cEs un enigma que un personaje desconocido para la historia, con una breve vida activa haya convocado las suficientes voluntades para convertirse en un personaje tan trascendental (p.152). S\u00f3lo una combinaci\u00f3n imprevisible de circunstancias debieron darse para que hoy sigamos ocup\u00e1ndonos de ese hombrecito que pas\u00f3 inadvertido en su breve vida\u201d (p.154).<br \/>\nY luego: \u201cLa ra\u00edz griega del cristianismo no est\u00e1 en Jes\u00fas ni en Israel, que no ten\u00eda acceso a esta cultura, sino en los judeocristianos de la di\u00e1spora. Jes\u00fas ignor\u00f3 la filosof\u00eda hel\u00e9nica, no estaba capacitado para comprenderla por su exigua formaci\u00f3n, y por otra parte no hab\u00eda nadie en Galilea y en su modesto entorno que pudiera ense\u00f1\u00e1rsela\u201d (p.159). En realidad, la ra\u00edz griega del cristianismo viene del Primer testamento, de los libros sapienciales, de los jud\u00edos que viv\u00edan en Alejandr\u00eda y hab\u00edan hecho la traducci\u00f3n de los Setenta. El autor subraya con acierto la importancia de Alejandr\u00eda, pero es preciso adelantar al tercer siglo antes de Cristo esta influencia cultural decisiva, que tendr\u00e1 luego continuidad en un mundo helenizado que hablaba y le\u00eda un griego m\u00e1s o menos popular, koin\u00e9, en la vida cotidiana. Y que perdura bajo la dominaci\u00f3n romana.<\/p>\n<p><strong>Neoplatonismo y Cristianismo<\/strong><br \/>\nLa trinidad de Plotino no tiene nada en com\u00fan con la Trinidad cristiana. No hay en Plotino creaci\u00f3n sino emanaci\u00f3n \u00faltimamente negativa, ya que todo viene de la ca\u00edda en el ser a partir del Uno por el Nous y el Alma del mundo. No hay en Plotino la idea de la positividad de lo creado y la positividad de lo m\u00faltiple. El concepto de creaci\u00f3n judeo-cristiano supone una libertad del Dios creador y consecuentemente una positividad de lo creado, del hombre libre llamado al ser, a la gracia, a la bienaventuranza.<br \/>\nSebreli afirma que \u201cno obstante Fil\u00f3n, el neoplatonismo y las sectas espiritualistas, neopitag\u00f3ricas y gn\u00f3sticas \u2013muy evidentes en Juan\u2013 coincid\u00edan en un espiritualismo extremo, dualidad entre cuerpo y alma, materia inferior al esp\u00edritu\u201d (p.164). No es claro que Juan sea espiritualista, en tanto muchos pasajes jo\u00e1nicos subrayan el cuerpo y la carne contra el docetismo. Lo que Tertuliano expresa en su sentencia: \u201cLa carne es el quicio de la salvaci\u00f3n\u201d.<br \/>\nEl autor afirma que \u201cArrio negaba que el Hijo fuera igual al Padre y cuestionaba la eternidad de Jes\u00fas pues hab\u00eda nacido de mujer. Cristo era profeta\u2026Condenado en el S\u00ednodo de Antioqu\u00eda del 320\u201d (p.190). Por su parte, el Pseudo Dionisio es un monje del siglo VI, y no del siglo IV, como afirma el autor.<br \/>\nY sin embargo es precisamente Arrio quien puede haber estado en contacto con Plotino (cf. R.Williams, Oxford), y su afirmaci\u00f3n de la inferioridad del Hijo es la que es condenada en Nicea en el 325, con la definici\u00f3n de la consubstancialidad del Hijo con el Padre, completada luego en el Constantinopolitano I del 381, que define la divinidad del Esp\u00edritu Santo.<br \/>\nEn la exposici\u00f3n del autor parece ausente el meollo del mensaje de Jes\u00fas, el amor. Y precisamente el tema de la Trinidad de personas fundamenta el amor interpersonal de Padre, Hijo y Esp\u00edritu. Y, a su vez, el amor ilumina el sentido del ser como amor en lo mejor de la filosof\u00eda jud\u00eda (Buber, L\u00e9vinas) y cristiana contempor\u00e1nea (Ulrich, Marion, Oster, Hemmerle).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con pluma \u00e1gil y aguda, Juan Jos\u00e9 Sebreli escribe Dios en el laberinto\u00a0(Cr\u00edtica de las religiones), suerte de testamento autobiogr\u00e1fico de su agnosticismo militante. 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