{"id":13667,"date":"2017-07-02T17:02:51","date_gmt":"2017-07-02T20:02:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13667"},"modified":"2017-07-02T17:02:51","modified_gmt":"2017-07-02T20:02:51","slug":"la-noche-de-las-librerias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13667","title":{"rendered":"La noche de las librer\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>No puedo recordar qui\u00e9n me mostr\u00f3 por primera vez una librer\u00eda de viejo de esas que abundan a\u00fan hoy en la calle Corrientes. Tampoco recuerdo demasiado cu\u00e1l fue el primer libro de ocasi\u00f3n que compr\u00e9. Pero, m\u00e1s que mi conocimiento literario de entonces, debi\u00f3 ser el bolsillo el que comenz\u00f3 a elegir. En una batea que se asomaba un poco sobre la vereda, los libros de bolsillo se mostraban en su mayor\u00eda desnudos por-que en su recorrido hab\u00edan perdido las cubiertas. Sin embargo, uno de ellos estaba vestido y en buen estado de conservaci\u00f3n. En la tapa se ve\u00eda a un joven que, mientras comenzaba a subir una escalera, giraba la cabeza para mirar en el comienzo del pasamanos una estatua de mujer que, sensualmente, sosten\u00eda en la mano derecha alzada una antorcha. Su t\u00edtulo, Cada hombre en su noche. El autor, desconocido para m\u00ed, Julien Green. No recuerdo haber le\u00eddo las solapas pero como pertenec\u00eda a la misma colecci\u00f3n en que hab\u00eda aparecido <em>Sinhu\u00e9<\/em>, el egipcio de Mika Waltari y que me hab\u00eda recomendado mi pap\u00e1, lo compr\u00e9. Yo estaba \u00e1vido de lecturas y no ten\u00eda m\u00e1s de quince a\u00f1os. Fue entre 1967 y 1968.<br \/>\nDe vuelta a casa comenc\u00e9 por el famoso y recomendado egipcio. A pesar de mi inter\u00e9s en la historia antigua, <em>Sinhu\u00e9<\/em> fue abandonado. Nunca lo culp\u00e9 pero sigo en deuda con \u00e9l. Con respecto al joven de la escalera, no conservo m\u00e1s recuerdo que la comprobaci\u00f3n de que la ilustraci\u00f3n de la tapa correspond\u00eda a una de las primeras escenas de la historia: Wilfred miraba a la sensual estatua mientras sub\u00eda al dormitorio de su t\u00edo enfermo, cat\u00f3lico como \u00e9l.<br \/>\nTres o cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, yo ya era seminarista y la lectura de <em>Cada hombre en su noche<\/em> fue recomendada en una charla a cargo de nuestro director espiritual como interesante exponente de una pluma conocedora del alma cristiana. La recomendaci\u00f3n bast\u00f3 pero la lectura se pospuso hasta que ya estaba a punto de ordenarme de di\u00e1cono. Recuerdo haberla le\u00eddo con sumo inter\u00e9s, pero no estaba maduro para com-prenderla a\u00fan. No hab\u00eda vivido lo suficiente.<br \/>\nEl volumen sigui\u00f3 el camino de muchos buenos libros. Lo prest\u00e9 y nunca volvi\u00f3 a mi biblioteca. Un d\u00eda lo quise releer y ya no estaba conmigo. Sal\u00ed en su b\u00fasqueda veinte a\u00f1os despu\u00e9s de nuestro primer encuentro. Muchas cosas hab\u00edan cambiado por entonces, las librer\u00edas tambi\u00e9n. Pens\u00e9: Mejor busco una de las \u201cde antes\u201d, de esas en las que el librero no recurre a la base de datos sino simplemente a su memoria. No fui a la calle Corrientes sino a la avenida Santa Fe, tal vez porque el bolsillo no era tan magro y la obra bien val\u00eda su precio, pero me cost\u00f3 encontrar la librer\u00eda imaginada. Finalmente, en la mano norte, y en alguna cuadra de las que van entre Callao y Pueyrred\u00f3n, la encontr\u00e9. No recuerdo su nombre pero s\u00ed el tintineo del llamador que son\u00f3 ni bien abr\u00ed una de las dos hojas de la antigua puerta de vidrio y metal. Las paredes estaban totalmente cubiertas de estantes con libros. Algunos dorm\u00edan horizontalmente sobre otros que aguardaban de pie a que alguien se interesara por ellos. Parec\u00edan so-los porque el librero le\u00eda absorto en una silla detr\u00e1s de un mostrador alto que, ocult\u00e1ndolo, defend\u00eda su lectura. Pienso que por eso tard\u00f3 en responder al reclamo del llamador.<br \/>\n-Buenas tardes- me dijo, entre cort\u00e9s y molesto.<br \/>\n-Buenas\u2026 Ando buscando un libro dif\u00edcil de encontrar.<br \/>\nNo dijo nada pero abri\u00f3 los brazos como para mostrarme la evidente abundancia lite-raria que lo rodeaba. Despu\u00e9s se\u00f1al\u00f3 las mesas donde se pavoneaban los llamativos libros de ilustraci\u00f3n, los de turismo y viajes, los de cine y cocina\u2026<br \/>\n-No -le dije-. Busco Cada hombre en su noche, de Julien Green.<br \/>\nNo olvidar\u00e9 nunca su afable sonrisa. Despu\u00e9s de un momento, me dijo:<br \/>\n-\u00a1Usted me salv\u00f3 el d\u00eda! \u00bfSabe que no puedo recordar cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que alguien me pregunt\u00f3 por un libro de Green? La gente me pide best-sellers, libros de pol\u00edtica oportunista, de periodismo de investigaci\u00f3n o esos de ilustraci\u00f3n. Algunos, descaradamente, me piden \u201calgo como para poner en la mesa ratona del living\u201d. Cr\u00e9ame que muchas veces pienso en cerrar la librer\u00eda y dedicarme a vender hamburguesas porque son esos libros triviales los que me dan de comer y me permiten por ahora pagar los impuestos. Pero, volviendo a Julien Green, lamento decirle que no tengo ning\u00fan ejemplar de Cada hombre en su noche. En cambio, le puedo ofrecer alg\u00fan otro.<br \/>\nNo pod\u00eda irme con las manos vac\u00edas y \u00e9l me ofreci\u00f3 un ejemplar de <em>Medianoche<\/em>, editado en Buenos Aires por Sur en 1954, y que conservaba virginalmente sus hojas sin separar. Yo no sab\u00eda de la existencia de esa novela y ello fue suficiente para consolarme moment\u00e1neamente. La compr\u00e9 y la le\u00ed con voracidad. As\u00ed y todo, no me hab\u00eda dado cuenta todav\u00eda que la noche campeaba en los dos t\u00edtulos y ser\u00eda un frecuente escenario en la obra de Green.<br \/>\nLa Providencia se encarg\u00f3 luego de que en los estantes de mi biblioteca apareciera el t\u00edtulo buscado y que \u00e9ste fuera seguido por <em>Mo\u00efra<\/em>, <em>Adriana Mesurat<\/em>, <em>Leviathan<\/em>, <em>Partir antes del d\u00eda<\/em> y <em>Mil caminos abiertos<\/em>. M\u00e1s tarde la noche greeniana se ilumin\u00f3 con su <em>Hermano Francisco<\/em>. En cuanto a m\u00ed, para pena de mi purgatorio, aprend\u00ed a ser avaro con el pr\u00e9stamo de algunos libros.<br \/>\nNo hace mucho, volv\u00ed a pasar por la librer\u00eda de la avenida Santa Fe. Quer\u00eda saludar al amable librero y agradecerle la recomendaci\u00f3n de <em>Medianoche<\/em>. Pero la librer\u00eda ya no estaba donde la recordaba. Tampoco vi all\u00ed ning\u00fan local de venta de hamburguesas.<\/p>\n<p><em>Julien Green (1900-1998) fue un escritor estadounidense nacido en Par\u00eds, autor de varias no-velas, entre las que se encuentran <\/em>L\u00e9viathan<em> y <\/em>Cada hombre en su noche<em>. Escribi\u00f3 principalmente en franc\u00e9s. Nacido en el seno de una familia protestante, se convirti\u00f3 al catolicismo en 1916. Fue el primer no franc\u00e9s en ser elegido para la Acad\u00e9mie fran\u00e7aise y sucedi\u00f3 a Fran\u00e7ois Mauriac.<\/em><\/p>\n<p><em>El autor del art\u00edculo es sacerdote, pintor y especialista en \u00f3pera.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No puedo recordar qui\u00e9n me mostr\u00f3 por primera vez una librer\u00eda de viejo de esas que abundan a\u00fan hoy en la calle Corrientes. 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