{"id":13381,"date":"2017-03-04T18:54:56","date_gmt":"2017-03-04T21:54:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13381"},"modified":"2017-05-04T19:06:54","modified_gmt":"2017-05-04T22:06:54","slug":"justicia-yo-misericordia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13381","title":{"rendered":"\u00bfJusticia y\/o misericordia?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><em>Sobre la compleja y necesaria complementariedad entre el derecho y las virtudes cristianas en la vida social, donde la prudencia es maestra.\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>\u201c\u2026no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo\u2026 mu\u00e9strate piadoso y clemente; porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, m\u00e1s resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia\u201d<em> (Consejos de Don Quijote a Sancho para el buen gobierno de la \u00cdnsula, L\u00b0 II, Cap. XLII) <\/em><\/strong><\/p>\n<p>El Jubileo Extraordinario de la Misericordia recientemente concluido ha significado una oportunidad privilegiada para centrarnos en la misericordia. En la misericordia de Dios, ante todo, que \u201cse ha hecho viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jes\u00fas de Nazaret\u201d(1); pero tambi\u00e9n, a partir de esa experiencia, en la dimensi\u00f3n horizontal de la misericordia, en la misericordia del hombre para con el hombre, ya que estamos llamados a \u201cdar testimonio de la misericordia de Dios\u201d (2), a ser \u201csigno eficaz\u201d de ella (3). Justamente, el lema elegido para el A\u00f1o Santo ha sido \u00e9ste: \u201cMisericordiosos como el Padre\u201d (4).<br \/>\nHe aqu\u00ed entonces nuestra tarea, hoy: ser testigos, signos eficaces de la misericordia de Dios entre los hombres. \u00bfCu\u00e1ndo?, como ejercicio cotidiano. \u00bfC\u00f3mo?, de m\u00faltiples maneras, como lo evidencia tradicional enunciaci\u00f3n de las \u201cobras de misericordia\u201d, corporales y espirituales. \u00bfD\u00f3nde?, en todos los \u00e1mbitos de la vida social: familia, educaci\u00f3n, trabajo, pol\u00edtica, Iglesia.<br \/>\nPero en ese ejercicio cotidiano de la misericordia nos encontramos con la cuesti\u00f3n de la justicia, siempre presente en la convivencia humana. \u00bfEs justo respetar la vida y la conciencia ajena? \u00bfEs justo cumplir los compromisos libremente asumidos? \u00bfEs justo reparar el da\u00f1o causado a otro? \u00bfEs justo pagar los impuestos legalmente establecidos? \u00bfEs justo que los gobiernos construyan las bases necesarias para un desarrollo integral de las personas, con igualdad de oportunidades? \u00bfEs justo evitar discriminaciones arbitrarias? \u00bfEs justo todo ello? \u00bfSiempre, en qu\u00e9 condiciones? He aqu\u00ed preguntas insoslayables, en esas y otras situaciones semejantes, si no se quiere que la vida social quede librada solo a la pasi\u00f3n, el inter\u00e9s y el poder. Pero en tal caso, \u00bfqu\u00e9 papel corresponde a la misericordia y cu\u00e1l es su relaci\u00f3n con la justicia?<br \/>\nSeg\u00fan la cl\u00e1sica definici\u00f3n de Ulpiano, recogida por Santo Tom\u00e1s de Aquino, la justicia es la \u201cperpetua y constante voluntad de dar a cada uno su derecho\u201d(5). Se halla en juego, pues, el derecho de cada uno, lo suyo de cada cual, como medida de lo justo. Por ello la justicia no es el campo del don, de lo gratuito; es el campo de la obligaci\u00f3n, de hacer o de no hacer lo que es debido. Y posee gran amplitud. Comprende lo debido entre los individuos (la justicia conmutativa), lo debido por el individuo a la comunidad (la justicia legal) y lo debido por la comunidad al individuo (la justicia distributiva). Todos los \u00e1mbitos de las relaciones sociales pueden as\u00ed estar sometidos a las exigencias de la justicia.<br \/>\nLa palabra misericordia, de origen latino, une dos t\u00e9rminos: miseri (miseria, pobreza) y cor, cordis (coraz\u00f3n). Sugiere as\u00ed tener coraz\u00f3n con la pobreza y posee an\u00e1logo significado que otras palabras semejantes del mismo origen, como conmiseraci\u00f3n, compadecer, conmover, condolencia. Pero cristianamente la misericordia es mucho m\u00e1s: es expresi\u00f3n del amor. Este puede manifestarse ante la riqueza o la pobreza del otro. Ante su riqueza, y es entonces gozo y celebraci\u00f3n; o ante la pobreza de ese otro, en cuyo caso el amor es misericordia. Por lo tanto, la misericordia no es mero sentimiento ante el dolor ajeno ni puro acto de comprensi\u00f3n de esa pobreza, como tampoco aceptaci\u00f3n lisa y llana de situaciones inaceptables; es amor traducido en compromiso concreto con la persona del otro para socorrerlo en sus necesidades, cualquiera sea su \u00edndole (material, social, f\u00edsica, moral), manifest\u00e1ndose de distintas maneras seg\u00fan las situaciones. Juan Pablo II habla del \u201camor que prevalece\u201d sobre la miseria (DM, 4).<br \/>\nEntonces, \u00bfc\u00f3mo juega la misericordia, en cuanto expresi\u00f3n del amor, en las situaciones regidas por la justicia y por ende por el derecho y el deber?<br \/>\nPara responder a esta pregunta conviene detenerse en tres etapas que pueden encontrarse en el camino que lleva a la justicia. Primera, la determinaci\u00f3n de lo justo; segunda, el cumplimiento de lo justo; tercera, la restauraci\u00f3n de la justicia violada. Deteng\u00e1monos en cada una de esas etapas.<br \/>\nEn la primera, concerniente a la determinaci\u00f3n de lo justo, es preciso tener presente que esta medida posee su propio fundamento y su propia l\u00f3gica, dados , en general, por el derecho natural y la ley. No puede ser confundido, pues, con el fundamento y la l\u00f3gica de la misericordia, dados por el amor. Lo justo es tal objetivamente, con arreglo al derecho natural y la ley positiva, y no en virtud de un gesto de misericordia. Respetar la vida y la conciencia ajena, cumplir los compromisos libremente asumidos, reparar el da\u00f1o causado, pagar los impuestos legalmente establecidos, promover la igualdad de oportunidades con vistas a un desarrollo integral de todas las personas y evitar discriminaciones arbitrarias son en principio exigencias de la justicia, no frutos de la misericordia. En esta instancia la misericordia no equivale entonces a la justicia ni debe sustituci\u00f3n. Es m\u00e1s, esa sustituci\u00f3n podr\u00eda llevar al encubrimiento de grandes injusticias.<br \/>\nPero lo justo debe ser determinado y ello implica un proceso en el cual la misericordia puede encontrar su lugar. Los grandes principios del derecho natural deben ser especificados prudencialmente por la ley positiva, y en esa tarea el legislador tiene amplio margen de acci\u00f3n, en especial trat\u00e1ndose de la justicia legal y distributiva. Asimismo, en la aplicaci\u00f3n de esos principios y preceptos generales a los casos concretos, los miembros de la comunidad cuentan, en el marco de la autonom\u00eda de la voluntad particular, con suficiente libertad para definir los t\u00e9rminos de sus propias relaciones jur\u00eddicas; y tambi\u00e9n los jueces, en el ejercicio de sus facultades discrecionales, al resolver los conflictos de derecho que se plantean. En todos esos momentos la misericordia puede estar presente en la determinaci\u00f3n de lo justo. La solidaridad, valor jur\u00eddico que puede exigir asumir como propias cargas ajenas, constituye un punto de encuentro entre la justicia y la misericordia.<br \/>\nA su vez, en la segunda etapa, relativa al cumplimiento de la justicia, la misericordia puede jugar al menos de dos maneras: como motivaci\u00f3n del acto justo y en tanto permite ir m\u00e1s all\u00e1 del mismo, enriqueci\u00e9ndolo.<br \/>\nEn efecto, obrar con justicia es arduo. No siempre es f\u00e1cil determinar lo justo en concreto; y a\u00fan logrado, tampoco son menores los obst\u00e1culos exteriores e interiores que conspiran contra su realizaci\u00f3n. Entre estos \u00faltimos, la indiferencia, el ego\u00edsmo, la enemistad y el odio frustran con frecuencia esa voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo suyo que es propia de la virtud de la justicia, seg\u00fan la caracterizaci\u00f3n antes recordada. La misericordia puede entonces reforzar esa voluntad de dar a cada uno lo suyo. Como amor que prevalece frente a la miseria ajena, ella descubre de manera viva el rostro de ese otro a quien es preciso reconocer su derecho, m\u00e1s all\u00e1 de abstracciones, distancias y resistencias. Cuando hay misericordia, es m\u00e1s f\u00e1cil ser justo, sobre todo con el pobre, visto no solo como deudor o acreedor sino como persona necesitada. El derecho de familia, el derecho laboral y el derecho penal son campos f\u00e9rtiles para esa presencia motivante de la misericordia, as\u00ed como el ampl\u00edsimo campo de la justicia social.<br \/>\nPor otro lado, la misericordia permite ir m\u00e1s all\u00e1 de la justicia. Esta responde a la l\u00f3gica de la igualdad, la equivalencia, la proporcionalidad. La misericordia, en cambio, como expresi\u00f3n del amor, es esencialmente don. Trasciende as\u00ed esa l\u00f3gica de la justicia y permite llegar hasta la renuncia del derecho propio o a dar m\u00e1s de lo debido, con dignificaci\u00f3n tanto del que da como del que recibe. En tal sentido, Juan Pablo II ha escrito: La experiencia del pasado y de nuestros tiempos demuestra que la justicia por s\u00ed sola no es suficiente y que, m\u00e1s a\u00fan, puede conducir a la negaci\u00f3n y al aniquilamiento de s\u00ed misma, sin no se le permite a esa forma m\u00e1s profunda que es el amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones. Ha sido ni m\u00e1s ni menos la experiencia hist\u00f3rica la que entre otras cosas ha llevado a formular esta aserci\u00f3n: <em>summun ius, summa iniuria<\/em>. Tal afirmaci\u00f3n no disminuye el valor de la justicia ni aten\u00faa el significado del orden instaurado sobre ella; indica solamente, en otro aspecto, la necesidad de recurrir a las fuerzas del esp\u00edritu, m\u00e1s profundas a\u00fan, que condicionan el orden mismo de la justicia\u201d. Y m\u00e1s adelante a\u00f1ade: As\u00ed pues, la misericordia se hace elemento indispensable para plasmar las relaciones mutuas entre los hombres, en el esp\u00edritu del m\u00e1s profundo respeto de lo que es humano y de la rec\u00edproca fraternidad. Es imposible lograr establecer este v\u00ednculo entre los hombres si se quiere regular las mutuas relaciones \u00fanicamente con la medida de la justicia. Esta, en todas las esferas de las relaciones interhumanas, debe experimentar por decirlo as\u00ed, una notable \u2018correcci\u00f3n\u2019 por parte del amor\u201d (6).<br \/>\nLa tercera de las etapas mencionadas remite al papel de la misericordia cuando la justicia ha sido violada. Cuando ello ocurre y se ha causado un da\u00f1o injusto, la misericordia puede ganar un nuevo espacio y lleva un nuevo nombre: perd\u00f3n.<br \/>\nLa justicia supera la irracionalidad de la venganza, pero exige la reparaci\u00f3n del da\u00f1o causado. A quien lo ha sufrido directamente, mediante el resarcimiento; a la sociedad cuyo orden ha sido alterado, a trav\u00e9s del castigo, para restablecer el imperio de la ley como regla de convivencia. En cambio, el perd\u00f3n, palabra de origen latino que une dos t\u00e9rminos (per, a trav\u00e9s de; donare, regalo), como manifestaci\u00f3n de la misericordia responde a otro principio: el don, la gratuidad. El perd\u00f3n puede llegar as\u00ed hasta la renuncia a la condena merecida por el responsable de la injusticia; a la condena interior, en el fuero interno del ofendido, y a la condena exterior, traducida en la reparaci\u00f3n del da\u00f1o mediante el resarcimiento o el castigo. No significa olvido, como si lo sucedido no hubiese sucedido; y tampoco significa transformar la naturaleza de la falta, convirtiendo lo malo en bueno. El perd\u00f3n supone la existencia y la \u00edndole de esa falta; pero incide sobre lo que podr\u00eda ser su consecuencia, la condena al culpable, renunciando a ella. No desconoce la comisi\u00f3n de la falta ni altera su naturaleza; libera al responsable de lo que ser\u00eda una justa condena. Va as\u00ed m\u00e1s all\u00e1 de la justicia.<br \/>\nEl perd\u00f3n no goza hoy de especial benepl\u00e1cito. Sin embargo, est\u00e1 cargado de sentido dado el valor humano y el valor cristiano que encierra. Valor humano, ante todo, en tanto libera de ataduras nacidas de resentimientos e intereses, dignifica a quien perdona y a quien es perdonado y permite reconstruir v\u00ednculos destruidos para bien de los implicados en el conflicto y de la comunidad en general. Pero sobre todo valor cristiano. Jes\u00fas ense\u00f1a rezar el Padre Nuestro pidiendo a Dios perd\u00f3n por nuestras ofensas as\u00ed como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6, 9\/15; Lc 11, 1\/4); interrogado por Pedro sobre si las ofensas deben ser perdonadas hasta siete veces, responde: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete\u201d (Mt 18, 21\/2; Lc 17, 4); y en la cruz, antes de morir, exclama: Padre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34). Por ello dice Francisco: \u201cEl perd\u00f3n de las ofensas deviene la expresi\u00f3n m\u00e1s evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir (MV, 9). Por cierto, el perd\u00f3n es arduo y de ah\u00ed la importancia del pedido de perd\u00f3n, para facilitarlo. Pero es posible.<br \/>\nPueden distinguirse dos dimensiones del perd\u00f3n: personal, por parte de quien ha sufrido el agravio; social, cuando la sociedad es la afectada por el desorden que genera el delito. La primera responde a un acto de misericordia por parte del ofendido hacia la persona del ofensor. La segunda implica m\u00e1s bien una actitud colectiva encarnada en la opini\u00f3n y en las costumbres, as\u00ed como en las instituciones a trav\u00e9s de las decisiones de sus \u00f3rganos.<br \/>\nLo dicho antes sobre el valor humano y cristiano del perd\u00f3n vale ante todo para su dimensi\u00f3n personal; pero tambi\u00e9n, <em>mutatis mutandi<\/em>, como expresi\u00f3n social concretada en la opini\u00f3n y en las costumbres. Es m\u00e1s, es posible afirmarlo cuando el perd\u00f3n nace de decisiones institucionales. En principio, el Estado debe velar por el bien com\u00fan; por ello el castigo, como modo de restablecer el imperio de la ley como regla de convivencia y en virtud de su ejemplaridad, para desalentar reincidencias, am\u00e9n de la funci\u00f3n sanadora que deber\u00eda cumplir en el culpable. No obstante, ese mismo bien com\u00fan puede tornar conveniente la renuncia al castigo a fin de lograr otros valores, como verdad, reconciliaci\u00f3n, concordia, paz. Hist\u00f3ricamente ello ha sido as\u00ed con distintos instrumentos: gracias reales, amnist\u00edas, indultos, conmutaci\u00f3n de penas, prescripci\u00f3n de la acci\u00f3n penal y m\u00e1s modernamente con la as\u00ed llamada justicia restaurativa y los programas de justicia transicional como los adoptados en Sud\u00e1frica y Colombia . En definitiva, el asunto remite a una cuesti\u00f3n prudencial , dependiente de variadas circunstancias como la gravedad del delito y el tiempo transcurrido, entre otras. Plantea asimismo serios interrogantes: \u00bftodo delito es perdonable? \u00bfalgunos no lo son? \u00bfcu\u00e1les? \u00bflos delitos cometidos por el crimen organizado? \u00bflos que proceden de la corrupci\u00f3n? \u00bflos delitos de lesa humanidad? Y a\u00fan en estos casos, \u00bfnunca son perdonables, cualquiera sea el tiempo transcurrido? Ser\u00e1 siempre una cuesti\u00f3n abierta, a resolver prudencialmente en cada situaci\u00f3n. Sobre el punto, invitan a pensar las siguientes palabras de Juan Pablo II, un hombre que en su Polonia natal vivi\u00f3 bajo los reg\u00edmenes nazi y comunista, experimentando sin duda heridas propias y ajenas dif\u00edciles de curar: Un mundo del que se eliminase el perd\u00f3n ser\u00eda solamente un mundo de justicia fr\u00eda e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicar\u00eda sus propios derechos respecto de los dem\u00e1s; as\u00ed los ego\u00edsmos de distintos g\u00e9neros, adormecidos en el hombre, podr\u00edan transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresi\u00f3n de los m\u00e1s d\u00e9biles por parte de los m\u00e1s fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros\u201d (7).<br \/>\nEn suma, son muchas las situaciones sociales regidas por la justicia en las cuales, sin embargo, el reconocimiento del derecho se muestra insuficiente ante la pobreza del otro y sus consecuentes necesidades, materiales o espirituales. Tales situaciones piden justicia pero tambi\u00e9n misericordia; y \u00e9sta puede jugar un rol importante en las distintas etapas del camino que lleva a esa justicia: en la determinaci\u00f3n de lo justo, como motivaci\u00f3n y superaci\u00f3n del obrar justo, y como perd\u00f3n cuando media una injusticia. Se trata de la concurrencia de dos valores, dos exigencias, dos compromisos, que no son incompatibles sino complementarios. Pero cada uno de ellos y el equilibrio entre ambos requerir\u00e1 siempre prudencia, prudencia humana y prudencia cristiana.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1) Misericordia vultus, 1<br \/>\n2) Dives in misericordia, VII<br \/>\n3) Misericordia vultus, 3<br \/>\n4) Misericordia vultus, 14<br \/>\n5) Suma Teol\u00f3gica, II-II, c. 58, a. 1<br \/>\n6) Dives in misericordia, 12 y 14<br \/>\n7) Dives in misericordia, 14<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre la compleja y necesaria complementariedad entre el derecho y las virtudes cristianas en la vida social, donde la prudencia es maestra.\u00a0 \u201c\u2026no cargues todo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,5],"tags":[101,14,1614,295,1438,1849,758],"class_list":["post-13381","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-sociedad","tag-dialogo","tag-iglesia","tag-igualdad","tag-justicia","tag-misericordia","tag-prudencia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3tP","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13381","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13381"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13381\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13384,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13381\/revisions\/13384"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13381"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13381"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13381"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}