{"id":13528,"date":"2017-06-03T09:59:48","date_gmt":"2017-06-03T12:59:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13528"},"modified":"2017-06-08T10:09:35","modified_gmt":"2017-06-08T13:09:35","slug":"criterio-90-anos-comprender-el-concilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13528","title":{"rendered":"Criterio 90 a\u00f1os. Comprender el Concilio"},"content":{"rendered":"<p><em>El papa P\u00edo lo pens\u00f3, el papa Juan lo convoc\u00f3 y el papa Pablo lo realiz\u00f3. El 25 de enero de 1959, Juan XXIII pronunci\u00f3 un discorsetto ante los cardenales que produjo el mismo efecto que el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI del 11 de febrero de 2013: ambos dejaron un tendal de curiales boquiabiertos y estupefactos. La noticia de convocatoria del Concilio Vaticano II tuvo una enorme repercusi\u00f3n en todo el mundo.<\/em><br \/>\nLas primeras reacciones percibieron su importancia. El cardenal Montini anunci\u00f3 que iba a ser el m\u00e1s grande que la Iglesia jam\u00e1s hubiera celebrado en toda su historia. No imaginaba que esa grandeza iba a estallar en sus manos. El patriarca ortodoxo griego de Antioqu\u00eda lo describi\u00f3 ecum\u00e9nicamente, como una ocasi\u00f3n para que la Iglesia romana volviera al redil de la cristiandad.<br \/>\nLa reacci\u00f3n de los protestantes fue dis\u00edmil, precisamente por su variedad de denominaciones. Pero algunos fueron mucho m\u00e1s entusiastas que algunos cat\u00f3licos. Para m\u00e1s datos, un argentino, el metodista Jos\u00e9 M\u00edguez Bonino, adalid de la Teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n a nivel mundial, fue invitado como observador, suscitando la atenci\u00f3n de las Iglesias cristianas. Los anglicanos reaccionaron como corresponde, con flema brit\u00e1nica. Otros part\u00edcipes laicos argentinos fueron Juan V\u00e1zquez y\u2026 Margarita Moyano Llerena. \u00a1Una mujer en una reuni\u00f3n de m\u00e1s de dos mil quinientos hombres! Toda una novedad.<br \/>\nLos jud\u00edos no se interesaron demasiado, tradicionalmente centrados entonces en un cierto etnocentrismo. No era un asunto de ellos, y los que lo hicieron fue por motivos pol\u00edticos, como el Estado de Israel, \u00e1vido de un reconocimiento por parte de la Santa Sede\u2026hasta que se dieron cuenta del impacto que pod\u00eda representar un cambio en la percepci\u00f3n de las mutuas relaciones. Hab\u00eda que cincelar una nueva <em>menorah<\/em>. Comenzaba el fin de la cultura del menosprecio.<\/p>\n<p><strong>Se dice de m\u00ed<\/strong><\/p>\n<p>Las agencias internacionales de noticias y los grandes diarios y revistas como <em>Time<\/em> o <em>Newsweek<\/em> cubrieron adecuadamente la demanda social generada por un acontecimiento tan novedoso (los concilios eran algo desconocido o casi olvidado por el gran p\u00fablico). Sin perder tiempo, destacaron corresponsal\u00edas m\u00e1s o menos permanentes en la ciudad eterna, donde se instal\u00f3 un servicio informativo desde 1961, incluso antes de la primera sesi\u00f3n. Previas a la apertura ya esperaban ansiosamente m\u00e1s de mil acreditaciones.<br \/>\nP\u00edo IX prohibi\u00f3 bajo secreto a los participantes cualquier informaci\u00f3n de los trabajos conciliares en el Vaticano I, y en el II rigieron normas similares, aunque menos estrictas. Pero esto no ser\u00eda obst\u00e1culo para que la comunicaci\u00f3n fluyera en abundancia, tal vez en sobreabundancia. Un suelto de CRITERIO se quejaba en 1963 (\u201cNo estuvo bien publicarlos\u201d) por un art\u00edculo de <em>Informationes Catholiques Internationales<\/em> que revelaba los resultados de una reuni\u00f3n de obispos y peritos argentinos de car\u00e1cter privado.<br \/>\nLa verdad es que la noticia-bomba lanzada por el papa Juan pas\u00f3 un tanto desapercibida en la Argentina, incluso en la Iglesia local, o al menos careci\u00f3 de un visible alto impacto. Los pocos que acusaron recibo, sobre todo si la novedad los hab\u00eda sorprendido en la madurez de la edad, lo hicieron a la defensiva, como atajando el cambio que se intu\u00eda.<br \/>\nEn cuanto al propio tr\u00e1mite conciliar, no es que los grandes diarios no le dieran importancia a la labor m\u00e1s recatada de los <em>circoli minori<\/em>, pero su contenido era demasiado t\u00e9cnico para lectores del com\u00fan. Por este motivo demasiadas veces estaban atentos a los t\u00edtulos restallantes sobre t\u00f3picos como el celibato, el lat\u00edn o la p\u00edldora, que no representaban temas sustanciales para la genuina realidad conciliar. En la prensa peri\u00f3dica el Concilio qued\u00f3 muchas veces maniqueamente reducido a la guerra entre preconciliares y conciliares.<br \/>\nEntonces, \u00bfc\u00f3mo se informaban los cat\u00f3licos argentinos de tama\u00f1o acontecimiento? En el momento de convocatoria del Concilio, la prensa cat\u00f3lica internacional exhib\u00eda lozanas expresiones como <em>La Croix<\/em> en Par\u00eds o <em>El Catolicismo<\/em> en Bogot\u00e1, pero en el pa\u00eds estaba de capa ca\u00edda. Casi no exist\u00edan periodistas profesionales especializados y con una formaci\u00f3n espec\u00edfica como en otras geograf\u00edas, por ejemplo, Ren\u00e9 Laurentin en Francia, Jos\u00e9 Luis Mart\u00edn Descalzo en Espa\u00f1a y Francis Murphy (Xavier Rynne) en los Estados Unidos.<br \/>\nEl m\u00edtico diario <em>El Pueblo<\/em>, lejos ya de antiguas glorias, dejaba o\u00edr justo en el momento de la convocatoria sus \u00faltimos estertores, hasta desaparecer definitivamente. Solamente Esqui\u00fa, en su l\u00ednea sucesoria, garabatear\u00eda sus primeras letras a partir del siguiente a\u00f1o. No exist\u00edan ni <em>Zenit<\/em>, ni <em>Aciprensa<\/em> ni <em>Rome Reports<\/em>, mucho menos <em>EWTN<\/em> ni <em>Canal 23<\/em>. En cambio <em>Aica<\/em> (Agencia Informativa Cat\u00f3lica Argentina), fundada durante la Revoluci\u00f3n Libertadora, ya hac\u00eda rato que hab\u00eda comenzado a llegar a las mesas de los obispos, luego de la traum\u00e1tica experiencia de la prensa clandestina de los panfletos. Durante el Concilio varias naciones establecieron oficinas de prensa. La conferencia episcopal se hab\u00eda adelantado a otras en este punto.<\/p>\n<p><strong>Me est\u00e1n cambiando la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>No faltar\u00eda, desde luego, la mejor buena voluntad. Pero, a la hora de la sinceridad, hay que decir que el aporte de las iglesias particulares de la Argentina no fue algo ponderable. Cuando Pablo VI le pregunt\u00f3 a Manuel Men\u00e9ndez, obispo auxiliar de Buenos Aires y luego ordinario de San Mart\u00edn, por la baja perfomance de los obispos argentinos en el Concilio, \u00e9ste le contest\u00f3 que no ten\u00edan tiempo para estudiar. La verdad es que muchos, desconfiados ante un cambio que se les antojaba riesgoso (y el tiempo mostr\u00f3 que hasta cierto punto no les faltaba raz\u00f3n), oscilaban entre el desconcierto y la desorientaci\u00f3n.<br \/>\nNo era el \u00fanico caso, y es conocida la an\u00e9cdota: cuando le preguntaron a Juan XXIII por qu\u00e9 un concilio, respondi\u00f3 que no lo sab\u00eda muy bien, pero acerc\u00e1ndose a una ventana expres\u00f3 que, en todo caso, al abrirla entrar\u00eda aire de refresco. No fue el viento del Esp\u00edritu solamente; entr\u00f3 una tormenta. La situaci\u00f3n se agrav\u00f3 y se convirti\u00f3 en un parteaguas, porque los esp\u00edritus m\u00e1s ganados por el deseo de un cambio (la palabra paradigm\u00e1tica de los sesenta) extremaron las interpretaciones de la nueva instancia, y se desat\u00f3 un cierto festival infantil y desaforado que se adue\u00f1\u00f3 de muchos esp\u00edritus tan inquietos como irreflexivos. Esto s\u00f3lo consigui\u00f3 que las mentalidades de talante m\u00e1s prudente, pero tambi\u00e9n m\u00e1s temeroso y conservador, se parapetaran f\u00e9rreamente en la defensa de lo de siempre, que aunque reflejaba una p\u00e1tina, era lo seguro. Es lo peor que puede pasar en tales circunstancias. En el medio, el pueblo fiel, sobre todo quienes hab\u00edan vivido toda una vida en el ancien r\u00e9gime, tampoco acertaban a discernir el curso de los acontecimientos. No menos desconcertada que los cardenales, \u201cDo\u00f1a Rosa\u201d cat\u00f3lica rezaba a la Virgen de las Angustias: me est\u00e1n cambiando la Iglesia de siempre. Era la grieta cat\u00f3lica.<br \/>\nEn ese panorama un tanto agrisado, atravesado de incertidumbres, tambi\u00e9n de esperanzas, se encendi\u00f3 una luz en esas horas borrascosas pero llenas de promesas. Gustavo Franceschi, hab\u00eda muerto el 11 de julio de 1957, despu\u00e9s de haber ejercido brillantemente durante un cuarto de siglo la direcci\u00f3n de CRITERIO. De Manuel Fraga Iribarne dec\u00edan los espa\u00f1oles que ten\u00eda el Estado en la cabeza. Franceschi ten\u00eda a la Iglesia en la cabeza, en su coraz\u00f3n, en sus v\u00edsceras. La pens\u00f3, la sinti\u00f3, y sobre todo la am\u00f3. Expres\u00f3 lo genuino de la Iglesia cat\u00f3lica de su tiempo, con sus m\u00e1s y sus menos. Pero ahora empezaba otra historia. No era f\u00e1cil ni sencillo suceder a alguien as\u00ed, de ese porte intelectual, de ese calado humano, de ese rango espiritual. Jorge Mej\u00eda lo pudo hacer. Franceschi muri\u00f3, puede decirse, en sus brazos. \u00c9l le hab\u00eda suministrado el Santo Vi\u00e1tico (hoy, unci\u00f3n de los enfermos) en su entrega definitiva al Padre.<\/p>\n<p><strong>El hombre y su circunstancia<\/strong><\/p>\n<p>El servicio de Mej\u00eda a CRITERIO y a trav\u00e9s de \u00e9l a la Iglesia y a la sociedad tiene aristas muy diversas, pero la comunicaci\u00f3n del Concilio a los fieles cristianos de su patria adquiri\u00f3 en ese peculiar panorama una singular importancia. Aire\u00e1ndola fuera de la academia, F\u00e9lix Luna hizo inteligible la historia nacional a los argentinos; Jorge Mej\u00eda hizo lo propio con el Concilio. El Vaticano II marca un punto de inflexi\u00f3n en la Iglesia como para la naci\u00f3n lo fue la Constituci\u00f3n. Recorrer el material doctrinal e informativo de la revista en los a\u00f1os conciliares causa la admiraci\u00f3n que s\u00f3lo puede suscitar un verdadero monumento al bien, la verdad y la belleza.<br \/>\nMej\u00eda fue como Ratzinger, como Congar, como de Lubac, protagonista durante tres a\u00f1os y medio, siendo miembro del cuerpo de los periti, de la magna asamblea donde se revis\u00f3 toda la pastoral de la Iglesia contempor\u00e1nea. Las \u201cCr\u00f3nicas de la vida de la Iglesia\u201d o \u201cCr\u00f3nicas conciliares\u201d constituyen un precioso testimonio donde el perito y periodista puso en blanco y negro una compleja (y ciertamente por ello nada f\u00e1cil de describir) realidad eclesial. Mej\u00eda fue el cronista del Concilio en el escenario local y no s\u00f3lo para los cat\u00f3licos argentinos. Sin embargo, sus textos apenas merecen una breve nota en las sabrosas memorias del cardenal, aunque despu\u00e9s fueron reunidas en un volumen.<br \/>\nA trav\u00e9s de sus trazos llenos de sabidur\u00eda, realismo y amor a la Iglesia, el notable biblista logr\u00f3 que, al leerlos, los argentinos se sintieran transportados al aula conciliar. En las cr\u00f3nicas, el Concilio reconoce su realidad m\u00e1s viva, con el vigor de toda su carnalidad y su sobrenaturalidad, sin eufemismos. Es que Mej\u00eda, sin ser indiscreto, muestra en este oficio de escribano de la realidad, la misma sensibilidad que Bergoglio: no le gusta barrer la tierra debajo de la alfombra. All\u00ed estaba la Iglesia en estado puro, retratada con el gracejo de su personal\u00edsimo peculiar estilo.<\/p>\n<p><strong>Un reservorio documental<\/strong><\/p>\n<p>Est\u00e1n las intervenciones de los padres conciliares, abundantes, y discursos de otros protagonistas, adem\u00e1s de las traducciones de los instrumentos de trabajo y de los textos finales, donde las fuentes son inmediatas y directas. Pero est\u00e1n tambi\u00e9n los editoriales de la revista \u2013\u00e9mulos de aqu\u00e9llos m\u00edticos de Franceschi\u2013, de propia factura del cardenal Mej\u00eda, las pastorales de obispos tanto argentinos como extranjeros, las declaraciones de conferencias episcopales.<br \/>\nNo fue la revista solamente un repositorio de documentaci\u00f3n oficial. Una recorrida por las firmas plurales que refulgen explicando, vertiendo opiniones, desentra\u00f1ando la hondura y riqueza del acontecimiento, causa hoy una explicable admiraci\u00f3n. Hay que tener en cuenta que en otros \u00e1mbitos era muy dif\u00edcil conocer este pensamiento, porque no hab\u00eda casi otra v\u00eda para acceder a estas fuentes. Entre las nacionales, Arturo Paoli, \u00c1ngel Centeno y Enrique Dussel. Entre los extranjeros laicos aparecen nombres ilustres como Joseph Folliet y Jacques Maritain, y te\u00f3logos y fil\u00f3sofos como Oscar Cullmann, Gregory Baum, Carlo Colombo, G\u00e9rard Philips, el mism\u00edsimo cardenal Agostino Bea, (art\u00edfice de Nostra Aetate), tambi\u00e9n ortodoxos como Alejandro Kazem-Beck y finalmente los antes nombrados Ren\u00e9 Laurentin y M\u00edguez Bonino. El panorama no puede ser m\u00e1s rico, m\u00e1s amplio. Pero CRITERIO no se expresaba solamente por unos folios, sino que complement\u00f3 el papel con jornadas p\u00fablicas de reflexi\u00f3n en las que participaban colaboradores locales y extranjeros como Charles Moeller, Carlos Floria, Carmelo Giaquinta y Folliet.<\/p>\n<p><strong>Una mirada hacia adelante<\/strong><\/p>\n<p>Aparte de sus labores periciales, espigando las actas del notario conciliar, desfila la historia, sin maquillajes, no como querr\u00edamos que fuera sino tal cual es. El Concilio no es un cap\u00edtulo de monjas, constata el escriba, siempre realista. No escapa a su mirada la labor del ej\u00e9rcito de periodistas: cumple a conciencia su misi\u00f3n, certifica respecto de sus colegas en el oficio. La suya es una visi\u00f3n positiva pero no lo es positivista, de mero registro. Aqu\u00ed y all\u00e1 aparecen las agudas, profundas apreciaciones del autor, siempre <em>cum grano salis<\/em>.<br \/>\nSi algo certifica Mej\u00eda, es una promesa adveniente, el nacimiento de una criatura, la luz de dar a luz. CRITERIO estar\u00e1 tambi\u00e9n presente en el desarrollo de esa nueva andadura hist\u00f3rica. En el simbolismo religioso, la luz es la vida, la salvaci\u00f3n, la felicidad. Es el mismo Dios quien se ha revelado como la luz del mundo, el sol de justicia. Ese resplandor es la luz infinita que brilla en Jesucristo.<br \/>\nEl Concilio es la <em>menorah<\/em>, el b\u00edblico candelabro sagrado de oro puro que alrededor de 2500 obispos han cincelado para su mayor gloria, y cuyos siete brazos empiezan a encenderse, uno a uno. Un perito argentino lo contempla en la penumbra del atardecer con una sonrisa. Cuando despu\u00e9s de la \u00faltima sesi\u00f3n se van apagando las luces de la antigua, ajada bas\u00edlica, una nueva claridad comienza a expandirse por la Iglesia y por el mundo.<\/p>\n<p><em>El autor es abogado, ensayista y ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral.\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El papa P\u00edo lo pens\u00f3, el papa Juan lo convoc\u00f3 y el papa Pablo lo realiz\u00f3. 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