{"id":13407,"date":"2017-05-06T20:07:05","date_gmt":"2017-05-06T23:07:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13407"},"modified":"2017-05-06T20:07:05","modified_gmt":"2017-05-06T23:07:05","slug":"envejecer-no-es-lo-que-parece","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13407","title":{"rendered":"Envejecer no es lo que parece"},"content":{"rendered":"<p><em>Vivimos huyendo de lo verdaderamente vivo. Crecer y progresar no es lo mismo que evolucionar. El sistema socio-econ\u00f3mico imperante hace de la vejez un proceso de agon\u00eda y empobrecimiento. La vida est\u00e1 donde estamos nosotros y en nosotros encontramos la oportunidad de transformarnos en seres plenamente vivos y despiertos.<\/em><\/p>\n<p>\u201cEspaldas contra la pared,<br \/>\ncuando los a\u00f1os y las arrugas sobre tu piel<br \/>\nvienen a tu encuentro.<br \/>\nLos pensamientos le quitan el lugar a las palabras.<br \/>\nMiradas bajas y llenas de miedo a quedarse solos.<br \/>\nEn la curva de tus d\u00edas ya no hay subida,<br \/>\ndesciendes despacio a trav\u00e9s de tus recuerdos.<br \/>\nDejar\u00e1n que tus pasos parezcan m\u00e1s lentos,<br \/>\ndesesperadamente al margen de todas las corrientes.<br \/>\nViejo, dir\u00e1n que eres viejo,<br \/>\ncon toda esa fuerza que hay en ti.<br \/>\nViejo, cuando a\u00fan no es el final y tienes tanta vida<br \/>\ny tu alma la grita porque sabe que la tienes.<br \/>\nPero te llamar\u00e1n viejo y toda la rabia irrumpe en ti.<br \/>\n\u00bfNo hay m\u00e1s tiempo o ya no te lo dan?<br \/>\nCon todo lo que tienes para decir, mientras te estalla el coraz\u00f3n,<br \/>\nno tienes que hacer ruido, a\u00fan si hay tanto amor para dar a quien quieres de verdad.<br \/>\nPero eres viejo y te quedas afuera, tus viejas convicciones ya no van m\u00e1s, las nuevas son mejores.<\/p>\n<p><em>Espaldas contra la pared, de\u00a0Mar\u00eda Giuliana Nava<\/em><\/p>\n<p>Cuando alg\u00fan aspecto de nuestra misteriosa y multifac\u00e9tica vida nos asusta o nos produce rechazo, porque escapa a nuestra estrecha comprensi\u00f3n, lo invisibilizamos o lo convertimos en tab\u00fa. Incluso utilizamos ingeniosos eufemismos para no nombrar aquello de lo cual no queremos enterarnos.<br \/>\nAs\u00ed sucede con la tan temida vejez: la palabra viejo se ha convertido en un insulto \u2013manifiesto o solapado seg\u00fan el contexto\u2013, y para no insultar hablamos de \u201cadultos mayores\u201d (\u00bfqu\u00e9 ser\u00eda entonces un \u201cadulto menor\u201d?) o de la \u201ctercera edad\u201d, y como la expectativa de vida se ha prolongado 40 a\u00f1os, hasta se llega a hablar de la \u201ccuarta edad\u201d.<br \/>\nLo cierto es que tememos tanto la vejez como la muerte y cuanto mayor es el miedo m\u00e1s persistimos en la ignorancia.<br \/>\nNo es casual que tanto la ni\u00f1ez como la vejez sean, hist\u00f3ricamente, los segmentos etarios m\u00e1s desatendidos y desconocidos en su naturaleza y potencial humano. No son \u00fatiles al sistema productivo, cuyas pr\u00e1cticas utilitarias y crueles constituyen la l\u00f3gica del mercado. Son mundos silenciados: el de la ni\u00f1ez es la semilla que nadie ve y el \u00faltimo, el de la vejez, representa los frutos tard\u00edos que casi nadie quiere.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 momento nos convertimos en viejos? \u00bfPor qu\u00e9 una etapa de la vida tan sagrada como cualquier otra se transforma en un devenir existencial tan devaluado y subestimado?<br \/>\nComo siempre, lo que determina nuestras circunstancias vitales es la mirada con que abordamos lo que nos sucede. Y las miradas observan seg\u00fan sus dioses y demonios imperantes. Aquello que nos agrada es lo que valoramos y lo que nos desagrada o disgusta, lo desvalorizamos o lo ignoramos. Se trata de un mecanismo ps\u00edquico primario y propio de la vida en sus comienzos. Crecer, tarde o temprano, crecemos todos, pero evolucionar y transformarnos es un destino universal que no siempre sucede. Una vida que se transforma adquiere dimensiones infinitamente m\u00e1s hondas y ricas.<\/p>\n<p><strong>TIEMPO DE CRECIMIENTO<\/strong><br \/>\nLos ciclos de la vida humana siguen el mismo ritmo del universo; excepto en nuestra mente, nada est\u00e1 separado, todo est\u00e1 perfectamente unido. Es la pulsaci\u00f3n vital que rige nuestra biolog\u00eda, nuestra vida emocional, mental y espiritual: expansi\u00f3n y contracci\u00f3n. Di\u00e1stole y s\u00edstole; inhalaci\u00f3n, exhalaci\u00f3n; vigilia y sue\u00f1o; salida y regreso; dar y recibir.<br \/>\nCon el nacimiento se inaugura el ciclo de la expansi\u00f3n: crecemos f\u00edsicamente, mentalmente, en nuestras actividades y experiencias atravesando las distintas etapas vitales. En esta incesante b\u00fasqueda para expandirnos y crecer, alimentamos deseos, ilusiones y un apetito voraz que nos impulsa a quererlo todo. Lo logremos o no, lo cierto es que nos vamos convirtiendo en \u201cm\u00e1quinas deseantes\u201d en lugar de seres despiertos que eligen conscientemente el mayor bien para s\u00ed mismos y para los otros.<br \/>\nLa sociedad que hemos construido se alimenta del deseo y del querer desmedido, fabrica ganadores y perdedores; ganar a expensas de que otros pierdan es el mecanismo que opera y maneja a la inmensa mayor\u00eda, que lo llama progreso. Cuando se confunde crecer con mera productividad, estamos aludiendo a un crecimiento externo; raramente se repara en un crecimiento \u00edntegro, de adentro hacia afuera, un crecimiento que tenga ra\u00edces en nuestra rica interioridad.<br \/>\nLa educaci\u00f3n entera est\u00e1 basada en este criterio exitista y centr\u00edfugo: tener, hacer y parecer es lo que cuenta. No se cultiva lo m\u00e1s importante que es honrar nuestro verdadero ser. Nos agitamos, llenos de miedos, ansiedades y frustraciones, con el \u00fanico prop\u00f3sito externo de ser aprobados por el afuera a trav\u00e9s de un reconocimiento social, econ\u00f3mico, intelectual e incluso moral y religioso. Nos hemos olvidado de nuestro prop\u00f3sito primordial: anclarnos en el ser que nos sostiene, s\u00f3lo as\u00ed podemos desarrollar nuestras potencias.<br \/>\nPasamos toda la vida \u2013porque as\u00ed nos lo ense\u00f1aron\u2013 apoy\u00e1ndonos y sosteni\u00e9ndonos en cosas meramente externas: ilusoriamente creemos hallar nuestra identidad en el trabajo, en la posici\u00f3n socio-econ\u00f3mica, en el conocimiento que hemos acumulado, que desde ya son medios que sirven para desarrollarnos pero nunca pueden ser fines en s\u00ed mismos.<br \/>\nJusto cuando pensamos haber logrado nuestro cometido en este mundo de excesos, se inicia el proceso de retorno. El retiro de esta \u201cvida productiva\u201d llamada jubilaci\u00f3n, unido al debilitamiento o merma de las capacidades naturales que van cumpliendo su ciclo.<br \/>\nHay quienes huyen hacia una id\u00edlica juventud perdida, con maquillajes psicol\u00f3gicos que no logran ocultar su desaz\u00f3n por el paso del tiempo. Para muchos otros, sobreviene el vac\u00edo existencial, la tristeza inmanejable o la depresi\u00f3n tan asociada a la vejez. Y \u201clos a\u00f1os no vienen solos\u2026\u201d. Vienen cargados con todas las falsas creencias que nunca nos atrevimos a cuestionar a\u00fan si disminu\u00edan nuestras potencias.<br \/>\nAs\u00ed como sucede con la adolescencia, denominada \u201cla edad del pavo\u201d por la desorientaci\u00f3n emocional que la caracteriza, casi nadie advierte que ese modo de vivir adolescente es producto de una educaci\u00f3n miope y limitante que coarta la posibilidad de experimentar una etapa de honda vitalidad y de creatividad como tendr\u00eda que ser \u2013y no precisamente poblada de j\u00f3venes sin entusiasmo, perdidos y sin horizontes\u2013. Del mismo modo, sucede con la vejez, siempre asociada a la tristeza, la impotencia y la desolaci\u00f3n. Sin tener en cuenta que es producto tambi\u00e9n de la misma miop\u00eda de c\u00f3mo aprendemos a vivir encorsetados por el miedo y los mandatos de una sociedad que s\u00f3lo necesita de nuestro rendimiento y productividad para mantener en funcionamiento un engranaje que se nos escapa y no nos pertenece \u2013aunque la ilusi\u00f3n que se alimenta desde los medios masivos y del poder es que somos sus destinatarios\u2013. Ya sabemos que en esta gran maquinaria los que ganan siempre son unos pocos y muchos los que pierden.<br \/>\nCuando llega el momento de retirarse de este mundo supuestamente activo y productivo, miramos hacia adentro, nos angustiamos y nos asustamos porque no hemos cultivado nuestra interioridad y creemos que no tenemos nada m\u00e1s para ofrecer. Es en la interioridad donde radica nuestro verdadero poder y donde est\u00e1 el tesoro escondido de nuestro inmenso potencial. Esa vida interior tan desatendida por estar encandilados con \u201cespejitos de colores\u201d.<br \/>\n<strong>TIEMPO DE TRANSFORMACI\u00d3N<\/strong><br \/>\nSon pocas las personas que ven en este movimiento de retorno, en este retirarse de los \u201cescenarios p\u00fablicos y oficiales\u201d, una oportunidad. La tristeza, la sensaci\u00f3n de vac\u00edo y de soledad no s\u00f3lo se deben a la desatenci\u00f3n del mundo que rodea a los ancianos; la raz\u00f3n fundamental es haber cercenado la propia e insustituible riqueza interna hecha de impulsos, sentimientos y pensamientos propios y no ajenos. \u201cYo comenc\u00e9 la muerte por soledad\u201d (V\u00edctor Hugo).<br \/>\nEl solo hecho de no haber muerto no es prueba suficiente de que uno est\u00e1 vivo. Es la soledad del aislamiento la que tanto se padece en este mundo \u2013sobre todo cuando se est\u00e1 acompa\u00f1ado\u2013 pero \u00bfaislados de qui\u00e9n? De nosotros mismos, de nuestro aut\u00e9ntico ser. Estar vivo implica mucho m\u00e1s: es estar despiertos a la vida y no anestesiados por el conformismo y la resignaci\u00f3n. Implica el coraje y el valor de enfrentar todo aquello que nos aleja de quienes realmente somos, de nuestra esencia. Cuando dejamos caer toda la falsedad, hecha de mandatos y creencias limitantes, que se han incrustado en nuestra alma, surge el resplandor de nuestra magnificencia y la alegr\u00eda brota naturalmente.<br \/>\nTodos, en alg\u00fan momento de la vida, tenemos la posibilidad de experimentarlo, y cuando ello sucede, ya no es posible volver a cerrar los ojos a la verdadera realidad. Nunca es tarde para el encuentro con nuestras genuinas potencias. Siempre la vida nos da oportunidades para llegar a ser quienes realmente somos. El camino de regreso deber\u00eda ser la vuelta al verdadero hogar que est\u00e1 \u00fanicamente dentro de nosotros.<br \/>\n<strong><br \/>\nEL FINAL ES MI COMIENZO*<\/strong><br \/>\n\u201cNosotros somos los invitados al jard\u00edn: de la vida, del amor, de la felicidad, de la alegr\u00eda\u2026 No permaneceremos en \u00e9l siempre, ni siempre nos parecer\u00e1 en flor\u201d (Antonio Gala).<br \/>\nNo hay manera de escapar al misterio que nos rodea, y generalmente, cuando no comprendemos, intentamos apaciguar nuestros miedos. No obstante todas las maravillosas invenciones que se han perge\u00f1ado y dispuesto a lo largo de los siglos, hay un miedo primordial que, tard\u00eda o tempranamente, tenemos que enfrentar: lo desconocido.<br \/>\nDurante nuestro desarrollo vital, para pasar de una etapa a otra, lo viejo, el pasado, debe dejar lugar a lo nuevo; morir al pasado es el verdadero acto de transformaci\u00f3n que puede acontecer en la vida de una persona. Pero \u00bfqui\u00e9n nos ense\u00f1a a abrirnos a lo nuevo en una cultura que rinde tributo al pasado y sofoca cualquier posibilidad de cambio?<br \/>\nEn esto radica el principal bloqueo humano: por miedo nos resistimos a dejar lo conocido para ensanchar nuestra comprensi\u00f3n y acceder a lo verdaderamente nuevo. Psicol\u00f3gicamente esto es una forma de morir, y morir es soltar lo que ya caduc\u00f3 para poder evolucionar.<br \/>\n\u201cNo hay resurrecci\u00f3n sin una muerte que la preceda\u201d (Olga Orozco).<br \/>\nEnvejecer es un proceso de soltar: las funciones corporales van disminuyendo como tambi\u00e9n se van reduciendo las capacidades mentales. Es la vida misma que, con su intr\u00ednseca sabidur\u00eda, nos est\u00e1 invitando a retirarnos de este escenario terrenal.<br \/>\nEl mayor extrav\u00edo de la cultura occidental ha sido olvidar nuestra verdadera esencia, sumi\u00e9ndonos en vertientes nihilistas que niegan la realidad de nuestro aut\u00e9ntico ser: la vida que somos y de la que no estamos separados. No hay finales, s\u00f3lo hay comienzos para los ojos que ven con un coraz\u00f3n abierto y un alma entregada a la vida.<\/p>\n<p>(*) T\u00edtulo del film sobre la vida de Tiziano Terzani. Se encuentra disponible en youtube.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos huyendo de lo verdaderamente vivo. Crecer y progresar no es lo mismo que evolucionar. 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