{"id":13361,"date":"2017-05-04T09:19:56","date_gmt":"2017-05-04T12:19:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13361"},"modified":"2017-05-04T09:19:56","modified_gmt":"2017-05-04T12:19:56","slug":"criterio-90-anos-la-revista-que-me-toco-vivir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13361","title":{"rendered":"CRITERIO 90 A\u00d1OS. La revista que me toc\u00f3 vivir"},"content":{"rendered":"<p><em>Pablo Capanna es fil\u00f3sofo, docente y ensayista; nacido en la ciudad de Florencia y radicado en la Argentina desde sus 10 a\u00f1os. Gran parte de su obra explora temas y autores de la ciencia ficci\u00f3n. Ha colaborado en distintas publicaciones como <\/em>El P\u00e9ndul<em>o, <\/em>Minotauro<em>, <\/em>Revista \u00d1<em> y<\/em> P\u00e1gina\/12<em>. Fue editorialista y vicedirector de CRITERIO y en la actualidad sigue colaborando con art\u00edculos. <\/em><\/p>\n<p>Que una revista cultural se encamine a cumplir noventa a\u00f1os de publicaci\u00f3n ininterrumpida, es algo tan ins\u00f3lito que merecer\u00eda el dudoso honor de figurar en el Guinness. Y si la revista es argentina, ser\u00e1 m\u00e1s improbable a\u00fan, considerando nuestra cr\u00f3nica inestabilidad y lo ef\u00edmero de nuestras publicaciones.<br \/>\nComo sobreviviente del equipo que hizo la revista en la etapa anterior, me han pedido un testimonio de ese tiempo. CRITERIO naci\u00f3 once a\u00f1os antes que yo y quiz\u00e1s me dedicar\u00e1 unas l\u00edneas cuando deje este mundo, porque doy por seguro que me sobrevivir\u00e1. Mi paso por CRITERIO abarc\u00f3 treinta a\u00f1os, entre 1971 y 2001. De las etapas previas s\u00f3lo me llegaron tradiciones orales, pero me consta que en los a\u00f1os que me toc\u00f3 vivir la revista pas\u00f3 por varias crisis, nunca dej\u00f3 de tener problemas econ\u00f3micos, cambi\u00f3 varias veces de direcci\u00f3n y hasta de personer\u00eda jur\u00eddica, pero con la ayuda de Dios logr\u00f3 sobrevivir.<br \/>\nComo nadie conoc\u00eda el importe de los \u201csueldos\u201d casi simb\u00f3licos que gan\u00e1bamos los redactores, las teor\u00edas conspirativas arreciaban. \u201c\u00bfQui\u00e9n banca esta revista?\u201d me pregunt\u00f3 Osvaldo Soriano, quien me vino a ver a CRITERIO poco antes de exiliarse. Era la pregunta que se le ocurr\u00eda a muchos, y que s\u00f3lo los m\u00e1s audaces se animaban a hacer.<br \/>\nLas hip\u00f3tesis que circulaban eran bastante pintorescas, seg\u00fan el estilo de la paranoia argentina. Para la derecha CRITERIO viv\u00eda \u201cdel oro de Mosc\u00fa y de una fundaci\u00f3n polaca\u201d; para la izquierda depend\u00eda \u201cdel oro del Vaticano\u201d, que seguramente hab\u00eda hipotecado la Capilla Sixtina para mantenerla. Conociendo por dentro la revista y la precariedad de sus finanzas uno se tentar\u00eda de pensar que su sponsor era el Esp\u00edritu Santo. De no ser porque este \u00faltimo se dedica m\u00e1s a iluminar las conciencias que a sostener revistas culturales.<br \/>\nA pesar de lo que muchos cre\u00edan, la publicaci\u00f3n tampoco era el vocero de la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. Quienes la hac\u00edamos \u00e9ramos casi todos laicos. Algunos miembros de la jerarqu\u00eda sent\u00edan gran estima por ella, pero los m\u00e1s populistas la despreciaban por sus posturas liberales.<br \/>\nEvaluar las huellas que dej\u00f3 CRITERIO en la sociedad durante esos a\u00f1os es tarea de los historiadores, que ya han puesto manos a la obra. Por lo que a m\u00ed respecta, dir\u00e9 que apenas tuve un papel de reparto en una obra escrita y dirigida por otros. Es por eso que prefiero dejar los juicios de valor para quien tenga una perspectiva m\u00e1s distanciada, y limitarme a hablar de mis experiencias.<br \/>\nLlegu\u00e9 de la mano del padre Enrique Fabbri, un jesuita a quien mucho le debo. Hac\u00eda pocos a\u00f1os que hab\u00eda egresado de Filosof\u00eda, y ten\u00eda publicado un libro que reci\u00e9n ser\u00eda reconocido cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde: el m\u00edo no era un curriculum demasiado brillante. Fabbri me recomend\u00f3 a Ferm\u00edn Fevre para que hiciera cr\u00edtica de libros, esa tarea que todos evitaban. Hay que recordar que entonces el pa\u00eds ten\u00eda la mitad de habitantes que ahora, pero se publicaba el doble de libros, y los lectores sol\u00edan hacerle caso a la cr\u00edtica.<br \/>\nAl poco tiempo me anim\u00e9 a presentar alg\u00fan art\u00edculo de filosof\u00eda, y pas\u00e9 a frecuentar cada vez m\u00e1s la redacci\u00f3n. Un d\u00eda recib\u00ed un llamado telef\u00f3nico del director, el futuro cardenal Jorge Mej\u00eda, quien me invit\u00f3 de manera formal a integrar el Consejo de Redacci\u00f3n. Apostar por un joven como yo era bastante arriesgado, pero con el tiempo me di cuenta de que entonces todos \u00e9ramos bastante j\u00f3venes, y que CRITERIO estaba por entrar en otra etapa.<br \/>\nA fines de 1971 asist\u00ed a la primera de las reuniones de los martes. El primer y el tercer martes de cada mes se planeaba qu\u00e9 dir\u00eda la revista en su pr\u00f3xima entrega, y se decid\u00eda qui\u00e9n habr\u00eda de escribir el editorial y los comentarios de actualidad. Los martes restantes eran para leer, criticar y editar el texto definitivo. Tambi\u00e9n se defin\u00eda qu\u00e9 art\u00edculos se incluir\u00edan en el pr\u00f3ximo n\u00famero: la mayor\u00eda eran originales, aunque hab\u00eda muchos traducidos (a veces por m\u00ed) de <em>La Civilt\u00e1 Cattolica<\/em>, de <em>\u00catudes<\/em> y otras publicaciones.<br \/>\nEn las circunstancias actuales, el ritmo de la informaci\u00f3n no admite pausas para la reflexi\u00f3n, de modo que las redacciones se han convertido en talleres de montaje donde se ensambla el material que llega por correo electr\u00f3nico. A muchos les costar\u00e1 creer que todav\u00eda se discuta en torno a una mesa.<br \/>\nRecuerdo el primer editorial que le escuch\u00e9 leer a Carlos Floria. Carlos era por entonces el decano de los consejeros, pero atendi\u00f3 respetuosamente la \u00fanica objeci\u00f3n (creo que gramatical) que me anim\u00e9 a hacer. El tema era nada menos que \u201cChina, el gigante que despierta\u201d: algo que hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os parec\u00eda decididamente fant\u00e1stico. Basta repasar la colecci\u00f3n para encontrar cosas tan sorprendentes como esa: desde la propuesta de crear la figura del ombudsman y las sugerencias de reformas constitucionales hasta los mejores an\u00e1lisis electorales de cada momento.<br \/>\nNo hace muchos a\u00f1os que hemos visto jerarquizar las figuras del editorialista y del columnista, que entonces eran casi an\u00f3nimos. Por el contrario, en CRITERIO el editorial era (y sigue siendo) un espacio privilegiado pero sin firma, al que s\u00f3lo circunstancialmente acced\u00eda alg\u00fan especialista invitado. Discutir su contenido, sus argumentos y conclusiones era todo un ritual, que culminaba la semana siguiente con un acabado an\u00e1lisis del texto, que reci\u00e9n se mandaba a componer.<br \/>\nEn todos esos a\u00f1os tuve que escribir muchos editoriales. La tarea siempre me demand\u00f3 el doble de esfuerzo que cualquier otro texto, porque implicaba ser el vocero de mis colegas, escribiendo del modo m\u00e1s impersonal posible. Sin embargo, tanto ese ejercicio como la necesidad de ocuparme de temas poco transitados me ayudaron a formar un estilo.<br \/>\nEl otro rito, tan importante como el editorial, era definir con mucha anticipaci\u00f3n el tema al cual la revista le dedicar\u00eda su n\u00famero especial de Navidad. \u00c9ste era un verdadero libro: una colecci\u00f3n de ensayos en torno a un mismo tema, que sol\u00eda contar con prestigiosas firmas. La gesti\u00f3n de todo ese proyecto, que iba desde formular las invitaciones hasta editar el material recibido, corr\u00eda por cuenta de Marcelo Montserrat, quien se ocupaba de la tarea durante casi todo el a\u00f1o. Detr\u00e1s estaba el invisible pero imprescindible apoyo de Elena Kiyamu, quien nunca dej\u00f3 de cuidar la edici\u00f3n de la revista, una responsabilidad de la cual todos sol\u00edamos desentendernos.<br \/>\nDurante la mayor\u00eda de esos a\u00f1os, la direcci\u00f3n corri\u00f3 por cuenta del padre Rafael Braun, pero de hecho era casi colegiada: estaba a cargo del triunvirato de polit\u00f3logos que formaban Braun, Natalio Botana y Carlos Floria.<br \/>\nNunca llegamos a ponernos de acuerdo para decidir si CRITERIO deb\u00eda ser una revista de pol\u00edtica y econom\u00eda con una buena secci\u00f3n sobre religi\u00f3n, o bien una revista religiosa con buenas columnas de pol\u00edtica y econom\u00eda. No encontramos la f\u00f3rmula del equilibrio perfecto, quiz\u00e1s porque era inalcanzable. Tampoco faltaban los lectores veteranos que lamentaban la decadencia de la revista y los lectores j\u00f3venes que esperaban de ella cosas muy distintas. Pero a pesar de las discusiones, siempre tan corteses como cordiales, creo que logramos un equilibrio aceptable.<br \/>\nEn lo personal, era casi inevitable que mi presencia fuera un tanto an\u00f3mala dentro del grupo, siendo el \u00fanico que viv\u00eda en el conurbano y se las arreglaba con un magro sueldo de profesor universitario. La mayor\u00eda de mis colegas eran de otra condici\u00f3n social, pero siempre me sent\u00ed tratado como un par, y creo que si alguien tuvo alg\u00fan prejuicio se cuid\u00f3 de no mostrarlo.<br \/>\nConservadores y progresistas coincid\u00edan en acusar a CRITERIO de liberalismo, m\u00e1s por sus posturas econ\u00f3micas que por sus actitudes en cuanto a pol\u00edtica y cultura. S\u00f3lo les faltaba reconocer que CRITERIO tambi\u00e9n practicaba la tolerancia, que es la mejor virtud del liberalismo. Se dir\u00e1 que la tolerancia es apenas el umbral del di\u00e1logo y que \u00e9ste, para ser fecundo, debe sumar otras actitudes. Pero en un pa\u00eds como el nuestro, con una lamentable historia de autoritarismo, la tolerancia sigue siendo un valor tan deseable como escaso.<br \/>\nMuchos de los intelectuales que conoc\u00ed a lo largo de mi vida eran incapaces de aventar las habituales fantas\u00edas anticlericales y se extra\u00f1aban al enterarse de mi paso por CRITERIO. M\u00e1s de una vez me preguntaron si nunca hab\u00eda sufrido censura, pero quedaban m\u00e1s perplejos aun cuando les explicaba que eso era desconocido en la revista. Siempre me hab\u00edan dado espacio para escribir sin condicionamientos sobre temas poco comunes, que jam\u00e1s hubiese admitido cualquier otra revista \u201cde inter\u00e9s general\u201d.<br \/>\nSi hay algo que habr\u00eda que lamentar es el clima de frialdad acad\u00e9mica que reinaba sobre las relaciones personales. El di\u00e1logo siempre estaba limitado a los temas de la revista y parec\u00eda de mal gusto hablar de las vicisitudes personales, incluso fuera de las reuniones. Carlos Floria dijo alguna vez que la redacci\u00f3n era una suerte de club ingl\u00e9s con muchos caballeros y una sola dama. El Consejo ten\u00eda una periferia por la cual pasaba gente que dej\u00e1bamos de ver por un a\u00f1o y reaparec\u00eda un buen d\u00eda para reanudar el di\u00e1logo como si nada. Algunos nos fuimos en silencio sin que nadie llegara a darse cuenta, mientras que unos cuantos otros aparecieron y desaparecieron sin dejar huellas.<br \/>\nCon todo, en momentos dif\u00edciles sent\u00ed la solidaridad de la gente de CRITERIO, y all\u00ed trab\u00e9 un par de amistades perdurables. Pensemos que todos pertenec\u00edamos a una generaci\u00f3n que hab\u00eda sido educada de ese modo; a todos nos hab\u00edan ense\u00f1ado a reprimir los sentimientos y a relacionarnos en un nivel m\u00e1s formal que emp\u00e1tico. Las nuevas generaciones tendr\u00e1n otros defectos, pero me atrever\u00eda a decir que por lo que nos cabe, hicimos todo lo que pudimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo Capanna es fil\u00f3sofo, docente y ensayista; nacido en la ciudad de Florencia y radicado en la Argentina desde sus 10 a\u00f1os. 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