{"id":13543,"date":"2017-06-03T10:45:15","date_gmt":"2017-06-03T13:45:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13543"},"modified":"2017-06-08T10:52:30","modified_gmt":"2017-06-08T13:52:30","slug":"la-madurez-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13543","title":{"rendered":"La madurez pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p><em>Cuando se analiza el desarrollo del sentido pol\u00edtico puede observarse que en cada persona ese proceso va atravesando diferentes etapas evolutivas, que puede seguir una trayectoria normal o sufrir fijaciones o retrocesos.<\/em><\/p>\n<p>En cada etapa, determinados valores juegan un papel central que la definen. En la etapa infantil, la dependencia y la sumisi\u00f3n son la forma de la b\u00fasqueda de seguridad. En la adolescente, es la actitud cr\u00edtica y la b\u00fasqueda de independencia. En la adultez, la autonom\u00eda mental, el juicio de realidad y la responsabilidad.<br \/>\nPero esto no significa que en el pasaje de una etapa a otra los valores precedentes desaparezcan, sino que se transforman y, aunque pierden su centralidad, son incorporados a la nueva estructura. En ese camino, el pasado no se pierde sino que se sublima y adquiere un sentido nuevo. No se trata de arribar al logro de una adultez sin ra\u00edces, aislada de sus nutrientes vivificantes, sino de la integraci\u00f3n de su historia y de la totalidad de los componentes. El ideal no es un ciudadano puramente racional, individualista, separado de la naturaleza y de los otros, s\u00f3lo cumplidor de normas y formalidades, sino el de una personalidad integrada y sensible a las realidades sociales y culturales y con car\u00e1cter propio.<\/p>\n<p><strong>Sobre la obediencia a la ley<\/strong><\/p>\n<p>Una tradici\u00f3n milenaria ha presentado hasta ahora la virtud de la obediencia, consider\u00e1ndola parte necesaria de la educaci\u00f3n, de la armon\u00eda de los v\u00ednculos y de la paz y el orden social. En los tiempos en que los bienes eran escasos, se consider\u00f3 necesaria la obediencia de muchos.<br \/>\nDe todos modos, esa valoraci\u00f3n de la obediencia, con independencia de las connotaciones autoritarias que la acompa\u00f1aran, no dejaba de tener alguna relaci\u00f3n con la esencia de la condici\u00f3n humana. El hombre, contingente y vulnerable, no goza de independencia absoluta respecto de su medio, y su supervivencia y desarrollo es posible en la medida en que acepta las leyes de la naturaleza y las finalidades de la sociedad, sus propios l\u00edmites y su dependencia del contexto. La contaminaci\u00f3n ambiental, por ejemplo, es una forma incipiente de suicidio.<br \/>\nTodo el pensamiento oriental est\u00e1 impregnado del reconocimiento de un orden universal que respetar. Y esto supone una actitud de obediencia.<br \/>\nPero no toda obediencia es virtud, y se hace necesario distinguir obediencia sana de sometimiento. Esto depende, seg\u00fan Erich Fromm, de si esa actitud responde a una autoridad racional o irracional. La primera se da cuando los intereses de ambas partes son coincidentes: es el caso de la relaci\u00f3n maestro-alumno cuando ambos buscan el desarrollo de \u00e9ste. El ejemplo contrario, el de la autoridad irracional, es el del v\u00ednculo amo-esclavo, en que uno busca explotar al otro, y \u00e9ste defenderse cuanto puede. La autoridad racional est\u00e1 al servicio de una finalidad sensata, como las \u00f3rdenes de un capit\u00e1n de barco en una situaci\u00f3n de emergencia; merece aceptaci\u00f3n y no implica sometimiento. La autoridad irracional, en cambio, necesita del uso de la fuerza o de la sugesti\u00f3n, pues de otro modo no lograr\u00eda aceptaci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, hay algo en la obediencia que hace que a veces pueblos enteros opten por el sometimiento. Tal sujeci\u00f3n lleva a creer que se encuentra protecci\u00f3n, que se participa del poder al que se somete y se libera de la responsabilidad personal, en manos del poder. Es el entusiasmo que generan los populismos, que luego se extinguen y dejan poco de constructivo.<br \/>\nDe modo que en el desarrollo personal del sentido pol\u00edtico podemos distinguir una obediencia infantil y una obediencia adulta; lo normal es que, en su crecimiento, la persona vaya pasando de una a otra.<\/p>\n<p><strong>Sobre la desobediencia a la ley<\/strong><\/p>\n<p>Aunque resulte inusual, nos atrevemos a hablar de una \u201cvirtud de la desobediencia\u201d, pero creemos que con fundamento, pues muchas veces se necesita fuerza (virtus significa vigor) para ejercerla y sus resultados pueden ser positivos. Es la capacidad de resistir al mal y no amoldarse a un sometimiento indebido.<br \/>\nPero no toda desobediencia es virtud. La que es mera rebeld\u00eda implica la no aceptaci\u00f3n de las limitaciones que impone la realidad o la restricci\u00f3n de los deseos individuales en raz\u00f3n del bien com\u00fan. Es la desobediencia de los eternos insatisfechos, hipercr\u00edticos y ansiosos. Y hay una desobediencia sana: la que promueve el desarrollo humano y est\u00e1 al servicio de la vida y del cambio constructivo.<br \/>\nLa desobediencia sana supone salir de la dependencia infantil y afrontar el coraje de estar solo, poder equivocarse y ser capaz de pensar y sentir por s\u00ed mismo. Lleva a la libertad pero requiere precisamente vencer el \u201cmiedo a la libertad\u201d (Fromm), salir del estancamiento y de la resistencia al cambio.<br \/>\n<strong><br \/>\nSobre la adultez pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Madurez pol\u00edtica significa haber alcanzado un estado en que se es capaz de obedecer y de desobedecer seg\u00fan corresponda. Quien s\u00f3lo puede obedecer es un esclavo y quien s\u00f3lo es capaz de desobedecer es un \u201crebelde sin causa\u201d.<br \/>\nEjemplos m\u00e1ximos de madurez son, entre otros, los de Ant\u00edgona, Cristo y Gandhi. Ant\u00edgona desobedeci\u00f3 una orden del tirano para obedecer \u201clas leyes de los dioses\u2026cuya vigencia viene de ayer, de hoy y de siempre\u201d, y muere por esa causa. Cristo, por su parte, se muestra totalmente aut\u00f3nomo de los hombres y, al mismo tiempo, absolutamente \u201cobediente a la voluntad del Padre\u201d. Y Gandhi, a trav\u00e9s de la desobediencia civil y la observancia a la no violencia, liber\u00f3 a un pa\u00eds de 500 millones de habitantes.<br \/>\nEn el extremo opuesto, Eichman constituye el ejemplo m\u00e1s infausto del bur\u00f3crata alienado incapaz de ver en los otros y en s\u00ed mismo m\u00e1s que un \u201cn\u00famero\u201d, y s\u00f3lo capaz de obedecer al poder. Hoy, el flagelo del narcotr\u00e1fico es la terrible conjunci\u00f3n del sometimiento y la rebeld\u00eda.<br \/>\nAdem\u00e1s, con grandes avances tecnol\u00f3gicos pero con valores sociales y \u00e9ticos rezagados, est\u00e1 latente el peligro de una actitud generalizada de sutil sometimiento a la uniformidad tecnocr\u00e1tica de un mundo cibern\u00e9tico o a las promesas falaces de revolucionarios tard\u00edos. Es el hombre-organizaci\u00f3n, incapaz de desobedecer, que ni siquiera se da cuenta que obedece.<br \/>\nY esta cuesti\u00f3n est\u00e1 presente en forma constante en la realidad argentina. Se hace necesaria una clara conciencia de la diferencia entre la obediencia aut\u00f3noma (atenta a la propia conciencia), que es afirmaci\u00f3n de la identidad personal, y la obediencia heter\u00f3noma (subordinada a la imposici\u00f3n de los otros), que es sumisi\u00f3n y debilidad del yo.<br \/>\nPorque una cosa es obedecer a una conciencia autoritaria (a la que Freud llam\u00f3 Super Yo, representante de las \u00f3rdenes recibidas de nuestros padres), que es acaso la forma m\u00e1s generalizada en la sociedad actual, y otra la conciencia \u00e9ticamente sana, aut\u00f3noma, que surge del conocimiento intuitivo de lo que es el hombre, y que sabe diferenciar qu\u00e9 contribuye a la vida y qu\u00e9 la destruye. Lo cual implica independencia de las sanciones externas y capacidad de ser uno mismo. Esto sienta las bases de una vida democr\u00e1tica; y sin ella la democracia genuina no es posible.<\/p>\n<p><em>El autor es psic\u00f3logo y docente universitario<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando se analiza el desarrollo del sentido pol\u00edtico puede observarse que en cada persona ese proceso va atravesando diferentes etapas evolutivas, que puede seguir una&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[986,5],"tags":[2001,718,211,1853,758],"class_list":["post-13543","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica","category-sociedad","tag-adultez","tag-madurez","tag-politica","tag-populismos","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3wr","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13543","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13543"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13543\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13548,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13543\/revisions\/13548"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13543"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13543"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13543"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}