{"id":13561,"date":"2017-06-08T11:21:12","date_gmt":"2017-06-08T14:21:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13561"},"modified":"2017-06-08T11:21:12","modified_gmt":"2017-06-08T14:21:12","slug":"moscu-no-cree-en-lagrimas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13561","title":{"rendered":"Mosc\u00fa no cree en l\u00e1grimas"},"content":{"rendered":"<p><em>Rese\u00f1a de <\/em>Sombras rusas<em>, de Liliana Villanueva (Buenos Aires, 2017, Blatt &amp; R\u00edos).<\/em><\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de un art\u00edculo reciente, el suplemento <em>Babelia<\/em> del diario <em>El Pa\u00eds <\/em>de Madrid titulaba en su portada: \u201cAdi\u00f3s a los libros de viajes\u201d. Sosten\u00eda su autor, Jacinto Ant\u00f3n, que \u201cla gente viaja como nunca pero se lee menos\u201d, y que \u201cprefieren echar un vistazo r\u00e1pido a Internet que sumergirse en un libro\u201d. Ese antiguo y prestigioso g\u00e9nero literario parece estar en crisis.<br \/>\nA contrapelo de esas afirmaciones, la arquitecta argentina Liliana Villanueva (autora del libro <em>Las clases de Hebe Uhart<\/em>, de quien fue alumna en el taller de escritura) acaba de publicar Sombras rusas para relatar sus experiencias e impresiones de mediados de los a\u00f1os &#8217;90, cuando por cuestiones laborales se estableci\u00f3 en Mosc\u00fa. Lo edita ahora, habiendo dejado pasar el tiempo y cuando las cr\u00f3nicas de esa Rusia post ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, que dejaba atr\u00e1s su socialismo marxista, cobran el valor de la reflexi\u00f3n tras las an\u00e9cdotas y sorpresas.<br \/>\n\u201cNo me considero periodista ni escritora\u201d le confesaba a Silvia Premat en una entrevista en el diario <em>La Naci\u00f3n<\/em>. Habiendo vivido en Berl\u00edn, Liliana Villanueva acompa\u00f1\u00f3 a su pareja, un periodista alem\u00e1n, y trabaj\u00f3 en Rusia para la agencia Deutsche Presse Agentur y Radio Francia Internacional, porque hab\u00eda que sobrevivir. Rusia era todav\u00eda un pa\u00eds que no hablaba lenguas occidentales y cuyo estilo de vida segu\u00eda siendo el del viejo r\u00e9gimen.<br \/>\nEn los a\u00f1os &#8217;20 el notable autor austro-h\u00fangaro Joseph Roth escribi\u00f3 un imperdible peque\u00f1o libro con sus cr\u00f3nicas de desenga\u00f1o frente al resultado de la revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica. Cuando se encontr\u00f3 en Mosc\u00fa con Walter Benjamim, Roth le dijo que hab\u00eda emprendido el viaje siendo bolchevique y que regresaba mon\u00e1rquico. Tambi\u00e9n las p\u00e1ginas familiares de Villanueva dejan traslucir cierta desilusi\u00f3n. Ya Gogol expresaba, como tantos otros intelectuales y artistas rusos, incluido el genial cineasta Andrei Tarkovski, \u201c\u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 triste es nuestra Rusia!\u201d.<br \/>\nCita Liliana Villanueva al marqu\u00e9s de Custine, tan bien personificado en el film <em>El arca rusa<\/em> de Aleksandr Sok\u00farov, cuando afirma que \u201cRusia es reh\u00e9n de sus distancias\u201d. Lo sabe bien la autora que tambi\u00e9n tuvo ocasi\u00f3n de viajar a San Petersburgo y a Siberia, donde \u201cel hielo vive\u201d, entre otros destinos de ese inmenso pa\u00eds. Ya a poco de llegar comprende que \u201cMosc\u00fa es otro mundo\u201d. Tiene la impresi\u00f3n de que \u201ctodo aqu\u00ed parece hecho a golpe de martillo\u201d. Va conociendo las m\u00faltiples etnias y nacionalidades, descubre con estupor el amor de los rusos por Lolita Torres, se anima a ir de compras vali\u00e9ndose de pocas palabras, viaje en el subte, sabe del \u201cba\u00f1o de Lenin\u201d, conoce al traductor de Cort\u00e1zar y visita la tumba de Stalin y la casa de Mija\u00edl Bulg\u00e1kov, el autor de El maestro y Margarita. Algunos cap\u00edtulos del libro son particularmente interesantes para el lector argentino, como por ejemplo: \u201cLiudmila y el Che\u201d y \u201cLa m\u00fasica de Borges\u201d. Impresiona ciertamente \u201cTomates de Chern\u00f3bil\u201d.<br \/>\nLa autora saluda con emoci\u00f3n a una amiga al dejar Mosc\u00fa y escribe: \u201cMe despido de Natascha con un abrazo y promesas de volver a vernos y siento que no s\u00f3lo abrazo a mi amiga, sino que con ese gesto me estoy despidiendo de Rusia\u201d. Recuerdo que muchos a\u00f1os antes escrib\u00eda Marina Tsvet\u00e1yeva: \u201cNo puedo no marcharme pero tampoco puedo no regresar; es as\u00ed como un hijo le habla a su madre y un ruso le habla a Rusia\u201d.<br \/>\nDespu\u00e9s de cuatro a\u00f1os transcurridos all\u00ed, al tiempo que reconoce que \u201ctuvimos momentos m\u00e1gicos y conocimos gente maravillosa\u201d, anota: \u201cEstamos al final de nuestro viaje y me parece que eso que llaman &#8216;alma rusa&#8217; me sigue siendo esquivo, como un duende caprichoso que viene cuando \u00e9l quiere, que se escapa y desaparece\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de Sombras rusas, de Liliana Villanueva (Buenos Aires, 2017, Blatt &amp; R\u00edos). 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