{"id":13663,"date":"2017-07-02T15:40:54","date_gmt":"2017-07-02T18:40:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13663"},"modified":"2017-07-02T16:49:02","modified_gmt":"2017-07-02T19:49:02","slug":"los-riesgos-de-leer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13663","title":{"rendered":"Los riesgos de leer"},"content":{"rendered":"<p><em>La lectura, su valor y hasta sus condiciones materiales y t\u00e9cnicas parecen estar amenazadas.<\/em><\/p>\n<p>Varios personajes notables han expresado opiniones importantes acerca del mundo pasado, presente y futuro. Entre ellos Alfonso Berardinelli, autor de <em>Leer es un riesgo<\/em> (editorial C\u00edrculo de Tiza, 2016), quien afirma: \u201cLeer, querer leer y saber leer son costumbres cada vez menos garantizadas. Leer libros no es algo natural y necesario como caminar, comer, hablar o usar los cinco sentidos. No es una actividad vital, ni en el plano fisiol\u00f3gico ni en el social. Viene despu\u00e9s, implica una atenci\u00f3n especialmente consciente y voluntaria hacia uno mismo\u201d.<br \/>\nContin\u00faa acertadamente con la bondad e historia de la lectura y la escritura: \u201cAdem\u00e1s, el acto de la lectura ha gozado en s\u00ed mismo de un prestigio extraordinario, de un aura especial a lo largo de los siglos, desde que existe la escritura. Durante mucho tiempo y de forma repetida, por motivos distintos que pod\u00edan ser econ\u00f3micos, religiosos, intelectuales, pol\u00edticos, est\u00e9ticos y morales, la lectura de ciertos textos tuvo algo de ritual. Los textos que se pasaban de mano en mano, como los libros sagrados, los c\u00f3digos de leyes y las obras literarias, se conservaban y se legaban escrupulosamente para poder ser usados de nuevo. La sociedad occidental moderna transform\u00f3 y reinvent\u00f3, en cierta medida, los motivos y los tipos de lectura. Sin embargo, en las \u00faltimas d\u00e9cadas el acto de leer, su valor reconocido, su calidad y hasta sus condiciones materiales y t\u00e9cnicas parecen estar amenazadas\u201d.<br \/>\nHabl\u00f3 de ello tambi\u00e9n Italo Calvino, con tono bromista pero sinceramente preocupado, en el incipit de una de sus \u00faltimas novelas, <em>Si una noche de invierno un viajero<\/em>, (editorial Brugera, 1980):\u201cEst\u00e1s a punto de comenzar a leer una nueva novela una noche de invierno. Rel\u00e1jate. Conc\u00e9ntrate. Aleja de ti todo pensamiento. Deja que el mundo que te rodea se difumine en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; tras ella siempre est\u00e1 la televisi\u00f3n encendida. D\u00edselo ya a todo el mundo: \u00ab\u00a1No, no quiero ver la tele!\u00bb. Levanta la voz si no te oyen: \u00ab\u00a1Estoy leyendo! \u00a1No quiero que nadie moleste!\u00bb\u201d.<br \/>\nBerardinelli tambi\u00e9n afirma: \u201c\u2026est\u00e1n los riesgos que corren quienes leen, sobre todo los que leen literatura, filosof\u00eda e historia, en especial la que se ha escrito en Europa y Am\u00e9rica en los dos \u00faltimos siglos. Desde que existe lo que llamamos Modernidad -es decir, la cultura de la independencia individual, del pensamiento cr\u00edtico, de la libertad de conciencia, de la igualdad y de la justicia social, de la organizaci\u00f3n y de la productividad, as\u00ed como de su rechazo pol\u00edtico y ut\u00f3pico- leer supone correr riesgos. Es un acto social y culturalmente ambiguo: permite e incrementa la socializaci\u00f3n de los individuos, pero, por otra parte, pone en riesgo la voluntad individual de entrar en la red de los v\u00ednculos sociales renunciando a una cuota de tu propia autonom\u00eda y singularidad\u201d.<br \/>\nPor su parte, Paulo Freire se refiri\u00f3 en su tiempo a los riesgos de un educador demasiado confiado de sus lecturas. En <em>La educaci\u00f3n como pr\u00e1ctica de la libertad<\/em> (Siglo XXI, 1997) escribi\u00f3: \u201cNo es posible crecer en la intolerancia. El educador coherentemente progresista sabe que estar demasiado seguro de sus certezas puede conducirlo a considerar que fuera de ellas no hay salvaci\u00f3n. El intolerante es autoritario y mesi\u00e1nico\u201d.<br \/>\nAqu\u00ed es inevitable recordar la conocida frase de Ludwig Wittgenstein: \u201cLa \u00e9tica no se dice, la \u00e9tica se muestra\u201d.<br \/>\nPienso oportuno tambi\u00e9n citar la opini\u00f3n de un intelectual argentino, Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional y miembro de n\u00famero de la Academia Argentina de Letras, quien en una entrevista con el periodista Pablo Gianera, expres\u00f3 en \u201cConversaciones\u201d en <em>La Naci\u00f3n<\/em>: \u201cLa sociedad le teme a la lectura porque lleva al cuestionamiento\u201d, al explicar por qu\u00e9 cre\u00eda que \u201cla lectura es un acto en com\u00fan\u201d.<br \/>\nGeorge Steiner, nacido en Par\u00eds en 1929, uno de los principales ensayistas de nuestro tiempo, cr\u00edtico literario pol\u00edglota, a sus 88 a\u00f1os es considerado un brillante conocedor de la cultura europea y figura fundamental de los estudios de literatura comparada. En su libro <em>Lecciones de los maestros<\/em> expresa la cuesti\u00f3n de la transmisi\u00f3n del saber, las condiciones que han rodeado a lo largo de la historia el deseo de saber y comprender en todo el mundo. Repasa los conflictos, los alcances, los placeres y peligros del oficio misterioso que es hacer pasar de una generaci\u00f3n a otra las destrezas, la experiencia, el deseo y el amor del saber.<br \/>\nSu libro es un incisivo y audaz diagn\u00f3stico de las patolog\u00edas que amenazan y corroen, ya no s\u00f3lo la educaci\u00f3n en el mundo contempor\u00e1neo, sino la sociedad toda en esa instancia raigal y originaria que es la educaci\u00f3n.<br \/>\nLas discusiones, diferencias y conflictos que se generan a partir de la lectura de los medios actuales como los libros, la radio, la televisi\u00f3n, las computadoras y el campo inmenso de Internet despiertan hoy m\u00faltiples e inesperados pensamientos cr\u00edticos y contestatarios en la Argentina, Latinoam\u00e9rica y el mundo entero.<br \/>\nCabr\u00eda adem\u00e1s una circunstancia a\u00fan poco discutida: la posibilidad de un medio blando o flexible, todav\u00eda no desarrollado a nivel comercial, con la propiedad de poder llevarse c\u00f3modamente en un bolsillo, sin perjudicar o lastimar su contenido, es decir que pudiera leerse, verse o escucharse, pero que no fuese tan r\u00edgido como un libro de tapa dura, una radio, una computadora, un tel\u00e9fono celular o una tarjeta actual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lectura, su valor y hasta sus condiciones materiales y t\u00e9cnicas parecen estar amenazadas. 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